martes, 15 de agosto de 2017

Asociacionismo en psicología

Todo razonamiento implica una asociación de ideas mientras que las ideas están materializadas en imágenes mentales que llevamos depositadas en nuestra memoria. Este proceso elemental lo compartimos con otras especies del reino animal, lo que puede comprobarse en el caso de los animalitos domésticos, si bien existe una diferencia esencial por cuanto el animal relaciona lo que observa con lo que tiene en su memoria, mientras que el ser humano, además, puede relacionar información ubicada en distintos sectores de su memoria sin que esté involucrada información captada por los sentidos. Michel Denis escribió: “Esta escuela filosófica [asociacionista], en estrecha relación con el empirismo inglés de Locke y Hume, se basa en la convicción de que los acontecimientos de la vida mental provienen, más o menos directamente, de los sentidos. Las «ideas» son imágenes mentales que, con distintos grados de precisión, reproducen o representan sensaciones. Así pues, la imagen es un elemento esencial del pensamiento. La doctrina asociacionista explica el funcionamiento del espíritu humano mediante el establecimiento más o menos mecánico de relaciones entre las unidades mentales, que son las imágenes” (De “Las imágenes mentales”-Siglo XXI de España Editores SA-Madrid 1984).

El asociacionismo surge con Aristóteles y tiene una influencia duradera, si bien ha sido ampliado convenientemente. A manera de síntesis, Emilio Mira y López enuncia sus leyes básicas:

a- Ley de asociación por simultaneidad o continuidad temporal: Esta ley afirma que todos los contenidos psíquicos que han impresionado conjuntamente, o en rápida sucesión, nuestra conciencia tienden a ser más tarde evocados conjuntamente, o sea, que el recuerdo de uno cualquiera de ellos hace surgir los demás. Así, por ejemplo, el olor de una flor nos recuerda su imagen visual, el sonido de una campana nos evoca una iglesia o la misa, la vista de un despertador nos hace pensar en el esfuerzo matutino para acudir puntualmente al trabajo, etc.

b- Ley de la asociación por continuidad o contigüidad espacial: Según esta ley, los contenidos psíquicos correspondientes a objetos que han aparecido juntos o muy próximos en el espacio tienden a evocarse recíprocamente. Esto significa que dos cosas o personas que hemos visto en una misma área o sector del espacio quedan conectadas en nuestra mente de tal modo que la imagen de una nos hace pensar en la otra. Por ejemplo, la vista del mar, o su recuerdo, nos hace pensar en barcos, en peces o en gaviotas, la imagen de la Luna nos recuerda involuntariamente a Venus, a Pierrot, o a una pareja de enamorados (es claro que en este último caso la distancia real que separa las imágenes asociadas es muy grande, mas no lo es la distancia aparente).

c- Ley de la asociación por semejanzas o contrastes de forma: Todo cuanto se parece exteriormente o cuanto, inversamente, es opuesto externamente (y por ende puede ser complementario) tiende a evocarse de un modo conjunto. Así, objetos cuyo tamaño, color, forma o consistencia son semejantes, pueden aparecer seguidamente en nuestra conciencia, aun cuando no lo deseemos en ese momento. Pero también quedan asociados los objetos opuestos en su forma. En este caso la asociación se llama «contraste». Así, por ejemplo, la imagen de lo blanco nos hace pensar en la imagen de lo negro, del mismo modo como la imagen o la presencia de un pañuelo rojo nos hace pensar en la sangre.

d- Ley de asociación por semejanzas o contrastes de significado: Todo cuanto posee significados similares u opuestos tiende a ser evocado conjuntamente, aun cuando no se haya presentado con apariencias de semejanza o contraste ni haya estimulado nuestra mente por su proximidad en el tiempo o en el espacio. Sin duda esta ley es tanto más válida cuanto mayor es el desarrollo mental del individuo y cuanto mayor es su cultura y su poder de abstracción, pues a medida que progresamos y evolucionamos mentalmente nos vamos desprendiendo cada vez más de lo que podríamos denominar recursos ingenuos o primarios del pensamiento y vamos diferenciando la forma o apariencia de la sustancia o esencia de los objetos e imágenes reales.

Así, para un niño de 3 o 4 años o para un salvaje, la imagen o la presencia de una antena, por ejemplo, evocará la de un bambú, la de un poste o, quizás, la de un extraño arbusto, mientras que para un adulto civilizado evocará una conversación radiofónica, un programa de televisión, etc., del propio modo, si un niño o un salvaje oyen ruidos de un telégrafo Morse pensarán en algún animal escondido, pero no asociaran tales ruidos con un mensaje del hombre. (De “El pensamiento”-Editorial Kapeluz SA-Buenos Aires 1966).

El asociacionismo se amplía significativamente al considerar el vínculo existente entre causas y efectos, y también cuando existe cierta correlación de sucesos (vínculo frecuente pero no causal). La conocida experiencia de Iván Pavlov con el perro que escucha una campana cuando recibe comida y segrega saliva aun cuando no reciba comida y sólo escucha la campana, es una evidencia más del fenómeno asociativo.

Pero el pensamiento humano no se limita sólo a relacionar imágenes, ya que también puede relacionar símbolos, como es el caso de los números y de otros entes matemáticos. Así como todo ser humano asocia diversas imágenes en función de sus atributos, en el sentido antes indicado, es posible que también asocie diversos símbolos en función de los atributos propios que los caracterizan. Así como es posible encontrar leyes que rigen los pensamientos en base a imágenes (como las mencionadas), es posible encontrar leyes que rigen los pensamientos del tipo “verdadero” o “falso”, conocidas como lógica simbólica.

Es oportuno mencionar el hecho de que, en algunas personas, predomina netamente el razonamiento en base a imágenes mientras que en otros predomina el razonamiento en base a símbolos. Henri Poincaré lo advierte en el caso de los matemáticos: “Es imposible estudiar las obras de los grandes matemáticos, y aun las de los pequeños, sin observar y sin distinguir dos tendencias opuestas o, más bien, dos clases de espíritus enteramente diferentes. Unos están preocupados, ante todo, por la lógica; al leer sus trabajos, se siente la tentación de creer que no han avanzado sino paso a paso, con el método de un Vauban que lleva adelante sus trabajos de acceso a una fortaleza, sin abandonar nada al azar. Los otros se dejan guiar por la intuición y, desde el primer momento, hacen conquistas rápidas, pero a veces precarias, como osados caballeros de vanguardia”.

“No es la materia que tratan la que les impone uno u otro método. Si de los primeros se dice, a menudo, que son analistas, y si se llama geómetras a los otros, esto no impide que unos permanezcan analistas aun cuando estudien geometría, mientras que los otros son todavía geómetras, aun cuando se ocupen de análisis puro. Es la propia naturaleza de sus espíritus quien los hace lógicos o intuitivos, y no pueden despojarse de ella cuando abordan un asunto nuevo”. “Tampoco es la educación quien ha desarrollado en ellos una de las dos tendencias y ha sofocado a la otra. Se nace matemático, pero no se llega a serlo, y parece también que se nace geómetra o que se nace analista”.

“Mientras habla, Bertrand está siempre en acción; ora parece discutir con algún enemigo exterior, ora dibuja con un ademán las figuras que estudia. Evidentemente, él ve y trata de describir; por eso llama al ademán en su auxilio. Con Hermite ocurre todo lo contrario; sus ojos parecen huir del contacto con el mundo. No es fuera, es dentro donde busca la visión de la verdad” (De “El valor de la ciencia”-Espasa-Calpe Argentina SA-Buenos Aires 1947).

Tanto el pensamiento en base a imágenes como el establecido en base a símbolos deben disponer de información grabada en la memoria. Incluso el especialista necesita disponer de una memoria artificial constituida por su biblioteca personal. Es frecuente escuchar que Internet permite disponer de una memoria artificial colectiva que hace innecesarias las bibliotecas personales; incluso se exagera diciendo que Internet debe proveer el conocimiento y que el docente sólo debe acompañar el proceso de aprendizaje. Sin embargo, toda memoria artificial ha de cumplir eficazmente su función si se trata de una memoria “manejable” por el individuo, es decir, que puede lograr suficiente conocimiento de ella y que puede existir parcialmente en su memoria natural. El problema de Internet es que, al ser tan amplia, resulta poco manejable, al menos para el estudiante o el profesional poco adaptado.

Las operaciones que realiza la mente, para establecer el razonamiento, han de ser las mismas tanto si se trata de asociar imágenes como de asociar símbolos. De ahí que, en el caso de las imágenes disponemos de una operación básica que podemos denominar AGRUPAR, que implica una selección, por nuestra parte, de la información que habremos de llevar en la memoria y, además, de un agrupamiento interno espontáneo. Los agrupamientos neuronales se caracterizan por la activación de las neuronas vecinas cuando ha sido activada alguna de ellas en forma individual. Esto implica que la conversación o la lectura, sobre un tema en especial, tenderán a hacer surgir la respectiva información que llevamos depositada en la memoria.

La segunda operación ha de ser la de COMPARAR, la que nos permitirá establecer el proceso básico de “prueba y error”, típico de todo proceso evolutivo y de todo sistema complejo adaptativo, como es el hombre. Tanto el proceso del conocimiento como el de la creatividad son orientados por la propuesta personal de ciertas hipótesis que podrán ser comparadas con el objetivo a lograr, o a describir. Mientras que los animales pueden comparar las imágenes que se les presentan con aquellas que guardan en la memoria, como en el caso del reconocimiento de rostros y personas, el ser humano tiene la posibilidad de comparar diversas imágenes situadas en su memoria aun sin la presencia de ninguna imagen percibida por sus sentidos durante el proceso del razonamiento.

La asociación de ideas no es otra cosa que la comparación entre imágenes y símbolos ya existentes en la memoria. El conocimiento implica información acumulada que ha sido seleccionada en forma conveniente por cada individuo. Si esa información en fidedigna y compatible con la realidad, el individuo que la posee dispondrá de las mejores condiciones para continuar incrementado su nivel de conocimientos. De ahí que las estrategias educativas deben priorizar la transmisión de conocimientos por parte del docente en lugar de intentar que el alumno lo logre por sus propios medios durante las etapas estrictamente formativas. Sin este aporte del docente, el proceso del aprendizaje se verá truncado o bien limitado a las aptitudes y voluntades individuales hacia el autoaprendizaje.

viernes, 11 de agosto de 2017

El derrumbe moral de la izquierda política

Durante las primeras etapas del socialismo (siglo XIX), predomina en sus adeptos la idea de establecer compensaciones sociales, a los trabajadores, no contempladas en el proceso del mercado. La libertad inherente a una economía de libre mercado hace necesaria la existencia de leyes laborales que impidan excesos que puedan surgir del sector empresarial, especialmente cuando los mercados son poco desarrollados y la competencia empresarial no alcanza para limitar los egoísmos puestos en juego en toda competencia.

La izquierda política carece de sentido sin su oponente: el capitalismo, o economía de mercado. De ahí que todos sus planteamientos estén asociados a su mejoramiento, o bien a su destrucción y posterior reemplazo por el socialismo. “El sentido del socialismo, tanto lógica como sociológicamente, sólo puede ser entendido como contraste con el individualismo”. “El ataque contra el individualismo empezó a cobrar fuerza desde la perspectiva católica y socialista. Bonald y de Maistre, ambos teócratas, militaron contra el «protestantismo político» y afirmaron que el hombre sólo existe para la sociedad”. “Contra la atomización y el «egoísmo» de la sociedad, como Saint-Simon gustaba de decir, los críticos sociales propusieron un nuevo orden basado en la asociación, la armonía y el altruismo y, finalmente, la palabra que acabó imponiéndose a todas ellas: el socialismo” (De la “Enciclopedia Internacional de las Ciencias Sociales”-Aguilar SA de Ediciones-Madrid 1977).

Desde sus inicios aparece cierta tergiversación de la realidad social por cuanto lo opuesto al individualismo no es el altruismo, como se aduce generalmente, sino el colectivismo, por el cual se avanza hacia el hombre-masa, es decir, el hombre despojado de sus atributos morales e intelectuales. No es lo mismo una virtud, como es el individualismo, que un defecto, como lo es el egoísmo. Y si la economía de mercado puede funcionar a pesar del egoísmo de los hombres, ello no implica que el liberalismo lo promueva, y mucho menos que lo genere. Como consecuencia de tal tergiversación, el socialismo propone uniformar, desde el Estado, un ejército de hombres-masa indiferenciados. H. G. Wells ironiza al respecto: “Un Estado organizado tan seguro y poderoso como la ciencia moderna…El individualismo significaba confusión, una multitud de pequeños personajes aislados e indisciplinados, obstinándose en hacer las cosas desorganizadamente, cada uno a su manera…El Estado organizado habría de terminar con la confusión para siempre”.

Puede establecerse una síntesis de los objetivos y medios de las diferentes tendencias políticas:

1- Mejorar la sociedad a través del mejoramiento ético individual (propuesta liberal)
2- Mejorar la sociedad a través del colectivismo sin destruir el sistema capitalista (socialdemocracia)
3- Mejorar la sociedad previa destrucción violenta del sistema capitalista (marxismo-leninismo)
4- Mejorar la sociedad previa destrucción cultural e ideológica de la sociedad (marxismo cultural)

Los ideales tradicionales de justicia se van dejando de lado cuando los sectores socialistas ya no exigen compensaciones razonables sino que buscan mejoras sectoriales que exceden las posibilidades económicas empresariales, no tanto de las grandes empresas, sino de las pequeñas y de las que podrán surgir en el futuro. Con empresas que no pueden crecer y con otras que no podrán surgir, la desocupación, la pobreza y el subdesarrollo serán las consecuencias inevitables de tales exigencias.

La igualdad es el valor promovido por los socialistas; una igualdad esencialmente económica. Esta igualdad la proponen repartiendo equitativamente la cosecha, sin que previamente hayan propuesto una igualdad para la tarea de la siembra. Por ello se cae en una situación de injusticia, ya que, en lugar de proteger al trabajador de la explotación laboral ejercida por el sector empresarial, se promueve la explotación del sector empresarial, por parte del Estado, del sector de los empleados y de los obreros. Incluso admiten una postura totalitaria promoviendo la “dictadura del proletariado”.

Los socialistas basan sus planteos en teorías económicas vigentes a comienzos del siglo XIX, cuando se admitía que el valor de un bien dependía del trabajo empleado para su realización. Eran épocas en las que el factor de la producción más importante era el trabajo manual. En la actualidad, por el contrario, el trabajo manual y rutinario “compite” con otros factores como la tecnología, el capital, la gestión empresarial y la información asociada al trabajo mental innovador, de ahí que la distribución igualitaria no contempla los méritos ni las capacidades laborales individuales.

Ante una legislación laboral que resulte muy buena para el empleado, pero mala para el empleador, la oferta de nuevos empleos será muy limitada. Incluso tal legislación promueve la vigencia de contratos temporales por lo cual los empleos permanentes tienden a ser reemplazados por los transitorios. El avance desmedido hacia la “seguridad social y laboral” a veces logra efectos totalmente opuestos a los buscados.

Entre los defectos morales advertidos en los adeptos al socialismo encontramos la difamación hacia los sectores productivos, lo que constituye una permanente siembra de odio y de discriminación social que promueve el antagonismo entre sectores sociales. Puede observarse además la tendencia a “ser generosos repartiendo lo ajeno”, aunque nunca de lo propio. Si los socialistas se interesaran por los pobres, tal como pregonan, se dedicarían a trabajar y a producir personalmente para poder repartir con dignidad y orgullo lo realizado por sus propios medios.

Otro defecto advertido implica la permanente emisión de mentiras respecto de lo que aconteció bajo el socialismo en la URSS, China, Cuba y otros países, y la negación de los éxitos del capitalismo en los países desarrollados. La permanente tarea difamatoria hacia todo lo que implique civilización Occidental, incluido el cristianismo, contempla el reemplazo de los valores éticos universales por otros esencialmente destructivos y perversos. Esto se advierte en el “culto de la personalidad” hacia el guerrillero Ernesto Che Guevara, quien expresó: “El odio como factor de lucha, el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones naturales del ser humano y lo convierte en una eficaz, violenta, selectiva y fría máquina de matar. Nuestros soldados tienen que ser así: un pueblo sin odio no puede triunfar sobre un enemigo brutal” (Citado en “Por amor al odio” de Carlos Manuel Acuña-Ediciones del Pórtico-Buenos Aires 2000).

Lo que caracteriza a un psicópata es la carencia de empatía, ya que es incapaz de ubicarse en el lugar de otro y así poder compartir sus penas y alegrías. Puede decirse que gran parte de la sociedad idolatra a un psicópata que promueve abiertamente su severa limitación afectiva y psicológica. Cuando leemos en el Apocalipsis que las “estrellas caerán”, intuimos que no se refiere a un fenómeno astronómico sino a un fenómeno moral. Posiblemente no haya algo más grave y denigrante en cuestiones humanas que el seguimiento y la idolatría destinada a personajes violentos que sugieren que los hombres se conviertan en “frías máquinas de matar”.

Mientras que lo ético está asociado a una actitud cooperativa que surge de la predisposición de compartir las penas y las alegrías ajenas como propias, lo inmoral está asociado a la actitud destructiva del odio, ya que implica alegrarse del mal ajeno (que se manifiesta en la burla) y entristecerse por el bien ajeno (que implica la envidia). Cuando se afirma que existe un derrumbe moral de la izquierda política, se está diciendo que la mayor parte de los socialistas son admiradores del Che Guevara, o simpatizan con él, pero nunca se oponen a su esencia psicopática, ya que fue fiel con sus acciones a sus pensamientos, y estos a sus bajos sentimientos.

Este derrumbe moral podemos comprobarlo fácilmente en el caso de Venezuela y su destrucción premeditada y consciente por parte del chavismo gobernante. Mientras que muchos comunistas de los años 50 renunciaban al Partido Comunista, luego de conocerse los crímenes de Stalin y la represión soviética en Hungría, muy pocos izquierdistas manifiestan en la actualidad indignación alguna ante los atropellos y la violencia destructiva dirigida por Nicolás Maduro. Por el contrario, sólo se escuchan voces de apoyo ante esa deplorable gestión.

Así como los virus que generan enfermedades atacan con éxito los organismos con pocas defensas, la izquierda totalitaria avanza con éxito gracias a la poca predisposición de los hombres a vivir en la verdad y a la mala costumbre de olvidarla pronto. El olvido prematuro de las acciones y de los efectos que los totalitarismos producen, lleva a la repetición de situaciones de severo sufrimiento colectivo. Marco Tulio Cicerón advertía: “Las naciones que ignoran la historia están condenadas a repetir sus tragedias”.

También Stefan Zweig advierte sobre “La tragedia del olvido”, escribiendo al respecto: “Este impulso hacia la verdad, esta pasión por el conocimiento es algo innato en el hombre y en la humanidad, pero al mismo tiempo también lo es un contra-instinto que trabaja secretamente en dirección opuesta y que con su peso impide la ascensión hasta el infinito. Que esta voluntad inconsciente (y a menudo también consciente en hombres aislados, pueblos y generaciones enteras) de olvidar por la fuerza la verdad con tanta pena conquistada, de rechazar voluntariamente los progresos del conocimiento y volver a refugiarse en la antigua locura, más salvaje pero al mismo tiempo más cálida, existe no cabe ni siquiera ponerlo en duda”,

“En cada uno de nosotros, este instinto de rechazar la verdad actúa en oposición a nuestra conciencia, porque la verdad tiene el rostro de Medusa, hermoso y espantable a la vez, y, en nuestro recuerdo, entresacamos tal sólo lo agradable de cualesquiera experiencias, conservamos únicamente los rasgos simpáticos de ellas. Este proceso de selección y falseamiento unilaterales hace que todo hombre tienda a considerar su juventud como hermosa y todo pueblo repute a su pasado de grandioso. Es posible que este fortísimo impulso de embellecimiento, de idealización de la vida, represente, en la mayoría de los hombres, una condición previa para soportar la realidad y su propia existencia”.

Zweig relata lo que ocurre en Europa un año después de finalizada la Segunda Guerra Mundial: “Desde entonces ha transcurrido un año, un solo año, un año sin sangre y sin crimen. Y ya volvemos a vivir en medio de las viejas mentiras, en medio de la locura. Más que nunca, los Estados se abroquelan unos contra otros; los generales, incluso los vencidos, se convierten nuevamente en héroes…”. “Todos siguen hablando de la amenaza a la patria y al honor nacional, mas, como ellos mismos no creen, el mundo también se ha hecho desconfiado y la niebla grisácea de las mentiras se cierne sobre nuestros días. Nuestro mundo se ha hecho oscuro porque ellos se han refugiado en la oscuridad del olvido, porque no han querido seguir soportando por más tiempo la verdad que conocieron una vez” (De “Legado de Europa”-Editorial Juventud SA-Barcelona 1968).

martes, 8 de agosto de 2017

Evolución de las ideas económicas

De la misma forma en que los biólogos reconstruyen la secuencia seguida desde los primeros organismos hasta llegar a las actuales especies vivientes, la historia de la ciencia permite seguir la secuencia de ensayos y errores que llevó a una determinada rama de la misma hasta su estado actual. De ahí que la epistemología evolucionista permita establecer una analogía cercana al proceso de la evolución por selección natural. En ese caso, los investigadores proponen diversas hipótesis que luego serán aceptadas si se adaptan a la realidad o desechadas en caso contrario. Karl R. Popper escribió: “Puede decirse que el origen y la evolución del conocimiento coinciden con los de la vida, y que están íntimamente ligados a los de nuestro planeta Tierra. La teoría evolutiva vincula el conocimiento, y con él a nosotros mismos, con el cosmos; y de este modo el problema del conocimiento pasa a ser un problema de cosmología” (De “Un mundo de propensiones”-Editorial Tecnos SA-Madrid 1992).

Mientras que los científicos especializados en ciencias exactas son conscientes de este proceso, gran parte de los “científicos” sociales permanece en una etapa pre-científica. Ello se debe a que el científico acepta la objetividad de los fenómenos y de las leyes naturales a describir, mientras que tales “científicos” sociales suponen que su misión consiste en diseñar sistemas políticos y económicos surgidos de sus mentes sin tener presente el proceso evolutivo del que surgieron las ideas previas en determinada rama del conocimiento.

Mientras Aristóteles trata de describir comportamientos observables, Platón busca diseñar sociedades utópicas. El nuestra época, el cientificismo liberal se opone al utopismo socialista. Daniel Villey escribió: “Mientras que Platón no presenta más que problemas de moral pública, Aristóteles se inquieta por la moral privada: esto es lo que lo inclina a librar sus ideas económicas del cuadro de la política –aunque el libro en donde las veremos expuestas tenga precisamente por título «La política»-. En fin la moral de Aristóteles no es tan racional como la de Platón, sino ‘natural’. Para conocer el deber interroga la naturaleza y pasa insensiblemente de las preocupaciones de orden normativo a las consideraciones de orden especulativo, es decir, científico”.

“En un pasaje célebre de su «Política», Aristóteles critica el comunismo de Platón con argumentos psicológicos. La comunidad de bienes haría desaparecer el principal estimulante del trabajo. La idea de propiedad es ‘deliciosa’ a los hombres, para los cuales es ‘natural’ amarse a sí mismos, querer la posesión de dinero, querer dar”.

La propiedad privada viene implícita en el Antiguo Testamento por cuanto los mandamientos bíblicos prohíben robar y codiciar los bienes ajenos, advirtiendo, seguramente, los mismos inconvenientes que Aristóteles observa en el sistema propuesto por Platón. Con la propiedad colectiva, se piensa que ya no existirá el robo ni la envidia. Sin embargo, en los regímenes socialistas el robo al Estado resulta ser la fuente de la economía paralela mientras que la envidia sigue existiendo. Si bien la propiedad privada genera conflictos, existe la posibilidad de ampliarla para la mayoría de las personas, mientras que la propiedad colectiva genera mayores conflictos aún, sin que quepa la posibilidad de liberarse de la dependencia material que le impone a todo individuo.

La propiedad individual de los hebreos resulta limitada, ya que se trataba de evitar la concentración excesiva de riquezas. El citado autor escribe: “No se trata de la propiedad romana. La propiedad en Israel no es ni perpetua ni absoluta. Se afirma el dominio eminente de Dios sobre las tierras. Cada cincuenta años hay un año de jubileo: todas las ventas son anuladas y la tierra vuelve a su propietario anterior. Cada siete años el ‘año sabático’ borra el conjunto de las deudas”.

Mientras que los hebreos se inspiran en ideales religiosos y los griegos en la sabiduría de los filósofos, los romanos buscan orientación en la naturaleza. “Séneca, Marco Aurelio, Epicteto y todos los estoicos enseñaron que hay que someterse a la naturaleza y no ensayar locamente vencerla. Para ser feliz hay que moderar los deseos, y no buscar de extender sus satisfacciones. Tal es la solución antigua al problema que presenta la tensión entre las necesidades de los hombres y la parsimonia de la naturaleza, es decir el problema económico”.

La Edad Media recibe la influencia de los antiguos y bajo los ideales de la caridad cristiana y la justicia, le impone restricciones y algunos cambios. Villey agrega: “La tradición individualista del derecho romano, la tradición ‘socialista’ de los socráticos, los análisis de Aristóteles sobre la moneda, el intercambio, la crematística [comercio] y el préstamo a interés: he aquí lo que la Antigüedad deja hecho en ideas económicas. Con la Biblia hebraica y alejandrina, prolongada con el Nuevo Testamento y los comentarios patrísticos: éstas serán las fuentes de las ideas económicas medievales. Fervientes del método de autoridad, los pensadores de la Edad Media invocarán sin cesar sus fuentes, y tratarán de hacer una síntesis de todos estos legados heterogéneos que ellos han recogido confusamente. A veces les costará mucho. Quizás el choque de las tradiciones opuestas hará brillar la luz; aunque a menudo promoverán confusiones inextricables, que harán difícilmente inteligibles las ideas económicas de esa época” (De “Historia de las grandes doctrinas económicas”-Editorial Nova-Buenos Aires 1960).

El problema que tratan de resolver los pensadores medievales es el del valor, ya que se busca el precio “justo” para los diversos intercambios comerciales. “¿Está permitido vender una cosa por más de su valor? ¿Y cómo responder a tal pregunta sin definir el valor? Economista sin saberlo y sin haberlo querido, santo Tomás se embarca decididamente en la discusión armado de Ulpiano, de Aristóteles y de los Evangelios. El ‘filósofo’ ha dicho que la causa del valor está en la necesidad que nosotros tenemos de las cosas: santo Tomás y todos los escolásticos profesan –como diríamos hoy- una teoría psicológica del valor. Disertan a porfía sobre la utilidad común, objetiva, la utilidad particular para cada individuo, y la rareza…Solamente la necesidad, a fin de cuentas, tiene algo de subjetivo”.

“Si el valor debiera medirse por la necesidad, cada cosa tendría tantos valores diferentes como individuos hay. O hace falta a nuestros teólogos un precio objetivo único, indisputable, que se imponga moralmente a las partes. Y es así que se encuentran llevados a ver el costo de producción –es decir en esa época esencialmente en el trabajo- la norma del ‘precio justo’”.

En cuanto a la legitimidad, o no, de cobrar intereses por un préstamo de dinero, debe tenerse presente el valor del mismo en función del tiempo, ya que el dinero disponible en el presente tiene más valor que el dinero que se dispondrá en el futuro. Émile James escribió: “El dinero no es más que una fachada; lo que verdaderamente se presta es capital y este no es consumible o, al menos, no lo es necesariamente. Santo Tomás añadió un nuevo argumento que no supo desarrollar con lógica: el interés, afirmó, anticipándose en esto a Böhm-Bawerk, es el precio del tiempo; ahora bien, el tiempo pertenece a Dios; por tanto, al propietario no le es lícito percibir ese precio” (De “Historia del pensamiento económico”-Aguilar SA de Ediciones-Madrid 1963).

La siguiente etapa de la economía involucra al Estado y no tanto a los individuos, comenzando la época de la macroeconomía y del mercantilismo. Bajo la ambición del oro y del poder, su principal característica implica promover las exportaciones y limitar las importaciones, sin advertir que tal decisión, adoptada por todos los países, impediría el comercio internacional. James escribe al respecto: “En el siglo XVI, el estudio de los problemas económicos, cambió de signo. En vez de analizar las consecuencias de la idea de justicia en las relaciones entre particulares, los grandes autores de la época trataron de averiguar cómo se podía ayudar al enriquecimiento del Estado. Quizá sea acertado decir que todos ellos, en mayor o menor grado, eran discípulos indirectos de Maquiavelo y deseaban hacer, en relación con la organización económica del Estado lo que aquel había hecho en relación con la organización política. Esta evolución se relacionó, sin duda, con algunos sucesos de trascendencia histórica general”.

Los historiadores consideran a la economía anterior a 1750 como el periodo no científico; a partir de ahí surge el periodo clásico con los fisiócratas. Aun con sus limitaciones y errores, abandonan la filosofía y la religión como fuentes de las ideas intentando vincular lo económico a la ley natural. Émile James escribió: “En realidad ya se había hablado de «ley natural» y de «derecho natural» mucho antes del siglo XVIII. Sin embargo, estas expresiones no tenían entonces el mismo sentido que se les atribuye actualmente. A lo largo de los siglos dominados por el pensamiento aristotélico, la noción de ley natural había sido normativa y no analítica. Aristóteles había confundido lo natural y lo justo…Los juristas de la Antigua Roma, cuando hablaban de ius naturale, oponían este al ius civile, derecho positivo”.

“El objetivo del pensamiento fisiócrata no fue tanto el descubrimiento de las leyes naturales (en el sentido de «relaciones necesarias») de la actividad económica, como el de las bases y condiciones del orden natural y esencial de las sociedades. Este punto de vista dio a sus especulaciones una especie de equilibrio inestable entre la pura descripción y el consejo, entre la realidad y el ideal. Así se explica que pasaran tan a menudo de la investigación de lo verdadero a la de lo bueno, o, al revés, sin preocuparse demasiado de advertir al lector el cambio de enfoque”.

La gran innovación presentada por Adam Smith implica el descubrimiento del mercado como sistema autorregulado, que puede funcionar aceptablemente sin la ingerencia estatal, si bien debe previamente existir una adaptación, esencialmente moral, de quienes en él intervienen. Incluso estima que, aun con el inevitable egoísmo existente en los individuos reales, tal proceso puede producir resultados beneficiosos para toda la sociedad.

El próximo paso de importancia aparece con la teoría del valor subjetivo, que corrige las anteriores teorías sobre el valor. Así como existe una escala de valores morales, que orientan a los individuos en sus relaciones sociales, existe también una escala de prioridades subjetivas acerca de las necesidades individuales, que son las que en definitiva orientan la producción y el intercambio posterior. “Para Carl Menger, solo en relación con una necesidad humana se puede hablar de «bienes», desde el punto de vista económico…Se debe considerar como bien a «toda cosa apta para la satisfacción de una necesidad humana y disponible para tal función»”. “El valor de un bien se basa en la importancia que presenta para el hombre. No es una cualidad intrínseca de las cosas; sólo existe en las relaciones entre el hombre y las cosas. Si desaparece la necesidad que puede ser satisfecha por un objeto, el valor de este también desaparece”.

sábado, 5 de agosto de 2017

El pensamiento liberal en los EEUU

Los principales filósofos liberales surgen de una Europa que trata de salir del feudalismo y de las monarquías absolutas, mientras que la democracia se establece con pocas dificultades en el nuevo continente, por cuanto en este caso no había necesidad de luchar contra esas formas políticas establecidas. Mientras que en Sudamérica y Centroamérica las ideas liberales tardan mayor tiempo en instalarse, y mucho mayor tiempo en ponerse en práctica, en los Estados Unidos se instalan desde la etapa de la independencia respecto del dominio inglés. Frank Thistlethwaite escribió: “Las primeras colonias norteamericanas eran una especie de arco, proyectado a través del Atlántico, con su centro en Londres. Con el desarrollo de la individualidad, de intereses separados, de conflictos y, a la postre, con el advenimiento de la independencia, los Estados Unidos se convirtieron en continente, en lugar de simple cabeza de puente. Volvieron la espalda a Inglaterra y se enfrentaron a la inmensa labor de poblar el corazón del país y prosperar en esas tierras nuevas. Aunque el arco que partía de la costa se ensanchaba y se internaba, por él seguía afluyendo la corriente de la inmigración europea, que renovaba la pulsación del Viejo Mundo. Ese latir no llegaba, como antes, a una colonia, sino al lado occidental de la cuenca del Atlántico” (De “El gran experimento”-Editorial Letras SA-México 1959).

Puede decirse que con la democracia es el sistema político que invierte la escala de valores en cuanto a la estima e importancia social que se le da al sector productivo. Mientras que, bajo el feudalismo y las monarquías, predominan en la sociedad los nobles, los militares, los sacerdotes y los burócratas estatales, con la aparición de los comerciantes surge la burguesía como nueva clase social. En los EEUU, con el predominio de los pequeños empresarios, se menosprecia al Estado al que se considera como un mal necesario. De ahí que el éxito económico, asociado al trabajo productivo, es el más valorado en el nuevo país.

La búsqueda de un Estado mínimo marca una débil línea divisoria entre liberales y anarquistas, ya que éstos apuntan a una sociedad que carece de la tutela estatal; algo admisible como tendencia, pero no tanto como práctica concreta. Rudolf Rocker escribió: “Una corriente de pensamiento tan poco comprendida y peor interpretada hoy en Estados Unidos como el anarquismo, no fue introducida de ninguna manera del extranjero, sino que se ha desarrollado lógicamente de las condiciones de este país y de sus tradiciones liberales. Sus representantes eran todos «cien por cien» americanos, con más derecho a ese título que la mayoría de sus adversarios actuales en el país. Aquellas ideas tuvieron en América partidarios convencidos cuando en Europa no se podía imaginar todavía un movimiento anarquista. Más aún: las aspiraciones de los primeros anarquistas de Estados Unidos fueron el resultado directo de las corrientes liberales de pensamiento en este país y un desenvolvimiento lógico de esas ideas” (De “El pensamiento liberal en los EEUU” en la Revista Timón-Buenos Aires Noviembre 1939).

Thomas Jefferson, fuertemente influenciado por John Locke, incluye en la “Declaración de la Independencia”, las siguientes palabras: “Consideramos estas verdades enteramente naturales: que todos los hombres han nacido iguales, que han sido dotados por su Creador con ciertos derechos inalienables; que entre esos derechos están la defensa de la vida, de la libertad y la aspiración a ser felices; que para defender esos derechos han sido instaurados los gobiernos entre los hombres, cuyas legítimas atribuciones están fundadas en la aprobación de los gobernados; que cuando una forma de gobierno se manifiesta destructivamente alguna vez respecto de esos objetivos, el pueblo tiene derecho a cambiarla o a abolirla y a instaurar un gobierno nuevo, sobre la base de tales principios y de las atribuciones que le parezcan convenientes para su seguridad y su felicidad”.

“Es ciertamente un imperativo de la prudencia el no someter a un cambio de formas gubernativas existentes desde hace mucho tiempo en base a causas ínfimas o pasajeras; pues la experiencia nos ha mostrado que los hombres están propensos a adaptarse a ciertos padecimientos soportables más bien que a procurarse justicia por la supresión de las formas a que están habituados. Pero cuando una larga serie de abusos y de pretensiones arbitrarias del poder se propone evidentemente someter a los hombres a un despotismo absoluto, entonces está en su derecho, más aún, es su deber, derribar ese gobierno y establecer nuevas garantías para su seguridad”.

Rocker agrega: “Sobre la base de las concepciones desarrolladas por Locke, surgió poco a poco la interpretación mundial del liberalismo, que quería restringir a un mínimo las atribuciones del Estado. La concepción liberal de la sociedad era la de una cooperación orgánica de los hombres sobre el cimiento de los pactos libres para la satisfacción de sus necesidades. Cuanto menos perturbadas sean sus relaciones por influencias extrañas, tanto más rica, libre y feliz era la vida del individuo, que para el liberalismo representaba la medida de todas las cosas. La sociedad se crea su propio equilibrio. Toda regulación mecánica paraliza la iniciativa personal y la responsabilidad individual y debilita el lazo natural que une la vida social en torno a los seres humanos. Por esta razón el Estado no debía tener más de dos tareas:

1- Proteger la seguridad del ciudadano dentro de la comunidad contra los ataques criminales.
2- Defender al país contra las invasiones enemigas del exterior.”

“Pero no se le habría de permitir, bajo ninguna circunstancia, inmiscuirse en la vida espiritual, religiosa y social de los hombres. O siguiendo las palabras de un gran representante del liberalismo: «Como el esqueleto es el cuadro en torno al cual se agrupan los tejidos, arterias, nervios y órganos del cuerpo, sin perjudicarse en sus funciones, así habría de ser el Estado el cuadro externo de la sociedad, para protegerla contra el mal». Pero cuando ese cuadro se transforma en camisa de fuerza, destruye el equilibrio interno y trastrueca todas las relaciones sociales”.

Thomas Paine fue quien trajo desde Inglaterra las ideas liberales que fueron aceptadas por los pioneros de la democracia en el nuevo continente. Dicho autor escribió: “Ciertos autores han entremezclado de tal modo los conceptos de gobierno y sociedad que entre ellos apenas existe alguna diferencia o no existe ninguna. Y sin embargo son muy distintos, no sólo por su esencia, sino también por su origen. La sociedad es el resultado de nuestras necesidades, el gobierno es el producto de nuestra corrupción. La primera fomenta nuestra dicha de una manera positiva al asociar nuestras inclinaciones; el último de un modo negativo, al poner dique a nuestros vicios. La una estimula el tráfico social, la otra crea las barreras y las diferencias sociales. La primera es un protector, el último un guardián. La sociedad es, en todo caso, un beneficio; el gobierno es, en el mejor de los casos, un mal necesario, y en el peor de los casos un mal intolerable; pues si por un gobierno somos expuestos a la misma miseria que esperamos en un país sin gobierno, nuestra desdicha es todavía mayor por la conciencia de haber creado nosotros mismos el látigo con que se nos fustiga” (Del “Sentido común”).

“El orden que impera entre los seres humanos, no es, en gran parte, obra del gobierno. Tiene su origen en los principios de la sociedad y en la constitución natural del hombre. Existía antes de la aparición del gobierno en la historia, y continuaría existiendo si desapareciera toda forma de gobierno. La dependencia mutua y los múltiples intereses que unen a los hombres entre sí en una comunidad civilizada, crean aquella gran cadena de relaciones que lo cohesiona todo…Intereses comunes regulan sus asuntos y forman sus leyes; y las leyes que crea el hábito cotidiano y la costumbre social, tienen una influencia mayor que las leyes del gobierno. En una palabra, la sociedad hace por sí misma todo lo que se atribuye al gobierno”.

“Cuanto más perfecta es la civilización, tanto menos necesidad tiene de gobierno, y eso porque, en ese caso, regula por sí misma sus intereses y se gobierna a sí misma. Pero los viejos gobiernos están tan lejos de eso que aumentan los gastos para su sostenimiento en la misma proporción en que habrían de reducirlos. Hay muy pocas leyes generales que se pueden considerar como exigencia de la vida civilizada, y esas son de tal utilidad general que se imponen sin importar en ello que las pongan en vigor o no determinadas formas de gobierno” (De “Los derechos del hombre”).

Mientras que lo primero que hace un gobierno totalitario es la supresión de la libertad de prensa, junto al establecimiento de un monopolio estatal de la información, la postura liberal promueve la libertad de expresión ya que la considera esencial para la vida democrática. Rudolf Rocker escribió: “Jefferson sostenía que una administración sana de la cosa pública depende del interés que le dedique el hombre del pueblo. Cuanto más dispuesto esté el pueblo a velar por sus derechos y libertades, tanto más está forzado el gobierno a tener en cuenta las exigencias de la opinión pública y a convertirlas en regla de su conducta. La indiferencia del pueblo para con los asuntos públicos es el comienzo de toda tiranía. Sólo donde la palabra es libre se puede mantener sana la opinión pública, pues la verdad resulta siempre de la comparación de las cosas. «Una opinión errónea puede ser tolerada mientras la razón tenga libertad de combatirla»”.

“Donde la opinión del pueblo es proscripta, sucumbe el espíritu, y el ciego fanatismo ocupa el puesto del pensamiento propio. Como Paine, así reconoció también Jefferson que «argumentar con un hombre que ha renunciado a la razón es lo mismo que administrar medicinas a un muerto». Por eso veía en una prensa libre, sin influencia extraña, la mayor significación para la educación del pueblo y escribió en ese sentido a Edward Carrigton: «La opinión del pueblo es la base de nuestro gobierno, y nuestra primera misión debería consistir en mantener ese derecho. Si yo tuviese que decidir entre un gobierno sin prensa y una prensa sin gobierno, no vacilaría un instante en resolverme por lo último. Soy de opinión que la prensa debe ser accesible a todos y todo el mundo habría de poseer la capacidad de leerla. Estoy convencido de que aquellas sociedades (como los indios) viven sin gobierno, en su gran mayoría disfrutan de una dicha incomparablemente mayor que las que están forzadas a vivir bajo el dominio de los gobiernos europeos. En las primeras ocupa la opinión pública el puesto de la ley y ofrece a la moral un cimiento mucho mayor de lo que podrían hacer en cualquier parte las leyes. En las últimas, bajo el pretexto del gobierno, han dividido sus naciones en dos clases: en lobos y en corderos. No exagero. Este es el verdadero retrato de Europa. ¡Alimentad por tanto el espíritu en nuestro pueblo y conservad su vigilancia! ¡No seáis demasiado severos con sus errores, sino mejoradlos más bien por la instrucción! En el momento en que el pueblo ceda en la vigilancia respecto de los asuntos públicos, Ud. y yo, el congreso, la asamblea legislativa, los jueces y jefes de los Estados, todos nosotros nos transformamos en lobos»”.

jueves, 3 de agosto de 2017

El líder incendiario

Se dice que a las personas se las debe amar con sus virtudes y defectos, o a pesar de sus defectos, aunque ello puede traer consecuencias negativas cuando se trata del amor de un pueblo por un líder político que promueve la violencia. Este es el caso de los líderes totalitarios (fascistas y socialistas) que dividen al pueblo en amigos y enemigos, debilitándolo en una forma tan efectiva que ni siquiera los rivales extranjeros pueden lograr. Rudolf Rocker escribió: “En los llamados Estados fascistas, donde fueron aplastados despiadadamente todos los partidos políticos y todas las tendencias sociales para elevar a un solo partido a la categoría de vehículo del «principio nacional», se ha llegado hasta subordinar todas las manifestaciones de la vida social a la unidad del Estado totalitario y a sofocar toda vida particular o a adaptarla a las necesidades de la máquina del Estado”.

“El hombre mecánico, que se considera una parte del Estado y acata sin resistencia los imperativos de la dictadura nacional, como obedece la máquina a las presiones del maquinista, es el tipo ejemplar inanimado del fascismo. El famoso «principio de la jefatura» se convierte en cómodo sucedáneo por el cual anormales incurables quieren someter la rica diversidad de la vida social a la llamada nivelación, que en realidad es sólo la expresión de su limitación espiritual”.

“Y como la cortedad espiritual y la violencia brutal van siempre juntas, el despotismo ilimitado contra los propios ciudadanos, que lleva lógicamente a la amenaza continua contra naciones extrañas, es la consecuencia inevitable de un sistema que no respeta ninguna consideración humana, y cuyos portavoces están poseídos por la ilusión de suplantar por la mecánica muerta de los conceptos políticos de dominio todo lo orgánico, lo animado”.

“Es esa manera de pensar la que fue siempre fundamento espiritual de toda tiranía; pues el despotismo del pensamiento lleva siempre al despotismo de la acción. El que cree poder prensar en formas determinadas todas las manifestaciones de la vida intelectual y social, tiene que considerar lógicamente como enemigo al que no quiera renunciar al propio pensamiento y a la propia acción. Así la independencia espiritual se convierte en alta traición contra el país o, mejor dicho, en alta traición contra aquellos que detentan el poder, que interpretan a su manera la voluntad de la nación y la imponen al pueblo como idea nacional. El que contradice esa interpretación es arrojado del territorio nacional, encerrado en campos de concentración o reducido de otro modo más eficaz” (De la Revista “Timón”-Buenos Aires-Noviembre 1939).

El peronismo no sólo constituyó un gobierno de tipo totalitario en lo político y en lo económico, ya que pretendió imponer a la sociedad una doctrina que buscaba sustituir al cristianismo y un derecho constitucional que apuntaba a sustituir la Constitución de 1853. El tirano expresó: “La República Argentina tiene ahora, por primera vez, una doctrina nacional…que no es, como se ha dicho con mucha intención, la doctrina de un partido político. Es la doctrina de un pueblo que la hizo suya. Es la doctrina de la Patria misma, porque la Patria no es, ¡no puede ser! solamente sus fronteras y sus símbolos que son elementos inertes. La Patria vive y se hace permanente y eterna en sus hijos…Por eso insisto tanto en crear un alma en nuestro pueblo que necesita vencer sobre todas las vicisitudes de la historia. El alma de nuestro pueblo debe ser conformada sobre los principios de la doctrina nacional que él ha aceptado plenamente a través de su inmensa mayoría, por su eminente contenido humanista y cristiano”.

Cuando Perón habla de “pueblo”, se refiere a sus seguidores, mientras que al resto de la población lo considerada como la “antipatria”. En cuanto a la compatibilidad de su “doctrina” con el cristianismo, puede decirse que el odio peronista siempre fue incompatible con el “Amarás al prójimo como a ti mismo”. Respecto del discurso antes mencionado, Raanan Rein escribió: “Este discurso expone con claridad el intento de Perón de unificar a todo el pueblo bajo sus convicciones y su única ideología, el justicialismo. No cabe en este esquema ninguna otra concepción ni hay lugar para posturas divergentes, dado que el peronismo y la nacionalidad son una misma cosa, y quien se opone a una traiciona a la otra” (De “Peronismo, populismo y política: Argentina 1943-1955”-Fundación Editorial de Belgrano-Buenos Aires 1998).

Perón instigaba a las masas a agredir a los “enemigos” (los anti-peronistas), incitándolos a incendiar locales y hasta templos católicos, algo impropio de un “cristiano”, como manifestaba serlo. Entre tales incitaciones a la violencia puede mencionarse la siguiente: “Compañeros: cuando haya que quemar, voy a salir yo a la cabeza de ustedes a quemar. Pero entonces, si eso fuera necesario, la historia recordará la más grande hoguera que haya encendido la humanidad hasta nuestros días. Los que creen que nos cansaremos se equivocan. Nosotros tenemos cuerda para cien años” (7-5-53)

Sus más fieles seguidores, amparados en la policía y los bomberos, también peronizados, en varias ocasiones dan rienda suelta a la labor pirotécnica encomendada. Hugo Gambini escribió: “Respondiendo a la incitación presidencial («¿Por qué no empiezan ustedes con la leña?», los grupos de choque del peronismo se tomaron un costoso desquite. Al desconcentrarse la multitud, una columna enfiló por Avenida de Mayo vociferando «¡Vamos a quemar la Casa del Pueblo!». Eran las seis y media de la tarde cuando los primeros grupos peronistas llegaron hasta ese edificio, situado en Rivadavia 2150, y comenzaron a corear sus estribillos. Pero pronto se despendió de ellos el sector encargado de «dar la leña», cuya identificación era fácilmente detectable por los gritos («¡Judíos! ¡Váyanse a Moscú! ¡Patria sí, colonia no!»). Allí se puso en funcionamiento un operativo largamente codiciado por los militantes de la Alianza Libertadora Nacionalista: incendiar la sede de los socialistas”.

Las personas que estaban en el interior del local, huían para no perder la vida en el incendio que se preparaba. “Cuando esto se ponía en práctica, los evadidos vieron cómo la policía enseñaba a un grupo de aliancistas el camino de la anterior salida, para que pudieran penetrar por el lado de atrás, con botellas llenas de nafta”. “Simultáneamente, un camión de la Municipalidad fue estrellado contra la puerta de hierro, para abrir paso a los incendiarios”.

“En ese mismo tiempo también ardieron otros edificios, porque el grupo aliancista decidió repetir la hazaña con el resto de los opositores. Una vez que el fuego había tomado vigor en la sede socialista, el equipo incendiario se corrió hasta la Casa Radical….”.

“El edificio ocupado por el Partido Demócrata Nacional fue el menos afectado, pues los atacantes se conformaron con una hoguera que alcanzó a tener ocho metros de altura, alimentada con los muebles y los libros sacados del interior”.

“«¡Ahora le toca al Jockey Club! ¡Vamos para allá», oyó decir Carlos Aubone, mientras presenciaba la hoguera encendida frente a la Casa Radical”. “Ese 15 de abril de 1953 fue una de las jornadas más estremecedoras y sombrías de la época historiada. Los inocentes que murieron como consecuencia de las bombas colocadas por un grupo terrorista de la oposición y la actitud vengativa de los incendiarios, demostraba hasta qué punto el enfrentamiento político se había convertido en una batalla cada vez más feroz” (De “Historia del peronismo. La obsecuencia (1952-1955)”-Vergara-Buenos Aires 2007).

Tampoco la bandera nacional se salvó de la quema peronista. El incidente se produjo cuando algunos grupos católicos izaron una bandera argentina junto a otra del Vaticano. Luego, para que la culpa cayese sobre tales individuos, Perón ideó la quema de la insignia nacional. El citado autor agrega: “Según pudo determinarse, la orden al jefe de policía provino directamente de Borlenghi. Por su parte, Teisaire, cuando dejó de ser vicepresidente reveló que «dicha felonía se ejecutó no sólo con la autorización de Perón, sino bajo su inspiración»”.

El 16 de Junio de 1955 se produjo un bombardeo naval sobre la Casa Rosada, con la muerte de más de dos centenares de personas; quienes ahí trabajaban y los que ocasionalmente transitaban por el lugar. Perón salva su vida por cuanto se entera a tiempo del atentado a perpetrarse y se traslada a otro lugar. Gambini escribe al respecto: “Si realmente [Perón] lamentaba lo ocurrido al pueblo más que a sí mismo, cabía preguntarle por qué no hizo evacuar el edificio y sus alrededores, en lugar de refugiarse silenciosamente en un sótano. Pero nadie se atrevió a decírselo. No hay dudas de que el operativo aéreo sobre la casa de gobierno fue un acto de grave irresponsabilidad castrense, por las muertes civiles que ocasionaría dentro y fuera del edificio –como ocurrió-, pero la actitud del ministro de Ejército al sacar de allí al presidente tres horas antes, sin alertar al personal de la casa y sin evacuar la zona aledaña, indica una evidente falta de interés por proteger a los transeúntes y a los propios empleados de la Presidencia”.

La venganza de los incendiarios no se hizo esperar y se inicia un masivo incendio de templos católicos de Buenos Aires y de algunas ciudades del interior, comenzado por la Curia. Perón no hace nada por detenerlos por cuanto la policía y los bomberos se limitan a observar las fechorías. Ernesto Sábato escribió: “La soledad era lúgubre y en la noche los incendios echaban un resplandor siniestro sobre el cielo plomizo. Se oía el bombo como un carnaval de locos. Ahora estaba frente a la Iglesia, arrastrado por gente enloquecida y confusa. Algunos llevaban revólveres y pistolas. ‘Son de la Alianza’, dijo alguien. Pronto ardió la nafta que habían echado sobre las puertas. Entraron en tumulto, gritando. Arrastraron bancos contra las puertas y la hoguera creció. Otros llevaban reclinatorios, imágenes y bancos a la calle. La llovizna caía indiferente y frígida. Echaron nafta y la madera ardió furiosamente, en medio de las heladas ráfagas. Gritaron, sonaron tiros por ahí, algunos corrían, otros se refugiaban en los zaguanes de enfrente, contra las paredes, fascinados por el fuego y el pánico” (De “Sobres héroes y tumbas”).

La violencia, que involucraba a ambas partes, fue motivada e iniciada, sin embargo, por una de ellas. Lucas Lanusse menciona una proclama al respecto: “La Unión Cívica Radical afirma que la revolución del 16 de junio es producto del Régimen. Mientras no cese el sistema totalitario que lo caracteriza, subsistirán las causas del estallido…La corrupción que aqueja a la República, peculado, espionaje y delación, encarcelamientos discrecionales, torturas, supresión de libertades, la degradación de la escuela y de la Universidad, puestas al servicio de los fines subalternos del Régimen, el sometimiento de la vida sindical, convertida en instrumento de opresión de los trabajadores, son algunas manifestaciones del sistema que está empobreciendo las reservas materiales y espirituales de nuestra Nación, y constituyen otros tantos motivos de explosión de las fuerzas morales que, no hallando los caminos de la paz para las soluciones armónicas, apelan, desesperadas, a la violencia” (De “Sembrando vientos”-Vergara-Buenos Aires 2009).

martes, 1 de agosto de 2017

El chavismo y sus semejanzas con el peronismo

Puede decirse que la antiquísima lucha entre el bien y el mal, relatada en la Biblia, ha sido reeditada en los últimos tiempos, en el plano económico y político, por la lucha entre la democracia (el bien) y el totalitarismo (el mal). Ello se debe a que detrás de cada postura política personal existe una actitud moral que puede identificarse con alguno de los dos extremos mencionados, con una transición gradual entre los mismos.

Mientras que las actitudes democráticas pueden degradarse llegando a la hipocresía, por la cual se reconocen los valores morales objetivos, pero se finge respetarlos infringiéndoselos para lograr alguna ventaja personal o sectorial, las actitudes totalitarias se caracterizan por adoptar al cinismo, por el cual se rechazan los valores morales elementales para ubicarlos en un lugar secundario ante el predominio de las nefastas ideologías adoptadas.

La gravedad de la situación se refleja en la gran cantidad de adeptos y admiradores de aquellos personajes que se han destacado por sus mentiras y sus crímenes, por haber encarcelado de por vida a pueblos enteros o por haberlos envenenado psicológicamente induciéndoles un intenso odio hacia enemigos reales o imaginarios. El resto, mientras tanto, con posturas tolerantes y permisivas, poco hizo para contrarrestar el “culto a las personalidad” destinado a quienes destruyen, o destruyeron, el orden social.

La etapa intermedia entre la democracia y el totalitarismo es el populismo, que por lo general tiende a convertirse en totalitarismo. A diferencia de los totalitarismos impuestos por las armas, es decir, por revoluciones violentas, los futuros líderes totalitarios se inician respetando las reglas de la democracia para ser electos por medio de comicios normales. Luego se transforman en populistas hasta llegar a ejercer el poder total (Todo en el Estado).

En algunos casos, incluso quienes se dedicaron por muchos años a actividades terroristas, pueden llegar a ser elegidos por el voto popular, como es el caso de los integrantes de Montoneros, con amplia participación durante el kirchnerismo. Todo indica que un pasado criminal, poco o nada significa para el votante que fue convencido con promesas y sobornos, o bien porque tales terroristas se instalaron como candidatos de su partido político preferido al que sigue incondicionalmente.

En la actualidad llegan noticias de Colombia indicando que el grupo narco-terrorista FARC competirá democráticamente en las próximas elecciones. Debido al enorme caudal de dinero que posee, es posible que efectúe una masiva “compra de votos” sobornando a varios sectores de la población para llegar al poder por ese medio. Todo parece indicar que sus ambiciones totalitarias siguen vigentes.

Cuando las ideologías totalitarias se apoderan de las mentes de amplios sectores de la población, cuesta mucho trabajo y mucho tiempo reemplazarlas por ideas democráticas, como ha sido el caso del peronismo en la Argentina, renovado recientemente por el kirchnerismo bajo el lema “vamos por todo”.

Si bien muchos aconsejan dejar atrás el pasado, algo sumamente positivo si se trata de un pasado de divisiones y discordias, debería tal olvido estar sujeto a condiciones, como que se diga toda la verdad sobre el pasado, de manera que la gente advierta que un peronista auténtico es alguien que admira a quien impuso un feroz totalitarismo entre los años cuarenta y cincuenta del siglo pasado.

Si alguien carece de moral social suficiente al aceptar e idolatrar a personajes nefastos como Perón, Eva, Fidel Castro, Hugo Chávez o el Che Guevara, debe ser consciente de su propio nivel moral y social, de la misma manera en que deberían reconocerlo los demás. Luego, si la mayoría decide reeditar algún totalitarismo, las protestas y los lamentos deberían dejarse de lado por cuanto se obró con plena conciencia de lo que se elegía.

Cuando en Venezuela aparece un “admirador de Perón”, como Hugo Chávez, seguramente pocos habrán dado la voz de alarma por cuanto, quizás, desconocían lo que fue el peronismo. El caso venezolano es un ejemplo elocuente de la peligrosidad inherente a políticos que admiran a líderes totalitarios del pasado, y de la inexistencia de un periodismo o de una intelectualidad capaz de decir la verdad sobre aquellos.

La actitud típica del gobernante totalitario es tener bajo su mando y decisiones a todas las actividades y a todos los integrantes de la sociedad. Los primeros pasos que ha de dar será controlar la prensa buscando establecer un monopolio estatal. E. F. Sánchez Zinny escribió acerca de la tiranía peronista: “Como fuera 1840 el año del terror en la tiranía rosista, se ha dicho que 1946 fue el año del miedo. Queda comprobado por el incremento de la oposición oficial a la libertad de prensa. Lo revelan los atentados y tenaz persecución a los periodistas; las clausuras y pedreas a los diarios y los procesos por desacato. Todo concurre a una única finalidad: terminar con la prensa independiente”.

“Para hacer más efectivo el propósito, en ese mismo año de 1946 iníciase el «bloqueo económico» de diarios y publicaciones. Era otra parte del programa de apoderamiento coercitivo. Claramente se descubre el designio del dictador de adueñarse de las empresas periodísticas del país…El procedimiento comienza a entrar en acción en 1946, practicando el método de presionar permanentemente en la parte económica a los propietarios o directores de los diarios y periódicos en circulación, hasta obligarlos a enajenar sus derechos patrimoniales sobre los mismos. A más se usó de la fuerza y del terror a los reacios en entregarse sin condiciones”.

“El 4 de junio de 1946, las turbas domésticas asaltan La Hora, apedrean La Prensa, La Nación y La Razón, causando daños considerables. El 20 de agosto, atentan contra El Mundo. En setiembre 19 del mismo año 1946 son agredidos los vendedores voluntarios de La Vanguardia. En diciembre vuelven a atacar a La Hora” (De “El culto a la infamia”-Buenos Aires 1958).

En cuanto a Hugo Chávez y el manejo de la prensa, Carlos Blanco escribió: “Un elemento esencial de la estrategia del régimen fue el manejo de los medios de comunicación. No es de dudar que este empleo haya estado influido por la vocación del presidente por hablar públicamente en forma constante, pero la dimensión comunicacional rebasa el apetito discursivo del líder de la revolución y se convirtió en ingrediente insustituible del proceso”.

“La confrontación del régimen con el pluralismo social también se dio hacia dentro de sus filas y este hecho está en la base de su estrategia comunicacional. La discrepancia interna, lejos de ser elemento de enriquecimiento intelectual y político, se convirtió en amenaza, dada la necesidad de centralizar la conducción del proceso”.

“Esta visión llevó a que la voz del gobierno fuese siempre la del presidente. No había otra voz independiente, salvo que fuese para abundar, explicar, interpretar o reconocer lo dicho por él. El resultado fue un gobierno monocorde porque los altos funcionarios se vieron impedidos para liderar con voz propia sus respectivos despachos”.

“La periodista Elizabeth Fuentes en su columna semanal indica lo siguiente: «Estadísticamente hablando, desde 1992, Hugo Chávez ha intervenido públicamente en 4.350 oportunidades. En actos oficiales, ha hablado 1.081 veces. Ha pronunciado [millones] de palabras. Esto significa que ha hablado durante seis meses sin parar. Si lo calculamos en días hábiles, llega al año y medio»” (De “Revolución y desilusión”-Los Libros de la Catarata-Madrid 2002).

Perón consideraba como “pueblo” a sus seguidores, y como enemigos al resto, imitando Chávez esta división cancerígena de la sociedad (o bien innovando con “mérito” propio). El citado autor agrega: “El pueblo era, por definición, quien seguía a Chávez. Los demás ciudadanos que lo criticaban y enfrentaban eran considerados como parte de la oligarquía corrupta, de los privilegiados, de los ligados a los intereses desterrados con la revolución o, en el mejor de los casos, de los engañados por la prédica contrarrevolucionaria”.

“La relación directa del caudillo con «su» pueblo hizo superflua la organización. La plaza pública, las «cadenas» y la omnipresencia presidencial, suplían las carencias organizativas que la revolución parecía no requerir ante esa relación diaria, inmediata y directa. Mientras tanto, los ciudadanos que estaban organizados o que se dispusieron a hacerlo en sindicatos, gremios, partidos y organizaciones no gubernamentales, fueron considerados enemigos del proceso. Estos, que demandaban organización para defender sus derechos y reivindicaciones, eran los más desvalidos ante un régimen que amenazaba con erradicar toda institución que no estuviera a su servicio”.

“Una parte de la sociedad no sólo se convirtió en enemiga sino que perdió su lugar social: los sectores medios y populares que comenzaron a entrar en conflicto con el gobierno dejaron de ser parte del pueblo para, presuntamente, ser parte de la oligarquía o de los privilegiados. El gobierno los desterró de su pertenencia social y de su identidad; ya no eran los seres humanos comunes y corrientes, habituados a protestar o a disentir de los gobiernos, sino el brazo de una poderosa cofradía de corruptos, oligarcas, privilegiados y enemigos del cambio”.

“El efecto-espejo del régimen comenzó a operar: Chávez afirmaba que él no era más que un reflejo del pueblo, pero de tanto reflejarse en él y de asumir su presencia y su voz, el pueblo pasó a ser un reflejo de Chávez. El fenómeno de la «transustanciación» ya considerado: Chávez y el pueblo se convirtieron en una sola y misma entidad mística. Pero esa visión no podía sostenerse sino a través de una versión peculiar del pueblo: la del conjunto constituido por los pobres y miserables, poseedores a su vez de honestidad y bondad infinitas. El pueblo, en esencia, bueno; los demás, en esencia, corruptos, enriquecidos y malignos”.

Los diversos totalitarismos aducen ejercer gobiernos legítimos por cuanto fueron elegidos por el voto popular. Es el mismo justificativo que ofrece el conductor de un automóvil que, teniendo el semáforo en verde, mata a un peatón desprevenido, por cuanto aduce “haber respetado” la ley, ya que “no cree” en la existencia de leyes morales provenientes de leyes naturales. Recordemos que los marxistas-leninistas se guían por la “moral” de Lenín: “Moral es lo que favorece el advenimiento del socialismo. Inmoral lo contrario”.

Mientras que, en el caso venezolano, los distintos “organismos de derechos humanos” establecen un silencio cómplice, pareciendo haber adoptado la moral de Lenin, sugieren la no intervención de otros países en los problemas internos de Venezuela, exceptuando, por supuesto, a Cuba, es decir, aprueban la ingerencia de otros totalitarismos pero desaprueban la ingerencia de las democracias.