sábado, 31 de diciembre de 2016

San Martín y la educación moral

En épocas como la actual, en la que predomina el relativismo moral y los valores materiales, es oportuno mencionar el criterio educativo y formativo que el Gral. José de San Martín emplea con su hija. Tal tarea consiste en dejarle por escrito algunas máximas, además de su ejemplo y actitud cotidianos que la niña va observando a través de los años. Tales máximas y ejemplo pueden muy bien servir de guía a quienes en la actualidad las circunstancias les han asignado la importante tarea educadora y formativa de sus propios hijos.

La educación moral, la que se debe impartir prioritariamente desde el hogar, para ser complementada por la escuela, ha de constituir la base de toda personalidad, por lo cual cada padre debe tener presente al menos algunos ejemplos exitosos de educación familiar. Lorenzo Luzuriaga escribió: “Entre todos los aspectos de la educación, evidentemente el más importante es el que se refiere a la educación moral, hasta el punto que muchos han hecho coincidir el fin general de la educación con el fin ético. Así dice Herbart al comienzo de su ‘Pedagogía’: «Virtud es el nombre que conviene a la totalidad del fin pedagógico», y por tanto «la filosofía práctica [la ética] muestra el fin de la educación»”.

“Esta concepción parece un poco exclusivista, ya que, como hemos dicho, el fin de la educación es la formación integral del hombre, y no sólo en su aspecto ético, sino también en el físico, el estético y el intelectual. Sin embargo, hay que convenir que el más importante es el moral, ya que éste es también el aspecto decisivo en la vida del hombre”.

“Ahora bien, la dificultad está en definir o encontrar la finalidad moral, pues existen numerosas interpretaciones de ella según las diversas concepciones filosóficas: hedonismo, utilitarismo, estoicismo, ascetismo, etc. Por otra parte, como hemos visto, cada época tiene un ideal de la vida, y por tanto un ideal moral: colectivismo, individualismo, religiosidad, laicismo, etc.”.

“¿Qué fin o idea de educación moral elegiremos? ¿Quién tiene que hacer la elección? Se dirá que el fin es dado por la sociedad en que vivimos, y así es ciertamente. Pero esto tiene el peligro de perpetuar el estado actual de la sociedad, sin mirar su posible mejora. Por otra parte, no hay un ideal o finalidad única en la sociedad actual, sino múltiples y a veces contradictorios”.

“De aquí que algunos hayan querido prescindir de fijar una finalidad concreta a la educación moral, y la hayan reducido a una educación moral puramente formal, lo mismo que ocurría con la educación intelectual, es decir, al ejercicio o la práctica de la capacidad o sensibilidad ética; pero aquí nos encontramos con el mismo inconveniente que en aquélla, a saber, que no es posible una educación formal, sin un contenido, es decir, sin una educación moral material”.

“Otros han dicho que el fin de la educación moral es la formación del carácter; pero en éste se comprenden muchas cosas que no son puramente morales, sino simplemente psicológicas, como es el temperamento, que no tiene nada que ver o muy poco con la moralidad”.

“Para nosotros, la educación moral tiene por fin la formación de la personalidad moral, es decir, la personalidad que alcanza la autonomía moral, la autodeterminación, la cual supone la solidaridad con los demás, ya que éstos son un requisito imprescindible para el desarrollo de la propia personalidad” (De “Pedagogía”-Editorial Losada SA-Buenos Aires 1984).

Mercedes Tomasa de San Martín nace en Mendoza, en 1816. Las obligaciones militares de su padre hacen que pronto viaje a Buenos Aires con su madre, Remedios Escalada, donde van a vivir con sus abuelos maternos. En dos ocasiones, luego de algunas batallas desarrolladas en suelo chileno, San Martín viaja a Buenos Aires para reunirse con su familia. La separación resulta más prolongada cuando inicia la campaña al Perú. La frágil salud de Remedios Escalada sólo le permite vivir hasta los 26 años. Retirado de la actividad militar, San Martín parte para Europa, con su pequeña hija, en donde finalmente se radica.

Estando en Bruselas, Bélgica, decide volver por un tiempo a su patria para realizar algunos trámites. Para no interrumpir los estudios de Mercedita, decide dejarla al cuidado de su hermano Justo, uno de los tres hermanos militares al servicio de España. Debido al riesgo del viaje, San Martín teme no volverla a ver por lo cual le deja algunas máximas para que Mercedes las tenga en cuenta en su vida. Arturo Capdevila escribió: “De un largo viaje se vuelve o no se vuelve. En un largo viaje se puede uno morir. Además, el mar es siempre la imponente imagen de un ilimitado peligro y la navegación se ofrece dudosa en todos los tiempos por las tormentas y borrascas en que abunda el océano. Si aún hoy, con tanta seguridad como presentan los buques, ocurre así, pensemos lo que allá por 1828 sería”.

“San Martín, como es natural, se puso en todos los casos. Podía suceder -¿por qué no?- hasta que no volviera. Estando como estaba en guerra su país, cabía en lo posible que le tocase cumplir deberes militares; y bien sabido es que en las batallas San Martín se lanzaba a lo peor de la pelea, allí donde era más brava, exponiéndose a morir al frente de sus escuadrones. Podía suceder, por consiguiente que no volviese…” (De “La infanta mendocina”-Editorial Atlántida SA-Buenos Aires 1949).

San Martín, en la versión de Capdevila, le expresa a su hija: “Quiero dejarte unas máximas, es decir, unos consejos, en cuyo cumplimiento estricto creo firmemente que hallarás la felicidad. No basta que mis hermanos y la señorita directora velen por ti en mi ausencia. Es preciso, además, que tú misma veles por tu dicha. Quiero darte ahora, conversando, esas máximas, que también te dejaré por escrito”.

“La primera: que sea siempre dulce tu carácter, nunca irascible, jamás violento. Que te muestres sensible aun para con los insectos. ¡Que criatura tan dulce! Eso quiero que todos digan de ti. ¿Harás cuanto puedas por conseguirlo?”.

“Segunda recomendación: que ames la verdad, que la ames tanto como odies la mentira. Porque no basta inclinarse a la verdad sino que debe desterrarse por completo la propensión a la falsía. ¿Amarás, pues, la verdad, sin hacer ninguna concesión a la mentira?”.

“Tercera recomendación: que seas buena amiga. ¿En qué forma?, me preguntarás. Sabiendo unir siempre la confianza al respeto. Toda falta de respeto en la amistad es una falta muy grave. Si el amigo no recibe de otro amigo aprecio, ¿de quien lo recibirá? Creo que te das cuenta clara de lo que digo”.

“Cuarta recomendación: que si llegas a merecer la confianza de una amiga –o de un amigo- sepas guardar los secretos que en el seno de la amistad se te confíen. Nada existe más sagrado para un alma honrada que el secreto ajeno. Nada tan bello como saberlo guardar. ¿Comprendes todo esto y lo sabrás cumplir?”.

“Quinta recomendación: que seas caritativa. Hay mucho dolor en el mundo. Sin demora debemos socorrer al prójimo en su aflicción: con dinero, con actos, con palabras de consuelo, en todas las formas que el espíritu de caridad nos aconseje en cada caso. Sé que eres caritativa, que siempre lo has sido, que siempre lo serás. ¿No es cierto, hija?”.

“Sexta recomendación (en ocasiones muy difícil de poner en práctica): que seas tolerante con las ideas ajenas…Porque igual derecho que el tuyo, por ejemplo, a ser republicana, como sin duda lo eres, deberás reconocer en otro a ser monárquico. El que otro no piense como uno, ¿es motivo para que le odiemos? ¿Debemos romper la amistad con el que antes estimábamos y queríamos por un simple cambio de opinión? Francamente, hija, proceder así es cosa horrible. Que seas tú de las personas tolerantes…”.

“Séptima recomendación: que seas suave, suavísima, en el trato con los criados, con los necesitados, con los ancianos. La dureza para con aquellos cuya existencia es ya muy dura me parece realmente una mala acción. Una mala acción en que nunca incurrirás. ¿Estamos de acuerdo?”

“Octava recomendación: que no te dejes nunca seducir por el lujo. Ama el aseo y la natural compostura: esto sí. Pero desprecia el lujo. Si te rindieras a él, entonces rodarían por tierra mis recomendaciones anteriores, porque la persona vanidosa que vive para la ostentación, ni es buena amiga, ni sabe guardar un secreto, ni piensa en socorrer al pobre, ni puede vivir seriamente para la virtud. ¿Admitido?”

“Novena recomendación: que seas formal en la mesa. La hora de comer debe ser siempre, de algún modo, la hora de agradecer a la divinidad el sustento. De ahí que, mientras toda alegría sana debe aceptarse, toda jarana indigna debe ser entonces rechazada. ¿No es verdad?”.

“Décima recomendación: que no hables mucho, que no te derrames en palabras. Por el contrario, que hables poco y lo preciso. Así pensarás bien lo que digas. El gran negocio de la vida es oír, no es hablar. Oyendo, cuando sabemos elegir las amistades, aprendemos siempre. Hablando, dejamos de aprender. Que sea tú, niña, de las que no hablan mucho. ¿Prometido?”.
A lo que siempre su hija le contestaba: “Sí, tatita”.

En cierta ocasión, se corrió el rumor de que a San Martín quisieron hacerlo rey en Perú. Ante una pregunta de su hija, responde: “Muy sencillo: que muchos querían verme ceñir la corona y andaban coleccionando firmas para pedírmelo. Eran los más activos propagandistas don José Félix Fedrón, un caballero don José Ignacio de Avila y dos capellanes del Hospital Santa Ana…¿Quieres tú saber ahora qué hice cuando lo supe? Pues te lo voy a decir: hacerlos poner presos inmediatamente como a enemigos de América. Yo los metí en la cárcel”.

En otra oportunidad, Merceditas le pregunta por sus hermanos: “¿Son españoles sus hermanos, tatita?”. A lo que recibe como respuesta: “No; americanos como yo; criollos como yo; unos nacieron en Misiones, otros en Buenos Aires”. “¿Por qué se quedaron sirviendo al rey de España? ¿Por qué no vinieron como usted a pelear por la tierra en que nacieron?”.

“Hija mía –respondió el General- ¿Nunca te has levantado muy al alba, cuando ni se ha ido del todo la noche ni ha acabado de llegar la mañana? Pues así también sucedió cuando empezó el nuevo día de América. A causa de la confusión propia de toda alba, mis hermanos miraron las cosas de un modo y yo de otro. Y tenemos que perdonarnos todos. Ni yo puedo decir que ellos traicionaron a la patria, ni ellos podrían decir que yo traicioné a España y al rey. ¡Bien que la serví, criatura, exponiendo cien veces mi vida por ella cuando fui soldado suyo!...¿Me entiendes, hijita?”.

“Podría decirse que todos los americanos estábamos dormidos en la noche colonial bajo el dominio de España, cuando la Patria despertó en Buenos Aires el 25 de Mayo y llamó a sus hijos…Hubo quienes oyeron el llamado y quienes no. Yo fui de los que oyeron el grito. Mis hermanos de los que no lo oyeron”. “Cada uno cumplió con su deber de acuerdo a su conciencia. Por lo demás, ninguno de mis hermanos combatió contra América; y estoy seguro que antes de hacerlo hubieran roto sus espadas”.