domingo, 11 de diciembre de 2016

Población y consumo de energía

Mientras mayor sea la población mundial, mayor será el consumo de energía. Y mientras mayor sea el consumo de energía, mayor será la contaminación ambiental. Ello se debe a que gran parte de la generación eléctrica es contaminante, y cuando cada uno de nosotros está consumiendo energía, de cualquier tipo, está “ayudando” a contaminar el planeta, aun cuando pareciera que nos estamos comportando “ecológicamente”. Este es el caso del consumo “civilizado”, el mínimo inevitable, al que debe agregarse el derroche de energía, que puede considerarse como un consumo “incivilizado”.

Debido a que el exceso de nacimientos sobre defunciones es de unos 100 millones por año, el problema energético y ambiental, está adquiriendo una importancia que no tenía a mediados del siglo pasado. De ahí que resulta imprescindible ser conscientes del problema para luego actuar en consecuencia.

Albert Einstein admiraba tanto a Franklin D. Roosevelt como al Mahatma Gandhi; al primero porque promovía la libertad individual consolidando una sólida posición económica, mientras que al segundo lo admiraba porque promovía la libertad individual renunciando a todo lo imprescindible. Ambos promovían en cada individuo la independencia respecto de los demás, ya que de esa forma evitaría quedar atado mediante vínculos materiales para poder unirse a los demás sólo mediante vínculos afectivos.

Una solución ideal es aquella en la que cada individuo adopta el criterio de Gandhi; lo que ha de llevar a una disminución del consumo energético, o a compensar el incremento producido por el aumento poblacional. Además, como factor de seguridad, puede adoptarse el criterio de Roosevelt tratando de asegurar el futuro mediante inversiones productivas.

Hay países que, debido a un alto consumo energético, contaminan bastante. Sin embargo, ello no debe interpretarse como un consumo “incivilizado”, sino a la elevada producción industrial. Este es el caso de los EEUU, que con un 5% de la población mundial produce alrededor del 24% del PBI mundial. Si produce 5 veces más de lo normal, es de esperar que contamine el ambiente en una proporción similar. En el caso europeo sucede algo similar, aunque con menor contaminación debido al empeño puesto por varios gobiernos europeos. Si ese exceso de producción es consumido principalmente por la población que la genera, deberían tener presente la propuesta de Gandhi. Giovanni Sartori escribió: “El diagnóstico es irrefutable: la Tierra está demasiada explotada, demasiado «consumida»…de donde debería deducirse que la principal culpa es del elevado número de consumidores, del hecho de que somos demasiados. Pero el WWF (World Wildlife Fund) no dice eso. Dice en cambio que el colapso en curso se debe, en primer lugar, a los insensatos estilos de vida de los países más ricos, al hecho de que el «peso sobre el ambiente» de los consumidores occidentales es cuatro veces mayor que el de todos los demás”.

Si EEUU y Europa dejaran de producir, juntos, entre un 40 y un 50% del PBI mundial, y lo redujeran a un 10 o 12%, como correspondería al porcentaje de habitantes conjunto, se aliviaría la contaminación planetaria para satisfacción de los ecologistas, pero se produciría un colapso económico mundial de proporciones catastróficas.

En el otro extremo tenemos naciones con grandes poblaciones y reducido nivel de vida. Producen poco, consumen poca energía y contaminan menos que los habitantes de los países desarrollados, pero a costa de condiciones de vida poco adecuadas. Este era el caso de China e India, que actualmente están saliendo de la pobreza, aunque con el agravante de que, al consumir por ello mismo más energía, producirán adicionalmente una contaminación ambiental considerable.

Hay quienes proponen, como solución, establecer un gobierno mundial que imponga criterios generales para impedir el deterioro ambiental y alimentario. Sin embargo, como tal deterioro depende, no sólo de la forma de producir y de consumir, sino de la natalidad a nivel mundial, sólo queda la posibilidad de promover un autogobierno, a nivel individual, para reducir los serios riesgos de autodestrucción que se advierten en esta época. El autogobierno no es otra cosa que el gobierno de Dios sobre los hombres, que también resulta ser un “gobierno mundial”, y que ha de ser ejercido en cuanto el hombre se decida a tener en cuenta las leyes naturales establecidas, que siempre nos “presionan” para que nos adaptemos a ellas.

Ante la aceleración de los problemas ambientales, Giovanni Sartori agrega: “Quien quiera disfrutar, que lo haga rápido. Porque la certidumbre del mañana es incierta (siempre lo es) para cada uno de nosotros, pero es cierta en cambio para la especie, para el homo sapiens. A menos, decía, que se descubra rápidamente una píldora antilocura”. “Todos saben, aunque se hagan los tontos, que el planeta Tierra es finito; y que por eso no puede sostener a una población en crecimiento infinito. Y la «no sostenibilidad» de nuestro llamado desarrollo ya es un hecho más que cierto”.

Una de las causas de la alta tasa de nacimientos, en algunos países, es la imposibilidad de disponer de sistemas jubilatorios eficaces. De ahí que los padres esperan ser ayudados en la vejez por sus hijos; por aquellos que sobrevivan a las severas condiciones de vida. El citado autor agrega: “¿Hemos enloquecido? Sí, quien favorece tal hormiguero humano debe haber enloquecido. Se responde que la caída de los nacimientos en los pueblos subdesarrollados llegará «naturalmente» (¿Cuándo? ¿Cuándo seamos 15.000 millones?) con el desarrollo económico. Pero no es así, en absoluto. Porque el aumento incontrolado de los nacimientos es, a la vez, causa y efecto de pobreza y de subdesarrollo. Y además, atención, cuando seamos, en hipótesis, el doble de hoy (12.000 millones), la Tierra habitable será, en hipótesis, la mitad de lo que es hoy”.

“El pobre Fini (que me permita tenerle compasión, puesto que él me llama «loco») mantiene que hay que «parar el llamado desarrollo». Al pobre Fini se le escapa que para esa tarea haría falta un Stalin. Y cuando descubre que «los alimentos de hoy no van donde hacen falta sino donde hay dinero para comprarlos», también debería descubrir cómo se consigue producir alimentos sin coste para regalar a quien no puede pagarlos. ¿Por qué no lo intenta él?” (De “La Tierra explota” de G. Sartori y G. Mazzoleni-Taurus-Buenos Aires 2003).

El hambre en el mundo se ha reducido gracias a las nuevas técnicas agro-alimentarias, combatidas precisamente por quienes aducen defender a los pobres y preocuparse por ellos. “Nuestros valientes jovencitos se oponen en tropel a todo, pero no (y es casi la única excepción) al crecimiento demográfico. Sin embargo no tiene ningún sentido oponerse a los alimentos transgénicos (a los llamados OGM) si no se oponen al mismo tiempo al exceso de población. Porque la realidad de las cosas es que sin los «alimentos de Frankenstein» (soja, tomate, maíz, arroz modificados genéticamente) el Tercer Mundo cada vez está más abocado a morir de hambre”.

“Es cierto que el 68% de los americanos (sondeo canadiense) prefería no tener nada que ver con alimentos derivados de los OGM (Organismos genéticamente modificados), pero en EEUU no se ha señalado hasta ahora ningún caso de perjuicio a consumidores ni animales; ni inconvenientes para otras plantas ni para el medio ambiente. Y en América los alimentos OGM los consumen prácticamente todos…Los agricultores que han adoptado semillas genéticamente modificadas han logrado rebajar los costes desde un mínimo del 10% a un máximo del 90%, ahorrando en fumigaciones, en labranzas, en pesticidas”.

Otros de los problemas que surgen del exceso de población, que en el 2016 supera ampliamente los 7.000 millones de habitantes, es la falta de agua para riego y consumo. Como todos los demás problemas que afectan a la humanidad, la solución provendrá, al menos parcialmente, de una mejora ética individual. “El único discurso serio es el de ahorrar el agua destinada a la agricultura. Porque cerca del 70% del agua dulce de que dispone la Tierra se va en riego. A este respecto, el milagro es Israel, que ha inventado el riego por goteo para los cítricos. Pero la alta tecnología hídrica presupone una sociedad muy escolarizada. Los sedientos de las zonas áridas del mundo, en cambio, son analfabetos. Para ellos se puede pensar, todo lo más, en sustituir los productos agrícolas hambrientos de agua por plantas que crecen en el desierto…”.

“El WWF estima que si –como se prevé- en 2025 seremos 8.000 millones, este aumento demográfico supondrá un aumento del 17% de la demanda de agua. Lo que significa, más o menos, que en poco más de veinte años dos tercios de la población mundial sufrirán la mordedura, de una manera u otra, de la crisis hídrica. Frente a estos datos, ¿cómo se puede mantener que el problema es sólo un problema de despilfarro y de mala distribución?”.

A los inconvenientes mencionados se les agrega la tendencia proteccionista, antiglobalización, que se opone al comercio internacional, impidiendo que muchos países puedan adquirir los alimentos que su población necesita. Sartori agrega: “La carrera entre aumento de la productividad agrícola y de la población sólo se puede resolver con el comercio internacional. Pero si nadie liberaliza, asistiremos a la paradoja de un mundo en que por un lado se muere de hambre y por el otro no se sabe dónde colocar los excedentes de alimentos producidos”.

Uno de los países que está en vías de solucionar sus problemas alimenticios es China: “El Ministro chino de Ciencia reveló que el Gobierno de Pekín había aprobado una ley sobre la bioseguridad ya en 1983; y desde entonces fomenta activamente la investigación y el desarrollo de los OGM. En los últimos diez años la venta de los productos derivados de éstos –los «alimentos de Frankestein»- se ha multiplicado con creces por cincuenta y sigue aumentando. El objetivo, con más del 20 % de la población mundial y con apenas el 7% de la tierra cultivable, es la autarquía alimentaria. Es decir, que el Gobierno chino ha inventado y adoptado los OGM antes que las multinacionales agrícolas, con las que después se ha aliado”.

Otro de los inconvenientes que afronta la humanidad es el del agotamiento de las reservas de petróleo. También en este caso la solución propuesta por Giovanni Sartori es la autolimitación de la población mundial. Los sectores que abogan por el colapso capitalista, sin embargo, ignoran que tanto el consumo excesivo de bienes prescindibles como el derroche energético, dependen del consumidor, y no del sistema económico, ya que la economía de mercado es la mejor forma de responder a las demandas del consumidor quien es en definitiva el que orienta tanto la producción de lo útil y necesario como de lo superfluo o innecesario.