miércoles, 7 de diciembre de 2016

La decadencia educativa

Cuando una situación de crisis se prolonga en el tiempo, decimos que se trata de una decadencia. Como la decadencia en los distintos ámbitos sociales depende del hombre, no debe asombrarnos que exista una decadencia educativa simultáneamente con una social, ética, política y económica. Las mismas actitudes e ideas erróneas que favorecen la decadencia en un sector, la promueven en los demás.

La envidia es uno de los pecados capitales, ya que sus efectos son devastadores en quienes la sienten y en quienes la promueven. Si en lugar de hacer consciente a todo individuo de su errónea actitud, y se lo encubre bajo la protección del relativismo moral, pronto surgirá la necesidad de eliminar todo tipo de competencia y de desigualdad con medidas que producirán efectos indeseables tanto en la economía como en la educación; tal tendencia se la conoce con el nombre de socialismo.

Cuando la mentalidad socialista se aplica a la educación, se trata de reducir el nivel de exigencias tanto como el nivel de los conocimientos impartidos, de manera de que los peores alumnos no deban padecer los estragos de la envidia. El físico Sheldon L. Glashow comenta lo que sucedía hace unos años en EEUU: “Joan, mi mujer, se presentó como candidata a la concejalía de educación en las elecciones municipales de Brookline, Massachussets, enarbolando un eslogan que decía: «Más matemáticas, más ciencias». Perdió ante las fuerzas de «Más justicia, menos sobresalientes» y las de «Menos clases y menos disminuidos psíquicos en clase»”.

“Los estadounidenses apuntamos al mínimo común denominador y apuntamos bajo. Las matemáticas que se enseñan a nuestros hijos son una vergüenza. Los mejores alumnos son mediocres y casi todos los que acaban la enseñanza media padecen el síndrome de numero-deficiencia adquirida, también conocido como pánico a las matemáticas”.

“Nuestros inteligentes hijos, excluidos de todo cuanto es útil para la tecnología estadounidense por culpa de la criminal incompetencia de nuestros centros docentes, no tienen más remedio que acabar dedicándose a profesiones como la abogacía y la publicidad”.

“Además está la televisión. ¿Hay un solo niño estadounidense que pase tanto tiempo haciendo los deberes como pegado a la caja tonta? Creo que no. Aprender matemáticas, como aprender a tocar el oboe, exige tiempo y práctica” (De “El encanto de la física”-Tusquets Editores SA-Barcelona 1995).

La protección hacia el alumno envidioso, apunta a no excluirlo del grupo de alumnos normales, evitando que padezca algún problema psicológico. Con esta mentalidad, sin embargo, será luego todo el grupo de alumnos el que en el futuro será excluido al intentar ingresar a la universidad o a lograr un buen puesto laboral. Ello se debe a que los requerimientos laborales son cada vez más exigentes y especializados.

Bajo el predominio de ideas orientadas a la búsqueda de igualdad en el más bajo nivel intelectual, se han abolido en algunos países tanto los premios como las sanciones, ya que los premios elevan y las sanciones rebajan, en oposición a la “sagrada igualdad” que se predica. La ausencia de amonestaciones permite que los alumnos den rienda suelta a actitudes burlescas que producen serios impactos psicológicos en quienes las han de padecer.

El envidioso es también el primero en burlarse de los demás, por lo que el igualitarismo tiende favorecer la violencia escolar. Recordemos que el envidioso sufre ante el éxito ajeno, mientras que simultáneamente se alegra del fracaso ajeno y lo manifiesta en forma de burla. Las leyes y los reglamentos deben realizarse en función de los buenos alumnos, mientras que los demás deberán adaptarse a esa legislación.

Para completar el cuadro, se advierte la poco feliz intromisión en los ámbitos educativos de los especialistas en ciencias de la educación, en cuyos cursos uno espera encontrar temas interesantes, como Psicología cognitiva, Teoría del conocimiento, Historia de la pedagogía, etc. Por el contrario, pareciera que tienen como función principal uniformar la enseñanza según sus propios criterios. Incluso tienen la absurda pretensión de enseñarle a cada docente, de las más diversas especialidades, cómo deben encarar y qué deben enseñar en sus clases.

Existe una ciencia de la educación, que involucra esencialmente a los contenidos que se imparten, y un arte de la educación, que resulta ser una cuestión subjetiva y personal que no se debería tratar de uniformar. Es el mismo caso en que alguien pretendiera que todos los escritores uniformaran sus estilos literarios bajo el criterio del especialista en docencia, que por lo general desconoce lo que significa “libertad de cátedra”. Gonzalo Santos, un docente de literatura, comenta acerca de tales especialistas: “Un par de muchachos semi-ágrafos me quieren enseñar a mí a enseñar literatura y no leyeron un libro en su vida”. “Pretenden constituirse en paradigma de lo que debe ser la enseñanza de cualquier materia. La didáctica está bien, pero no creo que alguien que se dedica a ciencias de la educación tenga mucho que decir sobre cómo enseñar literatura. Se puede trabajar la sintaxis de muchísimas formas, pero para eso hay que tener un conocimiento profundo de la materia. Si sólo tengo una mirada panorámica muy general, me va a costar elaborar otros métodos, eso es lo que no entiende esta gente de FLACSO..”.

Ante los desalentadores resultados que los alumnos argentinos obtienen en las pruebas PISA, los especialistas en educación insisten en que hace falta más pedagogía, según el criterio que ellos tratan de imponer. Santos agrega: “Sacan la conclusión contraria, creen que hace falta más pedagogía, es decir, que los maestros tienen que leer los textos que ellos mismos producen. Se fue debilitando la función de la escuela como transmisora de la herencia cultural y se fue difundiendo otra cosa, aprender a aprender, con un vaciamiento de contenidos” (De “Bajada de línea en la formación docente” de Claudia Peiró-Infobae) (http://www.infobae.com/sociedad/2016/12/04/bajada-de-linea-en-la-formacion-docente-una-herencia-que persiste/ )

La actitud de quienes suponen que el docente debe acatar el criterio y las directivas dadas por el asesor pedagógico, resulta similar a la adoptada por el socialista que pretende planificar toda la economía de un país; algo descabellado para quien conozca algo de economía. De ahí que no deba extrañar que tales individuos busquen establecer cierto adoctrinamiento político dentro del ámbito educativo.

Mientras que, en décadas pasadas, no existía un deterioro educativo tan grande, incluso el sistema educativo funcionaba bastante bien, los especialistas descalifican todo lo anterior por el sólo hecho de pertenecer al pasado. Guillermo Fornaresio, otro docente asistente al curso de perfeccionamiento docente, comentó: “El discurso que bajan es que todo lo anterior estuvo mal y no sirvió para nada. La culpa de todo la sigue teniendo el neoliberalismo salvaje, el capitalismo que quiere generar un ejército de reserva. Y el que no piensa como ellos es un facho, un gorila, un neoliberal”.

“Los postítulos nacionales son adoctrinamiento, toda la bibliografía y los docentes son de la misma corriente, todo muy funcional al discurso de la igualdad: no corresponde evaluar, hay valores que se pueden medir y otros que no, hay que retener a todos los alumnos, no expulsar a nadie….Está muy instalado ese discurso”. Cuando en el ámbito educativo aparecen dos finalidades opuestas, tales como utilizar el sistema educativo para adoctrinas a docentes y alumnos, o bien para mejorar el nivel cultural e intelectual de todos, la finalidad educativa se debilita. Claudia Peiró escribe: “Como puede verse, el espacio del «relato» sigue siendo abrumador, entre el 40 y 50% de la carga horaria”.

A las deficiencias señaladas, se le deben agregar la poca valoración social que se otorga al conocimiento y la vigencia del relativismo moral, que impide imponer normas de conducta sostenidas unánimemente por parte de las instituciones educativas. Como señalaba antes Sheldon L. Glashow, la capacidad laboral potencial de los estudiantes tiende a disminuir con efectos negativos para el futuro.

Las carreras sociales, las cuales se prestan fácilmente para incluir contenidos ideológicos que sirven para el adoctrinamiento, absorben la mayor parte de los recursos económicos impidiendo el desarrollo de las ciencias concretas. Tal es así que la cantidad de patentes logradas anualmente por la Universidad de Buenos Aires es pequeña en comparación con universidades de otros países. Andrés Oppenheimer escribió: “En otro de los parámetros usados por los rankings de las universidades, el registro de patentes internacionales, la UBA (Universidad de Buenos Aires) ni aparece en el mapa. Según datos del registro de patentes internacionales de EEUU, las principales universidades –tanto de los países ricos como del mundo en desarrollo- están patentando cada vez más productos, no sólo para elevar sus respectivas contribuciones a la economía nacional sino también para aumentar sus respectivos ingresos”.

“En un país que necesita desesperadamente ingenieros, agrónomos y geólogos para desarrollar sus industrias, las universidades estatales argentinas están produciendo principalmente psicólogos, sociólogos y graduados en humanidades. No es casual que Argentina sea el país que tiene la mayor cantidad de psicólogos per capita del mundo”.

“Casi todos los funcionarios universitarios y académicos que entrevisté en Argentina coincidieron en que uno de los principales motivos del poco interés de los alumnos por la computación, la ingeniería, la ciencia y la tecnología es la pobre educación que reciben en la escuela secundaria”.

“Un ejemplo ilustrativo fue lo que ocurrió en 2009 en la Feria Internacional de Ciencias y Educación (ISEF). Se trata de uno de los eventos internacionales más prestigiosos de su tipo, en que todos los países presentan los mejores trabajos científicos de sus estudiantes secundarios, con millones de dólares en premios y becas a los premiados”. “¿Y qué trabajos presentó la delegación argentina? No fue de extrañar que los ocho trabajos argentinos no ganaran ningún premio importante: casi todos eran ensayos de ciencias sociales…” (De “¡Basta de historias!”-Debate-Buenos Aires 2010).

El ambiente universitario local es poco adepto a los cambios e innovaciones, y mucho menos a las evaluaciones. Tal es así que una funcionaria de la UBA proponía sólo una “autoevaluación”. Oppenheimer agrega: “Claro, pensé para mis adentros, si uno escoge la evaluación a su medida, siempre va a salir mejor parado que si compite con los demás, incluso dentro de su propio país. Entre la competitividad y la complacencia, la UBA se estaba amparando en la complacencia, y se estaba quedando cada vez más atrás del resto del mundo”.