jueves, 8 de diciembre de 2016

Gestión empresarial vs. gestión burocrática

Asociada a la economía de mercado, aparece la gestión de tipo empresarial, mientras que, asociada al Estado, aparece la gestión de tipo burocrático, existiendo diferencias esenciales entre las mismas. En una sociedad capitalista, en donde existen mercado y Estado, encontramos ambos tipos de gestión. Bajo un sistema socialista, predomina la gestión burocrática.

Debido a que son muy pocos los países en que se mantiene el socialismo, como así también son muy pocos los países en que se aplica una economía de mercado no intervenido, no faltan quienes aducen que no deberíamos continuar hablando de ambos sistemas, sino de los sistemas “reales” que no son capitalistas ni socialistas. Sin embargo, las decisiones que se toman en cada país se parecen un tanto a la del automovilista que marcha hacia una bifurcación y tiene que elegir, necesariamente, ir hacia la izquierda o ir hacia la derecha, no habiendo otra opción. De ahí que conviene tener siempre presentes ambas opciones, aun cuando pocas veces se llegue a adoptar por completo a una de ellas.

La diferencia esencial entre ambos tipos de gestión reside en que, mientras la de tipo empresarial está orientada por resultados concretos, como es el caso de las ganancias o las pérdidas de una empresa, la de tipo burocrático carece de esa orientación siendo sus resultados medidos en función del cumplimiento de metas previamente establecidas. Ludwig von Mises escribió: “Existen dos sistemas de organización de la sociedad, es decir, de la pacífica cooperación entre los hombres: la organización burocrática y la organización basada en el beneficio. Es bien sabido que esta segunda forma de organización social es muy impopular en nuestro tiempo. La gente desea sustituir la supremacía de los consumidores tal como funciona en una economía de mercado por una planificación total a cargo de una autoridad central, es decir, el socialismo”.

“Pero, al mismo tiempo, estas mismas personas critican duramente las deficiencias del burocratismo. No comprenden que al clamar por la supresión de la organización basada en el beneficio no hacen otra cosa que pedir más y más burocracia, y aun la plena burocratización de los más mínimos detalles de la conducta humana”.

“Existen sectores de la actividad del hombre en los que no cabe una gestión basada en el beneficio y en los que debe aplicarse la gestión burocrática. Un departamento de policía no puede funcionar de acuerdo con los métodos que guían a las empresas que persigue el beneficio económico. Una panadería sirve a un número determinado de personas, sus clientes, vendiéndoles su producto; es el patronazgo de estos clientes lo que legitima socialmente el negocio en cuestión, es decir, la rentabilidad. Pero un departamento de policía no puede vender sus ‘productos’; por más valiosas e incluso indispensables que sean sus realizaciones, éstas no tienen un precio en el mercado, y por tanto no pueden contrastarse con los gastos requeridos para llevarlas a cabo”.

“El estudio de estos temas nos da la necesaria visión para enjuiciar adecuadamente los dos sistemas de organización económica de la sociedad: la economía de mercado y el socialismo. Pone de manifiesto el significado del programa de Lenin: «Organizar toda la economía nacional como el servicio de Correos», transformar la sociedad entera «en una oficina y en una fábrica» y convertir a todos los ciudadanos en «empleados del Estado»” (De “Burocracia”-Unión Editorial SA-Madrid 2005).

Cuando una sociedad de tipo intervencionista entra en crisis, los empresarios orientan sus decisiones en función de las ventajas que obtengan de sus amigos políticos, gobernantes de turno, en lugar de hacerlo en función de sus clientes, mientras que los policías responden prioritariamente a las “coimas” (comisiones ilegales) que reciben del ciudadano antes que a las directivas impuestas desde el Estado. La economía se burocratiza y se corrompe, mientras que la seguridad se comercializa.

En los países socialistas, donde por lo general la economía no funciona bien, los empleados públicos (toda la población) tiende a robarle al Estado (a todos, o a nadie, según se interprete) para iniciarse en el mercado negro, en donde se establecen intercambios libres con otros empleados que hacen algo similar.

Mientras que en la actualidad se piensa que la globalización económica, junto a la economía de mercado, predominarán en el futuro, a pesar de los inconvenientes y de la oposición que generan, en décadas pasadas se pensaba algo similar acerca de la gestión burocrática propuesta por Lenin. Mises agrega: “Partidarios entusiastas del gobierno omnipotente son muy modestos al valorar el papel que ellos mismos desempeñan en la evolución hacia el totalitarismo. Sostienen que la tendencia hacia el socialismo es inevitable. Se trata de la tendencia necesaria e ineluctable de la evolución histórica. Sostienen con Marx que el socialismo vendrá «con la inexorabilidad de una ley de la naturaleza». La propiedad privada de los medios de producción, la empresa libre, el capitalismo, el sistema de beneficios, todo está llamado a desaparecer. El ‘signo del futuro’ impulsa a los hombres hacia el paraíso terrenal del pleno control por el gobierno”.

“Los adalides del totalitarismo se llaman a sí mismos ‘progresistas’, precisamente porque pretenden haber comprendido el significado de los presagios. Y por ello ridiculizan y desacreditan a todos aquellos que intentan oponerse a la acción de fuerzas que –como ellos dicen- ningún esfuerzo humano será lo bastante fuerte para detener. A causa de esas políticas ‘progresistas’ proliferan como hongos nuevos cargos y nuevas secciones administrativas del gobierno. Los burócratas se multiplican y están ansiosos de restringir, paso a paso, la libertad de acción del ciudadano individual. Muchos ciudadanos –por ejemplo, aquellos a quienes los ‘progresistas’ menosprecian como ‘reaccionarios’- se resienten de esta usurpación que recae sobre sus asuntos y reprochan la incompetencia y el despilfarro de los burócratas”.

Generalmente se cree que las grandes empresas se han de burocratizar necesariamente, ya que tarde o temprano caerán en la gestión burocrática. Sin embargo, tales empresas se dividen en varias secciones, o incluso sucursales, cada una administradas por un gerente que se orienta con el mismo criterio de las ganancias o pérdidas, por lo cual, a pesar del tamaño, la gran empresa puede seguir con la gestión empresarial. “Los libros y los balances son la conciencia del negocio y, al mismo tiempo, constituyen la brújula del hombre de empresa. La teneduría de libros y la contabilidad le son tan familiares que no cae en la cuenta de los maravillosos instrumentos que son. Necesitaron de un gran poeta y escritor para ser apreciados en su auténtico valor. Goethe llamó a la teneduría de libros por partida doble «una de las más bellas invenciones del espíritu humano». Observó que, por medio de ella, el hombre de negocios puede apreciar en cualquier momento la marcha general, sin necesidad de perderse en detalles”.

“La caracterización goetheana da en el blanco del asunto. El mérito de la gestión empresarial radica, precisamente, en el hecho de que proporciona al director un método con el que puede supervisar el conjunto y cada una de sus partes sin quedar atrapado en una red de detalles y bagatelas. El empresario se halla en condiciones de separar el cálculo de cada parte de su negocio de manera tal que puede determinar el papel que juega dentro de la empresa. Para el público, cada firma o empresa constituye una unidad indivisa. Pero a los ojos de su director se compone de varias secciones, cada una de las cuales es vista como una entidad separada y se aprecia de acuerdo con la proporción en que contribuye al éxito de toda la empresa. Dentro del sistema de cálculo económico, cada sección representa una unidad completa, como si fuera un hipotético negocio independiente”.

“En una empresa de gran escala, muchas secciones solamente producen parte de sus productos semiacabados que no se venden directamente, sino que son utilizados por otras secciones para manufacturar el producto final. El director general compara los costes ocasionados por la producción de tales partes de productos semielaborados con los precios que hubiese tenido que pagar por ellos si hubiera tenido que comprarlos a otras firmas. Se enfrenta siempre con la pregunta: ¿Vale la pena producir esas cosas en nuestras factorías? ¿No sería más conveniente comprárselas a otras fábricas especializadas en su producción?”.

“De esta manera puede dividirse la responsabilidad dentro de la estructura de una empresa que persigue beneficios. Cada director de departamento responde por la gestión del mismo. Se acredita si las cuentas muestran un beneficio y se desacredita si, en cambio, presentan pérdidas. Su propio interés egoísta le empuja a cuidarse y a esforzarse lo más posible en la gestión de los asuntos de su sector. Si incurre en pérdidas, será su víctima. Será sustituido por otra persona que el director general espera que tendrá más éxito, o bien se suprimirá toda la sección. En cualquier caso será despedido y perderá su empleo. Si logra beneficios, verá incrementados sus ingresos o, por lo menos, no corre el riesgo de perderlos”.

En una economía socialista, al no existir el precio de mercado (porque no existe el mercado), no es posible establecer cálculos precisos, basados en costos y beneficios; tampoco se orientan bajo una gestión empresarial, sino bajo una de tipo burocrático. “En una comunidad socialista, en la que sólo hay un director, no existen precios de los factores de producción ni cálculo económico. En la sociedad capitalista, un factor de producción avisa al empresario por medio del precio: «Déjame en paz; estoy destinado para la satisfacción de otra necesidad más urgente». Pero bajo el socialismo estos factores de producción son mudos. No dan ninguna pista al planificador. La tecnología le ofrece una gran variedad de soluciones posibles para el mismo problema. Cada una de ellas requiere el desembolso de otras especies y cantidades de varios factores de producción. Pero como el director socialista no puede reducirlos a un común denominador, no puede averiguar cuál de ellos resulta más ventajoso”.

“Verdad es que, bajo el socialismo, no habría beneficios discernibles ni pérdidas perceptibles. Donde no hay cálculo no hay medio de obtener respuesta a la cuestión de si los proyectos planificados o realizados son los más adecuados para satisfacer las necesidades más urgentes; éxito y fracaso permanecen desconocidos en la oscuridad. Los defensores del socialismo se equivocan lamentablemente al considerar la ausencia de beneficios y pérdidas visibles como una excelente indicación. Ello constituye, por el contrario, el vicio esencial de cualquier administración socialista”.

Para muchos detractores del capitalismo, las ambiciones materiales de los individuos son una grave falla moral, aun cuando el tipo de gestión empresarial apunte a una mejor utilización de materias primas y demás factores de la producción. Pero hay algo peor que ello, y es la negación de tales ambiciones, ya que se favorece el derroche de medios materiales y de tiempos laborales, inherentes a la gestión burocrática de la economía.