miércoles, 21 de diciembre de 2016

El socialista y la absolución de sus pecados

Luego de la desaparición de Fidel Castro, promotor de miles de asesinatos a lo largo y a lo ancho de toda la América Latina, resultó desalentador observar las diversas opiniones que exaltaban su figura política avalando en cierta forma las nefastas consecuencias de sus acciones. Miles de cubanos se arrojaban al mar para abandonar la isla y un porcentaje importante de su población tuvo que exiliarse en el extranjero. El resto tuvo que permanecer en Cuba sometiéndose a las decisiones y caprichos de quien tomó el poder por lar armas y lo mantuvo bajo un régimen amenazador para quienes quisieron vivir en libertad.

Es indudable que la democracia, para muchos, no resulta ser un ideal hacia el cual debe dirigirse toda nación. Cada adhesión a Castro implica una preferencia concreta y explícita del totalitarismo. Recordemos que Castro inicia una revolución para derrocar al dictador Fulgencio Batista recibiendo el apoyo de quienes creyeron en su palabra, cuando afirmaba que buscaba derrocarlo para restablecer la democracia y no para cambiar una tiranía por otra. Una vez en el poder, finge no ser comunista para seguir teniendo el apoyo de muchos sectores, hasta que finalmente delata sus ocultas intenciones.

Existen diferencias entre tirano y dictador, aunque no existe una línea demarcatoria clara entre ambos. Una dictadura nos da la idea de una interrupción parcial o momentánea de un proceso tiránico con la finalidad de restablecer en cierto tiempo la democracia, mientras que tirano es el que accede al poder para no dejarlo jamás, al menos hace todo lo posible por mantenerlo indefinidamente. Mariano Grondona escribió: “Actualmente se utilizan los términos dictador y dictadura como síntomas de tiranía y tirano. Es un grave error de perspectiva histórica. Tirano llamaban los griegos a quien usurpando el gobierno o abusando de él concentraba todos los poderes en su mano por encima de la ley y oprimía al pueblo en su propio beneficio. Dictador llamaban los romanos en cambio a quien era designado legalmente para enfrentar una situación de excepción por un término preciso y con amplios poderes. El tirano es un monstruo, una deformación política. El dictador es un funcionario para tiempos difíciles” (Citado en “Historias de la Argentina deseada” de Tomás Abraham-Editorial Sudamericana SA-Buenos Aires 1995).

El tirano es un personaje egoísta e ignorante, por cuanto presupone conocerlo todo e incluso estar por encima de las leyes, de las costumbres y de las aptitudes mentales de todos los demás. “A sus veintisiete añitos, sin la menor experiencia laboral –no digamos empresarial o administrativa-, puesto que no había trabajado un minuto en su vida, Castro sabe cómo resolver en un abrir y cerrar de ojos el problema de la vivienda, de la salud, de la industrialización, de la educación, de la alimentación, de la instantánea creación de riquezas. Todo se puede hacer rápida y eficientemente mediante unos cuantos decretos dictados por hombres bondadosos guiados por principios superiores”.

“Castro es un revolucionario, y lo que Cuba y América necesitan son hombres así para sacar al continente de su marasmo centenario. Cuarenta y tantos años después de aquel falso discurso, es dolorosamente fácil pasear por las calles de una Habana que se derrumba, y comprobar –otra vez- cómo los caminos del infierno suelen estar empedrados de magníficas intenciones. Las intenciones de los revolucionarios arbitristas” (Del “Manual del perfecto idiota latinoamericano” de P.A. Mendoza, C.A. Montaner y A. Vargas Llosa-Plaza & Janés Editores SA-Barcelona 1996).

Luego de un golpe fallido contra Batista en 1953, Castro es encarcelado. Al recuperar la libertad escribe un libro titulado “La historia me absolverá”. Si tenemos en cuenta sus acciones posteriores, podemos decir que un gran sector del ámbito político no lo sólo lo absolvió por sus acciones, sino que intentó imitarlo, no por su éxito, sino porque toda revolución comunista tuvo como misión la destrucción de la comodidad y la seguridad de los sectores odiados por los marxistas. La situación actual de Venezuela pone de manifiesto que el socialismo del siglo XXI sólo puede ser apoyado por gente perversa, que sólo pretende generalizar la pobreza y el sufrimiento de la gente de menores recursos haciéndolas extensivas hacia los “gringos” y la “burguesía”.

De todo esto se saca como conclusión que es imposible entender las actitudes socialistas desde el punto de vista de una persona normal, entendiendo como normal quien trata de solucionar los problemas sociales existentes en lugar de involucrar a toda la población en esos mismos problemas con la gran “ventaja” de que entonces los menos favorecidos se verán exentos de la “necesidad” de sentir envidia por los demás.

El ámbito social ideal, para el desarrollo de las ideas socialistas, es aquel en el que impera el relativismo moral. Para avanzar sobre las sociedades que no advierten el poder destructor del odio y la mentira, se emplean mensajes aparentemente humanitarios que llevan escondida la búsqueda de la disolución de la sociedad y del sistema capitalista, de manera de instaurar luego el tan ansiado socialismo. Bajo el relativismo moral se extrae que existe un terrorismo bueno y un terrorismo malo, dependiendo si se lo utiliza para afianzar al socialismo o bien para desalojarlo. Existe también una miseria buena y una miseria mala, dependiendo si existe en un país socialista o en uno capitalista. Existe una explotación laboral buena y una explotación laboral mala, dependiendo si se trata de la ejercida por un Estado socialista o bien por parte de un empresario privado.

Recientemente ha surgido un apoyo inesperado para facilitar la difusión del socialismo, ya que promueve con su prédica al relativismo moral. Este es el caso del Papa Francisco, quien responde en una entrevista periodística: “Y lo repito. Cada uno de nosotros tiene su propia idea del bien y del mal y debe elegir seguir el bien y combatir el mal como él lo concibe. Bastaría eso para cambiar al mundo” (Citado en http://prensarepublicana.com/aportes-una-historia-del-cinismo-miguel-lorenzo/ ).

Fidel Castro tenía una idea propia del bien y del mal, y luchó por ella; Nicolás Maduro lo mismo. De ahí que ambos personajes, al menos en apariencia, han sido del agrado de Francisco. Sin embargo, la gente que es calumniada y difamada permanentemente por los ideólogos socialistas, no creen que esa forma de considerar al bien y al mal ayude a solucionar los conflictos humanos; por el contrario, permite el acceso al poder a personajes violentos y cínicos como los mencionados tiranos. Por si quedaba alguna duda, Francisco expresó: “Son los comunistas los que piensan como los cristianos”.

Mientras que en otras épocas existían los justos y los pecadores, y también los hipócritas que fingían ser justos, reconociendo al menos la jerarquía moral asociada a un reconocido absolutismo moral, en la actualidad hay justos, pecadores, hipócritas, y también cínicos. Estos últimos son quienes se amparan en el relativismo moral desconociendo totalmente toda categoría moral por cuanto sostienen que no existe una moral natural, o absoluta, negando a la vez la universalidad de conceptos tales como el bien y el mal.

El cínico no tiene pecados, ya que nadie podrá acusarlo de haber hecho el mal, porque el bien y el mal no existen. Si personajes nefastos como Castro, Maduro y los kirchneristas son considerados con beneplácito por Francisco, es posible que a algunos católicos se les pase por la cabeza llegar al poder para instalar alguna tiranía creyendo sinceramente “en su propia idea del bien” combatiendo “el mal como él lo concibe”. Otros católicos, comenzarán a mirar con aprecio y simpatía a tales personajes por cuanto creen en la sabiduría papal.

El relativismo moral descarta toda posible validez de la ética y de la religión, siendo el objetivo buscado en una primera etapa. En una segunda etapa, se busca reemplazar la antigua moral por una nueva, objetiva y universal, sintetizada en las palabras de Lenin: “Moral es lo que favorece el advenimiento del socialismo. Inmoral lo contrario”. Joseph Ratzinger escribió: “En los últimos tiempos, vengo notando que el relativismo, cuanto más llega a ser la forma de pensamiento generalmente aceptada, más tiende a la intolerancia y a convertirse en un nuevo dogmatismo. Lo «políticamente correcto», con una presión omnipresente pretende imponer un solo modo de pensar y hablar. Su relativismo la elevaría por encima de todas las demás cumbres del pensamiento hasta ahora alcanzadas; de manera que, si queremos estar a la altura de los tiempos, solo así deberemos pensar y hablar. Al contrario, la fidelidad a los valores tradicionales y a los conocimientos que los sustentan es tachada de intolerancia, mientras que el patrón relativista se erige en obligación. Me parece muy importante oponerse a esta constricción de una nueva seudo-ilustración que amenaza a la libertad de pensamiento así como a la libertad religiosa” (De “Sin raíces” de M. Pera y J. Ratzinger-Ediciones Península-Barcelona 2006).

La etapa que sigue a la implantación del relativismo moral, como se dijo, consiste en reemplazar los vestigios de la moral natural o tradicional, por la propuesta que surge del marxismo-leninismo. Este es el caso de la Teología de la Liberación que, utilizando un disfraz cristiano, promueve abiertamente la adopción generalizada del socialismo. Varios colaboradores de Francisco adhieren a tal “teología”, por lo que todo parece indicar que es el propio Papa su principal promotor en el Vaticano.

Uno de los “pioneros” del uso del cristianismo a favor del socialismo, fue el propio Fidel Castro. Al respecto, Ricardo de la Cierva escribió: “La dictadura marxista-leninista de Fidel Castro ha seguido, hasta hace muy poco, los métodos soviéticos y chinos para la eliminación de la Iglesia y de la influencia de la religión en el pueblo cubano, que había heredado de España una religiosidad profunda, aunque no exenta de defectos, insuficiencias y supersticiones. Desde sus contactos con los movimientos cristiano-marxistas de liberación, sobre todo en Chile, al comenzar la década de los setenta, y en Nicaragua, a fines de esa misma década, Fidel Castro ha variado su rígida exclusión de la Iglesia y de la religión, y ha preconizado expresamente la que llama «alianza estratégica» de cristianos y marxistas en América, contra el imperialismo norteamericano”.

“La Comisión Europea pro Derechos Humanos en Cuba ha editado en 1985 un certero y objetivo informe de su presidente, el poeta Armando Valladares, que ha sufrido veintidós años de cárcel en la Cuba comunista. En este informe, se estima, desde fuentes seguras, en unos cuarenta mil el número de personas fusiladas por Fidel Castro desde 1959, mientras once tribunales provinciales siguen en pleno funcionamiento” (De “Oscura rebelión en la Iglesia”-Plaza & Janés Editores SA-Barcelona 1987).

Recordemos que el cristianismo propone una actitud que busca compartir las tristezas y alegrías de los demás como propias, que poco o nada tiene que ver con el odio predicado y ejecutado por el marxismo-leninismo. Si el Papa, y toda la Iglesia, deciden aliarse con esa ideología, sólo resta leer nuevamente los Evangelios para advertir el extravío pastoral y el engaño con el que se pretende conducir a la sociedad.