martes, 13 de diciembre de 2016

El peronismo opositor

Algunos analistas políticos distinguen entre “partido” y “movimiento” político considerando que la primera denominación es empleada por los sectores que aspiran a tener “una parte” del electorado, mientras que la segunda implica la voluntad de llegar a “la totalidad” del electorado. Los partidos políticos son democráticos mientras que los movimientos son totalitarios. Los partidos colaboran con el gobierno de turno cuando pierden las elecciones, mientras que los movimientos intentan derrocarlo. Mientras son gobierno, los partidos escuchan con respeto a la oposición; los movimientos, por el contrario, la descalifican tratando en lo posible de hacerla desaparecer. Puede decirse, por ello, que el peronismo un movimiento de masas antes que un partido político de ciudadanos.

En el ámbito de la economía ocurre algo semejante, ya que hay empresas que se conforman con mantener cierto porcentaje del mercado, pensando siempre en conquistar algún porcentaje mayor si logran una mayor eficacia empresarial, mientras que también participan los monopolios, que incluso tratan de destruir y luego absorber a las empresas competidoras.

Mientras que, durante el gobierno kirchnerista, sus legisladores se negaban terminantemente a reducir el impuesto a las ganancias aplicado a gran parte de los empleados, ahora que son oposición apoyan tal reducción. Mientras eran gobierno, se oponían a aplicar impuestos a la inversión financiera, ahora apoyan su aplicación. Si el gobierno actual recibe menos impuestos, deberá emitir más dinero aumentando la inflación que prometía reducir. Si se aplican impuestos a los plazos fijos, inversión que sólo protege al ahorrista de la devaluación por inflación, entonces éste podrá volcarse hacia la compra de dólares, promoviendo el aumento de su valor junto con la inflación.

Tal cambio de actitud no puede interpretarse como un cambio abrupto de mentalidad, sino tan sólo una evidente intención de sabotear la acción del gobierno de Cambiemos (que pareciera no necesitar “ayuda” para cometer errores). Esta actitud saboteadora se advierte cuando proponen elevar el nivel de retenciones a la minería tratando de impedir importantes inversiones extranjeras, como es el caso de la empresa Vale, a instalarse en Mendoza. Además, ante la evidente posibilidad de promulgación de leyes “sujetas a variación sin previo aviso”, el peronismo-kirchnerismo limita y desalienta el ingreso de posibles nuevas inversiones desde el exterior.

La voluntad saboteadora de la economía se advirtió en los últimos meses y días del gobierno kirchnerista cuando hizo ingresar al Estado a miles de “trabajadores” con las intenciones evidentes de aumentar el gasto público, además de conquistar adeptos. Incluso la venta anticipada de dólares, por el Banco Central, fue una evidente maniobra para hacer perder al Estado miles de millones de dólares que sólo puede entenderse como una maniobra maligna contra el nuevo gobierno y contra la nación.

En un país con un nivel de patriotismo normal, tal tipo de acciones habría de perjudicar a quienes las cometen, haciéndolos marginar de la política futura. En la Argentina, sin embargo, la gente se vende al mejor postor y poco o nada le interesa el futuro de la sociedad y de la nación si advierte alguna ventaja inmediata que pueda recibir. Esto nos hace recordar el inusitado apoyo y veneración de quienes recibieron beneficios de Pablo Escobar, a pesar de que a este personaje se le atribuían unos 10.000 asesinatos. El “síndrome de Escobar” predomina en la Argentina, y esto bien lo sabe el peronismo.

En cuanto a la “eficacia” del peronismo-kirchnerismo en el gobierno, sólo puede decirse que fue una asociación ilícita que robó a todo nivel imaginable, favoreció la instalación efectiva del narcotráfico y destruyó por varios años la educación pública, además de otras “conquistas” largas de enumerar. Fernando A. Iglesias escribió respecto de la educación: “¿Cómo van a funcionar bien la ciencia y la tecnología argentinas si la educación primaria y la secundaria siguen retrocediendo? Digan lo que digan quienes sostienen que los argentinos somos el pueblo más inteligente del mundo pero con nuestros adolescentes hay que usar tests para chicos con capacidades diferentes, los resultados de las cuatro pruebas PISA por las que pasaron los estudiantes argentinos son concluyentes: 37º puesto entre 65 países en 2000, 53º en 2006, 58º en 2009, 59º en 2012. Como se ve, una caída vertical en la que los chicos de quince años evaluados en 2012 obtuvieron los peores resultados. Se trata de alumnos que entraron a la primaria en 2003, en el origen mismo del proyecto nac&pop y su famoso 6% del PBI en educación” (De “Es el peronismo, estúpido”-Galerna-Buenos Aires 2015).

Los sectores peronistas están presionando al gobierno para que entregue cada vez más dinero a los “pobres” (piqueteros y saboteadores) en lugar de darle a los “ricos” (sector productivo) de manera de perjudicar su gestión. Iglesias escribió al respecto: “Después de esta década triunfal, el saqueo ya no es la acción desesperada del pobre que no tiene para comer sino una estrategia de enriquecimiento realizada con orgullo y sin culpa”.

“Quedarse sin infraestructura, sin energía y sin aparato productivo es nada al lado de los valores que regulan la vida civil y democrática de una sociedad. Son muchos los países que se rehicieron rápidamente desde un abismo material más hondo que el que enfrenta la Argentina”.

“Pero nadie conoce bien el camino para volver del abismo de abyección abierto por el ejercicio psicopático del poder durante este cuarto de siglo peronista. Su recorrido es aún una pregunta sin respuesta”.

El peronismo, movimiento populista y totalitario, requirió de la habilidad de sus líderes y de la complicidad y el silencio de intelectuales y periodistas para pasar como un “partido democrático”. Dentro de la ley, pero fuera de la moral, organizaban esquemas tramposos para mantener el poder indefinidamente. El citado autor escribió: “Como en 2009, también en 1949 la ley electoral fue aprobada sin más trámite por el Congreso a instancias del Ejecutivo. Anticipaba las elecciones, pero no sólo eso. Establecía un sistema uninominal destinado a incrementar el monopolio peronista en la Cámara de Diputados, controlada con mayoría absoluta desde 1946 pero en la que subsistían voces críticas que molestaban al Líder y a la Jefa Espiritual de la Nación”.

“Gracias a un complicado sistema uninominal en el que las circunscripciones eran diseñadas con el fin de beneficiar al peronismo, el radicalismo obtuvo 32% de los votos pero sólo el 10% de las bancas, en tanto el 62% que consiguió el peronismo le garantizó el 90% de los escaños. El bloque radical de 44 diputados de 1946 quedó así reducido a 12 bancas. La situación fue aún más escandalosa en la Capital Federal, donde la alta concentración urbana permitía diseños imaginativos de las circunscripciones. Allí, el radicalismo tuvo 42% de los votos y obtuvo 5 bancas, en tanto el 53% del peronismo le otorgó 23. La conclusión es de actualidad: cuando no hay República se termina por no tener tampoco Democracia”.

Luego del derrocamiento de la tiranía peronista, Perón envía directivas desde el exterior para promover su vuela al poder: “Nadie que sea peronista debe permanecer aislado y debe agotar todos los medios para unirse al Movimiento….Trabajar incansablemente por la causa común es la misión de cada peronista en esta hora de prueba: cada CASA debe ser una UNIDAD BÁSICA SECRETA y cada peronista un jefe y un vigía del Movimiento”.

“Cuando la resistencia civil haya desgastado al gobierno y la organización clandestina del pueblo esté pronta, se desatará la huelga general revolucionaria, cesando toda actividad en el país hasta que la canalla dictatorial abandone el gobierno. El paro general revolucionario presupone un trabajo intenso para producirlo y una organización férrea para mantenerlo, recurriendo a todos los medios”.

“Ningún gobierno puede resistirlo mucho tiempo. Cuando el paro no es firme y total, permite al gobierno ir «doblando» la resistencia de algunos y, paulatinamente, ir anulando la resistencia. Por eso, la apreciación sobre la oportunidad de la huelga y la conducción en el propio teatro de operaciones, debe ser realizada por agentes activos y capaces. Lanzar el paro y fracasar, es perder la batalla”.

“Para afirmar el paro general, es menester disponerse a desatar la guerra de guerrillas. El guerrillero ataca cuando es fuerte y desaparece frente a fuerzas superiores. Ataca por sorpresa, empleando la astucia. La rapidez en la movilidad es su característica. La tiranía debe verse atacada por un enemigo invisible que la golpea por todas partes, sin que ella pueda encontrarlo en ninguna. Contando con el apoyo de la población, la guerra de guerrillas es invencible”.

“El dominio por el terror es propio de los que temen al terror. La organización por el gobierno de su cuerpo de «gorilas» ha tenido por objeto aterrorizar a la población. Estos «gorilas» y los que los mandan son cobardes, porque sólo los gorilas asesinan a gente indefensa, enemigos vencidos o prisioneros. Es necesario reaccionar y matarlos. Hay que hacerles sentir el terror. Es necesario individualizarlos y hacerlos conocer públicamente por medio de panfletos, señalando el lugar donde viven, para que se les prepare el fin que merecen. La violencia más grande es la regla. No es sólo cuestión de patriotismo, sino de defensa propia. Hay que organizarse en grupos secretos para exterminarlos. Hay que buscar lo efectivo y no lo espectacular, recordando que un «gorila» quedará tan muerto mediante un tiro en la cabeza, como por efecto de un «accidente»” (De “John William Cooke. La mano izquierda de Perón” de Daniel Sorín-Grupo Editorial Planeta SAIC-Buenos Aires 2014).

Años más tarde, Perón no desaprovechó la ocasión para unirse a grupos marxistas-leninistas con tal de derribar los gobiernos de turno y poder así finalmente volver al poder. A los Montoneros y a otros grupos los asesoraba con cartas similares a la antes mencionada. Todo parece indicar que el deterioro social, económico y político seguirá por mucho tiempo, ya que son muy pocos los periodistas e intelectuales que se atreven a denunciar la perversión asociada a la “doctrina peronista”, que esconde la violencia tras las frases demagógicas pronunciadas para captar incautos. Fernando A. Iglesias escribió: “Combatir contra el poder del Pejota [Partido Justicialista] no implica proponer proscripciones ni propiciar cazas de brujas. Se trata que el peronismo se convierta en lo que debe ser: no detentador monopólico del poder político sino un partido entre otros; capaz de gobernar sin saquear, si le toca el poder, y de ser oposición sin organizar saqueos, si le toca el llano. Se trata, precisamente, de lo que los peronistas vienen prometiendo desde 1983”.