viernes, 2 de septiembre de 2016

El origen de lo sobrenatural

En épocas remotas, la realidad cotidiana se le presentaba al hombre bajo dos aspectos complementarios. Por una parte, observaba fenómenos caracterizados por una secuencia invariable de causas y efectos, lo que posteriormente dio lugar a la ciencia experimental. Por otra parte, observaba fenómenos que entraban en contradicción con los fenómenos causales, como puede ser el caso de un familiar, recientemente fallecido, que luego “se aparece en sueños”, dando lugar a las interpretaciones sobrenaturales, lo que dio inicio a la religión. Bronislaw Malinowski escribió: “No existen pueblos, por primitivos que sean, que carezcan de religión o magia. Tampoco existe, ha de añadirse de inmediato, ninguna raza de salvajes que desconozca ya la actitud científica, ya la ciencia, a pesar de que tal falta les ha sido frecuentemente atribuida. En toda comunidad primitiva, estudiada por observadores competentes y dignos de confianza, han sido encontrados dos campos claramente distinguibles, el Sagrado y el Profano; dicho de otro modo, el dominio de la Magia y la Religión, y el dominio de la Ciencia”.

“Por un lado, hallamos los actos y observancias tradicionales, considerados sacros por los aborígenes y llevados a efecto con reverencia y temor, encercados además por prohibiciones y reglas de conducta especiales. Tales actos y observancias se asocian siempre con creencias en fuerzas sobrenaturales, primordialmente las de la magia, o con ideas sobre seres, espíritus, fantasmas, antepasados muertos, o dioses. Por otro lado, un momento de reflexión basta para mostrarnos que no hay arte ni oficio, por primitivo que sea, ni forma organizada de caza, pesca, cultivo o depredación que haya podido inventarse o mantenerse sin la cuidadosa observación de los procesos naturales y sin una firme creencia en su regularidad, sin el poder de razonar y sin la confianza en el poder de la razón; esto es, sin los rudimentos de lo que es ciencia” (De “Magia, ciencia y religión”-Editorial Planeta-De Agostini SA-Barcelona 1993).

En la actualidad, interpretamos el contenido de los sueños considerando que cierta información que llevamos depositada en nuestra memoria, aparece en nuestro consciente, mientras que en el pasado se creía que las personas fallecidas soñadas estaban presentes y se mantenían con vida. El citado autor agrega: “El mérito de haber establecido los cimientos de un estudio antropológico de la religión pertenece a Edward B. Tylor. En su conocida teoría mantiene que la esencia de la religión primitiva es el animismo, o sea, la creencia en seres espirituales y muestra cómo tal creencia se ha originado de una interpretación equivocada pero congruente de sueños, visiones, alucinaciones, estados catalépticos y fenómenos similares. El filósofo o teólogo salvaje, al reflexionar sobre tales cosas, dio en distinguir el cuerpo del alma humana. Pues bien, es obvio que el alma continúa viviendo tras la muerte porque se aparece en los sueños, persigue y obsesiona a los vivos en visiones y recuerdos y parece influir en los destinos de los hombres”.

“De tal suerte se originó la creencia en los aparecidos y en los espíritus de los muertos, en la inmortalidad y en el mundo del más allá de la muerte. Ahora bien, el hombre en general, y el primitivo en particular, tiende a imaginar el mundo externo a su propia imagen. Y como los animales, las plantas y los objetos se mueven, actúan, están dotados de una conducta, ayudan al hombre o le son adversos, es el caso que habrán de estar animados por un alma o espíritu. De tal modo el animismo, esto es, la filosofía y la religión del hombre primitivo, se ha visto construido sobre la base de observaciones e inferencias equivocadas pero comprensibles en una mente impulida y tosca”.

Los comentarios anteriores, si bien son convalidados por las recientes investigaciones en neurociencia, no implica que se debe invalidar totalmente la hipótesis de lo sobrenatural. Por otra parte, la visión científica de la realidad no descarta la existencia de leyes naturales complejas (lo sobrenatural), inaccesibles a nuestra limitada inteligencia, aunque sujetas al marco de lo natural.

La idea de los fenómenos sobrenaturales conduce a la existencia de dioses especializados, o bien del Dios único, que interviene o dirige un orden sobrenatural. También en este caso muchas personas sueñan con un Dios personal, interpretando el hecho como que han sido “elegidos”. Thomas Hobbes escribió: “Cuando Dios habla a los hombres, tiene que hacerlo, o bien directamente, o bien por mediación de otro hombre a quien ha hablado ya anteriormente de un modo directo….Si un hombre me viene con la pretensión de que Dios le ha hablado de un modo sobrenatural y directo, y yo dudo de ello, no puedo imaginar fácilmente qué tipo de argumento podría este hombre producir, que me obligara a creerlo. Verdad es que, si este hombre fuese mi soberano, podría obligarme a rendirle obediencia y a no declarar, con ningún acto o palabra, que no le creo. Pero si uno que no tiene tal autoridad sobre mí pretendiera la misma cosa, no podría exigirme ni creer en él, ni obedecerlo”.

“Porque decir que Dios le ha hablado en la Sagrada Escritura, no es decir que le ha hablado directamente, sino por mediación de los Profetas, o de los Apóstoles, o de la Iglesia, de la misma manera en que ha hablado a todos los demás cristianos. Decir que Dios le ha hablado en un sueño, no es otra cosa que decir que él ha soñado que Dios le hablaba, lo cual no tiene fuerza suficiente para ganar la creencia de ningún hombre que sepa que la gran mayoría de los sueños son fenómenos naturales y pueden proceder de pensamientos anteriores, y que un sueño tal es sólo resultado de la autoestima y de la insensata arrogancia y la falsa opinión que un hombre tiene de sí mismo acerca de su propia santidad o de cualquier otra virtud que le hace pensar que ha merecido el favor de ser depositario de tan extraordinaria revelación. Que un hombre diga que ha tenido una visión, o ha oído una voz, es lo mismo que decir que ha soñado en un estado entre el sueño y la vigilia” (De “Leviatán”-Ediciones Altaya SA-Barcelona 1997).

Es también posible que las diversas apariciones de la virgen María tenga que ver con algunos fenómenos psíquicos, como la esquizofrenia, o similares. La religión moral no requiere de intervenciones divinas y de mensajes varios, ya que busca simplemente que el hombre cumpla con los mandamientos bíblicos. Anthony De Melo escribió: “Milagro no significa que Dios cumpla con los deseos del hombre, sino que el hombre cumpla con los deseos de Dios”.

Una de las “profesiones” más antiguas y universales es la de mediador entre lo sobrenatural y lo natural, o entre Dios y los hombres. De esta mediación surge una división social entre creyentes y no creyentes; los primeros son los seres espirituales mientras que el resto son los seres naturales. Matthew Alper escribió: “Todas las culturas han poseído alguna forma de sacerdocio, de individuos o grupo de individuos cuya función es la de actuar como intermediarios de la comunidad entre los mundos materiales y espirituales. Aunque a este individuo se le llame chamán, sacerdote, rabí, swami, ensi, yogui, oráculo, místico, psíquico, médium, papa, califa o imán, todas las culturas han poseído un miembro, grupo o casta semejante, cuya función es la de servir como guía y líder espiritual de su comunidad” (De “Dios está en el cerebro”-Grupo Editorial Norma-Bogotá 2008).

La religión moral no depende tanto de la posible interacción entre el individuo y lo sobrenatural. Al menos ello puede extraerse de las recientes investigaciones de neurociencia a partir de las cuales se advierte que el comportamiento social y moral depende del cerebro y que una avería que afecte una zona precisa del cerebro, puede alterar la personalidad de la persona afectada. El citado autor agrega: “La primera clave para determinar que podemos estar programados para una conducta moral, puede remontarse al extraño caso de Phineas Gage, un trabajador ferroviario que en 1848 sufrió un accidente con dinamita, y una varilla de hierro le atravesó el cráneo. Aunque Gage sobrevivió al accidente sin sufrir ningún detrimento notable en su intelecto, su personalidad cambió radicalmente. Antes del accidente, Gage era conocido como un hombre honesto, dedicado a su familia y a su trabajo. Sin embargo, pocas semanas después del accidente, se convirtió en un vago irresponsable sin ningún sentido ético, y comenzó a mentir, engañar y robar. Estudios posteriores revelaron que el hierro le había atravesado la corteza prefrontal, indicando así que esta parte del cerebro puede tener un papel crucial en el razonamiento social y moral, lo que facilitaría una interpretación neurobiológica de la conciencia moral”.

La expresión de Cristo, acerca de que “El Reino de Dios está dentro de vosotros”, resulta compatible con la actual visión científica del hombre. Incluso limita todo tipo de ritualismo orientado a lo sobrenatural cuando afirma que “Dios ya sabe que os hace falta antes de que se lo pidáis”. La actitud filosófica por la cual se discute acerca de cómo funciona el mundo, ha relegado a un segundo plano los objetivos morales de la religión.

Los partidarios de lo sobrenatural intentaron incluso rebajar la naturaleza animal aduciendo que los animales no poseen alma, ni sentimientos, o cosas semejantes, a pesar de la evidencia de que muchos animalitos domésticos tienen un comportamiento social bastante más “ético” que varios seres humanos. Herbert Wendt escribió: “Michel de Montaigne dio a los franceses un nuevo hueso a roer. Rompió la barrera que separaba a los hombres de los animales, según el criterio de los filósofos reinantes hasta entonces”. “Hizo lo que hasta entonces nadie imaginó: trasladar al hombre al reino animal sin reservarle siquiera allí el primer puesto. Los animales son, según Montaigne, justos, inteligentes, altruistas, morales y sociales, sin que pueda decirse otro tanto de los hombres”.

“Algunas decenas de años después de la muerte de Montaigne, estalló una fuerte discusión sobre si se podía arrojar al hombre y al animal a un mismo puchero”. “El abogado de los animales era Pierre Gassendi…; el abogado del hombre se llamaba René Descartes. Descartes trataba precisamente, en sus escritos filosóficos, de separar las cosas de la naturaleza de las cosas del alma. Y esto en el momento mismo en que Gassendi pretendía clasificar al hombre en el reino animal, como animal entre animales”.

“Esta disputa entre Descartes y Gassendi no se ha borrado, como ha ocurrido con muchas otras controversias filosóficas, en el transcurso de la historia. Aún posee actualidad. Mientras haya hombres que no quieran soportar ningún roce entre su estirpe aristocrática y los plebeyos de la naturaleza, y otros hombres que postulen igualdad y fraternidad entre los seres, seguirá en pié” (De “Tras las huellas de Adán”-Ediciones B SA-Barcelona 2009).

En lugar de preocuparnos por ser “semejantes a Dios”, y diferentes de los animales, debemos tratar de acentuar nuestra esencia humana a través de una actitud cooperativa. La enfermiza tendencia a despreciar todo lo que esté alejado de la creencia en lo sobrenatural, ha llevado a algunos “creyentes” a tratar de imponer sus criterios personales a través del terrorismo, como es el caso de los fundamentalistas islámicos. Ello es parte del precio que paga la humanidad por dejar de lado la ciencia experimental y el sentido común.