domingo, 1 de mayo de 2016

La pobreza

La pobreza es un problema social que, por el momento, no se ha podido solucionar. Posiblemente ello se deba a la existencia de varias causas, algunas de ellas poco evidentes, ya que no son sólo las decisiones económicas o políticas del Estado las que lograrán una solución, sino también los aspectos culturales y psicológicos asociados al ciudadano común. En cuanto a la opinión de la gente sobre las causas de la pobreza, Jeremy Rifkin escribió: “Dos tercios de la población estadounidense cree que el éxito no depende de factores externos a su control. Compárese esa cifra con la de Alemania, donde el 68% de las personas cree exactamente lo contrario. En [casi] todos los países de Europa, la mayoría «cree que el éxito viene determinado por fuerzas que exceden el control personal de los individuos». Los estadounidenses creen, en una proporción de seis a uno, que las personas que no tienen éxito en la vida fracasan por culpa de sus propios errores, no por culpa de la sociedad”.

“Ante la pregunta de por qué algunas personas son ricas, el 64% de los estadounidenses dice que es por empuje personal, disposición a asumir riesgos, trabajo e iniciativa. ¿Por qué otros fracasan? El 64% dice que es por falta de capacidad de ahorro, el 53% responde que es por falta de esfuerzo, y el 53% que por falta de competencia. El Estudio Mundial de Valores reveló que el 71% de los estadounidenses «cree que los pobres tienen la posibilidad de escapar de la pobreza», mientras que sólo el 40% de los europeos cree lo mismo”.

Teniendo en cuenta aquello del sueño americano: “No sorprende que el 58% de los estadounidenses diga que «es más importante tener libertad para perseguir los objetivos personales sin interferencia del gobierno», y sólo el 34% diga que «es más importante que el gobierno garantice que nadie padece necesidad»” (De “El sueño europeo”-Editorial Paidós SAICF-Buenos Aires 2004).

La sociedad presenta, ante la visión de muchos, un carácter hostil contra el cual se deberá luchar diariamente. De ahí que se necesite cierta fortaleza espiritual, y grandes motivaciones, para afrontar con éxito las dificultades que nos presenta el quehacer cotidiano. Quien tenga poca fortaleza anímica para esa lucha, se sentirá vencido y podrá adoptar una actitud negligente. La vagancia surge muchas veces de rendirse antes de comenzar a luchar. El vago parece no ser consciente de que el resto de su familia, o la sociedad, serán quienes, de alguna manera, deberán mantenerlo. Cuando el parásito social incrementa sus ambiciones, puede llegar al robo o a la delincuencia.

Hay otros que, sin dejar de trabajar, abandonan sus intentos por salir de la pobreza. Se mentalizan de tal forma que se adaptan a esa vida conformándose con un mínimo de comodidades y de seguridad. John Kenneth Galbraith escribió: “Sin embargo, no hay nada que mantenga mejor este equilibrio (de la pobreza) que la ausencia de aspiración y la falta de esfuerzo para huir de él. A su vez, en la comunidad rural pobre, tal aspiración se encuentra en conflicto con uno de los elementos más profundos y predecibles de la conducta humana. Este es la negativa a luchar contra lo imposible, la tendencia a preferir la resignación a la frustración”.

“Dada la formidable fuerza del equilibrio de la pobreza dentro de la cual viven, la adaptación es la solución óptima. La pobreza es cruel, pero una constante lucha por liberarse de ella y que de continuo se ve frustrada, es todavía más cruel. Resulta más civilizado, más inteligente así como más plausible, que después de siglos de experiencia, la gente se conforme con lo que durante tanto tiempo ha sido inevitable”.

Podemos encontrar dos actitudes extremas que caracterizan a los países desarrollados y a los que no lo son. También podemos encontrar, dentro de una misma sociedad, tales actitudes extremas (con todos los matices intermedios). Incluso en EEUU, con su gran poderío económico, el 17% de la población vive bajo el nivel de pobreza, aunque la forma de medirla no implica seguramente padecer un estado de miseria. Galbraith escribió: “La tendencia del país poderoso es hacia un aumento del ingreso; la tendencia del pobre es hacia un equilibrio de la pobreza” (De “El origen de la pobreza de las masas”- Editorial Diana-México 1982).

Ya que la pobreza implica sufrimiento, existirá ante ella cierto temor. El temor normal hace que una persona sea ahorrativa y previsora del futuro. La ausencia de temor puede impulsar al hombre hacia el progreso sostenido, o bien hacia una vida que contempla sólo el presente favoreciendo una frágil posición económica futura. El temor excesivo puede llevar al hombre a la inacción, o bien a la adaptación antes mencionada. Galbraith escribió: “Los economistas de los mundos desarrollados tanto capitalista como socialista, consideran un hecho el deseo de progresar. Sus recomendaciones abarcan en general a la gente que procura un progreso material. Si tal progreso no se busca, los cimientos que sostienen a toda la política económica desaparecen”.

Muchas veces, el Estado recurre a la asignación de ayuda a quienes carecen de medios económicos básicos. Esto puede promover, a la larga, la vagancia. Esto ocurre cuando los sueldos más bajos, en el mercado laboral, son equivalentes al monto de tales ayudas, o al menos comparables. De ahí que a muchos les resulta más fácil lograr uno de esos recursos que trabajar dignamente. Henry Hazlitt escribió: “Una vez que la beneficencia estatal o cualquier programa similar de ayuda empieza a funcionar, es casi imposible eliminarlo, a menos que se tomen medidas muy severas. Una vez adoptado este sistema, aumenta el número de pobres y la situación de éstos empeora en relación con su situación anterior, no sólo porque han perdido la confianza en sí mismos, sino porque las fuentes de riqueza y producción de las que dependen para contar con esa ayuda benéfica o trabajo disminuyen o desaparecen” (De “La conquista de la pobreza”–Unión Editorial SA-Madrid 1974)

En el siglo XIX, en Inglaterra, se promulga la “ley de pobres” que establecía un beneficio otorgado por el Estado a quienes carecían de trabajo. La asignación era mayor en proporción a la cantidad de hijos que tuviese. Henry Hazlitt escribió: “Uno de los efectos lógicos de este programa fue la disminución de los salarios, ya que los empresarios se dieron cuenta de que podían reducir los salarios y dejar a los contribuyentes que compensaran la diferencia. Al trabajador no le importaba quién le pagara, puesto que él recibía la cantidad fijada. Otra consecuencia fue la desmoralización en la eficacia laboral, ya que se pagaba a cada uno de acuerdo con el número de miembros de su familia, y no según la calidad del trabajo realizado. Los obreros no cualificados no obtenían más beneficios por un mayor esfuerzo, y nada tenían que perder si se dedicaban a la vagancia”.

En cuanto a los países subdesarrollados, predomina la búsqueda del “sistema económico” que mejore la situación sin que sus habitantes cambien en lo más mínimo. Incluso se pretende imitar al “sistema” que utiliza tal o cual país sin siquiera preguntarse acerca de cuáles son las ideas predominantes en ese país. Wilhelm Röpke escribió: “Para poder apreciar hasta que punto es importante para nuestro mundo este espíritu «burgués», pensemos en lo difícil que resulta implantar las modernas formas de la economía a los países subdesarrollados, que a menudo carecen de las condiciones espirituales y morales que estamos analizando. Los occidentales las damos por sobreentendidas, y por eso apenas somos conscientes de que existen, pero los dirigentes de los países subdesarrollados, con frecuencia, sólo advierten los éxitos económicos exteriores de las naciones de Occidente, sin percibir los cimientos espirituales y morales que sustentan esos éxitos” (Citado en “Enfoques económicos del mundo actual” de L.S. Stepelevich–Editorial Troquel SA-Buenos Aires 1978).

Cuando en una sociedad predomina la gente negligente, o temerosa en exceso, no será posible lograr la proporción mínima aconsejable de empresarios. Sin esa cantidad mínima, la desocupación seguramente adquirirá niveles importantes. Sin embargo, los gobiernos populistas tratan de encubrirla otorgando miles de puestos de trabajo improductivos en el Estado, que son una carga adicional para los sectores productivos de la sociedad, logrando generar mayores niveles de pobreza. Es común que los demagogos nunca critiquen la vagancia, porque de ese sector surgirán muchos votos. Por el contrario, aducen que tienen como misión esencial defender a los sectores pobres del “egoísmo empresarial”, desalentando la creación de empresas que ofrezcan trabajo genuino.

Es indudable que debe existir una mejora moral sustancial, comenzando por todos los que hablan de la pobreza y de los pobres, para que comiencen a hacer algo concreto para subsanar esa situación. Así, cuando un marxista habla de la “distribución de la riqueza”, no se refiere a la riqueza propia, sino a la ajena, ya que siempre es “generoso” con los bienes ajenos.

A pesar de los resultados negativos, se aducen “ventajas” de la reforma agraria y de otras formas de expropiación. Ayn Rand escribió: “La colectivización de la agricultura soviética se logró por medio del hambre oficialmente planificada, organizada e impuesta deliberadamente para forzar a los campesinos a ingresar a las granjas colectivas” (De “El capitalismo, un ideal desconocido”-Editorial Grito Sagrado-Buenos Aires 2008).

En cuanto a las actitudes imperantes en los países desarrollados, Jeremy Rifkin escribió: “Los sueños europeos y americano consisten esencialmente en dos ideas diametralmente opuestas sobre la libertad y la seguridad. Los estadounidenses defienden una definición negativa de la libertad, y, por lo tanto, de la seguridad. Para nosotros, la libertad ha ido asociada desde siempre con la autonomía. Si uno es autónomo, no depende de los demás ni es vulnerable a circunstancias ajenas a su control. Para ser autónomo es preciso ser propietario. Cuanta más riqueza amasa uno, más independiente es respecto al mundo. Uno es libre si se convierte en una isla autónoma y autosuficiente. La riqueza trae consigo la exclusividad y la exclusividad trae consigo la seguridad”.

“El nuevo sueño europeo, en cambio, se basa en un conjunto distinto de premisas sobre aquello en que consisten la libertad y la seguridad. Para los europeos, no hay que buscar la libertad en la autonomía sino en la integración. Ser libre significa tener acceso a una miriada de relaciones de interdependencia con otras personas. Cuanto más acceso tiene uno a comunidades distintas, tantas más opciones y posibilidades tiene de vivir una vida plena y con sentido. Las relaciones traen consigo la inclusividad, y la inclusividad trae consigo la seguridad” (De “El sueño europeo”).