domingo, 13 de marzo de 2016

El dirigente socialista

La vigencia de la socialdemocracia proviene esencialmente de ciertas actitudes básicas de quienes aspiran a vivir en una situación de dependencia y también de quienes aspiran a ocupar un puesto de mando. Como este tipo de sociedad apunta a que “entre todos pagamos lo de todos”, quienes pretenden vivir a costa de los demás, que pueden encontrarse entre los vagos, inútiles, envidiosos y resentidos sociales, son quienes poco producen y pocas intenciones tienen de hacerlo. El futuro dirigente socialista, por otra parte, tiene las intenciones de decidir desde el Estado la suerte de cada integrante de la sociedad.

Resulta evidente que los tipos psicológicos aludidos adolecen de moral social, si bien pueden no carecer de moral individual, en el mejor de los casos. Pueden tener una conducta irreprochable a nivel familiar y, simultáneamente, tener una actitud agresiva o antagónica respecto de la sociedad de la que forman parte, o respecto de países extranjeros, o animadversión respecto del mundo occidental, al cual desearían verlo destruido. En cuanto al dirigente socialista, Louis Pauwels escribió: “Advertirán que, para el socialismo, como para toda la izquierda y, por otra parte, para el fascismo, la Humanidad es una materia de combinaciones sociales, una tierra que debe modelarse según las utopías. Se trata de producir un nuevo tipo de seres y de obtener un nuevo tipo de relaciones entre los hombres. Algo, en el espíritu de la izquierda, pretende hacer la competencia a la religión. Monsieur Mitterrand prometía nada menos que «cambiar la vida». Le escuché declarar que su objetivo era aportar un nuevo sentido a la existencia. Pensé, cuando celebró su toma del poder, en la fiesta robespierrista del Ser supremo”.

“El fondo del pensamiento de la izquierda, como el fondo del pensamiento fascista, implica que hay, entre la Humanidad y el legislador, la misma relación que entre la arcilla y el alfarero. ¡Arcilla, sólo arcilla antes de que la mirada del ideólogo-dios la ilumine y la moldee! El hombre no existe en sí. El hombre no lleva en sí mismo un principio de acción y de elevación. El hombre es sólo el producto de la sociedad. Y quien modela la sociedad, modela el hombre. Ignoro por qué inmensa locura imagina uno haber nacido modelador. Tal vez se trate de una suntuosa forma de estupidez, que llamamos genio político desde 1789 y que se cultiva bajo los patios de las escuelas, en los comités, bajo dorados doseles o en la ENA (Escuela Nacional de Administración)”.

“La leyenda del modelador es toda la tradición de la izquierda, y debemos reconocer que ha terminado infestando a toda la clase política, a todos los partidos revueltos”.

“Escuchemos a Jean Jacques Rousseau: «El que se atreve a iniciar la institución de un pueblo debe sentirse con ánimos de cambiar la naturaleza humana. Es preciso, en una palabra, que arrebate al hombre sus propias fuerzas para darle otras que le son extrañas»”.

“Escuchemos a Saint-Just: «El legislador ordena el porvenir. A él le corresponde desear el bien. Él debe convertir a los hombres en lo que desee que sean»”.

“Encontrarán siempre este pensamiento y esta insensata pretensión en todos los discursos de la izquierda hasta nuestros días. Lo considero una demencia. Me repugna. He conocido a personas muy inteligentes a quienes fascinaba y exaltaba. Veía agitarse en ellos un ridículo demonio”.

“Citaré también a Lamartine, quien, según dicen, gusta mucho a Monsieur Mitterrand: «El Estado se otorga por misión ilustrar, desarrollar, engrandecer, fortificar, espiritualizar y santificar el alma de los pueblos» (De “La libertad guía mis pasos”-Plaza & Janés Editores SA-Barcelona 1985).

Puede decirse que el típico dirigente de izquierda goza de cierto espíritu de superioridad, o mejor, padece de complejo de superioridad que, generalmente, surge de la necesidad de compensar cierta inferioridad latente. El citado autor agrega: “Se plantean dos interrogantes. Si la humanidad debe cambiar, ¿qué permite a quienes quieren cambiarla creerse superiores a la Humanidad? ¿Creen que yo, que por liberalismo rechazo el imperio de éstos, no soy lo bastante inteligente como para inventar también una utopía? Pero me guardo muy mucho de hacerlo, precisamente porque rechazo este imperio y lo juzgo demoníaco. Veo demasiada gente que se coloca por encima de los ciudadanos para regirles y reformarles. Los pueblos felices y prósperos son aquellos cuya ley interviene lo menos posible en la actividad de los hombres y cuyo Estado se deja sentir menos. Cuya individualidad tiene mayor aliento, y la opinión pública, mayor influencia. Cuyos mecanismos administrativos son menos numerosos y menos complicados. Cuya responsabilidad personal es más activa y menos trabada. Resumiendo: aquellos en los que la Humanidad obedece su propia naturaleza, en los que el mejoramiento de cada uno está confiado a su intimidad y a Dios, no a las compulsiones de un Estado presuntamente redentor”.

Cuando el Estado socialdemócrata asume el control de la sociedad, le quita al individuo gran parte de sus responsabilidades. En lugar de tener tantas obligaciones como derechos, el Estado carga con sus obligaciones personales y sólo le concede derechos, que serán satisfechos por el Estado a cambio de su obediencia, es decir, de la obediencia al amo que dirige el Estado: el dirigente socialista. “El más culpable orgullo de los Estados centralizadores, planificadores, igualizadores, es el de separar a los hombres de la responsabilidad personal y del sentimiento de la Providencia. Al parecer, tal orgullo proviene del gran amor que se siente por todos los hombres. No lo creo. Veo, bajo el pensamiento igualitarista, una sombría voluntad de poder. Un pueblo al que se alienta a reclamar incesantemente mayor igualdad, hasta que confunde igualdad y uniformidad, es un pueblo predispuesto a aceptar la servidumbre. Y, a decir verdad, ya no es un pueblo, es una masa. Los pueblos tienen ciudadanos. Las masas sólo tienen conductores”.

“Y conduciendo a los hombres a sacrificar su dignidad a su seguridad, y su libertad a la igualdad, se les lleva a exigir cada vez más Estado. Y cuando han sido adiestrados para esperarlo todo del Estado, no saben ya confiar en sí mismos y portarse como si fueran ellos mismos. Han cedido los resortes de la lucha interior, del valor y la responsabilidad. Cuando, para responder a los desafíos modernos, sería preciso toda la ductilidad, la creatividad, las capacidades de adaptación, se ha organizado una sociedad rígida”.

“Y, tras ello, ¿tenemos una sociedad realmente igualitaria? Tenemos, como decía Orwell, una sociedad de iguales, con gente más igual que otra. Se ha constituido una arrogante oligarquía que pretende saber lo que les conviene mejor que los ciudadanos. Los ciudadanos son explotados por una nueva clase política y administrativa, que es la única clase dominante”.

Las tendencias estatistas y socializantes están incluso llegando a dominar naciones que tradicionalmente consideraban la libertad individual como uno de los valores fundamentales de la sociedad; como es el caso de los EEUU. Todo parece indicar que el próximo presidente será fascista, estatista o socialista, quedando relegado el liberalismo para futuras épocas. “La deriva estatalista es el peligro de todas las democracias modernas. Y el peligro se agrava por el hecho de que percibimos cada vez más débilmente el peligro que el Estado supone para las libertades. Durante tanto tiempo como la envenenada creencia según la cual lo que el Estado hace es bueno para la justicia, y todo lo que hacen los individuos, malo para la justicia; durante tanto tiempo como esta creencia domine la vida pública, disminuirán las libertades civiles y domésticas y el proceso irá aproximándonos a un sistema totalitario”.

“Muchos de nuestros contemporáneos tienden a convencernos de que, salvo la riqueza del Estado, cualquier riqueza es indigna e indebidamente adquirida. La mayoría de tales propagandistas ocupan cátedras subvencionadas por los ciudadanos que producen. Pagamos, con nuestro trabajo, a mentes para que nos digan que hemos robado el dinero con el que las mantenemos. Evidentemente, la riqueza puede ser producto de un robo. Pero hay una diferencia entre la riqueza robada y la riqueza producida”.

“El punto de vista según el cual el Estado es bueno, honesto, y los productores malos y deshonestos, es un punto de vista insensato y destructor de libertades. Este punto de vista es compartido por gran número de personas. Sin embargo, un sentimiento que se extiende no se convierte, por ello, en una verdad. Y nuestro deber es restablecer la verdad, incluso contra la mayoría”.

El ideal socialista ha sido el germen de las grandes catástrofes humanitarias. Recordemos aquello de que “por sus frutos los conoceréis”. Aun así, cuesta mucho convencer a quienes, en sus cerebros, una ideología ha reemplazado a la propia realidad. Louis Pauwels escribe al respecto: “Estamos finalizando un siglo [se refiere al XX] en el que las dictaduras de Estado han producido el mayor número de víctimas de toda la Historia. El fascismo y el comunismo han tomado origen en el socialismo. Se me dirá que uno y otro abusaron de la palabra socialismo. Reconozcamos empero, que la fuente no era pura”.

Antes de instalarse cualquier forma de socialismo, existe una previa etapa de destrucción, tanto del “sistema capitalista” como de la “sociedad burguesa”, lo que se advierte en el igualitarismo que suprime premios (porque elevan) y castigos (porque rebajan). Al eliminar amonestaciones y posibles expulsiones, en los establecimientos educacionales argentinos, se ha promovido un peligroso deterioro en la educación, ya que la indisciplina impide cualquier actividad normal.

Por considerarse que el delincuente urbano ha sido previamente marginado de la sociedad por un “sistema injusto”, se considera que actúa motivado por la búsqueda de una justa venganza. La promoción socialista de la delincuencia ha favorecido tanto la inseguridad como la cantidad de victimas inocentes que son asesinadas diariamente a lo largo y a lo ancho del país. La solución de los graves problemas que afronta la sociedad está lejos de alcanzarse por cuanto la tarea destructiva de los sectores socialistas y populistas afecta también al liberalismo, que es tergiversado y difamado hasta hacerlo irreconocible. “Es un hecho que seducen ustedes a la gente sentimental. Cuando una mentira se rellena de patetismo, comienza a parecerse a una noble pasión. La mentira y la pasión: poseen ustedes estas dos armas políticas”.

“Bajo su sensiblería de tribunos, bajo su afectada compasión, bajo su lirismo moralizador advierto su ansia de desquite y su cruel gusto por el poder. Por un poder total sobre las empresas humanas y las cosas del espíritu. Su pretendida pasión por la igualdad se alimenta del falso sentimiento de que la injusticia, la pobreza y el paro son crímenes cometidos por categorías completas de ciudadanos. Y no terminan ustedes de incrementar la lista de sospechosos: la derecha, los liberales, los privilegiados, los patronos, los banqueros, los comerciantes, los jefes de empresa, los cuadros superiores, la gente de profesión liberal. Antaño las doscientas familias. Ayer, los doscientos mil opulentos. Hoy, los dos millones de hogares confortables; mañana, toda la clase media”.