domingo, 14 de febrero de 2016

Acción humana y economía

La descripción del comportamiento económico incluye dos aspectos bien diferenciados; por una parte, considera los efectos económicos de la acción humana, tales como la producción y el consumo, y por la otra, tiene presente las causas o motivaciones que generan tales efectos. En el primer caso se establecen modelos matemáticos cuantitativos por cuanto resulta posible asociar entes matemáticos a las diversas variables económicas, mientras que en el segundo caso se hace innecesaria su utilización por cuanto se busca describir los aspectos emocionales y cognitivos individuales que los motivan.

La Escuela Austriaca de Economía es la que presenta una menor predisposición para el uso de las matemáticas por cuanto es también la que mayor predisposición tiene para describir los aspectos psicológicos que subyacen a todo intercambio económico. Ludwig von Mises escribió: “La deficiencia fundamental de todo enfoque cuantitativo de los problemas económicos consiste en desatender el hecho de que no existen relaciones constantes entre las llamadas dimensiones económicas. No existe ni constancia ni continuidad en las evaluaciones y en la formación de las relaciones de intercambio entre varios productos”.

“Aquellos economistas que quieren sustituir la «economía cualitativa» por la «economía cuantitativa» están completamente errados”. “El economista matemático, cegado por la convicción de que la economía se debe interpretar de acuerdo al modelo de la mecánica newtoniana, y de que está abierta al tratamiento por medio de métodos matemáticos, interpreta en forma totalmente errónea el tema de sus investigaciones. Ya no trata sobre la acción humana, sino sobre un mecanismo sin alma misteriosamente impulsado por fuerzas que no permiten un análisis ulterior”.

“El economista matemático elimina de su pensamiento al empresario. No necesita de este promotor y agitador cuya intervención incesante evita que el sistema llegue al estado de perfecto equilibrio y condiciones estáticas”.

“Tal como lo ve el economista matemático, los precios de los factores de producción están determinados por la intersección de dos curvas, no por la acción humana”. “Los economistas matemáticos substituyen los términos definidos de dinero por símbolos algebraicos, tal como se utilizan en el cálculo económico y creen que este procedimiento hace más científico su razonamiento. Tratan sobre el equilibrio de varios símbolos matemáticos como si fuera una entidad verdadera y no una noción limitativa, una simple herramienta mental. Lo que hacen es vano al jugar con símbolos matemáticos, un pasatiempo poco apropiado para transmitir conocimiento alguno. Impresionan profundamente al crédulo profano. De hecho, sólo confunden y embarran lo que los libros de texto de aritmética comercial y contabilidad explican en forma satisfactoria” (De “La acción humana”-Resumen en “Ideas sobre la libertad” Nº 41-Centro de Estudios sobre la Libertad-Buenos Aires Abril 1982).

El valor que el consumidor otorga a un producto, no depende del tiempo de trabajo necesario para su realización ni de su costo total, sino de la posible utilidad o conveniencia personal. De ahí que, para la descripción del comportamiento económico, el valor subjetivo se adapta mejor a la realidad que considerar un valor objetivo, o de producción. Este resulta ser un indicio elocuente de la importancia que se le debe dar a los aspectos psicológicos en la ciencia económica.

Si se considera que las diversas ramas de las ciencias sociales deben ser coherentes y compatibles entre ellas, debe encontrarse una teoría de la acción humana de alcance general, que involucre tanto a la ética como a la economía, o al comportamiento ético del agente económico. Tal teoría puede surgir tanto de la psicología social como de la propia ciencia económica, recordando que el libro básico de Ludwig von Mises se titula precisamente “La Acción humana”, siendo un intento en ese sentido. Jesús Huerta de Soto escribió: “Cabe resaltar el importante resurgir de la ética y del análisis de la justicia como campo de investigación de excepcional trascendencia en el ámbito de los estudios sociales”.

“Quizá una de las aportaciones más importantes de la teoría de la libertad en este siglo haya sido el poner de manifiesto que el análisis consecuencialista de costes y beneficios no es suficiente para justificar la economía de mercado”.

“Desde un punto de vista estratégico, básicamente son las consideraciones de tipo moral las que mueven el comportamiento reformista de los seres humanos, que en muchas ocasiones están dispuestos a realizar importantes sacrificios para perseguir lo que estiman bueno y justo desde el punto de vista moral, comportamiento que es mucho más difícil de asegurar sobre la base de fríos cálculos de costes y beneficios, que poseen además una virtualidad científica muy dudosa” (Del Estudio Preliminar en “Creatividad, capitalismo y justicia distributiva” de Israel M. Kirzner-Ediciones Folio SA-Barcelona 1997).

Es oportuno señalar sintéticamente la visión que desde la psicología social se tiene tanto de la acción humana como de la ética asociada. En primer término se advierten dos tendencias principales que son la cooperación y la competencia. Como el hombre dispone de una respuesta, o actitud, característica, entre sus componentes emotivas se encuentra el amor, que le permite adoptar la tendencia cooperativa, siendo el amor la predisposición a compartir las penas y las alegrías ajenas como propias. Las actitudes competitivas son el egoísmo y el odio, siendo la restante la indiferencia o negligencia. De ahí que el intercambio comercial que perdura es aquel por el cual se busca un beneficio simultáneo de ambas partes. Luego, la optimización de la actividad económica coincide con la optimización ética (o mejoramiento personal). La competencia en el mercado, por lo tanto, no implica una competencia basada en el egoísmo, sino que surge en quien busca ser más cooperador que los demás.

Generalmente se aduce que el capitalismo se basa en el egoísmo y, por lo tanto, que lo promueve. En realidad, debe decirse que la economía de mercado puede funcionar adecuadamente a pesar del egoísmo de sus actores, lo que es algo diferente. Por ejemplo, si un empresario egoísta trata de pagar salarios muy bajos (inferiores a los del mercado), podrá perder su capital humano ya que sus empleados podrán irse a otra empresa. De ahí que le resulte económicamente más beneficioso elevarlos. De esa manera, el sistema económico tiende a compensar parcialmente los defectos morales. La existencia de valoraciones subjetivas en economía no implica que ellas provengan de un subjetivismo o relativismo moral subyacente. “Una cosa es que las valoraciones, utilidades y costes sean subjetivas, como correctamente pone de manifiesto la ciencia económica, y otra bien distinta es que no existan principios morales de validez objetiva. Es más, estimamos que no sólo es conveniente sino también perfectamente posible el desarrollo de toda una teoría científica sobre los principios morales que hayan de guiar el comportamiento humano en la interacción social”.

Los principios subyacentes a la acción humana fueron considerados por Ludwig von Mises como principios no verificables experimentalmente. Sin embargo, las actitudes básicas del hombre, señaladas antes, son relativamente fáciles de advertir en la vida cotidiana. Al respecto escribió: “El hombre cuenta con una sola herramienta para combatir el error: la razón. El hombre utiliza la razón a fin de elegir entre las satisfacciones incompatibles de los deseos en conflicto”.

“El criterio último para determinar la exactitud o inexactitud de un teorema económico, es únicamente la razón sin ayuda de la experiencia”. “Ya no es posible definir claramente los límites que existen entre el tipo de acción correspondiente al campo mismo de la ciencia económica en el sentido más estricto y otro tipo de acción”. “La teoría general de la acción humana, la praxeología, emerge de la economía política de la escuela clásica. Los problemas económicos o catalácticos se encuentran unidos a una ciencia más general y ya no pueden desligarse de esta conexión. Ningún tratamiento adecuado de los problemas económicos, puede evitar el hecho de partir de actos electivos; la economía se vuelve una parte, si bien la parte más desarrollada hasta la fecha, de una ciencia más universal, la praxeología”.

“La praxeología –y en consecuencia también la economía- es un sistema deductivo. Toma impulso desde el comienzo mismo de sus deducciones, a partir de la categoría de la acción”. “La praxeología es una ciencia teórica y sistemática, no histórica. Sus enunciados y proposiciones no derivan de la experiencia. Son, como aquellas de la lógica y las matemáticas, apriorísticas. No están sujetas a la verificación o falseación en base a la experiencia o a los hechos”.

Puede decirse que, si la economía adoptara como base la teoría de la acción de la psicología social, podrá ser considerada también como una rama integrante de las ciencias sociales, lo que no resulta ser una novedad, aunque la anterior opinión de Mises la dejaba alejada del ámbito de la ciencia experimental.

Para evitar este inconveniente, desde la economía se ha propuesto un principio ético aplicable a toda actividad económica ejercida con libertad. Jesús Huerta de Soto escribió: “El planteamiento ético fundamental deja de consistir en cómo distribuir equitativamente «lo existente», pasando más bien a concebirse como la manera más conforme a la naturaleza humana de fomentar la creatividad. Es aquí donde la aportación de Kirzner en el campo de la ética social entra de lleno: la concepción del ser humano como un actor creativo hace inevitable aceptar con carácter axiomático que «todo ser humano tiene derecho natural a los frutos de su propia creatividad empresarial». No sólo porque, de no ser así, estos frutos no actuarían como incentivo capaz de movilizar la perspicacia empresarial y creativa del ser humano, sino porque además se trata de un principio universal capaz de ser aplicado a todos los seres humanos en todas las circunstancias concebibles”.

“Parece evidente que si alguien crea algo de la nada, tiene derecho a apropiarse de ello, pues no perjudica a nadie (antes de que se creara no existía aquello que se creó, por lo que su creación no perjudica a nadie y, como mínimo, beneficia al actor creativo, si es que no beneficia también a otros muchos seres humanos)”.

En realidad, el principio de Kirzner ha de ser aplicado a la acción económica y productiva, mientras que el “Amarás al prójimo como a ti mismo” sigue siendo el principio ético de mayor generalidad y que, incluso, orienta también las actividades económicas (o debería orientarlas), esta vez interpretándolo como la actitud por la cual intentamos compartir las penas y las alegrías de los demás como propias, incluyendo por ello como “prójimo” a quien establece con nosotros algún tipo de intercambio económico.