miércoles, 13 de mayo de 2015

Psicología del arte y creatividad

Considerando que toda expresión artística es un medio para transmitir emociones, necesariamente resulta ser representativa de la personalidad del artista. De ahí que existan estudios que describen el vínculo existente entre una obra artística y la personalidad de su autor. El arte-terapia aplicado a los niños para descubrir, a través de sus dibujos, síntomas de problemas psicológicos, es un ejemplo de la vinculación mencionada. Lev Vygotsky escribió: “Si tomamos los estudios existentes del verso, estudios realizados no por psicólogos sino por críticos de arte, como un hecho estético, percibiremos de inmediato la notable semejanza existente entre las conclusiones a que han llegado los psicólogos por un lado y los críticos de arte por el otro. Las dos series de hechos –psíquicos y estéticos- revelan una sorprendente correspondencia que corrobora y confirma nuestra fórmula” (De “Psicología del arte”-Editorial Paidós SAICF-Buenos Aires 2008).

Puede hacerse una analogía entre un hombre y un prisma que recibe la luz solar y la retransmite difundiendo los diversos colores que la componen. En forma semejante, cada ser humano observa la realidad, o parte de ella, y la retransmite distorsionándola, o no, según sea el tipo de personalidad individual. De ahí que cada expresión artística tenga la originalidad única de su autor. En cuestiones cognitivas, podría no haber existido algún destacado científico y, sin embargo, algún otro hubiese logrado algo más tarde aportar un conocimiento similar. Por el contrario, de no existir determinado artista, seguramente nunca hubiese existido su obra. Emilio G. Segré escribió: “Si Newton no hubiese existido, algún otro habría inventado el cálculo infinitesimal y descubierto la fuerza de gravedad, pero sin Shakespeare no habría habido Hamlet” (De “De los rayos X a los quarks”-Folio Ediciones SA-México 1983).

Desde la psicología social aparece el concepto de actitud característica como el vinculo entre respuesta y estimulo. Si consideramos a un paisaje como estímulo para un artista y la pintura que lo representa como respuesta, tenemos la posibilidad de intuir cierta actitud artística que, de alguna forma, habrá de estar vinculada a la actitud mostrada en otras circunstancias. A pesar de que sea difícil sacar conclusiones, o deducciones, respecto del comportamiento en otras circunstancias, es posible hablar de una actitud artística que resulta representativa de cierta personalidad. La actitud del artista se la conoce como su estilo.

De la misma manera en que un artista se caracteriza por un estilo propio, el conjunto de artistas de una época tiende a mostrar estilos comunes que en cierta forma son representativos de la mentalidad generalizada del grupo, o de la sociedad. Movimientos artísticos como el cubismo son expresiones que denotan ciertas preferencias filosóficas o ideológicas que son el punto de partida para tales movimientos. En una caricatura publicada en 1898, el personaje que representa a un artista mostrando una pintura abstracta, difícil de asociar a algo concreto, le comenta a un crítico de arte: “He aquí mi santuario. Sabe que no se lo enseño a cualquiera; sólo a personas con el más alto grado de cultura intelectual, gente que sé que ha leído y entendido a los grandes filósofos; que, por encima de todo, conocen perfectamente a los ocultistas y místicos, y, además, la antigua literatura india, las enseñanzas de Brama, Buda y Confucio. No es ni más ni menos que la línea metafísica de mi personalidad”, recibiendo como contestación del crítico: “¡Ah, ah, el parecido es muy bueno!” (En “Temas de nuestro tiempo”).

E. H. Gombrich comenta al respecto: “Hasta qué punto esas ideas filosóficas ejercieron influencia en los artistas creativos será siempre motivo de controversia. En verdad, pocos artistas son filósofos que se preocupen por sus tecnicismos de tan abstrusas doctrinas. Pero esto no tiene porqué disuadirles de valerse de eslóganes y valores que les permiten racionalizar su desafío a las convenciones existentes; y una vez que el público ha sido conquistado por los críticos, ellos a su vez se sentirán animados a continuar por ese camino bajo la égida de una ideología de moda” (De “Temas de nuestro tiempo”-Editorial Debate SA-Madrid 1997).

En los países totalitarios, el artista pierde sus derechos a expresarse a través de sus obras o de sus escritos obligado por el Estado a transmitir a las masas una “realidad artificial” impuesta por los dirigentes del Partido gobernante; tal el caso del “realismo socialista”. “Para aquel que cree, para un escritor soviético que ve en el comunismo la finalidad de su propia existencia y el de toda la humanidad (y si no piensa así no hay sitio para él ni en nuestra literatura ni en nuestra sociedad), tal disyuntiva no puede existir. Para un creyente en el comunismo, como lo ha hecho notar justamente N. S. Kruschev en una de sus últimas declaraciones sobre asuntos de arte, «para un artista que sirve fielmente a su pueblo, no se trata de saber si es libre o no es libre en su labor de creación. Esta cuestión ni siquiera se plantea. Ese artista sabe perfectamente cómo ha de abordar los fenómenos de la realidad. No necesita ni ‘conformarse’ ni forzarse. Representar fielmente la realidad según sus convicciones comunistas es una exigencia de su alma. Se sostiene sólidamente en sus posiciones, las afirma y las defiende en su obra»”.

“¿Quién mejor que el Partido y su jefe podrá saber de qué arte estamos necesitados? El Partido y sólo el Partido, puesto que es él quien nos conduce a la Finalidad siguiendo las reglas del marxismo-leninismo. Así, pues, en el Partido y en la persona de su jefe tenemos al guía más prudente, el más experimentado, el más competente en todas las cuestiones de industria, de lingüística, de música, de filosofía, de pintura, de biología, etc.” (De “El realismo socialista”-Disidente soviético anónimo-Asociación Argentina por la Libertad de la Cultura-Buenos Aires 1959).

Toda actividad creativa requiere de cierta libertad esencial para su desarrollo, incluso para mostrar cierto disconformismo; de lo contrario tiende a perder vitalidad. Donald Kuspit escribió: “El arte de vanguardia fue valorado por exactamente lo que afirmaba ser: crítico, opositor. No se le pedía que cambiara, sólo que continuara siendo su emocionante e intransigente yo. Pero ese yo antagonista fue reinterpretado como una muestra de creatividad, el espectáculo creativo de la sociedad en que el arte se desarrollaba. La creatividad de vanguardia se convirtió en parte de la autojustificación de la sociedad, su apología. El carácter crítico y opositor se consideró indicio de creatividad «como tal»” (De “Signos de psique en el arte moderno y posmoderno”-Ediciones Akal SA-Madrid 2003).

A partir de la mentalidad posmoderna, resulta razonable esperar un arte acorde con la misma, es decir, un arte posmoderno. Tal mentalidad puede sintetizarse brevemente en los siguientes aspectos: a) Pérdida de interés por la ciencia y el conocimiento, b) Todo tiene un valor de cambio, c) Adhesión al relativismo moral, d) Actitud consumista y hedónica, e) Percepción superficial de la realidad, f) Poco respeto por la vida en sí misma, g) Prioridad de los derechos sobre los deberes, h) Metas triviales para la existencia, i) Dependencia ante las nuevas tecnologías. Armando Roa escribió: “Con la progresiva desaparición del binomio sujeto-objeto, típico de la modernidad, que partía de la base de que el objeto de investigación era una realidad con su propia identidad maciza, dicha realidad empieza a volatilizarse, a perder sus contornos, a no distinguirse claramente incluso de las realidades creadas por la imaginación que son las propias del arte y de la poesía”.

“Antes el arte y la poesía de vanguardia pretendían, por ejemplo, distorsionar al máximo los objetos de la realidad cotidiana, para tener el privilegio de crear, al lado de las cosas del mundo estudiadas por la ciencia o utilizadas en la vida diaria, otra realidad obra de la pura fantasía y que sin embargo fuera tan recia como la primera para mostrar así su poderío. Ahora, en cambio, una serie de factores, entre otros la física cuántica, la sociedad industrial avanzada, la informática, ha llevado a debilitar la antigua macicez de lo objetivo y a disminuir al extremo la distancia entre dicha realidad y la realidad fantaseada, y así a la fantasía le ha sido más fácil impregnarlo todo, constituyéndose ello en una de las caracterizaciones de la posmodernidad; se asiste así a una especie de estetización de la vida”.

Al aceptar el posmodernismo al relativismo cultural, el arte respectivo tiende a tenerlo presente. “De ahí que el arte posmoderno, a diferencia del arte moderno y de todos los anteriores, tenga hoy como característica para validarse estéticamente el mostrar en lo íntimo un pluralismo histórico, o sea, algo que al verlo ponga en contacto el espíritu del observador con las diversas realidades que han construido los hombres a través del tiempo. De este modo la pintura y sobre todo la arquitectura procuran ahora reconstruir una verdad historizada plural de lo real, y no monolítica, como lo pretendían los clásicos y los vanguardistas, fuesen cubistas, dadaístas o surrealistas”.

“Esto es muy notorio en la arquitectura posmoderna, en la cual se privilegia lo estético sobre lo funcional y se mezclan en un mismo edificio estilos diversos tanto de épocas pasadas como contemporáneas, historizándose así a fondo y mostrando lo relativo de la verdad de esos estilos o también que en cada uno de ellos –clásico, gótico, barroco, moderno- se expresó una recia concepción del mundo que no es reemplazable ni superable por la otra” (De “Modernidad y posmodernidad”-Editorial Andrés Bello-Santiago de Chile 1995).

La creatividad, en el caso de la ciencia, resulta ser un proceso similar o, incluso, una continuación del proceso del aprendizaje. Así, cada vez que aprendemos algo nuevo, mediante prueba y error comparamos la idea que vamos adquiriendo con aquello que tratamos de comprender, modificándola cada vez que no exista concordancia. El paso creativo implica poner a prueba una idea propia tratando de compatibilizarla con la realidad a describir.

La diferencia existente, en el caso del arte, es que el criterio de la verdad (o exacta descripción) utilizado en el aprendizaje científico, se lo cambia por el criterio de la belleza. De ahí que toda nueva obra de arte se va conformando con el aumento paulatino del agrado que provoca en su autor. También en cuestiones éticas se utiliza el método de prueba y error, poniendo a prueba los resultados de nuestras acciones tratando de ajustarlas a la idea del bien. Por ello, el trío del bien, la verdad y la belleza va surgiendo desde el mismo momento en que tratamos de alcanzarlo.

Mientras que el científico adopta una referencia objetiva, como puede ser un fenómeno a describir, el artista adopta una referencia subjetiva e incluso subconsciente, ya que, al elaborar un escrito literario, una pintura o una canción, no puede prever de antemano el agrado que ha de surgir desde los niveles ocultos de su memoria ni la conmoción que en ella puede ocasionar. Si la primera versión supera cierto nivel de agrado, resulta ser un indicio de que se la debe mejorar hasta que adquiera un nivel óptimo.