sábado, 28 de febrero de 2015

La inteligencia social

Al igual que poseemos una aptitud para compartir los estados anímicos de los demás, poseemos también cierta aptitud para ubicarnos imaginariamente en su lugar para compartir sus conocimientos, o sus puntos de vista particulares. En el pasado se consideraba como “inteligente” sólo al que poseía una capacidad de abstracción de tipo matemático, mientras que se desdeñaba otro tipo de habilidades mentales. Al existir personas con pobre predisposición social, se comenzó a valorar la capacidad para adaptarnos con facilidad a los demás integrantes de la sociedad en aquellos aspectos asociados al conocimiento y a la información disponible. Howard Gardner escribió: “Finalmente, propongo dos formas de inteligencia personal, no muy comprendidas, esquivas a la hora de ser estudiadas, pero inmensamente importantes. La inteligencia interpersonal es la capacidad para entender a las otras personas: lo que les motiva, cómo trabajan, cómo trabajar con ellos de forma cooperativa. Los buenos vendedores, los políticos, los profesores y maestros, los médicos de cabecera y los líderes religiosos son gente que suele tener altas dosis de inteligencia interpersonal. La inteligencia intrapersonal, el séptimo tipo de inteligencia, es una capacidad correlativa, pero orientada hacia dentro. Es la capacidad de formarse un modelo ajustado, verídico, de uno mismo y de ser capaz de usar este modelo para desenvolverse eficazmente en la vida” (De “Inteligencias múltiples”-Editorial Paidós SAICF-Buenos Aires 2003).

La empatía afectiva, o emocional, por la cual compartimos las penas y las alegrías de los demás, junto a la empatía cognitiva, por la cual comprendemos a los demás, son los dos principales procesos que definen lo que Howard Gardner denomina “inteligencia interpersonal”. Daniel Goleman escribió: “La lectura hipersensible de señales emocionales es la culminación de la empatía cognitiva, uno de los tres aspectos fundamentales de la habilidad de enfocarse en lo que otras personas experimentan. Este aspecto de la empatía nos permite comprender la perspectiva del otro, su estado mental, y al mismo tiempo manejar nuestras emociones. Estas operaciones mentales pueden ser descendentes”. “Por el contrario, la empatía emocional nos une a los sentimientos de otra persona, nuestro cuerpo registra la alegría o la pena que esa persona siente. Esta sintonía tiende a producirse a través de los circuitos cerebrales ascendentes, automáticos y espontáneos”. “Si bien la empatía cognitiva o la empatía emocional nos permiten detectar lo que otra persona piensa y resonar con sus sentimientos, no necesariamente conducen a la simpatía, es decir, al interés por el bienestar del otro”.

“El tercer aspecto, la preocupación empática, nos lleva a preocuparnos por los otros, nos moviliza a ayudarlos si es necesario. Esta actitud piadosa surge de los sistemas primarios ascendentes situados en la profundidad del cerebro, relacionados con el apego y el cuidado, aunque se combinan con circuitos descendentes, más reflexivos, que evalúan cuánto valoramos el bienestar de otras personas” (De “Focus”-Ediciones B Argentina SA-Buenos Aires 2013).

Adviértase que la empatía emocional surge de la capa intermedia de nuestro cerebro (cerebro límbico) siendo un proceso compartido con los demás mamíferos; de ahí la posibilidad que tenemos de establecer relaciones afectivas con animales domésticos. La empatía cognitiva, por el contrario, surge de la capa superior del cerebro (neocórtex) siendo un proceso netamente humano. De ahí que Goleman mencione la interacción de ambos sectores en sentido “ascendente” (del límbico al neocórtex) o en sentido “descendente” (del neocórtex al límbico), caracterizándose los aspectos emocionales por estar asociados a respuestas rápidas, mientras que las respuestas cognitivas, al ser razonadas, se establecen con cierta lentitud.

A partir de ambas empatías es posible definir con cierta precisión a la inteligencia social, o interpersonal:

Inteligencia social (interpersonal) = Empatía emocional + Empatía cognitiva

De esta forma, se compatibiliza la definición con el hábito de considerar a la inteligencia como una virtud anulando la validez de expresiones como “inteligencia para hacer el mal”. Si la vida inteligente es una de las metas del proceso evolutivo, el atributo de la inteligencia ha de ser asignado a quienes favorecen el proceso de adaptación al orden natural. Además, la ética natural está íntimamente ligada a la empatía emocional, por la cual compartimos las penas y las alegrías de los demás como propias.

Quien carece de empatía emocional, tiende a cambiar sufrimiento ajeno por alegría propia, por lo que tal persona no tiene un comportamiento moral adecuado ni posee, por lo tanto, inteligencia social. Se advierte además, en el caso de los gobiernos populistas o totalitarios, la actitud destructiva hacia la sociedad cuando se la divide en “nosotros” y “ellos”, es decir, amigos y enemigos. El líder que siembra la discordia carece de empatía cognitiva por cuanto impone sus ideas descalificando a los opositores sin ser capaz de interiorizarse de sus ideas y menos de sus emociones. “La «crueldad empática» se produce cuando el cerebro de una persona refleja el sufrimiento de otra y ese sufrimiento le produce placer” (De “Focus”).

La inteligencia social involucra dos etapas que se establecen en forma secuencial, de la misma forma en que la acción le sigue a la contemplación. Daniel Goleman las resume de la siguiente forma:

“Conciencia social: la conciencia social se refiere a un espectro que va desde percibir de manera instantánea el estado interior de otra persona a comprender sus sentimientos y pensamientos y a captar en situaciones sociales complicadas. Incluye:

a- Empatía primaria: sentir con los otros, leer señales emocionales no verbales

b- Armonización: escuchar con absoluta receptividad, armonizarse con una persona

c- Precisión empática: comprender los pensamientos, los sentimientos y las intenciones de otra persona

d- Conocimiento social: saber cómo funciona el mundo social

“Facilidad social: solamente percibir cómo se siente otra persona, o saber lo que piensa o cuál es su intención no garantiza interacciones fructíferas. La facilidad social se erige sobre la toma de conciencia social para permitir interacciones fluidas, eficaces. El espectro de la facilidad social incluye:

a- Sincronía: interactuar fluidamente a un nivel no verbal

b- Autopresentación: presentarnos eficazmente

c- Influencia: moldear el resultado de las interacciones sociales

d- Preocupación: preocuparse por las necesidades de los demás y actuar en consecuencia.

Respecto de este último aspecto, el citado autor agrega: “Esta presencia sin agenda puede verse, sorprendentemente, en muchos vendedores de primera línea y administradores de clientes. Los expertos en estos campos no se acercan a un cliente con la decisión de hacer una venta, sino que se ven a sí mismos como una especie de consultores, cuya tarea es primero escuchar y comprender las necesidades del cliente y sólo entonces ofrecer lo que tienen para esas necesidades. Si no tienen lo que es mejor, lo dirán, o incluso tomarán el partido del cliente para presentar una queja justificada contra su propia compañía. Preferirán cultivar una relación en la que se confíe en su consejo antes que destruir su confiabilidad sólo por hacer una venta” (De “Inteligencia social”-Editorial Planeta Mexicana SA-México 2006).

Los avances de la neurociencia han permitido ubicar en un lugar preponderante, ante la opinión pública, a los procesos empáticos, lo que tarde o temprano podrá estimular mejoras en el nivel moral de la población. Jeremy Rifkin escribió: “En las ciencias biológicas y cognitivas está surgiendo una visión nueva y radical de la naturaleza humana que es motivo de discusión en los círculos intelectuales, en la comunidad financiera y en la Administración. Descubrimientos recientes en el estudio del cerebro y del desarrollo infantil nos obligan a replantear la antigua creencia de que el ser humano es agresivo, materialista, utilitarista e interesado por naturaleza. La conciencia creciente de que somos una especie esencialmente empática tiene consecuencias trascendentales para la sociedad”.

“Esta nueva forma de contemplar la naturaleza humana…revela la dramática historia del desarrollo de la empatía humana desde nuestro pasado mitológico hasta la incipiente conciencia dramatúrgica del siglo XXI, pasando por el nacimiento de las grandes civilizaciones teológicas, la era ideológica que caracterizó los siglos XVIII y XIX, y la era psicológica que ha distinguido gran parte del siglo XX” (De “La sociedad empática”-Editorial Paidós SAICF-Buenos Aires 2010).

Debido a que disponemos nuestra atención enfocándola sobre un tema a la vez, en algunos casos se encuentra cierta discordancia al priorizar la actitud emociona o bien la cognitiva. Este es el caso de los médicos, quienes, si priorizan lo emocional, pueden desatender parcialmente su concentración de especialista, mientras que si priorizan el aspecto estrictamente profesional, pueden desatender lo emocional. “Los principios morales derivan de la empatía, y las reflexiones morales requieren pensamiento y enfoque. Tal vez uno de los costos del frenético aluvión de distracciones que enfrentamos en la actualidad sea la degradación de la empatía y la compasión. Cuanto más nos distraemos, tanto menor es nuestra sintonía y nuestra afectividad”. “Cuando los recursos son escasos, la necesidad de competir por ellos puede suprimir la preocupación empática. La competencia –por el alimento, la pareja, el poder, e incluso por una consulta con el médico- es parte de la vida en casi todos los grupos sociales”.

“Los médicos demandados tienen menos cualidades para establecer una relación que contemple las emociones. El tiempo que dedican a los pacientes es más breve, no les hacen preguntas sobre sus posibles temores, no siempre responden a sus dudas y guardan mayor distancia emocional. Por ejemplo, no ríen” (De “Focus”).

También el hábito de utilizar celulares o computadoras móviles en reuniones, tiende a disminuir la empatía emocional con los presentes, siendo una tendencia que va en sentido opuesto a lo que debe realizar alguien inteligente, socialmente hablando.

1 comentario:

Maria de los Angeles Vera Romano dijo...

Buenas tardes, saludos desde Venezuela. Excelente artículo.

Me gustaría saber a detalle cuales fueron los libros que utilizó para levantar el artículo.