lunes, 12 de mayo de 2014

Pluralismo

El hombre es un ser sociable y por ello busca formar parte de diversos grupos que luego caracterizarán su personalidad, o su identidad. Al existir conflictos entre tales grupos, sus integrantes quedarán involucrados en situaciones indeseables. Incluso, bajo la consideración de los demás, a alguien se le podrán asignar ciertos atributos, o ciertas categorías sociales, sin que lo advierta o lo apruebe. En cambio, si cada hombre se sintiera prioritariamente integrante del grupo de la humanidad, como “ciudadano del mundo”, habría una tendencia a la reducción de los conflictos.

Una de las ventajas de sentirse parte de la humanidad es la de ser conscientes de la finalidad que el universo, en forma implícita, nos ha asignado, permitiéndonos ver la realidad “bajo una perspectiva de eternidad”, compartiendo algunos atributos del universo. De esa manera, habremos de guiarnos por las leyes naturales que rigen a todos los hombres y no por los criterios personales imperantes en los distintos subgrupos humanos. Nos sentiremos mejor al considerarnos “cola de león” que “cabeza de ratón”. Como la búsqueda de la “ciudadanía del mundo” no goza todavía de una masiva aceptación, debemos tratar de convivir de la mejor manera posible ante la existencia de grupos de distinta índole que forman parte de nuestra realidad cotidiana.

Se considera que existe pluralismo social cuando predomina en la sociedad una actitud respetuosa y tolerante respecto a quienes pertenecen a un sector político, religioso, cultural, étnico, etc. diferente, para evitar una posible ruptura social. Puede decirse que se trata de situaciones inestables por cuanto existen diferencias que pueden llegar a acentuarse y, a la larga, promover conflictos. La discriminación, en alguna de sus variantes, implica una débil o inexistente tolerancia.

La palabra “tolerancia” nos da la idea de una aceptación condicional de lo que previamente se ha rechazado, sólo que se ha procedido en forma civilizada priorizando los valores éticos individuales sobre las causas de los desacuerdos. Enrique del Acebo Ibáñez y Roberto J. Brie escriben al respecto: “Lo que en siglos pasados se significaba mediante el término tolerancia, sobre todo en relación con los conflictos y guerras de religión, tiende a expresarse hoy, en sentido análogo, con el término pluralismo, como posibilidad real de convivencia de individuos o grupos de diversas posiciones filosóficas, religiosas, valorativas o simplemente culturales, y su reconocimiento y legitimación desde el punto de vista social. En las sociedades occidentales se considera al pluralismo como el fundamento de la libertad individual y la condición de la democracia, y se concibe que la educación –en especial la educación política de la juventud- debe orientarse por un pluralismo fundamental”.

“La teoría política del pluralismo parte del supuesto de que el bien común se logra mediante el equilibrio de los grupos de interés y el mantenimiento de exigencias mínimas de un orden general de valores. La multiplicación de sistemas o concepciones del mundo y de sistemas de fines y valores se constituye, en las sociedades avanzadas, en un factor que puede dificultar el proceso de socialización y el logro de la propia identidad; tal situación exige una real voluntad política de convivencia” (Del “Diccionario de Sociología”-Editorial Claridad SA-Buenos Aires 2006).

El principal conflicto ideológico y político, vigente desde bastante tiempo atrás, surge del antagonismo existente entre las posturas totalitarias y democráticas. Las primeras promueven el respeto a los derechos colectivos, en desmedro de los individuales, por cuanto se supone que los intereses respectivos necesariamente han de estar en conflicto, mientras que las últimas promueven el respeto a los derechos individuales por cuanto descartan la existencia necesaria de conflictos como el mencionado, considerándolos sólo ocasionales. Mientras que el individuo es una realidad tangible, la sociedad es una idealización que nos permite resumir en una palabra la designación de un “conjunto de individuos reunidos bajo algún objetivo”. Ramón Díaz escribió:

“Hoy vemos dos nociones de la libertad que coexisten. Una proviene del pensamiento de Rousseau, y se entronca con el marxismo. Desde este punto de vista el titular de la libertad es la comunidad. Por ejemplo, si ésta elige que haya de haber una única universidad, tal decisión, con tal de haber sido democráticamente adoptada, realiza el valor de la libertad, por más que al estudiante individual lo despoje de toda elección. El otro concepto de libertad, de la libertad como derecho individual, proviene de Locke, y tiene en Hume, Adam Smith, Burke, Madison, Macaulay, Tocqueville, Acton, Ortega y Hayek sus propulsores más conspicuos” (De “Moral y Economía”-Editorial Ágora-Montevideo 1987).

Respecto a este conflicto, es conveniente tener presente la existencia de una verdad única, ya que una de las dos posturas estará más cerca de la realidad que la otra y su aplicación producirá mejores resultados que la otra. Si, por el contrario, se acepta, bajo una postura pseudo-pluralista, que existe el relativismo cognitivo y que hay tantas verdades como opiniones existan, se cae en situaciones riesgosas en caso de predominar la vigencia de posturas erróneas. Vladimir Bukovsky escribió: “Hay tres tipos de actitud ante la verdad:

a) La verdad debe ser una sola
b) La verdad está situada en un lugar intermedio entre dos juicios contradictorios
c) Hay muchas verdades, cada opinión contiene la suya

Evidentemente, cada una de estas actitudes puede resultar cierta al ser aplicada a determinadas categorías de problemas. Lo malo es que la gente educada en sistemas distintos adquiera una clara preferencia por alguna de ellas (junto a la tendencia a despreciar a las demás). Con frecuencia he observado esta diferencia al comprobar la manera de discutir en la URSS y aquí [Occidente]. En la URSS se discute toda la noche, hasta quedar roncos, tratando de convencer al contrario o de encontrar entre todos una verdad única. Aquí no hay discusiones verdaderas. Las dos partes se limitan a exponer su punto de vista, precisándolo, detallándolo, pero no discuten. Intentarán llegar a un compromiso, pero no encontrar una verdad única”.

“Es difícil decir cuál es la razón. Quizá, nosotros, al rechazar la ideología [marxista], nos quedamos inconscientemente con la actitud de dicha ideología ante la verdad, en tanto el hombre occidental, por haber sido educado en una sociedad pluralista, está acostumbrado al carácter instrumental de la verdad y a los compromisos. Claro está que lo dicho es aplicable a una persona «media» en ambos mundos, porque se pueden encontrar suficientes excepciones en cada una de las dos partes”.

“Sea como fuera, es muy fácil imaginar el resultado de la propaganda soviética en los dos casos. Puesto ante la necesidad de elegir entre los dos puntos de vista, un soviético se pondrá a «desenterrar la verdad», mientras que un occidental aceptará los dos o deducirá un término medio. En una discusión corriente la cosa no es grave. Pero, al elegir entre la información y la desinformación, nuestro pluralista occidental se quedará, como mínimo, con la mitad de las mentiras soviéticas. Goebbels, gran maestro de la propaganda, tenía buenos motivos para afirmar: «Para que una mentira sea verosímil, debe ser monstruosa». Porque al ser monstruoso su volumen, el «término medio» se desplazará hacia lo más profundo de la mentira” (De “El dolor de la libertad”-Emecé Editores SA-Buenos Aires 1983).

Es importante que existan diversas posturas sobre determinado tema de la misma manera en que resulta conveniente la existencia de distintas hipótesis sobre cierto tema científico que se desea describir. Mediante prueba y error, se dejarán de lado las hipótesis erróneas hasta que alguna se adapte mejor a la realidad. Al mencionar la existencia del error, estamos presuponiendo la existencia de la verdad única, por cuanto el error surge de una comparación efectuada entre la realidad y una descripción de la misma. Tal pluralidad de ideas y propuestas es aceptable, aunque en ámbitos del conocimiento en donde son difíciles de verificar, habrá lugar para posturas que favorecen las divisiones sociales, que son promovidas con argumentos poco confiables, o directamente erróneos. Si bien las teorías erróneas favorecen el surgimiento de otras que las han de superar, cuando se instalan en una sociedad, podrán provocar efectos nefastos que han de ser padecidos por toda la población.

De predominar la aceptación del relativismo de la verdad, se le está otorgando un lugar importante a la mentira, que necesariamente será adoptada junto a la verdad, haciéndose indistinguibles. La negligencia mental, que favorece la renuncia al trabajo de distinguir la verdad de lo que no lo es, lleva a resultados poco afortunados. El relativismo cognitivo conduce al relativismo moral y al cultural, que por lo general son aceptados o rechazados en forma conjunta. Ben Dupré escribió: “La ideología opuesta al relativismo es el absolutismo, que defiende que hay ciertos principios morales que nunca deberían violarse, y que ciertas acciones siempre están mal. Los absolutismos abundan entre las moralidades religiosas, que a su vez se sienten amenazadas por las ideas relativistas”.

“En 2005, poco antes de convertirse en el papa Benedicto XVI, el cardenal Joseph Ratzinger dio un sermón en el que expresaba su miedo a que la certeza de la fe, que «nos abre las puertas a todo lo que es bueno y nos da el conocimiento necesario para distinguir lo cierto de lo falso», estaba intentando ser sustituida por el relativismo, una creencia corrosiva en que cualquier punto de vista es tan bueno como otro, y que por tanto hace imposible llegar a alcanzar la auténtica verdad en ningún tema. Él creía que todo esto daba como resultado una «dictadura del relativismo»: una tiranía que alentaba una falsa y anárquica sensación de libertad y precipitaba una caída en el libertinaje moral y especialmente sexual”.

“A partir de la habitual y extendida opinión de que «todo es relativo», a veces se llega a inferir que «todo vale», y en décadas recientes esas palabras se han convertido en el slogan de cierto tipo de libertarismo que se sitúa contra todo tipo de fuerzas tradicionales o reacciones a la sociedad, la cultura y la religión. Sin embargo, el tipo de incoherencia que aflige al relativista tolerante rápidamente sobrepasa a estas versiones extremas del relativismo” (De “50 cosas que hay que saber sobre Ética”-Ariel-Buenos Aires 2014).

Quien está convencido de la existencia de una moral objetiva, realizará el esfuerzo necesario para adaptar sus ideas, su personalidad y sus acciones a dicha moral, mientras que el partidario del relativismo moral sólo tendrá que elegir la que convenga a su personalidad bajo el principio del menor esfuerzo.