lunes, 3 de marzo de 2014

Las tendencias políticas y el cambio

Es conveniente disponer de una descripción que considere simultáneamente las distintas tendencias políticas, y los posibles cambios que se han de producir en una nación, partiendo de una referencia concreta y que en cierta forma reemplace, o redefina, los tradicionales conceptos de izquierda, centro y derecha. Para ello hemos de considerar las dos grandes tendencias políticas, que son la democracia y el totalitarismo.

Por democracia se entiende tanto la democracia política como la económica (mercado), en las cuales se presupone tanto la responsabilidad como la libertad individual para las acciones que hacen innecesario su reemplazo por las decisiones de los políticos a cargo del Estado. Por totalitarismo se entiende la presunción de ineptitud de la ciudadanía para tomar decisiones racionales tanto como la presunción de aptitud por parte de los políticos a cargo del Estado. Podemos resumir las tendencias mencionadas:

Democracia

a) Democracia política: División de poderes, reelección prohibida o limitada, predominio de la ley sobre las individualidades
b) Democracia económica: Libertad para producir y consumir; libre intercambio en el mercado

Totalitarismo

a) Limitación o anulación de la democracia política
b) Limitación o anulación de la democracia económica

Las tendencias democráticas presuponen una similar aptitud entre personas cualesquiera sea el origen social, étnico o religioso, mientras que las tendencias totalitarias presuponen una desigualdad esencial que justificaría la realización del Estado totalitario (todo en el Estado), bajo el siguiente esquema:

1- Discriminación según el origen social: socialismo (marxismo)
2- Discriminación según el origen étnico: nacionalsocialismo (nazismo)
3- Discriminación según el origen religioso: totalitarismo teológico (Islam)

Puede decirse que los distintos totalitarismos proponen algún tipo de negación. Tal es así que desaparecerían como tendencia política si se les exigiera basarse en objetivos positivos y no discriminatorios. Jorge L. García Venturini escribió: “La izquierda surge y evoluciona como un «no» o, quizás mejor, como varios «no», frente a diversos aspectos de la realidad. En tal sentido tiene razón Sartre cuando dice que «la izquierda se define antes que nada como negatividad»”.

Aunque los diversos totalitarismos aparezcan como mutuos enemigos, comparten muchas ideas básicas, mientras que el antagonismo surge solamente como consecuencia de la lucha por el poder. El citado autor agrega: “No por casualidad el fascismo fue originariamente socialismo y el nazismo es nacional-socialismo (o socialismo nacional, como se califica en otras latitudes). Sería válido decir, para el caso, que los extremos no sólo se tocan sino que se identifican, aunque en la práctica se rompan el alma entre ellos, lo cual suele pasar entre las posiciones próximas o similares” (De “Politeia”-Editorial Troquel SA-Buenos Aires 1978).

Desde el punto de vista liberal, o democrático, se considera la proximidad ideológica de los distintos totalitarismos, por lo cual Alberto Benegas Lynch propone redefinir la antigua, y poco eficaz, calificación de izquierda, centro y derecha, identificando como “izquierda” a los distintos totalitarismos, escribiendo al respecto: “Es casi un lugar común ubicar a los fascistas y a los nazis a la derecha en el espectro político. Sin embargo, ¿es correcta dicha ubicación, dada a esos totalitarios u otros de cualquier signo? La respuesta es categóricamente negativa?”. “Los comunistas son la izquierda roja, mientras sus primos hermanos, los nazi-fascistas, son la izquierda negra, igualmente despótica y opresora, violatoria de la propiedad y la libertad de las personas. Por todo ello, quienes defendemos el orden social de la libertad y la dignidad del ser humano, consideramos sencillamente absurdo darles un lugar en la derecha del espectro político a los nazi-fascistas” (De “Ideas sobre la libertad” (47)-Centro de Estudios sobre la Libertad-Buenos Aires 1985).

Cuando podamos reemplazar un convencionalismo por una descripción objetiva, habremos hecho un gran progreso. De ahí que sea oportuno mencionar la denominada “curva J”, que permite darle cierta veracidad a la definición anterior de “izquierda”. La “curva J” consiste en un diagrama de coordenadas cartesianas en donde sus ejes son Estabilidad vs. Apertura, en el cual se grafica la trayectoria asociada a los posibles cambios políticos que ocurrirán en una nación. Si se realiza el gráfico sobre una pizarra, el eje “vertical” corresponde a la estabilidad política de un país, mientras que el eje “horizontal” corresponde a la apertura política y económica respecto de otros países. Ian Bremmer escribió: “La estabilidad tiene dos componentes cruciales: la capacidad del Estado de soportar shocks y su aptitud para evitar producirlos”. “La estabilidad fortalece a una nación para soportar turbulencia política, económica y social. Permite a una nación seguir siéndolo”.

“La apertura indica la medida en que una nación está en armonía con las corrientes cruzadas de la globalización, el proceso por el que las personas, las ideas, la información, los bienes y los servicios cruzan las fronteras internacionales a velocidad sin precedente” (De “La curva J”-Editorial El Ateneo-Buenos Aires 2007).

Puede decirse que la curva J es un trazo que representa la trayectoria que habría de recorrer un país en caso de sufrir una transición desde una débil apertura y una aceptable estabilidad (punto más alto a la izquierda) hasta una gran apertura con gran estabilidad (punto más alto a la derecha). Tal gráfica implica una J (mayúscula, sin el pequeño trazo superior), que está algo “acostada” hacia la derecha, y que admite un punto máximo a la izquierda, luego un mínimo y un máximo a la derecha, como en una “V”.

El máximo de la izquierda implica, como se dijo, un país con muy poca apertura, lo que se ha dado en llamar una sociedad cerrada, que caracteriza a los totalitarismos, siendo el caso de Cuba o el de Corea del Norte. Debido a que son estados militarizados, en donde el gobierno ejerce un estricto control sobre sus ciudadanos, admiten bastante estabilidad política, en el sentido de que no es de esperar cambios significativos en el futuro inmediato. El citado autor escribió: “La pendiente izquierda de la curva J es mucho más empinada que la derecha porque un país que es estable sólo porque se mantiene cerrado al mundo exterior puede caer en una profunda crisis muy rápidamente”.

El máximo de la derecha implica un país con mucha apertura, lo que se ha dado en llamar una sociedad abierta, típica de las democracias políticas y económicas, como es el caso de la mayor parte de los países europeos y de los EEUU. Quedan así definidas las principales tendencias políticas con el significado mejor definido de izquierda y derecha, coincidentes con la rama izquierda y con la derecha, respectivamente, de la curva J, pero esta vez como tendencias opuestas. En cuanto al centro político, puede decirse que son las tendencias que no están en ninguno de los extremos pero que miran con preponderancia a uno de ellos. Así, mientras que el centro izquierda “mira con simpatía” hacia el totalitarismo marxista, el centro derecha lo hace con el liberalismo.

La parte inferior de la curva es una zona políticamente inestable, tal el caso argentino. Roberto Cachanosky escribió: “¿En qué situación estamos con el kirchnerismo? ¿Nos movemos hacia el lado derecho de la curva J o nos desplazamos hacia el lado izquierdo? ¿Vamos en busca de mejores instituciones o hacia una creciente degradación de sus funciones? ¿Hay división de poderes o tenemos un simulacro de división? ¿Impera la libertad de expresión o los medios y periodistas son hostigados?”.

“El manejo arbitrario de los fondos públicos, la «borocotización» de la política [cambio de partido por ventajas personales] y las amenazas a los jueces que investigan casos de corrupción que involucran a funcionarios del gobierno son algunos elementos que permiten advertir la tendencia a desplazarnos hacia la izquierda de la curva J”. “Periodismo perseguido, empresarios temerosos, instituciones acosadas y acusaciones desde el atril a diestra y siniestra muestran a una Argentina que ya no lucha por lograr un largo periodo de prosperidad económica. Estamos frente a una puja más profunda, que tiene que ver con intentos firmes por llevarnos hacia el lado izquierdo de la curva J. No estamos discutiendo sobre la conveniencia de un tipo de cambio libre o fijo, o sobre si es mejor la emisión o la disciplina monetaria, los precios controlados o los fijos. Estamos en la parte baja de la curva J, en un periodo de alta inestabilidad que puede llevarnos hacia la derecha o hacia la izquierda de la curva. Es decir, hacia la libertad o hacia la servidumbre”. (De “Por qué fracasó la economía K”-Editorial El Ateneo-Buenos Aires 2009).

Algunos autores estiman que la Argentina lleva dos años de atraso respecto de la Venezuela chavista en cuanto a los “objetivos alcanzados”. Incluso algunos medios periodísticos anuncian que varios agricultores argentinos han decidido emigrar al Uruguay para realizar allí la siembra de trigo, actividad que resulta riesgosa y poco rentable bajo el kichnerismo.

Con niveles de inflación cercanos a un 40% anual, los aumentos de sueldo se están estableciendo con porcentajes inferiores, por lo que el consumo tiende a bajar. En cuanto a las exportaciones, no se espera un aumento significativo, mientras que las inversiones resultan desventajosas para quienes traigan capitales desde el exterior bajo la condición de que luego no podrán sacarlos. De ahí la opinión del citado autor, en “Hora clave” (02/03/2014 por Canal 26), que se espera una recesión, no un estancamiento, junto con inflación. Sin embargo, un 25% de los encuestados, en un estudio realizado en Buenos Aires, “apoya la gestión” kirchnerista. Evidentemente, se trata de las mismas personas que encuentran “exitosa” la gestión de Nicolás Maduro en Venezuela.