miércoles, 29 de enero de 2014

Neurosis y psicosis en política

En el ámbito de la política, podemos apreciar ciertos rasgos neuróticos en aquellos que ven todo negativo en la sociedad, mientras que muestran ciertos rasgos psicóticos cuando creen que la solución se encuentra en alguna utopía que mágicamente la restaurará en todos y cada uno de sus aspectos. Este es el típico caso del izquierdista que encuentra sólo defectos en el capitalismo y cree que el socialismo los mejorará aun cuando para su establecimiento despliegue una labor destructiva tanto hacia la sociedad “enferma” como a su cultura. Roger Caillois escribió: “Si usted cree que dos y dos son cuatro, pero que eso lo angustia, usted es un neurótico; si cree que dos y dos son cinco y le parece muy normal, entonces no es una neurosis: es una psicosis. Está delirando” (De “La Psicología en historietas” de Denis Huisman-Editorial Atlántida SA-Buenos Aires 1980).

Los problemas psíquicos pueden sintetizarse en la existencia de una diferencia apreciable entre la imagen del mundo que se forma cada individuo y el propio mundo real. Cuando la diferencia es pequeña, puede decirse que se trata de una persona normal; cuando es grande, se trata de alguien que padece algún tipo de problema mental. Alfred Adler escribió: “La curación o reorientación se lleva a cabo por una corrección de la imagen defectuosa del mundo y por la aceptación inequívoca de una imagen madura del mundo. El proceso ocurre de una manera que podemos expresar solamente por medio de términos aforísticos y frases tales como: aumento del interés social, aliento, renunciar a tratar de parecer grande, desarrollo de una mayor independencia de la opinión de los demás, etc.”.

Al tener una imagen distorsionada de la realidad, el individuo tiene poco éxito en sus intentos por adaptarse a la misma, por lo que puede surgir cierto complejo de inferioridad que luego ha de tratar de compensar mediante el complejo de superioridad. Alfred Adler escribió: “La cuestión es solamente que la imagen defectuosa del mundo del neurótico se ve tan constantemente sacudida por la realidad, que él mismo se siente amagado desde muchos lados. En consecuencia, reduce su esfera de actividad; de una manera pedante presenta siempre las mismas opiniones y las mismas actitudes que aceptó anteriormente. Con el tiempo, como un resultado del proceso de reducción, manifiesta un complejo de inferioridad con todas sus consecuencias. Entonces, para escapar a este complejo de inferioridad, y porque finalmente se ve amenazado por el problema de la muerte, construye convulsivamente un complejo de superioridad. Esto es un movimiento compensatorio”.

Entre los atributos asociados al hombre-masa, puede encontrarse la tendencia a priorizar sus derechos e ignorar sus deberes; a ser exigente con el cumplimiento de aquellos y a ser desagradecido con quienes sólo “cumplen con la obligación” de satisfacerlo. De ahí que el hombre-masa tenga características similares a las del niño mimado. El citado autor escribió: “El desaliento extremado, la duda continua, la impaciencia, la hipersensibilidad, la emoción exagerada y los fenómenos de retraimiento, las perturbaciones físicas y psíquicas que muestran señales de debilidad y necesidad de apoyo, siempre son la evidencia de que un paciente neurótico todavía no ha abandonado su estilo de vida característico del mimado, y que adquirió tempranamente. Estas cosas demuestran que un paciente dotado de un grado de actividad comparativamente pequeño, y que no posee el suficiente interés social, ha imaginado para sí un mundo en el cual él tiene el derecho de ser el primero en todo”.

“Más tarde, cuando esta situación tan favorable no prevalece para él, no está preparado para dar otra respuesta que una acusación más o menos rencorosa contra las demás gentes, contra la vida, contra sus padres. Esta limitación de su actividad a un círculo pequeño, tiene como resultado que deje sin contestar preguntas importantes, y que cuando se encara con un problema para el que no está preparado a enfrentarse, sufra un choque y responda con una reacción de choque”.

Debido a que tales individuos responden a su visión distorsionada de la realidad, antes que a la realidad misma, los líderes populistas tienden, a través del engaño, la mentira y la propaganda, a construir una especie de realidad ficticia con la que el hombre-masa se sentirá identificado. Recordemos que los hechos nos afectan, no por lo que en realidad son, sino por la forma en que los interpretamos. De ahí que los sistemas populistas, o totalitarios, podrían considerarse como procesos de neurosis colectiva inducidos por los líderes respectivos, ya que lo esencial en tales regímenes no es la adaptación del individuo al mundo real, sino el cambio de la realidad hasta que coincida con la propia visión del líder político.

“Cuando el niño mimado [o el hombre-masa], equivocado en su estilo de vida, ha construido su imagen del mundo casi como si estuviera viviendo en un sueño, ve, siente, interpreta y corresponde a cada una de sus experiencias posteriores a la luz de esta misma actitud hacia la vida. No son las experiencias como tales, no es su significado objetivo lo que entonces tiene un efecto sobre él, sino la concepción, la valoración y el significado que él da a estas experiencias: siempre interpreta las experiencias de acuerdo con su actitud ya existente y estilo de vida”.

En la Argentina existe una acentuada división entre kirchneristas y el resto, de tal manera que parecen dos naciones compartiendo un mismo territorio. El sector oficialista ha adquirido la visión del mundo propia de sus líderes, por lo cual se hace imposible todo entendimiento con quien trate de adoptar una postura cercana a la realidad. Como ejemplo podemos citar el caso de un kirchnerista que, para descalificar a un opositor, atribuye sus opiniones a haber leído el Diario Clarín, o a haber visto el canal Todo Noticias. Tal individuo olvida que, antes de la pelea de Néstor Kirchner con Clarín, todo era armonía y reinaba la paz. Cuando Kirchner “declara la guerra” al Grupo Clarín, en forma repentina sus seguidores adoptan su misma actitud mostrando un total sometimiento ideológico ante tal decisión. Por el contrario, entre quienes no son kirchneristas, existe un gran porcentaje que no es adepto ni simpatizante del grupo mencionado. De ahí que no pueda existir ninguna forma de diálogo cuando un defecto real y concreto (acatamiento de odio sectorial) es ignorado por el sometido y además es injustamente asignado a otra persona sin que exista necesariamente la actitud que se le ha endilgado.

El kirchnerista comparte el antagonismo hacia Clarín con el argumento de que se trata de un monopolio informativo; lo que es cierto. Sin embargo, acepta tranquilamente que su destrucción tenga como objetivo reemplazarlo por un monopolio estatal, con una concentración de medios informativos mucho mayor aún. En realidad, esta actitud es similar a la de todo izquierdista que, para combatir la “concentración de poder económico” bajo el capitalismo pretende “solucionarlo” con una concentración de poder económico, político, cultural, militar, etc. muchísimo mayor, tal el caso del socialismo.

También se le ha hecho creer al partidario kirchnerista que el gobierno “nacional y popular” es opositor al imperialismo de EEUU, sin advertir que, luego de algunas estatizaciones, se produjo una importante fuga de capitales privados, muchos de los cuales habrán ido hacia ese país. Incluso la propaganda oficial se refiere a la “asistencia a los pobres”, cuando en realidad el proceso inflacionario promovido desde el Estado favorece el aumento de la pobreza. Pareciera que la realidad poco importara; tal es el grado de sometimiento de un importante sector de la población.

La mentira, por la cual un individuo da un falso testimonio de la realidad, puede considerarse como un síntoma de neurosis. Es decir, produce los mismos resultados una visión distorsionada de la realidad que un falso testimonio de la misma, de ahí que surja frecuentemente la duda acerca de si los gobernantes kirchneristas creen ellos mismos las mentiras difundidas cotidianamente, o si en realidad todos tienen la misma imagen distorsionada de la realidad. Puede considerarse el proceso de la división social como la lucha entre “mapa privado contra visión común”, tal un subtitulo del citado libro de Alfred Adler. El mapa privado es la visión del sector gobernante que poco tiene en cuenta a la realidad, de ahí las contradicciones esenciales como las antes mencionadas. La visión común es la que tienen quienes adoptan como referencia la propia realidad. Respecto de quien tiene un “mapa privado”, escribe:

“Su estilo de vida y su visión del mundo son partes de un sistema integral. Ve todo con los ojos de su vanidad. Se acerca a cada situación y problema de la vida con una anticipación temerosa que le permita ver si su prestigio estará asegurado, encuentra rara vez que este es el caso, y por eso se siente impulsado a eludir los problemas de la vida. Su retraimiento se lleva a cabo por medio de sus síntomas, y los síntomas son los resultados de los efectos de choque. Ha encontrado que estos efectos de choque son útiles para obtener la liberación de una situación difícil. Entonces para él no hay incentivo para renunciar a los efectos de choque que le han servido para un fin; así es que persiste en ellos”.

En el caso kirchnerista, el fin es el poder político y económico, los choques son el estilo de confrontación permanente, mientras que la evasión a los problemas puede ejemplificarse con el tema energético, que fue descuidado hasta que se perdió el autoabastecimiento. Tampoco se reconoce el nivel de inflación o el de pobreza, algo que no debe asombrar por cuanto la neurosis política del sector gobernante resulta apreciable. Continua Adler:

“Mientras que no entienda este error, mientras que considere su mundo ficticio como el verdadero, mientras que encuentre el mundo real y objetivo insoportable para su vanidad, seguirá siendo un neurótico. Si puede abandonar su sueño de un mundo, un sueño que nació de su vanidad y que justifica su vanidad, entonces le será posible cada vez más sentirse un igual entre iguales, y rara vez menos dependiente de las opiniones de los demás. Su ánimo subirá, y el sentido común aumentará y obtendrá el control de lo que, hasta ahora, había estado bajo el predominio de su sentido privado” (De “Superioridad e interés social”-Fondo de Cultura Económica-México 1968).

“Al llegar a entender su propia visión del mundo –una visión que erigió en su niñez temprana y que le ha servido como su «mapa privado», por así decir, para hacer su camino a través de la vida –es una parte esencial del proceso de curación. Cuando alguien intenta acercar su modo de vivir a la normalidad, necesitará entender cómo ha estado viendo el mundo. Tendrá que verlo de nueva manera y cambiar su antigua visión privada para hacerla acorde con una visión común del mundo –recordando que con visión del mundo queremos decir una visión en la que los demás puedan participar. No es probable que otros compartieran su opinión privada de que en todo tiempo y en todas las situaciones él debería ocupar por derecho la posición del poder y recibir privilegios especiales”.