martes, 26 de noviembre de 2013

Lógicas múltiples y descalificaciones

Cuando el conocimiento humano estaba limitado a la religión y la filosofía, existía una tendencia a la descalificación del rival por parte de quienes, aduciendo la veracidad absoluta de sus creencias, no tenían otra forma para justificar la superioridad de sus puntos de vista. Incluso en la actualidad las distintas religiones proclaman ser las “verdaderas” por cuanto rechazan toda posible verificación científica. En la Edad Media, algunos pensadores llegaron a considerar la simultánea validez de la verdad religiosa que era diferente a la verdad filosófica. Ludovico Geymonant escribió: “Boecio de Dacia recurre a la teoría de la doble verdad con un intento evidentemente irreligioso. El reconocimiento de la verdad del dogma adquiere en sus obras un tono de homenaje formal a la autoridad eclesiástica y el efectivo interés del autor aparece con claridad dirigido a la única verdad a la que éste atribuye real importancia: la del filósofo”.

“También Santo Tomás difiere de Alberto Magno. Admite dos caminos para alcanzar la verdad: uno representado por la fe, el otro por la razón. Pero el primero es de orden sobrenatural, no está sujeto a error; el segundo, en cambio, por su naturaleza, puede llevarnos a juicios ilusorios o equivocados. Por lo tanto es necesario siempre que esto sea posible, asumir la fe como criterio de verdad de la razón. Si las conclusiones de la una coinciden con las de la otra, estamos seguros de que nuestro razonamiento ha sido exacto; si están en desacuerdo, estamos seguros de que nuestro razonamiento oculta alguna inexactitud, y por lo tanto tenemos el deber de volver a hacerlo tantas veces como sean necesarias, para lograr corregir el error cometido. A pesar de esa superioridad de la fe sobre la razón –o sea, a pesar de que la fe religiosa constituya en última instancia el juez supremo de las verdades filosóficas-, la filosofía también puede prestar preciosos servicios al conocimiento de las verdades de la fe, o sea, a la teología”.

“Además, existen zonas de verdad revelada, inaccesibles a la razón; los problemas que entran en ella no pueden ser resueltos con puras argumentaciones humanas. Frente a tales problemas la razón sólo tiene una tarea: la de reconocer su propia incompetencia” (De “Historia de la Filosofía y de la Ciencia”-Crítica-Barcelona 1998).

La descalificación del rival intelectual presenta dos etapas: primeramente se acepta la existencia de diversas verdades para, seguidamente, declarar la superioridad de una de ellas sobre las demás en caso de que no coincidan. De ahí que podamos distinguir algunos casos de polilogismo, o de lógicas múltiples, algunos vigentes en la actualidad:

a) Existiría una verdad religiosa distinta y superior a la filosófica y a la científica
b) Existiría una verdad aria distinta y superior a las de las “razas inferiores”
c) Existiría una verdad proletaria distinta y superior a la verdad burguesa

Debe mencionarse que la religión se fundamenta en la fe, la filosofía en la razón y la ciencia en la experimentación. Desde el punto de vista prevaleciente actualmente, el de la ciencia, se estima que existen distintas aproximaciones a la verdad única sin interesar su origen. Tal verdad implica la descripción que el hombre realiza respecto a algún aspecto de la realidad. Se admite, además, que la propia ciencia tiene limitaciones, al igual que la religión y la filosofía, emitiendo un “no lo sabemos” antes de dar alguna explicación superficial y, posiblemente, errónea. El Dalai Lama escribió: “Pero el budismo, por su parte, también tiene cosas que aprender de la ciencia. Con frecuencia he dicho que, si la ciencia demuestra hechos que contradicen la visión budista, deberíamos modificar ésta en consecuencia. No olvidemos que el budismo debe adoptar siempre la visión que más se ajuste a los hechos y que, si la investigación demuestra razonablemente una determinada hipótesis, no deberíamos perder tiempo tratando de refutarla. Pero es necesario establecer una clara distinción entre lo que la ciencia ha demostrado de manera fehaciente que no existe (en cuyo caso deberemos aceptarlo como inexistente) y lo que la ciencia no puede llegar a demostrar” (De “Emociones destructivas” de Daniel Coleman-Ediciones B Argentina SA-Buenos Aires 2003).

En cuanto a los polilogismos de origen totalitario, Ludwig von Mises escribió: “Los economistas habían plenamente demostrado la inanidad e ilusoria condición de las utopías socialistas. Las deficiencias de la economía clásica impidieron a aquellos investigadores evidenciar por qué resultaban impracticables los planes socialistas; ello no obstante, la ilustración de dichos pensadores era más que suficiente para demostrar la inutilidad de todos sus contemporáneos programas socialistas. El comunismo hallábase fuera de combate. Los autores socialistas no sabían cómo replicar a la implacable crítica que se les hacía, ni aducir argumento alguno en defensa propia”.

“Un solo camino de salvación quedaba franco. Era preciso difamar la lógica y la razón, suplantando el raciocinio por la intuición mística. Tal fue la empresa reservada a Karl Marx”. “La razón humana –arguyó- es, por naturaleza, incapaz de hallar la verdad. La estructura lógica de la mente varía según las diferentes clases sociales. No existe una lógica universalmente válida. La mente sólo produce «ideologías»; es decir, con arreglo a la terminología marxista, conjuntos de ideas destinados a disimular y enmascarar los ruines intereses de la propia clase social del pensador. De ahí que la mentalidad «burguesa» no puede interesar al proletariado, esa nueva clase social que abolirá todas las clases sociales y convertirá la Tierra en un auténtico edén”.

“La lógica proletaria, sin embargo, en modo alguno puede ser tachada de lógica de clase”. “Es más, en virtud de específico privilegio, la mente de ciertos escogidos burgueses no está manchada por el pecado original de su origen burgués. Ni K. Marx, hijo de un pudiente abogado, casado con la hija de un junker prusiano, ni tampoco su colaborador F. Engels, rico fabricante textil, jamás creyeron podía afectarles a ellos la aludida condenación, atribuyéndose, por el contrario, pese a su origen burgués, plena capacidad para descubrir la verdad absoluta”. “El pensamiento abstracto es independiente de los deseos del que piensa y de los fines a que aspira. Esta independencia es la que le confiere valor al pensamiento. Los deseos y los fines gobiernan la acción, no el pensamiento puro. Si se estima que la economía ejerce influencia sobre el pensamiento, se invierte el orden de los factores. La economía, como acción racional, depende del pensamiento, no el pensamiento de la economía” (De “La Acción Humana”-Editorial Sopec SA-Madrid 1968).

Debe recordarse que el marxismo fue una construcción filosófica, si bien se ha pretendido hacerla pasar por una postura científica. Toda postura científica, justamente, considera la validez de un enunciado en función de su correlación con la realidad, en forma independiente del origen social o racial de su autor. Una parte importante del pensamiento marxista fue realizada para encubrir sus propios errores previos, surgiendo contradicciones que a la vez sirven para defender la ideología de posibles ataques. Así, si un autor expresa una opinión afirmativa en un escrito y la opinión negativa en otro, sus defensores pueden rebatir eficazmente cualquier tipo de ataque que se le pueda dirigir aduciendo la existencia de la expresión opuesta a la atacada. Ludwig von Mises escribió:

“El materialismo histórico expone la doctrina de la dependencia en que se halla el pensamiento con relación a las condiciones sociales, bajo dos formas, que en el fondo son contradictorias. Conforme a una de ellas, el pensamiento estaría determinado simplemente y de manera inmediata por el medio económico y por el régimen de la producción en que viven los hombres”. “En la concepción marxista, las condiciones de producción se presentan como datos completamente independientes del pensamiento humano. «Corresponden» en cada momento «a una etapa determinada de la evolución» de las «fuerzas productoras materiales» o, en otros términos, «a cierta etapa de la evolución de los medios de producción y de cambio». De la fuerza productora, de los medios de trabajo, «resulta» un orden social determinado. La tecnología revela la posición activa del hombre con relación a la naturaleza, el proceso productivo inmediato de su vida y por ende también «sus condiciones de existencia y las ideas intelectuales que de ella dimanan»”.

Esto implica que el desarrollo de la humanidad no debe contemplarse, según el marxismo, como una evolución biológica seguida por una evolución cultural, sino que debería considerarse como una “historia de la tecnología y de la economía”, no producida por el hombre, sino determinante del hombre en cuanto a sus ideas y a su comportamiento. Por otra parte, se aduce que lo que determina su pensamiento son “los intereses de la clase social”. El ataque de Marx a la economía clásica se formaliza considerándola como una ideología realizada para favorecer los intereses de la burguesía; en contra del proletariado. Ludwig von Mises escribe al respecto: “La mejor refutación a este concepto es el hecho de que la doctrina económica de Marx no es otra cosa que un producto de la escuela de David Ricardo. Toma de ella todos sus elementos esenciales, en particular el principio metodológico que separa la teoría de la política y la exclusión del punto de vista ético. El sistema de la economía política clásica ha sido puesto para defender el capitalismo a la vez que para combatirlo, para predicar el socialismo a la vez que para condenarlo” (De “El Socialismo”-Editorial Hermes SA-México 1961).

Incluso la división entre “ciencia proletaria” y “ciencia burguesa” llegó hasta la biología, en pleno siglo XX, tal el caso del biólogo soviético Lisenko cuya genética, incompatible con la establecida por Gregor Mendel, fue aceptada en la URSS por cuestiones ideológicas aunque rechazada por la propia naturaleza.

En cuanto a la prédica marxista, que considera el trabajo del obrero, o del empleado, como el principal factor de la producción, se advierte la negación de otros factores más importantes, como el capital y la información o conocimiento especializado. Ludwig von Mises escribió:

“En la grande y mediana explotación capitalista el trabajador ignora los vínculos espirituales que unen a las diferentes partes de la producción para hacer de ellas un conjunto económico provisto de sentido. Su horizonte como trabajador y productor no va más allá de la tarea particular que le incumbe. Se considera como el único miembro productor de la sociedad humana y ve en todos aquellos que no están sobre las máquinas, como él, o que no acarrean fardos, a simples parásitos, ya sea que se trate del empresario o aun del ingeniero. El empleado bancario cree que solamente él tiene actividad productiva en el banco, que las ganancias que obtiene la empresa son obra suya y que el director, que realiza los negocios, no es sino un perezoso inútil, quien sin perjuicio podría ser sustituido por un individuo cualquiera. Por razón de su mismo cargo el trabajador no puede apreciar las cosas en su conjunto y en sus verdaderas relaciones”. “A este hombre que ignora todo lo concerniente a la economía es a quien la ideología socialista dice: «¡Trabajador! ¡De pie! ¡De pie! Reconoce tu fuerza. Todas las máquinas se inmovilizan si tu poderoso brazo lo desea»”.