martes, 15 de octubre de 2013

Indices de inflación y de producción

Para obtener información, tanto de la inflación como de la producción, el Estado se basa en datos extraídos de las facturaciones realizadas a lo largo de un año como consecuencia de los intercambios en el mercado. En el caso argentino actual, se sabe que el índice de inflación oficial proviene de una grosera adulteración de las estadísticas realizadas, algo que todo habitante puede comprobar fácilmente. Sin embargo, como indican algunos economistas, al reducir “artificialmente” la inflación, se eleva también “artificialmente” la producción, que se mide mediante el PBI (producto bruto interno). Podemos apreciar la situación mediante un ejemplo numérico:

En un año se venden 100 unidades de cierta mercadería a $ 10 por unidad. Monto: $ 1.000

En el año siguiente, se venden 100 unidades de la misma mercadería a $ 12 por unidad. Monto: $ 1.200

Ello implica que no hubo aumento de la producción por cuanto se vendió, y se produjo, la misma cantidad de unidades en ambos años. El aumento del precio fue del 20%. Entonces:

Inflación anual: 20%
Incremento del PBI: 0 %

Sin embargo, el Estado enuncia los siguientes datos falsos:

Inflación anual: 5%
Incremento del PBI: 14,28 %

Como la inflación “artificial” se fijó en el 5%, se supone que el precio aumentó de $ 10 a $ 10,50. De ahí que las 100 unidades vendidas en el segundo año implicarían un monto de 100 x $ 10,50 = $ 1.050. Pero, como la facturación fue de $ 1.200 pesos, debe “ajustarse” la cantidad de unidades vendidas para llegar desde los $ 1.050 hasta los $ 1.200, es decir, hay que justificar, con producción ficticia, la diferencia de $ 150

Luego, el supuesto incremento de unidades vendidas será: $ 150 / $ 10,50 = 14,28 unidades (se supone, para simplificar, que las unidades son fraccionables). Entonces, en lugar de enunciar un cambio real nulo de la producción, se enuncia un incremento ficticio de 14,28 unidades, lo que implica un 14,28% de aumento anual de la producción, en el rubro considerado. De ahí que, en la Argentina kirchnerista, en lugar del publicitado aumento del PBI a tasas chinas, podemos hablar también del aumento del PBI como un cuento chino. Aun si algo de verdad hubiese en ese crecimiento, recordemos que los países crecen en función del crecimiento del capital invertido per capita, y no por el consumo.

En realidad, cuando se trata de tergiversar resultados estadísticos, el funcionario actuante no se molestará demasiado en hacer cálculos, sino que anotará los números finales que crea convenientes para la finalidad buscada.

Debido a que circulaba el rumor de que tal manipulación del índice de inflación se hacía para pagar menores ajustes a los bonos emitidos por el Estado, ajustados por inflación, un sector importante de la población justificó tal manipulación de las variables macroeconómicas suponiendo que ello tenía como finalidad estafar a los sectores adinerados. Sin embargo, resulta que también se emitieron bonos que se ajustan en función del aumento del PBI, por lo cual el Estado deberá pagar montos bastante importantes debido a la tergiversación de la variable respectiva.

Al estar los bonos, ajustables por inflación, mal ajustados, se perjudica principalmente al organismo de jubilaciones y pensiones (ANSES), mientras que los bonos ajustados por el PBI, al estar mal ajustados, beneficia a distintos inversores privados, por lo cual surge el interrogante acerca de porqué quienes dirigen al Estado han decidido perjudicar a unos y beneficiar a otros, abriendo sospechas respecto de los beneficiados, quienes podrían tener algún vínculo con el gobierno, o bien tal decisión sólo se debió a la habitual incapacidad para la gestión estatal.

La otra explicación consiste simplemente en que, al ser prioritario para el kirchnerismo la continuidad y la ampliación del poder, enuncian una baja inflación y un elevado aumento del PBI para acrecentar el apoyo de los votantes en futuras elecciones. Incluso resultó llamativo que algunos economistas extranjeros elogiaran el “modelo económico”, que lleva varios años con más del 20% anual de inflación, lo que se debe, seguramente, a que ni siquiera se les habrá pasado por la mente imaginar que las propias autoridades de una nación procederían a tergiversar groseramente los índices macroeconómicos. Además, una baja inflación y un aceptable aumento del PBI implicarán una reducida pobreza, algo que contrasta notablemente con el estimado 26% de la población bajo esa condición.

Otras de las consecuencias de la manipulación de variables, esta vez asociada al presupuesto nacional para el 2014, es que ubicarían para la fecha de entrada del próximo gobierno, en el 2015, una especie de bomba de tiempo consistente en un vencimiento de unos 4.000 millones de dólares adicionales que el Estado debería pagar a los poseedores de bonos ajustados por el PBI. Como el gobierno entrante no habrá tenido la oportunidad ni la posibilidad de tomar los recaudos a tiempo, se verá de entrada en apuros, por lo que pareciera ser una estrategia de las actuales autoridades para desprestigiar la próxima gestión de gobierno. Ello se debe a que suponen una probable derrota electoral.

Como la mayor parte del pueblo, del periodismo y de la intelectualidad analiza los hechos teniendo presente el corto plazo, incluso sólo el momento presente, el plan puede resultar efectivo. Incluso tales sectores critican severamente a la década de los 90, cuando se produjo la etapa de tecnificación del sector agrario, siendo el capital productivo que impide un mayor deterioro económico, actitud que resulta compatible con el apoyo a la tendencia kirchnerista de favorecer el consumo y desalentar a la inversión.