sábado, 26 de octubre de 2013

El ideal comunista

La falta de entendimiento existente entre dos personas, puede deberse a que sus afirmaciones surgen de distintas perspectivas desde donde observan una misma realidad, por lo que resulta posible que, con el tiempo, ambas posturas se acerquen. Sin embargo, cuando alguna de ellas, o ambas, no concuerdan con la realidad, la imposibilidad de entendimiento se prolonga indefinidamente, como ocurre entre liberales y socialistas. Respecto de estos últimos, pueden señalarse los siguientes aspectos que malogran cualquier entendimiento posible:

a) Utilización de palabras cuyos significados son diferentes y hasta opuestos al original
b) Manifiesta deshonestidad al intentar falsear la realidad a través de la mentira
c) Creencia fanática y actitud cerrada en cuanto a la validez de la ideología aceptada

La tergiversación de los significados de las palabras ha sido una táctica habitual de los sectores totalitarios. Friedrich Hayek escribió: “El camino más eficaz para que las gentes acepten unos valores a los que deben servir, consiste en persuadirlas de que son realmente los que ellas, o al menos los mejores individuos entre ellas, han sostenido siempre, pero que hasta ahora no reconocieron o entendieron rectamente. Se fuerza a las gentes a transferir su devoción de los viejos dioses a los nuevos so pretexto de que los nuevos dioses son en realidad los que su sano instinto les había revelado siempre, pero que hasta entonces solo confusamente habían entrevisto. Y la más eficiente técnica para esta finalidad consiste en usar las viejas palabras, pero cambiar su significado. Pocos trazos de los regímenes totalitarios son a la vez tan perturbadores para el observador superficial y tan característico de todo un clima intelectual como la perversión completa del lenguaje, el cambio del significado de las palabras con las que se expresan los ideales de los nuevos regímenes” (De “Camino de servidumbre”-Alianza Editorial SA-Madrid 1978).

En cuanto al segundo aspecto, podemos mencionar un encuentro imaginario entre un liberal y un marxista; cuando el primero critica a la muralla de Berlín, es posible que el marxista responda que “fue realizada para evitar que los foráneos entraran a perturbar la sociedad comunista”. Luego, si uno le recuerda que fueron varias las decenas, o los cientos, de individuos que perdieron sus vidas tratando de escapar de tal sociedad, posiblemente dirá que “se trataba de personas que tenían una equivocada mentalidad, de tipo capitalista” y que no alcanzaron los esfuerzos hechos por el socialismo para corregir tal error. Seguramente el interlocutor saldrá indignado de la conversación, por lo cual puede sugerirse un criterio general: no trate nunca de convencer a un marxista acerca de las debilidades o defectos del socialismo, sino que debe tratar de informar a quienes todavía no lo son para evitar que sean engañados.

Respecto al tercer aspecto, deben considerarse las creencias básicas del comunista para intentar entender su conducta. Un interesante planteo al respecto fue realizado por Fred Schwarz, quien escribió: “Dice el comunismo que cada característica y actitud de la personalidad humana sale del cerebro. El cerebro está formado por la acumulación de las experiencias en forma de reflejos condicionados. Estas experiencias son fruto del ambiente, en el cual predomina lo económico. Lo que pensamos, sentimos, creemos, amamos y adoramos refleja meramente nuestro ambiente económico”.

“Una vez aceptado esto, se deduce que si usted puede controlar el ambiente económico completamente, puede también engendrar una mente y carácter que desee. De esta manera el comunismo se convierte en un programa para la regeneración científica y material”. “Este programa de regeneración abre una vista maravillosa ante la mente humana. Los comunistas rusos se atribuyen ya el haber regenerado con éxito a mucha gente. Han publicado un libro que se titula «Gentes regeneradas». Proclaman en él que producirán seres perfectos con cuerpos, mentes y caracteres perfectos, que vivirán entre sí en perfecta felicidad”.

“El primer paso del programa es afrontar las necesidades científicas con realismo. El ambiente actual es capitalista y maligno, produce caracteres degenerados, criminales y llenos de vicios. Si sigue este ambiente, no podremos cambiar la naturaleza humana. Tratar de convencer a la gente de que mejore, mientras sigan viviendo en un ambiente que los obliga a ser como son, es una estupidez”. “Si vamos a cambiar al hombre, tenemos que arrancarlo de este ambiente capitalista. Para hacerlo, el comunismo tiene que conquistar el mundo y aniquilar el ambiente capitalista. El capitalismo será reemplazado entonces por el socialismo, que no descansa en las utilidades, en la avaricia y el egoísmo sino en el servicio, la cooperación y otras cualidades”.

Se advierte que la acción esencial del comunismo, implica tanto la construcción de un nuevo orden social como la destrucción del sistema capitalista. El citado autor agrega: “¿Qué cosa es el marxismo-leninismo? Desnudándolo hasta dejarlo en su pura esencia, el marxismo es la doctrina de la universalidad de la lucha de clases y el leninismo es la doctrina del papel histórico que juega el partido comunista para consumar la lucha universal de clases en la victoria mundial del comunismo. La doctrina básica del marxismo-leninismo dice que existe un estado de guerra y que el partido comunista ha sido creado para ganar esta guerra. La guerra fue descubierta originalmente, no declarada, por Karl Marx. Se desarrolla entre dos clases sociales que él llamó el proletariado y la burguesía. La burguesía es la clase de los propietarios, la clase que posee los medios de producción. El proletariado fue definido por él como la clase de los jornaleros. Entre estas dos clases, Marx reclamó el mérito de haber descubierto un estado de guerra. La burguesía desea utilidades; el proletariado desea salarios elevados. Si suben los salarios, disminuyen las utilidades. Si suben las utilidades, bajan los salarios. De este modo hay un conflicto fundamental entre estas dos clases. A este conflicto le llamó Marx la lucha de clases”.

“Marx enseñaba que la burguesía es la clase que compone la sociedad capitalista. Ha creado al Estado como un instrumento para oprimir y explotar al proletariado. En reacción, el proletariado crea al partido comunista para hacer la guerra contra el Estado. De este modo la guerra de clases se manifiesta en sí como una guerra entre el partido comunista y el Estado. Mediante el proceso histórico, el partido comunista ha ascendido al poder en Rusia, China y Europa Oriental. La burguesía sigue en el poder en los EEUU y sus aliados. De este modo la lucha de clases se ha transferido del plano nacional al internacional. La doctrina fundamental del marxismo, por lo tanto, es que Rusia y los EEUU están en guerra; que China y los EEUU están en guerra, no que ellos pudieran estar en guerra; ni tampoco que ellos podrían estar en guerra; ni que ellos van a estar en guerra; sino que están en guerra. Esta guerra está declarada históricamente; es universal; abarca todos los aspectos de la sociedad; no puede darse en ella un vestigio de tregua. Los comunistas no la escogieron; la han reconocido simplemente. Su deber es continuar la guerra hasta la victoria total y completa”.

Si bien la etapa de la Guerra Fría ya finalizó, la actitud beligerante de muchos marxistas continúa como si nada hubiese cambiado. El citado autor prosigue: “Las armas de esta guerra no son meramente los clásicos cañones, tanques, bombas y aviones. Las armas son universales. La educación es un arma; el idioma es un arma; el comercio es un arma; la diplomacia es un arma; la religión es un arma; el intercambio cultural es un arma. Los comunistas consideran cada acto y juzgan cada situación como parte de la lucha de clases”.

Puede decirse que el marxismo es una ideología que actúa sobre la sociedad como una enfermedad inducida colectivamente. No ayuda al individuo a ver mejor la realidad, sino que lo aleja de ella; tanto intelectual como afectivamente. De ahí que no debe generalizarse la presunción de que la gente mala adopta el marxismo, ya que también es posible que en las buenas personas, al adoptar el marxismo, surjan los peores aspectos de su personalidad. En cuanto al significado que dan los marxistas a la paz, Fred Schwarz escribió:

“Como los comunistas están en guerra, desean la paz naturalmente. Siempre que usted se encuentre con un comunista, topará con un amante de la paz”. “La mayoría de la gente, viendo las preparaciones militares de los comunistas, advirtiendo el enorme porcentaje de su presupuesto dedicado a objetivos militares, observando su modo brutal y sin miramientos de reprimir cualquier intento de sus naciones cautivas para librarse, clasifican a los comunistas de hipócritas redomados. Lo cual está muy lejos de ser la verdad. Los comunistas no son hipócritas. Están sincera y genuinamente dedicados a la paz” (De “Usted puede confiar en los comunistas”-Prentice Hall Inc.-EEUU 1957).

"¿Cuál es la paz que ellos desean? Durante la guerra contra Japón, la mayoría de los norteamericanos deseaba sin duda la paz. La paz era el pensamiento que confortaba a las madres cuyos hijos peligraban en distantes campos de batalla; paz era la palabra que sostenía a las esposas, solas y ansiosas sin sus maridos; paz era el objetivo que hacía trabajar a los soldados que sabían del tedio, la soledad y el peligro de la guerra. Si se les hubiese pedido que definiesen qué era la paz, la hubieran descrito sin duda como la terminación de las hostilidades mediante la derrota del enemigo por los Aliados. Bajo ninguna circunstancia se habría entendido por paz una victoria de los japoneses. Para el pueblo americano la paz significaba solo una cosa: su victoria. Los comunistas creen que están en guerra. Desean «la paz» con todo su corazón. Pero para ellos la paz es aquella consumación dorada que tendrá lugar cuando la fuerza progresiva del comunismo aplaste totalmente el imperialismo norteamericano y culmine en la conquista comunista del mundo”.

“Cuando los ejércitos de la China comunista rodearon a los tibetanos, arrebatándoles sus tierras y alimentos, provocándolos a hacer una revuelta frenética y desesperada, matándolos después en masa, ellos estaban consumando la paz. Cuando Kruschev ordenó a los tanques rusos marchar sobre Budapest y disparar contra las casas de departamentos, reduciéndolas a escombros y enterrando dentro a hombres, mujeres y niños, en su corazón tenia una canción de paz”.

“No son hipócritas los comunistas. Sufren delusiones paranoicas de intensa sinceridad. Tan embebidos se encuentran en el espejismo del marxismo-leninismo, que se hallan fuera del radio de acción del argumento y de la convicción racionales. Todos los fenómenos que observan, son interpretados por ellos dentro de la estructura de sus conclusiones preconcebidas. Si fueran hipócritas, sería mucho más fácil tratar con ellos. Usted puede hacer un trato con un hipócrita; usted puede asustar a un hipócrita. Cuando usted trata con paranoicos de esquemas delusionales altamente organizados, el único recurso de usted es conocer y entender estos esquemas y tomar las medidas adecuadas para protegerse a sí mismo contra la conducta que se deriva de dichas delusiones”.