viernes, 1 de febrero de 2013

La división social desde lo moral

Por lo general se afirma que las diferencias irreconciliables entre sectores totalitarios y democráticos se deben a una cuestión de ideas, aunque, en realidad, se debe a una cuestión de moral, ya que las ideologías llevan implícitos fundamentos que respetan, o no, las normas éticas elementales. Es por ello que podemos renunciar a una idea si encontramos en ella algún error, pero resulta más difícil renunciar a una escala de valores personales que nos lleva a un comportamiento social que resulta ser una expresión de nuestra propia personalidad.

En el caso argentino, la división social que ha impuesto el kirchnerismo parece mantener una continuidad con la división creada por el peronismo desde mediados del siglo pasado. Puede observarse fácilmente que, tanto entre los adeptos al kirchnerismo, como al peronismo, se encuentran personas identificadas con la clase baja, media y alta, económicamente hablando, mientras que algo similar ocurre con el sector democrático, que rechaza drásticamente a tales movimientos. De ahí que el antagonismo emergente es esencialmente de orden moral. Respecto de los “dos países” que surgen desde la aparición del peronismo, Maria Zaldívar escribió:

“Desde entonces venimos poblando esos dos países con dos tipos de ciudadanos distintos pero ambos sin compromisos mutuos ni recíprocos cuya única coincidencia es el territorio que comparten. El proyecto de nación se extingue en la frontera, constituida tan sólo en accidente geográfico pues los habitantes que contiene aspiran a sociedades distintas, persiguen objetivos distintos y distintos son los valores que inspiran a unos y otros, los que alientan el esfuerzo personal, la capacitación y el respeto, y los otros, que se inclinan por el asistencialismo gubernamental. Por eso, cada año que pasa, menos se reconoce un grupo en el otro y mayores son sus discrepancias”.

Mientras que los dirigentes totalitarios requieren de algún enemigo, real o imaginario, al que se pueda invocar permanentemente, ocurre algo muy distinto en los sectores democráticos, ya que por lo general se restringen a buscar soluciones a los problemas que aquejan a la sociedad. Es un caso similar al del ámbito del fútbol, en donde encontramos grupos que se apasionan descargando sus emociones negativas en un rival, mientras que otros sectores acuden a las canchas para participar de un espectáculo deportivo, exclusivamente.

Hace algunos años, una emisora de televisión ubicó una cámara y un micrófono abiertos para que los hinchas expresaran lo que sentían después del partido. Como siempre, los adherentes al equipo perdedor pocas ganas tenían de hacer declaraciones, mientras que la mayor parte de los que hablaban eufóricos por el triunfo coincidían en emitir burlas, difamaciones, degradaciones, insultos y todo tipo de expresiones agresivas hacia el rival derrotado deportivamente. Esta actitud se parece bastante a la mostrada por los sectores totalitarios, cuyas consignas dejarían de tener sentido si desapareciera el rival, o el enemigo político. Podemos mostrar, como ejemplo de actitud hostil hacia el “enemigo”, a una serie de expresiones públicas emitidas por Juan D. Perón:

“El día que se lancen a colgar, yo estaré del lado de los que cuelgan” (2-8-46)
“Entregaré unos metros de piola a cada descamisado y veremos quien cuelga a quien” (13-8-46)
“A mí me van a matar peleando” (13-8-46)
“Con un fusil o con un cuchillo, a matar al que se encuentre” (24-6-47)
“Esa paz tengo que imponerla yo a la fuerza” (23-8-47)
“Levantaremos horcas en todo el país para colgar a los opositores” (8-9-47)
“Vamos a salir a la calle de una sola vez para que no vuelvan nunca más ellos ni los hijos de ellos” (8-6-51)
“Distribuiremos alambre de enfardar para colgar a nuestros enemigos” (31-8-51)
“Para el caso de un atentado al presidente de la Nación….hay que contestar con miles de atentados” (Plan político Año 1952)
“Se lo deja cesante y se lo exonera…por la simple causa de ser un hombre que no comparte las ideas del gobierno; eso es suficiente” (3era. Conferencia de Gobernadores, pág. 177).
“Vamos a tener que volver a la época de andar con alambre de fardo en el bolsillo” (16-4-53, horas antes del incendio de la Casa del Pueblo, la Casa Radical, la sede del Partido Demócrata Nacional y el Jockey Club)
“Leña…leña….Eso de la leña que ustedes aconsejan, ¿por qué no empiezan ustedes a darla?” (16-4-53)
“Hay que buscar a esos agentes y donde se encuentren colgarlos de un árbol” (16-4-53)
“Compañeros: cuando haya que quemar, voy a salir yo a la cabeza de ustedes a quemar. Pero entonces, si eso fuera necesario, la historia recordará la más grande hoguera que haya encendido la humanidad hasta nuestros días. Los que creen que nos cansaremos se equivocan. Nosotros tenemos cuerda para cien años” (7-5-53)
“A unos se los conduce con la persuasión y el ejemplo; a otros con la policía” (15/5/53)
“Aquel que en cualquier lugar intente alterar el orden contra las autoridades….puede ser muerto por cualquier argentino. Esta conducta que ha de seguir todo peronista no solamente va dirigida contra los que ejecutan, sino también contra los que conspiren o inciten” (31-8-55)
“Y cuando uno de los nuestros caigan, caerán cinco de ellos” (31-8-55)
“Que sepan que esta lucha que iniciamos no ha de terminar hasta que no los hayamos aniquilado y aplastado” (31-8-55)
“Nuestra nación necesita paz y tranquilidad….y eso lo hemos de conseguir persuadiendo, y si no a palos” (31-8-55)
“Veremos si con esta demostración nuestros adversarios y nuestros enemigos comprenden. Si no lo hacen, ¡pobres de ellos!” (31-8-55)
“Yo pido al pueblo que sea él también un custodio del orden. Si cree que lo puede hacer, que tome las medidas más violentas contra los alteradores del orden” (31-8-55)
“¡Al enemigo, ni justicia!” (Memorando para el Dr. Subiza)
“¡Ahh…si yo hubiese previsto lo que iba a pasar…entonces sí: hubiera fusilado al medio millón, o a un millón, si era necesario. Tal vez ahora eso se produzca” (9-5-70)
“Si yo tuviera 50 años menos, no sería incomprensible que anduviera ahora colocando bombas o tomando la justicia por mi propia mano” (30-12-72) (Extractos del Diario “La Nación”, Domingo 4 de Marzo de 1973, página 11)
En cuanto al asesino serial conocido como el Che Guevara (216 asesinatos con su propia arma, ninguno en combate); Perón expresó: “Hoy ha caído en la lucha, como un héroe, la figura joven más extraordinaria que ha dado la revolución en Latinoamérica; ha muerto el comandante Ernesto Che Guevara” (24-10-67) (Citado en “Peronismo demoliciones”-Maria Zaldívar-Edivérn-Buenos Aires 2010).

El prestigioso político británico Winston Churchill expresó: “Perón es el único soldado que ha quemado su bandera y el único católico que ha quemado sus iglesias”. Recordemos que por esos hechos, y otros aún más graves, fue excomulgado por el Papa y fue expulsado del Ejército Argentino por una Junta de Generales. Que haya incendiado una bandera o haya promovido la quema de iglesias, resulta ser una acción consecuente con varios de sus discursos, por lo cual tales decisiones no deben extrañar demasiado.

Puede sintetizarse el paso del desarrollo al subdesarrollo, como una tendencia argentina a imitar a los países menos exitosos, a reeditar las peores épocas del país y a elegir a los peores gobernantes posibles. Maria Zaldívar escribió: “¿Qué le habrá pasado a la sociedad argentina? Entró en el siglo XIX teniendo a Europa de modelo; inició el XX incorporando experiencias y hasta instituciones de los Estados Unidos, un adelantado en la defensa de la libertad, y se asomó al siglo XXI emulando a la Venezuela del dictador Hugo Chávez”, mientras que en el prólogo del mencionado libro, Álvaro Vargas Llosa escribió: “Los argentinos pagaron un precio horrendo por haber irrespetado las ideas e instituciones que alguna vez hicieron de ellos la vanguardia cultural de América. En tal virtud, su rebelión contra la civilización que parecían haber alcanzado de forma definitiva fue un acto no de iconoclasia –de herejía saludable y modernizadora- sino de idiotez. El resultado es eso que vemos a diario: un país autodestructivo que en lugar de inventar la riqueza la dilapida, que en vez de ir en pos del éxito abraza la derrota con orgullo provinciano, que ha elegido como modelo a los peores de la clase”.

Otros de los rasgos distintivos de la actitud totalitaria es la búsqueda permanente de venganza; una de las razones por la que, desde el Poder Ejecutivo, se busca someter a los otros poderes del Estado. La citada autora escribió: “En 1951 [Perón] estableció la ley del «estado de guerra interno» con lo cual la competencia de la justicia militar alcanzó a la población civil. Decenas de años después, Néstor Kirchner haría exactamente lo mismo pero de signo contrario: aplicaría la legislación ordinaria para juzgar delitos de competencia militar. La trampa, en ambos casos, estuvo en arrancar a los perseguidos políticos de turno del ámbito de sus jueces naturales y hacerlos comparecer frente a la justicia adicta y bajo una legislación que, a priori, los condenara. A los civiles, Perón les aplicó la justicia militar y Kirchner hizo al revés con los militares”.

Los países guiados por el populismo adoptan por lo general estrategias de tipo económico un tanto similares a las que podemos encontrar en algunas familias destinadas, por sus propias decisiones, a vivir en la pobreza de una manera u otra, tal el caso de quienes descuidan lo que tienen, no piensan en el futuro y gastan todo lo posible en el presente. Este parece ser el caso del kirchnerismo, ya que ha descuidado lo que viene del pasado, dejando sin efecto todo gasto de mantenimiento (los barcos militares se hunden, los trenes de pasajeros no frenan, etc.). También ha descuidado el futuro desalentando las inversiones (pérdida del autoabastecimiento energético, fuga de capitales ante el temor a las expropiaciones, etc.), mientras que ha potenciado el consumo en el presente, incluso a través de los “billetes para todos” que se imprimen en grandes cantidades y que, por ello, son la causa principal de la inflación.