viernes, 4 de enero de 2013

Un país anacrónico

Cuando los gobernantes de un país son incapaces de vislumbrar la tendencia que en el mundo predominará en el futuro, o cuando no saben reconocer sus propios errores, se transitará por caminos diferentes a los que se hubiera seguido en caso de haber acertado a las perspectivas futuras o de haber podido enmendar los equívocos cometidos; tal parece ser el caso de la Argentina, país en donde se persigue lo que en la mayor parte del mundo se descarta, en una época determinada. De ahí el concepto de “anacronismo”: “1-Error que consiste en suponer acaecido un hecho antes o después del tiempo en que sucedió, y por extensión, incongruencia que resulta de presentar algo como propio de una época a la que no corresponde. 2-Cosa pasada de moda” (Del “Diccionario de la Lengua Española”-Ediciones Castell-Madrid 1988).

Entre las equivocadas decisiones adoptadas, podemos mencionar la orientación del país hacia el fascismo y el nazismo, desde épocas previas, y posteriores, a la Segunda Guerra Mundial. Tal fue la esencia del peronismo; ideología que aún sigue vigente por cuanto no se reconocen sus graves desaciertos del pasado. Roberto Azaretto escribió: “La verdad es que mientras el ejército aliado completaba la conquista de Sicilia y se aprestaba a invadir la península italiana, y el ejército soviético venía avanzando todos los días, desde febrero de ese año, rumbo a la frontera alemana luego de la rendición de los ejércitos de Von Paulus en Stalingrado, los oficiales superiores de nuestro ejército seguían confiando en el triunfo de los ejércitos nazi-fascistas. Incluso días después del desembarco en Normandía, en junio de 1944, se enseñaba en la Escuela Superior de Guerra cómo serían derrotadas las fuerzas de Eisenhower. Ante un error de esa magnitud, muchas de las cosas que se han dicho sobre medidas desacertadas tomadas después pierden relevancia”.

“Como hay que disimular ante el cambio de la situación mundial, los golpistas pro nazis de 1943 le declaraban la guerra a Alemania pocos días antes de la caída de Berlín; y en el plano intelectual, se cambian los discursos hacia un hispanismo que se mezcla con la religión y el ejército: la conjunción de la cruz y la espada”. “El país prefería ponerse de contestatario frente a las nuevas reglas del juego y jugar a liderar a los pobres. Esto no fue solamente una postura del peronismo, sino también del radicalismo, que adopta el programa de Avellaneda, pues su reacción a la derrota de su candidato ante Perón fue girar hacia la izquierda del nuevo presidente”.

“Olvidaban que la Argentina pertenecía entonces al grupo de los países ricos. De hecho, fue el único de los 20 países más importantes del mundo que no firmó esos acuerdos [Bretton Woods]. Actitud realmente extraña para una nación cuyo PBI per capita cuadriplicaba al de Brasil y México, superaba con comodidad a Italia y Japón en 1939 y era ligeramente inferior al de Alemania y Francia”. “La Argentina se decide por la autarquía, la sustitución de importaciones, en definitiva, por el encierro”.

“Perón creyó que se repetiría la crisis en el comercio internacional que se diera pocos años después de la Primera Guerra Mundial. También creyó en el estallido de una tercera guerra mundial que nunca se produjo, por lo menos de la manera clásica. Sin duda ha sido insuperable como caudillo capaz de lograr el fervor popular, pero su capacidad de anticiparse a los acontecimientos y a la realidad del mundo dejaba mucho que desear” (De “Federico Pinedo, político y economista”-Emecé Editores SA-Bs. As. 1998).

Si bien todos los acontecimientos de una nación irremediablemente irán a formar parte de la Historia, es necesario juzgarlos para no volver a repetirlos en caso de que hayan sido negativos. Además, debemos distinguir entre los políticos que mostraron cierto patriotismo y aquellos que lo relegaron a un lugar secundario por cuanto predominó la soberbia y el egoísmo personal sobre la búsqueda de seguridad y bienestar de la población.

Podemos decir que patriota es el que ama a la patria, y que la patria está constituida no sólo por territorio, sino esencialmente por seres humanos. Quienes apuntaron a favorecer divisiones y enfrentamientos, es decir, al odio entre sectores buscando un rédito político, no deberían calificarse de “argentinos” ni tampoco sus movimientos políticos habrían de catalogarse como tales, sino a simples tendencias que trataban de imitar lo peor de lo que podía observarse en el extranjero. Federico Pinedo escribió sobre Perón y “el botín de sus batallas”, “….esas batallas que han sido libradas contra las tradiciones más gloriosas de su patria; contra el ideal que acariciaron los fundadores del país; contra la forma de vida por cuya implantación lucharon cincuenta años en la pasada centuria los mejores argentinos; contra el sistema de gobierno que sabiamente organizaron los hombres del 53 por medio del código político que encauzando con buen rumbo nuestra evolución nacional hizo posible nuestro constante mejoramiento individual y colectivo”.

La traición y el engaño que Perón hizo a la nación, y que incluso reiteró en las etapas últimas de su vida promoviendo la guerrilla y el terrorismo de los setenta, que tanto daño hicieron a la sociedad, lo ubican entre lo peor que haya existido entre nuestros gobernantes. Sin embargo, la incondicionalidad partidaria y la hipocresía opositora “perdonaron” todas las calamidades peronistas por cuanto, al final de sus días, cambió su frase: “Para un peronista no hay mejor que otro peronista” por “Para un argentino no hay mejor que otro argentino”. Si en realidad ese cambio significó cierto arrepentimiento, por lo que de hecho puede considerarse que dejó de ser peronista, ya es hora de que sus partidarios también dejen de serlo.

El político actual, para tener éxito en futuras elecciones, trata de conquistar el cuantioso voto peronista, mientras que el periodista político, aun siendo ajeno al peronismo, “suaviza sus modales” para tener una audiencia respetable, numéricamente hablando. De ahí que en nuestro país sigamos inmersos en una crisis que se debe, entre otros aspectos, a que seguimos el rumbo marcado por políticos carentes de un mínimo de patriotismo, ya que se caracterizaron por la búsqueda de objetivos personales.

Supongamos el caso de una familia numerosa en la cual uno de sus miembros promueve todo tipo de difamaciones, calumnias e intrigas encaminadas a dividirla y, como consecuencia, a destruirla. ¿Puede considerarse que tal individuo es un “integrante” de la familia? Aunque la integre como parte del conjunto, afectivamente está fuera del mismo. En forma similar, si tenemos en cuenta a personajes políticos asociados al peronismo, al kirchnerismo, o al partido que fuere, que promueven la destrucción de la unidad nacional, ¿debemos considerarlos como argentinos?.

No llegaremos lejos mientras los integrantes de los sectores totalitarios mantengan la actitud del “alumno cínico”. Tal actitud corresponde al tipo de alumno secundario que amenaza e insulta a un docente y que, luego de que éste informa del hecho a los directivos escolares, dicho alumno, en actitud vengativa y mentirosa, dirá que recibió previamente insultos y amenazas por parte del docente, con lo cual coloca a éste en una situación comprometida, especialmente en el caso en que los directivos tengan la predisposición a creer en la palabra de tal tipo de alumno. Esta actitud es ampliamente utilizada por los sectores totalitarios, y por medio de la cual contraatacan a todo aquel que emita una opinión desfavorable hacia ellos, implicando como consecuencia un subsiguiente desprestigio de los sectores democráticos y el afianzamiento del totalitarismo en la nación.

Luego de finalizada la Segunda Guerra Mundial, comienza a gestarse la denominada Guerra Fría. En ella participan principalmente los EEUU y la URSS; los primeros impulsando tanto la democracia política como económica, mientras que los segundos impulsando el totalitarismo (todo en el Estado), que involucra tanto lo político como lo económico. Las tendencias nazi-fascistas, derrotadas militarmente en la Segunda Guerra Mundial, pierden vigencia, excepto en algunos países que tratan de resucitarlas, como fue el caso argentino.

En la Guerra Fría no hubo un enfrentamiento directo entre las mencionadas potencias militares. Sin embargo, se desarrollaron conflictos armados indirectos a lo largo y a lo ancho del mundo; incluso luchas internas, guerras civiles y hambrunas premeditadas que produjeron una mayor cantidad de víctimas que las producidas durante el enfrentamiento contra los nazi-fascistas.

Con la caída del muro de Berlín, en 1989, se inicia el derrumbe del Imperio Soviético, mientras que la China deja de lado la economía socialista, manteniendo el totalitarismo político. Son muy pocos los países que tratan de mantener y reflotar al socialismo económico debido a que, justamente, fue abandonado por quienes primeramente lo pusieron en práctica. Sin embargo, aparecieron los intentos por resucitarlo, como es el caso de Venezuela, Ecuador, Bolivia y……la Argentina, en donde todavía se sostiene que el socialismo presenta ventajas respecto de la economía de mercado, o que las dictaduras, con el apoyo de las urnas, son la mejor opción para gobernar un país. También existen países que tratan de mantenerlo vigente como es el caso de Cuba y de Corea del Norte.

En el caso argentino, es admisible tanto la opinión de que es exagerado hablar de socialismo como la opinión de que vamos a su encuentro. La búsqueda del monopolio estatal de los medios masivos de comunicación, la división de la sociedad, el adoctrinamiento totalitario de niños y adolescentes, la tendencia expropiadora del Estado, la fuga de capitales, las reformas constitucionales, la tergiversación de los índices oficiales de la economía, la “falsificación legal” de papel moneda, etc., son síntomas, algunos compartidos con Venezuela, que nos indican que apuntamos hacia la “venezuelización” del país. Tampoco debemos descartar que Cuba habrá de ser el modelo final a seguir. Si bien podrá decirse acertadamente que la “cubanización” de la Argentina ha de ser rechazada por una gran parte de la sociedad, no debemos olvidar que el control y el poder estatal absoluto no parecen ser del todo ajenos a las ambiciones mostradas por las autoridades nacionales, que son en definitiva quienes decidirán al respecto.

Además de los intentos por resucitar al nazismo y al socialismo, hubo también algunos destinados a implantar la economía de mercado. No se obtuvieron los resultados esperados por cuanto se supuso que el “sistema económico” generaría la ética adecuada para su éxito, mientras que en realidad el sistema tiene éxito cuando se parte de una base moral mínima y adecuada. En otros casos se pretendió lograr buenos resultados aun cuando el incremento de los gastos estatales excedía ampliamente al crecimiento de la producción.