viernes, 11 de enero de 2013

El pensamiento racional

Es conveniente describir el pensamiento racional ya que le ha de seguir, como una consecuencia inmediata, la elección racional. Si bien este aspecto del comportamiento del hombre es de interés en los ámbitos de la economía y de la política, resulta también de importancia para las decisiones que cada individuo habrá de adoptar en los restantes aspectos de su vida. Jean Ullmo escribió: “La función de la razón es comprender. Así como hemos visto modificarse el concepto que los hombres tenían de la razón, así el significado ha cambiado al mismo tiempo”. “Hoy día comprender es ser capaz de repetir; se comprende un concepto cuando se posee de él una definición operatoria; se comprende un fenómeno cuando se es capaz de reproducirlo, virtualmente, por lo menos, y, por consiguiente, de preverlo; comprender es poder” (De “El pensamiento científico moderno”-Taurus Ediciones SA-Madrid 1959).

Debemos tener presente que las decisiones humanas son adoptadas tanto desde un punto de vista emocional (asociado al cerebro límbico) como desde un punto de vista racional (asociado al neocórtex). Nuestro comportamiento emocional, compartido con los mamíferos, data de unos 200 millones de años, mientras que nuestro comportamiento racional aparece unos 100.000 años atrás. Cuando hablamos acerca del pensamiento racional, debemos hacerlo respecto del pensamiento que proviene tanto del aspecto emocional como del estrictamente racional.

Una persona que carezca de aptitud racional, es decir, que carezca del neorcórtex, posiblemente no habría de diferir esencialmente de un animalito doméstico que, aun así, nos muestra aspectos afectivos de mucha valía. Por otra parte, una persona que carezca de aptitud emocional, aun cuando tuviese desarrollada normalmente su capacidad racional, padecerá de cierta anormalidad en su comportamiento social y afectivo. Por ello, cuando hablamos del “comportamiento racional del hombre” nos referimos al hombre completo, con ambos atributos mencionados presentes.

En cuanto a los distintos problemas que afectan a individuos y sociedades, podemos describirlos considerando al hombre como un ser viviente incompleto espiritualmente. Así, el hombre guiado por la búsqueda del bienestar y del placer asociados a su cuerpo tiende a dejar de lado los aspectos afectivos e intelectuales, mientras que el hombre guiado sólo por el aspecto emocional, que no hace uso de su razonamiento, posiblemente oriente sus acciones hacia sentimientos negativos. Finalmente, el hombre predominantemente racional, posiblemente sea el que deje de lado los aspectos emotivos de su personalidad.

Como el comportamiento ético depende tanto del aspecto emocional del hombre como de su control racional, toda crisis moral, padecida por el individuo y por la sociedad, puede ser comprendida, en principio, bajo este punto de vista un tanto elemental e inmediato. El hombre que admite su doble naturaleza emocional y racional, y que ha de ser capaz de desarrollar el pensamiento racional, ha de ser el que adopta como referencia a la propia realidad y a las leyes naturales que la gobiernan; tal el ideal de Baruch de Spinoza, quien escribió: “El orden y conexión de las ideas es el mismo orden y conexión de las cosas”.

En las etapas iniciales de la ciencia experimental, un científico como Galileo Galilei, se caracteriza por adoptar la realidad como referencia, debiendo luchar contra quienes la establecen en la opinión de algún filósofo, como Aristóteles, o en lo que afirman los teólogos. Incluso en el siglo XX, algunos genetistas soviéticos terminan en la cárcel por difundir las leyes de la herencia de Gregor Mendel, opuestas al materialismo dialéctico. En la actualidad, especialmente en política y economía, se sigue estando lejos del pensamiento racional por cuanto, en muchos casos, se toman como referencia ideologías que resultan incompatibles con la realidad. El objetivo prioritario no implica la búsqueda de la verdad, sino el triunfo de ideas sectoriales o personales.

De ahí que uno de los conflictos que surgen a partir de lo que nos dicen las emociones y lo que nos sugiere el razonamiento, es el de la disonancia cognitiva. Al respecto, Enrique del Acebo Ibáñez y Roberto J. Brie escribieron: “La disonancia cognitiva supone cierta contradicción entre el saber y el sentir, respecto del obrar; así, se valora de una determinada manera algo (una situación, un objeto, un sujeto, un grupo) pero no se actúa consecuentemente. Dado que la disonancia cognitiva produce costos individuales y sociales (malestar, tensión, agresión, etc.), provoca el surgimiento de mecanismos (a nivel individual y social) para superarlos. Cuando el sujeto actúa en «disonancia» con la información que posee o con los sentimientos que tiene, tratará de atenuar esa contradicción, ya sea modificando su actuación o cambiando sus formas de valoración y sus persuasiones; si no puede cambiar sus acciones (externas), intentará un cambio de opinión (interno)” (Del “Diccionario de Sociología”-Editorial Claridad SA-Buenos Aires 2006).

Podemos hacer un breve listado de las principales causas que producen un comportamiento no racional:

a) Cuando el hombre rechaza parte de su naturaleza dejando de lado los aspectos intelectuales y afectivos para darle lugar a los placeres y comodidades del cuerpo casi con exclusividad.
b) Cuando el hombre presenta síntomas de disonancia cognitiva, es decir, cuando no concuerdan sus emociones con lo que le dicta su razonamiento.
c) Cuando elige, entre las componentes afectivas de su actitud característica, aquellas que priorizan la competencia sobre la cooperación.
d) Cuando elige, entre las componentes cognitivas de su actitud característica, aquellas que priorizan las opiniones personales, ya sean propias o ajenas, en lugar de la propia realidad.
e) Cuando se propone priorizar el razonamiento relegando el aspecto emocional. Daniel Goleman escribió: “El antiguo paradigma obedecía al ideal de una razón liberada de la presión de la emoción. El nuevo, nos invita a armonizar la cabeza y el corazón. Debemos comprender mejor lo que significa utilizar la emoción en forma inteligente”
(De “La inteligencia emocional”-Ediciones B Argentina SA-Buenos Aires 2000).

f) Cuando se propone priorizar las emociones relegando el aspecto racional. Isabelle Filliozat escribió: “La mayor parte de las emociones requieren un proceso cognitivo. Seamos conscientes o no de ello, es preciso que el cerebro identifique y dé un significado a la percepción para desencadenar una emoción” (De “El corazón tiene sus razones”-Ediciones Urano SA-Barcelona 1998).

De ahí que el comportamiento racional pueda definirse en base a la armonía y entendimiento entre emoción y razón. Desde las emociones se ha de buscar un comportamiento cooperativo mediante el cual se han de compartir las penas y las alegrías de nuestros semejantes. Desde la razón se ha de buscar el conocimiento objetivo del mundo real. Desde las emociones y desde la razón se ha de buscar el perfeccionamiento estético individual. Con estos objetivos llegamos nuevamente a la búsqueda del amor, la verdad y la belleza, como los ideales básicos que debemos concretar a lo largo de la vida.

Uno de los grandes logros establecidos en psicología ha sido la posibilidad de describir una importante cantidad de aspectos asociados al pensamiento a partir de unos pocos principios básicos que permiten deducirlos en forma lógica. Tales puntos básicos son el Sistema 1, que es rápido, intuitivo y emocional, y el Sistema 2, que es lento, deliberativo y lógico. En principio, es posible asociarlos, respectivamente, al cerebro límbico y al neocórtex, aunque, al no ser del todo coincidentes, al menos en la forma en que esperarían los investigadores, se han adoptado estas denominaciones. Este trabajo, consistente en un modelo racional de la toma de decisiones, se debe a Daniel Kahneman, quien por ello recibió el Premio Nobel de Economía.

El autor mencionado ejemplifica la función del Sistema 1 en la interpretación que un individuo establece respecto de la actitud mostrada por una persona que aparece en una fotografía, mientras que la función del Sistema 2 la ejemplifica con la multiplicación aritmética entre dos números. Daniel Kahneman escribió: “El Sistema 1 opera de manera rápida y automática, con poco o ningún esfuerzo y sin sensación de control voluntario”. “El Sistema 2 centra la atención en las actividades mentales esforzadas que lo demandan, incluidos los cálculos complejos. Las operaciones del Sistema 2 están a menudo asociadas a la experiencia subjetiva de actuar, elegir y concentrarse”.

“Cuando pensamos en nosotros mismos, nos identificamos con el Sistema 2, con el yo consciente, racional, que tiene creencias, hace elecciones y decide qué pensar y qué hacer. Aunque el Sistema 2 crea estar donde está la acción, el protagonista del libro es el automático Sistema 1. Describo el Sistema 1 como el que sin esfuerzo genera impresiones y sentimientos que son las fuentes principales de las creencias explicitas y las elecciones deliberadas del Sistema 2”.

“Las operaciones automáticas del Sistema 1 generan patrones de ideas sorprendentemente complejos, pero solo el lento Sistema 2 puede construir pensamientos en una serie ordenada de pasos. Describo también las circunstancias en las que el Sistema 2 toma las riendas, anulando los irresponsables impulsos y asociaciones del Sistema 1. Invito al lector a pensar en los dos sistemas como dos agentes con sus particulares aptitudes, limitaciones y funciones” (De “Pensar rápido, pensar despacio”-Editorial Debate-Buenos Aires 2012).

Mientras que las operaciones mentales del Sistema 2 están vinculadas con la lógica simbólica; la lógica de los razonamientos del tipo verdadero-falso, surge de inmediato el interrogante acerca de las operaciones mentales que fundamentarán al Sistema 1, a lo que podríamos denominar “lógica intuitiva”. Al respecto puede decirse que tal tipo de razonamiento es esencialmente el mismo que el empleado por los científicos experimentales, tal el proceso realimentado de prueba y error. De ahí extraemos la operación básica de “comparar”. Por otra parte, el pensamiento asociado al Sistema 1 se desarrolla esencialmente en nuestra memoria, en donde es de primordial importancia la forma en que se almacena la información que en ella reside. De ahí que la segunda operación podemos denominarla como “agrupar”. Los atributos de tales operaciones seguramente se pondrán en evidencia con los posteriores avances de la investigación en neurociencias.