miércoles, 26 de diciembre de 2012

La oligarquía y el pueblo

La reciente expropiación del predio de la Sociedad Rural Argentina, ubicado en Palermo, motivada seguramente por objetivos electorales, es una muestra más de la existencia de una nación dividida que sólo mira hacia pasado. Tal decisión constituye una especie de venganza contra la “oligarquía” que hará feliz por cierto tiempo a un sector del “pueblo”; es decir, a una parte de la masa peronista. Sin embargo, esta expropiación implica una nueva señal del gobierno que pareciera sugerir a los futuros inversores que deben asegurar sus capitales invirtiéndolos en otros países. Mientras menor sea la cantidad de inversiones, menor será la cantidad de puestos de trabajo disponibles, aunque ello parece carecer de importancia para quienes buscan la permanencia en el poder y para gran parte de la población.

Mientras que el proceso de repartición de tierras en los EEUU, en las épocas iniciales de esa nación, consistía en otorgar una extensión compatible con lo que cada agricultor podía labrar, en la Argentina se otorgaron extensas parcelas a la minoría que detentaba el poder político del momento. Si bien, con los siglos transcurridos y con la llegada de la inmigración, principalmente europea, la tenencia de tierras adquiere otras características, tal acontecimiento del pasado es utilizado para mantener en vigencia el antagonismo entre sectores y la plena justificación del populismo como defensor de las masas ante el poder de la oligarquía.

En cuanto al significado de la palabra, Torcuato S. Di Tella escribe: “En la acepción clásica, es el gobierno ejercido por un sector reducido de personas. Aristóteles la concibe como una desviación de la aristocracia, gobierno de pocos que se propone lo mejor para la ciudad, mientras que la oligarquía es el gobierno de pocos en interés de ellos mismos” (Del “Diccionario de Ciencias Sociales y Políticas”-Emecé Editores SA-Buenos Aires 2008).

El sector mayoritario de la población, la clase media, trata de mantenerse al margen de tal conflicto histórico; aunque, debido a la unificación del enemigo por parte de los sectores populistas, la no adhesión al líder totalitario lo convierte en enemigo. Además, tal conflicto fue la justificación de la existencia del peronismo, todavía vigente, hecho que contrasta con la actitud adoptada por varios países de Europa, que han dejado atrás los distintos tipos de totalitarismo (fascismo, nazismo, comunismo).

El antagonismo entre sectores debería quedar en el pasado y más aún teniendo presente la importancia económica que tiene la producción y la exportación agrícolas. Oscar González Oro escribió: “Los grandes proyectos son siempre a favor de algo y no en contra de nada. Borges era ciego y sin embargo no escribía en contra de nadie. Cada paso que da Kirchner, en cambio, cada palabra que sale de su boca y cada reacción suya ante cualquier evento que cuestione alguna de sus decisiones parecen estar guiados por el odio y el resentimiento” (De Radiografía de mi país”-Grupo Editorial Planeta SAIC-Buenos Aires 2009).

El movimiento peronista fue definido por algunos autores como la “nueva oligarquía analfabeta” por cuanto los seguidores del dictador no buscaban tanto abolir los privilegios de una clase adinerada sino de reemplazarla por otra que habría de constituirse con los recursos económicos confiscados a la primera a través de la intermediación del Estado. Mientras que el político surgido del radicalismo, por lo general, finaliza su periodo de funcionario público con un patrimonio personal similar al que tenía cuando lo inició, el político peronista trata por todos los medios de enriquecerse a costa del Estado para disponer del dinero suficiente para vivir como los oligarcas a los que tanto odia y difama.

El reemplazo de la oligarquía terrateniente por una oligarquía política es una característica repetida en todo sistema totalitario. De ahí que al ciudadano común le resulte a veces indiferente saber quien centraliza el poder unificado. Sin embargo, la diferencia esencial radica en que generalmente la oligarquía terrateniente es productiva mientras que la de extracción política es parasitaria (no puede existir sin usurpar aquella previamente) e ilimitada en cuanto a sus ambiciones. Hélène Carrère d´Encausse escribió:

“El Partido bolchevique se apoderó, en octubre de 1917, del poder que las masas revolucionarias habían tomado y trataban de organizar. Transformó el poder popular en dictadura del proletariado, es decir, en dictadura del Partido, tanto sobre el proletariado como sobre toda la sociedad. El sistema político nacido de esta substitución de las masas por el Partido, está fundamentado sobre diversos principios. El Partido reivindica el monopolio del poder y de la ideología. Legitima esta pretensión identificando los intereses de la sociedad con sus proyectos propios invocando la «necesidad histórica», los imperativos de la lucha de clases, la garantía de la «ciencia marxista». Esta legitimidad nada debe a la sociedad” (De “El poder confiscado”-Emecé Editores SA-Buenos Aires 1983).

Por lo general, el individuo que mentalmente se siente parte de la clase alta, o media alta, es alguien que, estando en un lugar público, a veces ni siquiera dirige una mirada a quienes le rodean. Si alguien le formula una pregunta, puede no responder o bien apenas emitirá algún monosílabo. Tal persona carece, por lo tanto, de inteligencia social o emocional, aunque pueda tener inteligencia para otras cosas.

A pesar de la severa limitación social que se autoimpone, o que padece, provocará la envidia en muchas personas ya que, según la escala de valores que éstas han adoptado, se sienten inferiores al indiferente. Luego, un gobierno populista adoptará como principal misión proteger al envidioso de la “desigualdad social” que siente por considerarse inferior al ricachón que lo ha ignorado soberanamente.

Se ha escrito bastante acerca del individuo con mentalidad de clase alta de la Argentina, ya que, al menos hasta épocas recientes, tenía la pretensión de sentirse un integrante más de la nobleza, precisamente desde el momento en que los negocios le resultaban positivos. En cierta forma pretendía copiar el modelo europeo aunque olvidaba que muchos de aquellos nobles disponían no sólo de dinero, sino también de atributos culturales de cierta valía. De ahí que se habla de la oligarquía argentina como “la nobleza del medio pelo”. Arturo Jauretche escribió:

“En principio, decir que un individuo o un grupo es de medio pelo implica señalar una posición equívoca en la sociedad; la situación forzada de quien trata de aparentar un status superior al que en realidad posee. Con lo dicho está claro que la expresión tiene un valor históricamente variable según la composición de la sociedad donde se aplica”. “Medio pelo es el sector que dentro de la sociedad construye un status sobre una ficción en que las pautas vigentes son las que corresponden a una situación superior a la suya, que es la que se quiere simular. Es esta ficción lo que determina ahora la designación y no el nivel social ni la raza”.

“Cuando en la Argentina cambia la estructura de la sociedad tradicional por una configuración moderna que redistribuye las clases, el medio pelo está constituido por aquella que intenta fugar de su situación real en el remedo de un sector que no es el suyo y que considera superior. Esta situación por razones obvias no se da en la alta clase porteña que es el objeto de imitación; tampoco en los trabajadores ni en el grueso de la clase media. El equívoco se produce en el ambiguo perfil de una burguesía en ascenso y sectores ya desclasados de la alta sociedad” (De “El medio pelo en la sociedad argentina”-A. Peña Lillo Editor SRL-Buenos Aires 1973).

La tendencia peronista, que promovía la división entre sectores de la sociedad, estaba vinculada esencialmente a los atributos psicológicos o personales del propio líder y fundador del movimiento. Por lo general, son las emociones, y no la razón, las que determinan la adhesión, o no, a determinada actitud social. Raúl Damonte Taborda escribió: “La interpretación freudiana, unida a las confesiones hechas por Perón a algunos «mediums» y médicos, así como las manifestaciones de algunos «testigos» entre las que se encontraba su propia esposa, configuraría un origen psicofisiológico o anatómico, a su neurosis de angustia persecutoria. Pero sus anormales relaciones familiares, y la absoluta insensibilidad afectiva, especialmente hacia su propia madre, dan base a suponer que sus vahídos, sus dificultades motoras y sus ataques de furia agresiva y depresión epileptoide, tuvieran su origen en una lesión cerebral” (De “Ayer fue San Perón”-Ediciones Gure-Buenos Aires 1955).

Se dice que iguales efectos siguen a iguales causas, por lo que podemos encontrar en el presente algunas de las características de la época peronista. Raúl Damonte Taborda escribió: “Perón ha hecho una revolución totalitaria para servir sus planes demenciales, en el país más rico de Latinoamérica, en 1943, con miles de millones de dólares en divisas, oro y créditos, con una moneda sana y un consumo «per capita», de carne y pan, superior al de los ciudadanos de los EEUU”. “¿Qué se ha hecho de la energía y de las riquezas acumuladas por generaciones y generaciones de pacientes y honestos trabajadores? Se han robado y dilapidado”.

“El peronismo agobiado por la crisis que le está impidiendo ya abastecerse de hierro, carbón, estaño, cobre, petróleo, que necesita importar constantemente, trata hoy, con un lápiz mágico, de resolver las contradicciones de su economía de guerra, lanzando, como ya lo hizo Hitler, llamados a la agricultura, «batallas de producción”, remodelando estadísticas y cambiando su organización ministerial, que de ocho carteras aumentó a veintiuna, para bajarlas nuevamente de número. Tiende una cortina de hierro alrededor de la Argentina, para tratar de impedir la fuga vertiginosa de capitales, que se refugian en el Uruguay, Brasil y Chile y lanza su llamado angustioso y triste a los EEUU, el «capitalismo imperialista infame y explotador», para obtener los dólares que le permitirían continuar subsistiendo”.

“La inflación acelerada produce billetes y reanima los circuitos financieros internos de la Argentina peronista, retardando con el terrible precio del encarecimiento geométrico de la vida, los estallidos internos, pero esos billetes sin valor no van a servir para adquirir en el extranjero los productos necesarios a la industria ligera, ni los minerales estratégicos que la industria pesada le exige”.

Actualmente no se habla tanto de la oligarquía como de las “corporaciones”; los grandes grupos empresarios. Como no se dan nombres, pareciera que todas las corporaciones se consideran nefastas para la nación. De ahí que habría que expulsar del país a empresas tales como Ford, General Motors, Mercedes Benz, Renault, etc., lo que resulta evidentemente absurdo. Recordemos que en los setenta, los integrantes de Montoneros, grupo homenajeado por el gobierno nacional, asesinaban incluso a altos funcionarios de algunas de esas empresas, como Fiat y Peugeot. Parece que la única explicación coherente radica, no en la perversidad de las corporaciones o de la oligarquía, sino en la búsqueda irresponsable de su usurpación por parte de sectores políticos altamente parasitarios.