jueves, 11 de octubre de 2012

Salir de la crisis

Varias de las crisis económicas que afrontan los países tienen como causa principal la pretensión generalizada de vivir más allá de sus reales posibilidades; objetivo que es promovido por políticos en la búsqueda de votos favorables en futuras elecciones. Es el caso de un grupo familiar que tiene ingresos mensuales de $ 1.000 pero pretende vivir como si tales entradas fuesen de $ 1.500, o a veces mucho más. Para evitar tal situación, el grupo familiar debería optar por la elemental búsqueda de mayores ingresos, mientras que una nación debería hacerlo buscando mayor productividad y mayores inversiones en el sector productivo.

En lugar de apuntar a mejorar la producción, algunos gobiernos recurren a una suba de impuestos, o a pedir préstamos o bien a emitir dinero a un ritmo superior al del crecimiento de la producción, lo que produce inflación. Pero una vez que un país se encaminó por la senda de los gastos excesivos (respecto de las entradas de dinero genuinas y no de lo que los políticos consideran como “salarios dignos”) aparecen los primeros síntomas de la crisis, y deben tomarse medidas para salir de ella.

La solución inmediata es la de restringir los gastos prescindibles. Esto implica, por lo general, realizar “recortes” que traen aparejados serios inconvenientes en quienes sufren reducciones salariales o bien la pérdida de su fuente de trabajo. De ahí que se opte, en muchos casos, por ir reduciendo el déficit a un ritmo bastante lento. El economista Pablo Broder menciona las dos formas principales de salida de las crisis económicas, haciendo referencia al caso argentino:

Postura 1:

Normalización de las relaciones y cumplimiento con los acreedores institucionales y privados externos
Apoyo al sistema financiero para su normalización, luego de la debacle del 2001
Atención al tema tarifario de las compañías (mayoritariamente extranjeras) prestatarias de los servicios públicos

Postura 2:

Asegurar el crecimiento sustentable de la economía
Reparar las consecuencias de los procesos de marginación y exclusión
Encarar la resolución del endeudamiento externo, dentro de marcos de sustentabilidad y posibilidad de cumplimiento, priorizando los dos supuestos anteriores
(De “Dos años en la era K”-Grupo Editorial Planeta SAIC-Buenos Aires 2005)

En el primer caso se trata de cumplir con los compromisos contraídos, ajustando los gastos y tratando de pagar las deudas. Sosteniendo al sector financiero para evitar males mayores. En el segundo caso se dejan de lado los compromisos contraídos o, al menos, se los deja para ser cumplidos en un futuro lejano. Se trata, por todos los medios, de poner en marcha la economía para que la crisis sea menos “dolorosa” para la población, aunque a costa de transferir ese malestar a quienes le prestaron dinero al país con la promesa de recibir algún día su devolución.

En la analogía del caso de una familia, en el primer caso tendríamos la actitud del padre responsable que trata de cumplir con sus deudas (aunque si fuera responsable quizás no hubiese llegado a esa situación, excepto por problemas económicos motivados por causas ajenas a su ética personal). En el segundo caso tenemos al padre irresponsable que poco se preocupa por los acreedores y por su propio prestigio personal, dejando el cumplimiento de pactos “para más adelante”.

En cuanto a los organismos internacionales, como el FMI (Fondo Monetario Internacional), el citado autor escribe: “El FMI se ha convertido en el gran auditor internacional pues la ayuda de los demás organismos internacionales (BM, BID, etc.) está generalmente condicionada a su acuerdo o aprobación. No sólo los países que buscan ayuda sino también aquellos que desean lograr un mejor acceso a los mercados internacionales de capital deben seguir sus consejos económicos –en realidad, más que sugerencias son exigencias- están firmemente alineadas con las teorías del libre mercado que dominan el accionar de estas poderosas instituciones”.

“Todo gobierno que requiere la ayuda del FMI está condicionado a cumplir las políticas sugeridas, que si bien varían de país en país, pueden resumirse en tres puntos: equilibrio fiscal; liberalización comercial y financiera; privatizaciones”.

En cuanto al FMI, organismo en el cual trabajan miles de economistas de distintas naciones, se ha caracterizado por hacer sugerencias que produjeron malos resultados ya que perjudicaron a los países que siguieron sus consejos, especialmente en el caso de Rusia, luego de la caída del comunismo. Al proponer una economía libre sin una etapa previa de gradual adaptación, se produjo una severa crisis económica y social. De todas formas, los consejos en sí, como objetivos para el largo plazo, no parecen discutibles.

En el caso del equilibro fiscal, Pablo Broder escribió: “La austeridad fiscal tiene como principal objetivo la estabilización de las variables monetarias. El FMI pone mucho énfasis en la reducción de la tasa de inflación en la economía y por ende tiende a recomendar políticas restrictivas para reducir el gasto público y neutralizar los déficit fiscales”.

Esto implica que, si desde un principio se le hubiese hecho caso a tal sugerencia, no habrían aparecido las severas crisis en muchos países. En cuanto a la liberalización comercial y financiera, escribió: “En este sentido sostiene que la apertura comercial expande la renta de los países al desplazar los recursos de empleos menos productivos a más eficientes, a través de las ventajas comparativas. A su vez, la liberalización del mercado de capitales permite a los países atraer al capital extranjero y en especial a la inversión directa, al tiempo que promueve la estabilidad, al diversificar las fuentes de financiamiento”.

Respecto a las privatizaciones, escribió: “El FMI plantea (exige) que el Estado abandone aquellas actividades que puedan manejar las empresas privadas. Preconiza que es necesario privatizar las empresas públicas, para contribuir a la eficiencia de los servicios y favorecer a los consumidores”.

Puede decirse, en cuanto a las privatizaciones, que pueden hacerse bien o mal, y que no necesariamente una empresa estatal ha de ser deficitaria, como sucede en varios países. En cuanto a la inversión extranjera asociada a las privatizaciones, en el caso argentino de la década de los noventa, muchas empresas estatales pasaban a manos privadas sin que hubiese un aumento en cuanto a la cantidad de empresas operando, por lo cual no se produjeron los efectos esperados. Aunque el gran inconveniente que hubo con la economía consistió en mantener la paridad artificial del uno a uno (sin atenerse al mercado) más allá de la etapa en que se combatió la hiperinflación, produciendo un serio deterioro en la producción nacional por cuanto resultaba más barato comprar un artículo en el exterior que producirlo en el país.

En un tiempo anterior al colapso del 2001, desde el gobierno se propuso lograr como objetivo el “déficit cero”, optándose por las recetas liberales del mediano y el largo plazo en lugar de aplicar la receta keynesiana del corto plazo, que seguramente habría resultado más efectiva.

Haciendo una analogía entre religión y economía, podemos decir que, al igual de lo que ocurre con los consejos que da la Iglesia Católica, que a veces no resultan eficaces, pero que resulta perjudicial hacer todo lo contrario; así también ocurre con los consejos del FMI, ya que tampoco resulta conveniente hacer todo lo opuesto a lo sugerido. En la Argentina actual, el gasto del Estado excede a sus ingresos. Al ser financiado dicho déficit con emisión monetaria, se genera una inflación superior al 20% anual. El nivel de pobreza es mayor a ese porcentaje. Las expropiaciones y estatizaciones han ahuyentado tanto a capitales nacionales como extranjeros. La empresa Aerolíneas Argentinas, que fue nacionalizada, produce pérdidas diarias estimadas entre 1 y 2 millones de dólares. Puede decirse que el colapso del 2001 fue favorecido por el hecho de escuchar demasiado los consejos del FMI, mientras que el estancamiento de la primera década del 2000 fue favorecido por hacer todo lo contrario a lo que recomienda el FMI.

Existe la creencia generalizada que el FMI tiene como misión perjudicar a los países periféricos para beneficiar así a los poderosos. Aunque esto va contra la lógica elemental. Si un país pretende llevarse las riquezas de otro, le conviene que este último tenga muchas, en lugar de poca o ninguna. Por el contrario, cuando se producen expropiaciones en un país, los capitales huyen hacia otros que brindan una mayor seguridad y protección a la propiedad privada, favoreciendo a los países centrales y desvirtuando la teoría de la dependencia.

En cuanto al colonialismo y la dependencia, resulta oportuno observar los defectos propios antes de culpar a los demás por nuestros errores. Al desconocerlos, nunca podremos solucionarlos. Mahatma Gandhi escribió: “En un principio, los ingleses llegaron a la India por razones comerciales. Recuerde usted la Compañía Bahadur”. “En esa época no tenían el menor propósito de establecer un reino. ¿Por quienes fueron ayudados los funcionarios de la Compañía? ¿Quién fue tentado a la vista de su dinero? ¿Quién compró sus bienes? La historia demuestra que fuimos nosotros quienes hicimos todo eso. La perspectiva de hacernos ricos demasiado rápidamente nos hizo recibir con los brazos abiertos a los funcionarios de la Compañía. Les hemos ayudado”.

“Supongamos que yo tuviese el hábito del alcohol y que un comerciante viene a vendérmelo; ¿será a éste o a mí a quien debe acusarse? ¿Perderé el hábito por el hecho de acusar al comerciante? Y si arrojo a uno de ellos ¿no vendrá a ocupar otro su lugar? Quien quiera servir verdaderamente a la India, debe remontarse al origen de las cosas. Si un exceso de comida me ha producido una indigestión, no me sentiré mejor por acusar a lo que he comido. Sólo el buen médico investiga la verdadera causa de las enfermedades, y si usted quiere curar la India de su enfermedad, le será necesario hallar el verdadero origen del mal” (De “La civilización occidental y nuestra independencia”-Editorial Sur SRL-Buenos Aires 1959).

Recordemos que Mahatma Gandhi fue el político hindú que logró la independencia de la India, que por entonces (1948) tenia unos trescientos millones de habitantes. Con su método orientado al fortalecimiento ético individual (“la fuerza del amor y la verdad”) pudo liberar a su país del colonialismo británico. Este método también ha de servir para superar las diversas crisis económicas que afectan a los distintos países, ya que en toda crisis puede advertirse la presencia de un comportamiento ético inadecuado por parte de la mayor parte de los involucrados.