jueves, 27 de septiembre de 2012

La reelección presidencial

Respecto de la posibilidad de una reelección presidencial indefinida y de su legitimidad constitucional, han surgido diversas opiniones. Los optimistas sostienen que si un gobierno es bueno, debería poder seguir gobernando en forma indefinida. Los pesimistas, junto a los realistas, sostienen que esa posibilidad desvirtúa totalmente el sentido de una democracia auténtica por la simple razón de que, una vez a cargo del Estado, el gobernante de turno tiene la posibilidad de “ir preparando el terreno” para adquirir cada vez mayor poder.

En cuanto a la postura optimista, podemos mencionar los argumentos que frecuentemente se proponen como justificación. Alexis de Tocqueville escribió: “Impedir que el jefe del poder ejecutivo pueda ser reelegido parece, a primera vista, contrario a la razón. Es sabida la influencia que las dotes o el carácter de un solo hombre ejercen sobre el destino de todo un pueblo, tanto más en circunstancias difíciles y en épocas de crisis. Unas leyes que prohibieran a los ciudadanos elegir a un primer magistrado les privarían del mejor medio de hacer prosperar al Estado o de salvarle. Además, se podría llegar así al extravagante resultado de que un hombre fuera excluido del gobierno precisamente en el momento en que se acabara de probar que era capaz de gobernar bien”.

Respecto del desempeño de las actuales autoridades nacionales, en la Argentina, que justificaría una reforma constitucional en la que se incluyera la posibilidad de una reelección indefinida, podemos mencionarlo en forma sintética:

a) Se favoreció al consumo antes que a la inversión, por lo que el verdadero crecimiento económico es bastante menor del que generalmente se considera.
b) Se perdió el autoabastecimiento energético, por lo cual se debe importar gran cantidad de combustibles a precios bastante elevados.
c) Mientras la población mundial reclama y necesita alimentos, se destruyó una importante industria alimenticia como es la ganadera.
d) El nivel de pobreza, según mediciones confiables, alcanza a cerca del 22 % de la población.
e) En los últimos cinco años se retiraron del circuito productivo, y posiblemente fuera del país, unos 80.000 millones de dólares por temor a nuevas expropiaciones por parte del Estado.
f) Se ha acentuado el proceso inflacionario con una tasa mayor al 20 % anual. Los gastos del Estado se financian en parte con una emisión monetaria excesiva.
g) La inseguridad urbana ha alcanzado niveles preocupantes. Debe considerarse que un juez, luego de excarcelar a un peligroso delincuente, no podrá ser destituido ya que actúa dentro del marco legal establecido por el poder político, siendo éste el principal responsable por la situación.
h) Se promueve la división de la sociedad argentina en dos partes bien diferenciadas.
i) Debido a los controles ejercidos por organismos estatales, como respuesta a quien manifieste ser opositor al gobierno, ha surgido un temor generalizado ante la persecución política.
j) Se ha acentuado la creación de puestos de trabajo estatales, e improductivos, para encubrir la real desocupación.
k) Se ha favorecido cierta exclusión social, respecto a un trabajo digno, que perjudica a muchos que no trabajan y que viven a expensas del sector productivo. Se supone, sin embargo, que se los “ha incluido” en la sociedad.
l) El deterioro educativo ha aumentado severamente aunque el interés del gobierno recae en el adoctrinamiento político partidario, incluso al nivel de la escuela primaria.
m) Se trata de tener bajo la tutela del gobierno a la totalidad de los medios masivos de información, ya que se combate arduamente a los medios independientes.
n) Cuando se realiza una denuncia contra algún funcionario del gobierno, siempre sale “sorteado” el mismo juez (que siempre absuelve al acusado).

Esta breve síntesis confirma la postura de quienes se oponen a la reelección presidencial, por lo cual, el motivo de la reelección no contemplaría un posible beneficio para la sociedad y para la nación, sino que simplemente se trataría de una estrategia en favor del mantenimiento en el gobierno de los funcionarios actuales. Para ellos, la integridad de la nación es bastante menos importante que la realización de sus ambiciones de poder motivadas por cuestiones estrictamente personales o sectoriales. Alexis de Tocqueville agrega: “La intriga y la corrupción son vicios naturales de los gobiernos electivos. Pero cuando el jefe del Estado puede ser reelegido, estos vicios se extienden indefinidamente y comprometen la existencia misma del país. Cuando un simple candidato pretende medrar mediante la intriga, tiene un espacio limitado para sus maniobras. Pero si es el jefe del Estado el que entra en liza, emplea en provecho propio la fuerza del gobierno”.

“En el primer caso, se trata solo de un hombre con débiles medios; en el segundo, es el Estado mismo, con sus inmensos recursos, el que intriga y corrompe”.

“El ciudadano corriente que emplea maniobras culpables para llegar al poder sólo de manera indirecta puede perjudicar a la prosperidad pública; pero si el representante del poder ejecutivo desciende a la lid, los intereses del gobierno se convierten para él en algo secundario; lo principal es su elección. Las negociaciones, como las leyes, no son para él sino combinaciones electorales; los puestos se convierten en otras tantas recompensas por servicios prestados, no a la nación, sino a su jefe. Aunque haya casos en que la acción del gobierno no sea contraria al interés del país, tampoco sirve ya a éste, a pesar de que debe ser su único fin” (De “La democracia en América”-Tomo I-Fundación Iberdrola-Madrid 2006).

Las leyes electorales establecidas en la Constitución deben contemplar la vigencia de cierto “factor de seguridad”, de manera tal de salvaguardar a la nación de los efectos de los peores casos posibles, es decir, de aquellos gobernantes que no tengan escrúpulos en la búsqueda del poder absoluto e ilimitado, tanto en el espacio como en el tiempo. Alexis de Tocqueville prosigue su análisis: “Así, pues, el principio de reelección hace más extensa y peligrosa la influencia corruptora de los gobiernos electivos. Tiende a degradar la moral política del pueblo y a reemplazar al patriotismo por la habilidad”.

“Cada gobierno lleva en sí un vicio natural que parece inherente al principio mismo de su vida; el genio del legislador consiste en discernirlo bien. Un Estado puede triunfar de muchas leyes malas, y a menudo se exagera el mal que éstas causan. Pero toda ley cuyo efecto es el de desarrollar ese germen de muerte no puede dejar, a la larga, de ser fatal, aunque sus malos efectos no se perciban inmediatamente”.

“El principio de ruina en las monarquías absolutas es la extensión ilimitada e irrazonable del poder real. Cualquier medida que hiciera desaparecer el contrapeso puesto por la Constitución a dicho poder sería, pues, radicalmente mala, aunque sus efectos no se dejaran sentir en mucho tiempo”. “De la misma manera, en los países donde impera la democracia y donde el pueblo es el centro de todo, las leyes que hacen su acción cada vez va más rápida e irresistible atacan de una manera directa la existencia del gobierno”.

Quienes en la Argentina observan el enriquecimiento y el poder adquirido por el sector gobernante aducen que “se dicen socialistas pero actúan como capitalistas”. En primer lugar, debe aclararse que “socialismo” implica que los medios de producción (y, por lo general, todo lo demás) deben pertenecer al Estado, por lo que el dirigente socialista es el que promueve y ejerce la mayor concentración de poder económico y político posible. De ahí que no resulte sorprendente que sean los partidarios del socialismo quienes promuevan la reelección presidencial. En segundo lugar, se le dice capitalista a quien propone una economía basada en el mercado, algo que poco tiene que ver con las ambiciones personales asociadas a la obtención de poder económico o algo semejante.

La reelección presidencial indefinida parece ser una nueva táctica propuesta por los movimientos totalitarios en la búsqueda del poder absoluto. Resulta más sencillo llegar al poder por medio de los votos que emprender una lucha armada para destituir a las autoridades constituidas. Recordemos que Fidel Castro llega al poder en Cuba, por medio de las armas, en 1959. El poder político absoluto así logrado parece ser no sólo vitalicio, sino también hereditario, ya que por el momento le sigue su hermano Raúl. No debemos dejar de reconocer que ha habido cierto mejoramiento en el comportamiento ético de varios de los gobernantes actuales de la Argentina, que siguieron el ejemplo de Fidel Castro durante la década de los setenta, ya que resulta mucho más “democrático” tratar de acceder al poder absoluto y eterno a través de una reelección presidencial que tratar de hacerlo mediante más de 20.000 atentados contra la propiedad, más de 1.700 secuestros extorsivos y unos 1.500 asesinatos.

Quizás en España se sorprendan por esta situación, ya que sería algo similar a que la población española permitiera el acceso al gobierno, mediante elecciones libres, a los terroristas del ETA. Pero no sólo eso, sino que incluso apoyara también su reelección indefinida. Aun así, ETA asesinó a algo más de 700 personas, casi la mitad de las víctimas de Montoneros y de otros movimientos terroristas que actuaron en la Argentina. Recordemos que, para ingresar a Montoneros, se le exigía al aspirante una “prueba de idoneidad” que consistía en matar a un policía. De ahí que resulta llamativo que gran parte de la ciudadanía argentina pareciera no tener ningún “prejuicio” (como se dice ahora) de tipo moral al apoyar a tales personajes. En todo proceso eleccionario tiene una responsabilidad similar el gobernante que comete serios errores como el votante consciente que facilita su acceso al gobierno.

Muchas veces se recurre a la analogía entre un padre de familia y el vínculo existente con sus hijos, por una parte, y el Estado y el vínculo existente con los ciudadanos, por otra parte. Así, se habla del “Estado paternalista”, del “Estado vigilante” o del “Estado de bienestar”. Si tuviésemos que aplicar la analogía mencionada en el caso del Estado argentino, puede decirse que se trata del “Estado perverso”, que promueve la división de sus hijos instigando, mediante la mentira y la difamación sistemáticos, el odio entre sus dos hijos: el sector oficialista y el sector opositor.