miércoles, 15 de agosto de 2012

Mirando hacia el futuro

Se observa en la vida política actual de la Argentina una permanente referencia al pasado. En lugar de adoptar una postura similar a la de España, país que optó por mirar al futuro en lugar de permanecer mirando hacia la Guerra Civil que padeció, seguimos observando el pasado sin que se vislumbre algún tipo de superación. La falta de acuerdo radica esencialmente en que se acepta la “legitimidad” de la guerrilla pro-soviética al pretender imponer un gobierno totalitario en la Argentina mientras que, simultáneamente, se niega la legitimidad de la Nación al ejercer su defensa ante ese agresor. Recordemos que el grupo combatiente PRT-ERP había ocupado militarmente un tercio del territorio de la provincia de Tucumán con las intenciones de reclamar para esa zona “liberada” el reconocimiento internacional. Pío Laghi escribió: “El país tiene una ideología tradicional y cuando alguien pretende imponer otro ideario diferente y extraño a la Nación reacciona como un organismo con anticuerpos frente a los gérmenes, generándose así la violencia”.

En la actualidad es mirado con cierto desprecio el argentino que reconoce haber preferido el triunfo militar de su país en lugar del triunfo del grupo foráneo. Es una situación similar a que se desprecie al argentino que hubiese preferido el triunfo nacional ante los ingleses en el conflicto de las Islas Malvinas. Es muy común asociar, al ciudadano que rechaza todo tipo de totalitarismo, alguna forma de “dependencia mental o adhesión afectiva respecto del imperialismo yankee”, o algo similar. Ni siquiera se reconoce la posibilidad de existencia de cierta identidad nacional que, sin embargo, existe.

Muchos proponen que se realice en el país un pacto similar al de la Moncloa, de España. Al respecto, Guillermo Laura y Adolfo Sturzenegger escriben: “Recurrentemente se insiste en que Argentina necesita un Pacto de la Moncloa. Quienes así opinan nunca han dicho cuál debe ser su contenido, por lo que no pasa de ser un slogan inútil, aunque inofensivo. Nuestro verdadero Pacto de la Moncloa es la Constitución Nacional. Allí está todo lo esencial y allí se encuentran las herramientas institucionales indispensables para construir un gran país, como lo demostró la generación del '80. Lo primero que debemos hacer es respetar la Constitución. Si lo hacemos, tendremos un marco institucional perfecto para garantizar la seguridad jurídica y recrear un ambiente óptimo dentro del invernadero para alentar las inversiones y expandir el mercado”. “Todo esto debería ser el contenido de nuestro Pacto de la Moncloa: ponernos de acuerdo en poca metas humildes, aunque de gran escala, para resolver rápidamente los problemas prioritarios”.

Los autores citados se refieren a la Constitución original surgida principalmente de la visión de Juan B. Alberdi, y no tanto a las sucesivas distorsiones que desde entonces sufrió. También hacen falta ideas orientadoras para el resurgimiento que todos esperamos. Las ideas necesarias sobre aspectos concretos de la economía y de la política, han sido vertidas por distintos autores. En este caso se sugiere la lectura de dos libros que seguramente podrán ayudar a emprender el camino hacia el desarrollo, si es que alguna vez nos decidimos a ello:

a) “Abundancia de lo indispensable para todos” (Gobierno + mercado: sustentar el desarrollo y derrotar el desempleo) de G. Laura y A. Sturzenegger - Pearson Education SA - Bs.As 2004.
b) “Economía sin barreras” (Más empresas, menos impuestos) de Ernesto Sandler-Mucho Gusto Editores-Buenos Aires 2012.

Una de las formas propuestas para solucionar varios problemas a la vez, es la orientada hacia la construcción, especialmente en un país con disponibilidad de tierras y de mano de obra. Es una solución factible y mucho más eficaz que aquella de recurrir a crear puestos ficticios de trabajo, desde el Estado, que terminan transfiriendo la pobreza desde los desocupados a los sectores productivos, ya que se intensifica la pesada carga que debe soportar el sector privado. G. Laura y A. Sturzenegger escriben:

“Por una milagrosa coincidencia de hechos aparentemente inconexos y autónomos, Argentina está en una situación privilegiada y singular. Aquello que necesitamos con mayor urgencia y premura coincide con aquellas cosas que podemos hacer utilizando las verdaderas aptitudes y capacidades de los desocupados. Porque, justamente, lo que Argentina necesita se resuelve con baja tecnología, como construir masivamente viviendas, escuelas, carreteras, aeropuertos, cárceles, saneamiento y forestación, que coinciden, casi como si alguien lo hubiera planificado previamente, con los recursos reales ociosos disponibles: cemento y mano de obra”. “Como dice con acierto Fernando Henrique Cardoso «El mercado no resuelve el problema de la miseria. La extrema pobreza debe ser resuelta mediante acciones coordinadas por el Estado»”.

Al ser necesario y prioritario el trabajo genuino es de esperar que el Estado promueva la creación de empresas, al menos facilitando sus inicios. Sin embargo, resulta ser todo lo contrario, ya que la tarea más importante de la burocracia estatal parece ser la de poner trabas y controlar al sector productivo. Ernesto Sandler escribió: “Según los datos de 2011 del Banco Mundial, nuestro país se encuentra en el puesto 113 sobre los 180 países que más trabas y obstáculos administrativos ponen a las empresas para que inicien sus actividades. Puesto que llega al 169 si se trata de la actividad de la construcción en un país que tiene un déficit de 6 millones de viviendas”. (Nota: se entiende como que el primer puesto es para el país que establece la menor cantidad de impedimentos).

“Las cifras del último censo muestran que el 22% de la gente que trabaja es empleada para el Estado de manera directa. Los edificios públicos están abarrotados de personal que no tiene tareas especificas ni objetivos claros que cumplir; sin embargo, como es propio del comportamiento humano no dejan de reclamar mejores condiciones laborales y mayores salarios”.

Una de las soluciones posibles para esta mala administración de recursos consiste en buscar actividades productivas para la mayoría de estos empleados, incluso cediéndolos a empresas privadas productivas, como se ha hecho, con buenos resultados, en la provincia de San Luis.

El problema de la vivienda está lejos de resolverse, siendo un problema que se acentuó en épocas de Perón cuando congeló el precio de los alquileres estableciendo una expropiación virtual de viviendas (y real en algunos casos) que desalentó la construcción de otras nuevas para alquiler. Ernesto Sandler escribió: “Uno de cada cinco argentinos vive en hogares precarios. A este dato hay que agregar otro dato igualmente significativo que arroja el censo de 2010. De tres a cuatro personas, sobre un total aproximado de 2 millones, viven en el mismo cuarto, dando lugar a un «hacinamiento crítico»”.

“Entre los argentinos que tienen vivienda propia o alquilada, sólo la mitad tiene cloacas o gas natural. Esto pone de relieve que buena parte de la población vive en un contexto de insalubridad y padeciendo el frío invernal. La misma carencia ocurre con el agua potable. Más del 50% de la población no tiene agua corriente que el Estado debería garantizar desde hace más de 100 años, cuando Pellegrini nacionalizó Obras Sanitarias de la Nación”.

“El censo de 2010 refleja que cerca del 15% de las viviendas no cuenta con heladera para conservar alimentos y tener una vida acorde con el siglo que vivimos. El 22% de las zonas urbanas está rodeado de basurales contaminantes y generadores de cientos de enfermedades”.

A pesar de la imperiosa necesidad que tiene la población por mejorar su situación a través del trabajo productivo, es algo común a todos los gobiernos “proteger a la población de la maldad y el egoísmo de los empresarios”, controlándolos y poniéndoles trabas a todas sus actividades, tendencia que se está acentuando notablemente en la actualidad (2012). Ernesto Sandler agrega: “La falta de confianza en la gente, constituida por emprendedores, trabajadores, comerciantes, consumidores y empresarios independientes es una de las causas de nuestro limitado desarrollo económico y progreso social. No confiar en la gente por considerarla incapaz de forjar su propio destino es tan negativo como creer que sólo el Estado puede encauzar el desarrollo y lograr la justicia social”.

“El 90% de la gente que votó en las elecciones del 2011 lo hizo por partidos que promueven diferentes tipos de muletas estatales. Pocos fueron los que votaron para que los dejen trabajar y producir sin interferencias de los gobiernos”. “Las muletas estatales pueden ser diferentes según los gobiernos o partidos políticos. Pero todas ellas reflejan un pensamiento dominante: la sociedad argentina considera que la única manera de caminar económicamente es a través de la intervención ordenadora del Estado en la economía. De ninguna manera piensa que la gente y las empresas puedan ser el motor para que la economía camine y trote hacia un crecimiento ordenado y pujante”.

El hecho de que el Estado tienda a someter al sector productivo distorsionando al mercado, no se da en todos los países. Tal distorsión se materializa a través de las restricciones a las múltiples y variadas decisiones individuales de productores y consumidores. Sin embargo, existe también la posibilidad de que el Estado actúe favoreciendo tanto al sector productivo como al sector consumidor, que en realidad son los dos roles desempeñados simultáneamente por la mayoría de los habitantes de una Nación. Esta es justamente la idea básica de la propuesta de G. Laura y A. Sturzenegger, quienes escriben:

“A este nuevo modelo lo denominamos alianza estratégica del gobierno y el mercado. Ha estado presente en los grandes logros científicos y técnicos del siglo XX, así como en los «milagros económicos» de posguerra y, más recientemente, en el despertar de los países asiáticos”. “Por un lado el gobierno ha intervenido en la economía excediendo ampliamente las funciones del Estado gendarme. Estas intervenciones exitosas han procurado no destruir los delicados mecanismos del mercado logrando un difícil equilibrio entre la autoridad del gobierno y la libertad de mercado, para lo cual fue esencial la actitud positiva asumida por la burocracia en lugar de constituir un obstáculo, una máquina de impedir, ha logrado conformar un gobierno «facilitador», promotor y estimulador: una intervención del gobierno para potenciar el mercado y no para destruirlo”.

La propuesta de estos autores no es algo distinto a lo que se ha denominado como “economía social de mercado” que tanto éxito tuvo en los países europeos luego de la Segunda Guerra Mundial. Es el método que produjo el famoso “milagro alemán” aunque en la Argentina se vea con mayor simpatía el tipo de economía que favoreció la construcción del “muro de Berlín”.