sábado, 11 de agosto de 2012

Acerca de la educación

Si se asocia la cultura principalmente al conocimiento que tiene validez universal, puede decirse que la educación es el medio que dispone la sociedad para promover y difundir el proceso de la evolución cultural. Mediante este proceso respondemos a la “imposición”, por parte del orden natural, que nos exige como precio que debemos pagar por nuestra supervivencia. Así, el docente resulta ser el intermediario entre quienes generan el conocimiento y quienes lo han de recibir. El contenido de la educación ha de ser universal por cuanto la ciencia tiene ese carácter. De ahí que es posible hablar de una “ciencia de la educación”. Víctor García Hoz escribió: “Todo perfeccionamiento humano de algún modo empieza por su perfeccionamiento intelectual. El saber y el saber hacer sustentan la vida humana. De aquí las estrechas relaciones entre la educación y la cultura. La educación puede ser entendida también como actualización de la cultura” (De “Principios de Pedagogía sistemática”-Ediciones Rialp SA-Madrid 1960).

Si bien la cultura universal se estableció en el pasado a partir de la religión y la filosofía, siendo ambas actividades cognitivas de validez sectorial, han servido de apoyo para el establecimiento del conocimiento científico, de validez universal. Es de suponer que, con el tiempo seguirá predominando la ciencia hasta que se pueda establecer una religión natural enteramente compatible con sus contenidos y con su método.

Las principales funciones de la educación son las siguientes (según Craig Calhoun y otros):

1- Enseñanza de aptitudes
2- Transmisión de la cultura
3- Promover la adaptación cultural
4- Inculcar disciplina
5- Fomentar el trabajo en grupo
6- Promover el comportamiento ético
7- Seleccionar talentos y recompensar el logro
(De “Sociología” de C. Calhoun, D. Light, S. Keller-McGraw Hill España-Madrid 2000).

En la educación podemos distinguir un contenido y un método de enseñanza, asignando a la palabra “método” el significado de “camino al objetivo”. Así como el contenido de la educación podrá ser común y universal, la transmisión del conocimiento ha de depender bastante de las aptitudes de quien la imparte y de quien la recibe. La forma de transmitir información es una cuestión bastante personal ya que a ella está asociada la creatividad individual, por lo que debemos hablar también del “arte de la educación”. Dicho arte consiste en optimizar la transferencia de ideas sintetizándolas en un tamaño mínimo y adecuado, y que podrán ser depositadas en la memoria del alumno permitiéndole realizar razonamientos al respecto. Anatole France escribió: “El arte de la enseñanza consiste en despertar curiosidad en las inteligencias jóvenes y en satisfacerlas después”.

El arte de la educación consiste esencialmente en transmitir ideas básicas que sólo pueden establecerse a partir del adecuado conocimiento de los contenidos que van a enseñarse. De ahí que pocas veces se podrá suplir el conocimiento con aptitudes pedagógicas. Incluso en los ámbitos educativos se supone que bastan muy pocos libros para lograr un nivel cultural y científico adecuado. Conocimientos y capacidad de síntesis, por parte del docente, e interés y entrenamiento mental por parte del alumno, son los elementos básicos del proceso educativo. Bertrand Russell escribió: “La educación podría definirse como la formación, por medio de la instrucción, de ciertos hábitos mentales y de ciertas actitudes frente a la vida y frente al mundo” (Citado en “Tres filosofías de la educación en la historia”-W.K. Frankena-UTHEA-México 1968).

Así como la ciencia biológica busca conocer el código genético del ser humano tratando de resolver gran parte de nuestras debilidades físicas, las ciencias sociales buscan (o deberían hacerlo) la información mínima (ideología) que todo hombre debería llevar en su mente de manera de permitirle una plena adaptación al orden natural. La libertad del pensamiento ha de surgir a partir de la posesión de verdades elementales y evidentes. Con ellas se ha de elaborar un pensamiento cercano a la realidad. El poder de las ideas simples puede sintetizarse en la siguiente expresión de Cristo: “Es parecido el Reino de los Cielos a un grano de mostaza que un hombre tomó para sembrar en su campo; y, aún siendo la más pequeña de todas las semillas, cuando crece es mayor que todas las plantas del huerto, y se hace un árbol, adonde vienen los pájaros del cielo a cobijarse en sus ramas” (Mt).

En cuanto a los métodos de enseñanza, su efectividad depende de la aptitud del docente para impartir conocimientos ordenados a partir de cierta coherencia lógica previamente existente en su mente. De ahí que ciertos objetivos mínimos deban ser claramente expuestos buscando que queden para siempre en la memoria de los alumnos. Dicha coherencia lógica provendrá de conocer adecuadamente una secuencia histórica, una forma deductiva o bien una forma inductiva. La secuencia histórica implica una sucesión lineal de hechos, mientras que la forma deductiva permite ir desde lo general a lo particular. La forma inductiva, finalmente, permite describir los contenidos desde lo particular a lo general. Estas últimas posibilidades provienen de haber podido organizar el conocimiento en una forma axiomática. Luego, teniendo presente la libertad de elección del docente y su arte pedagógico, podrá elegir entre estas alternativas o bien otras no mencionadas aquí.

Los objetivos de la educación apuntan al hombre para hacerlo consciente del lugar que ocupa en el universo. También existirán objetivos sociales, ya que todo individuo deberá adaptarse al medio en donde realiza su vida. Diversas posturas filosóficas proponen contenidos y métodos para la educación, si bien predominan aquellos surgidos de la ciencia y de la postura filosófica implícita en dicha actividad. Así, los contenidos inherentes a la adaptación cultural del individuo provendrán de una “teoría de la acción ética”, mientras que los métodos para la transmisión de esos contenidos provendrán de una “teoría del conocimiento”.

El conocimiento adquirido permite al hombre dedicar sus pensamientos a cosas importantes. Es la única forma de evitar su total dedicación a las trivialidades cotidianas, a la vulgaridad o al desmedido afán de lujo y comodidades. El intelectual, desinteresado por lo material, adopta esa actitud sin tener que realizar el esfuerzo de sacrificar algo valioso. Ello ocurre porque lo material, para él, sólo significa un medio para que su vida sea más cómoda y segura. Por el contrario, el hombre pobremente educado asigna una mayor categoría social a quien más dinero posee, siendo que este valor prioritario sólo sirve para promover envidia entre quienes adoptan tal escala material de valores.

El ideal de la educación no ha de diferir esencialmente del ideal de la ciencia, de la filosofía y de la religión, que puede sintetizarse en la búsqueda de la verdad. Todos los demás objetivos se darán como una consecuencia de esa búsqueda. La educación universal tenderá a unificar culturalmente a todos los pueblos. Cristo dijo: “La verdad os hará libres”; es decir, libres respecto de nuestras propias debilidades como también respecto del posible dominio que sobre cada uno puedan ejercer los demás hombres.

La posesión parcial del conocimiento universal nos hará sentir ciudadanos del mundo, y nos permitirá dejar de lado los nacionalismos exagerados que generan antagonismos. Así como al sentirnos partes de la sociedad no dejamos de pertenecer a una familia, al sentirnos partes de la humanidad no dejaremos de pertenecer a nuestra propia Nación. El nacionalismo debe darse simultáneamente con el universalismo, de la misma manera en que el amor propio debe darse junto con el amor al prójimo.

El conocimiento de la verdad nos hace vislumbrar la esencia de la eternidad, porque la verdad implica el conocimiento de lo eterno; la ley natural invariante. El ciudadano común debería acercarse a la obra de los buscadores de la verdad en lugar de seguir los pasos de los buscadores de lo efímero y de lo circunstancial. Si asociamos nuestra vida a la búsqueda y a la difusión de la verdad, encontraremos el sentido de la vida que las leyes eternas han asignado a los hombres.

La escuela materializa sólo una de las causas influyentes en la formación de cada individuo. Esta influencia será compartida con el medio familiar y con los medios masivos de comunicación. Cuando se habla de la “crisis de la educación”, generalmente se supone que los contenidos y los métodos utilizados son anticuados, y se sugiere cambiarlos totalmente. En realidad, lo que está en crisis es la propia sociedad; la que valora muy poco el conocimiento y la cultura. Poco se ganará si se trata de cambiar aspectos poco relevantes en lugar de tener presentes otros factores de mayor importancia.

En la actualidad, desde un punto de vista empresarial, se valora más el conocimiento que el capital y el trabajo. El hombre compite con la máquina y subsiste laboralmente el que es servido por una máquina, y no el que la sirve. Peter Druke escribió: “El cambio de significado del saber, que empezó hace doscientos cincuenta años, ha transformado a la sociedad y a la economía. El saber convencional se considera a la vez el recurso personal clave y el recurso económico clave. El saber es hoy el único recurso significativo. Los tradicionales ‘factores de producción’, suelo (recursos naturales), mano de obra y capital, no han desaparecido, pero se han convertido en secundarios; pueden obtenerse, y con facilidad, siempre que haya saber” (De “La sociedad poscapitalista”-Editorial Sudamericana SA-Buenos Aires 1993).

La exagerada utilización de la tecnología perjudica al estudiante. Así, pierde la posibilidad de realizar un eficaz entrenamiento mental al ejecutar cálculos elementales con calculadoras digitales, mientras que pierde entrenamiento imaginativo al disponer de imágenes televisivas durante gran cantidad de horas. De esta manera, a la mayoría le resulta dificultoso realizar cálculos mentales o leer libros sin imágenes. Este proceso está favorecido por el ideal tácitamente aceptado de buscar comodidades a toda costa, aún para que no trabaje nuestra propia mente.

El hombre regido por el “principio del placer” tiende a colocar “una alfombra a los pies de sus hijos” para que no sufran el menor malestar. De esa forma sólo consigue desadaptarlos de la sociedad y alejarlos de la realidad. Además, se ha llegado a un caso frecuente en que, si el docente comparte alguna información con sus alumnos, prestándoles libros o revistas, es altamente probable que no reciba su devolución. Este es un síntoma de que el subdesarrollo económico y tecnológico es sólo una consecuencia del subdesarrollo cultural.