jueves, 12 de julio de 2012

Exportaciones e inflación

Cuando se elevan los precios en forma uniforme, incluyendo salarios y demás, pareciera que nada hubiese cambiado ya que se trataría, en apariencia, de algo similar a lo que ocurre cuando se reduce el valor del dinero sacándole algunos ceros. Sin embargo, la suba de precios uniforme tiende a beneficiar al deudor y a perjudicar al acreedor, como una primera diferencia. También perjudica al que ahorra en la moneda cuyo valor se deteriora al ritmo inflacionario.

Los procesos inflacionarios no son uniformes ya que aparecen retardos en la suba de salarios, por lo que algunos sectores serán más perjudicados que otros. Tienden a sufrirlos más los sectores que no están amparados por la “máquina estatal de imprimir billetes”. José M. Dagnino Pastore dijo: “El efectivo pierde valor; es como si pagara un impuesto cuya tasa anual es igual a la tasa de inflación”.

Finalmente tenemos el caso de las exportaciones, que involucra productos y mercancías que van al exterior para participar en otros mercados, aunque con un agravante: la persistente inflación existente en el país productor va elevando en forma sostenida los costos del exportador. Tarde o temprano las exportaciones dejarán de ser rentables ya que los costos elevados impiden competir con los precios a nivel internacional. Es decir, si el exportador del país con inflación pretende ganar dinero con su actividad, deberá ofrecer sus productos en competencia con productos similares elaborados en países sin inflación, por lo cual deberá cesar pronto en su actividad a menos que se cambie la cotización del dólar.

Este proceso resulta bastante evidente y no es difícil de comprender. Sin embargo, el ciudadano común parece no darse cuenta del rumbo que está tomando el país. O al menos parece importarle muy poco lo que le pueda suceder a los exportadores ya que está convencido de la buena gestión que está desarrollado el gobierno nacional.

En algún momento, durante su presidencia, el ex presidente Néstor Kirchner expresó que quería ver al campo arrodillado ante él. Luego, prohibió la exportación de carne vacuna con el objetivo de reducir el precio de la carne en el mercado interno. Al perder la posibilidad de exportar, el sector ganadero comenzó una etapa de crisis que produjo una reducción del ganado vacuno en unas 10 a 12 millones de cabezas. Caben dudas acerca de tal decisión ya que se puede interpretar tanto como una venganza contra el campo “oligárquico” o bien como una desafortunada decisión gubernamental.

La forma en que se resuelve el problema de los costos crecientes por inflación, en el caso de los exportadores, es a través del aumento del precio del dólar (o la devaluación del peso). De esa manera, sus costos se reducirán ya que recibe por sus exportaciones dólares revaluados, y así podrá seguir compitiendo eficazmente en el mercado internacional. Sin embargo, como casi siempre sucede en cuestiones económicas, lo que se arregla por un lado se desarregla por otro (la economía es como una frazada corta…). Al devaluarse el peso, se reduce el salario real de los trabajadores y se acentúa el proceso inflacionario.

De ahí que el “inofensivo” proceso inflacionario, conocido como el “modelo inclusivo y popular”, lleva al país hacia una crisis irreversible. Al menos los libros de economía, incluso los escritos varios años antes de que apareciera tal modelo, establecen que nunca terminan bien los procesos inflacionarios. Sin embargo, desde la presidencia se califica como “papagayos” a los economistas que repiten siempre lo mismo (lo que dicen los libros de su especialidad). José M. Dagnino Pastore escribió:

“En países con inflación del orden de la nuestra se advierte que no ayuda para nada al crecimiento y que realmente es mejor si se puede estar con estabilidad. Ahora, si se toma como premisa que no podemos lograr la estabilidad –parece una premisa relativamente razonable- hay que preguntarse ¿cómo podemos hacer para vivir mejor con inflación y no temer, además, una serie de distorsiones adicionales?”.

“Las distorsiones principales que crea la inflación son, en el campo exterior, el aumento de los costos internos, con los cuales se hace mucho más barato importar y más difícil exportar, si no se modifica el tipo de cambio. De manera que el primer problema es no dejar que el tipo de cambio se atrase con respecto a la inflación”.

“Si tenemos una inflación del 10%, mientras en el resto del mundo es del 5 o 6%, quiere decir que nos descolocamos en términos de costos un 4% por año. En esas condiciones se puede sostener un tipo de cambio fijo cerca de 3 años y vale la pena correr el riesgo de 2 años y medio de tranquilidad, esperando el cimbronazo de la especulación después. En esas condiciones tiene sentido el escalonamiento con 3 años de duración, por ejemplo. Si la inflación es del orden del 20% y se descoloca un 13 o 14% por año –vale decir, que ya se sabe que no resiste más de un año-, y la gente anticipa la especulación –con lo cual da sólo 6 meses de tiempo- no tiene sentido atrasar el tipo de cambio, perder reservas y manejar la caja del Banco Central en lugar de la economía del país. Es una cuestión empírica más que de teorías decidir si el tipo de cambio debe ser fijo o móvil” (De “¿Qué Argentina queremos los argentinos?”-Felix Luna (coordinador)-Ediciones La Bastilla-Buenos Aires 1973).

En cuanto al balance comercial, el cual implica la diferencia entre exportaciones e importaciones, podemos considerar los siguientes casos:

I) Exportación grande – Importación grande
II) Exportación pequeña – Importación pequeña

En el primer caso, si el balance diera negativo, indicando que se importó más de lo que se exportó, el tamaño de ambas nos indica que hay una actividad productiva razonable y que es de esperar que se alcance el equilibrio. En el segundo caso, en el cual se logra un balance comercial positivo, implica que la actividad productiva ha caído y de ahí que, en este caso, no tiene sentido medir la eficacia de la economía a través de dicho balance.

Por lo general, se recomienda comprar productos nacionales, y no importados, como un gesto patriótico hacia las empresas locales. Sin embargo, pocas veces se escuchan exhortaciones a los empresarios locales para que fabriquen mejores productos que los importados. Por el contrario, tratan de obtener protecciones desde el Estado (y en nombre de la patria) para obtener elevadas ganancias a costa del consumidor local.

Algunos partidarios del modelo inflacionario critican severamente a los que pronostican un futuro incierto ya que dichos adherentes confunden los razonamientos elementales sobre la realidad económica con posibles malos augurios. Sin embargo, los que admiran el modelo inflacionario deberían criticar a los difusores de burlas, surgidas principalmente de canales de televisión del Estado, a menos que se considere a la oposición como una postura ilegal. Las leyes de la economía tienen vigencia en forma independiente de las creencias, a favor o en contra, que se tengan respecto de su validez.

Podemos sintetizar el proceso que comienza con la inflación y termina reduciendo las exportaciones, o incluso generando una severa crisis si no se toman decisiones a tiempo:

1- El político en el gobierno promueve gastos excesivos desde el Estado.
2- Aumenta la demanda artificialmente en algunos sectores de la economía.
3- Se eleva el gasto hasta que se llega a la emisión monetaria excesiva.
4- Se va consolidando el proceso inflacionario.
5- Se comienzan a restringir las exportaciones.
6- La balanza comercial se hace negativa.
7- Se prohíben, o restringen, las importaciones.
8- Debido a la falta de insumos importados, se restringen aún más las exportaciones.
9- Se entra en un círculo vicioso, o un proceso de realimentación positiva, que tiende a auto- mantenerse.

Si la secuencia, en este tipo de crisis, comienza con el gasto excesivo del Estado (ya que gasta más de lo que recibe) la solución que surge de la lógica elemental consiste en disminuir el gasto estatal (ajuste). Sin embargo, los promotores y admiradores del modelo que produjo la crisis, descartan el ajuste y critican severamente a los “inhumanos” economistas que proponen tal medida por cuanto ello va a perjudicar a “los trabajadores”. Entonces quedarían dos opciones:

a) Dejar las cosas como están.
b) Intensificar aún más el gasto por parte del Estado (que ya no tiene fondos disponibles).

En cualquiera de las dos últimas opciones, el perjuicio va a ser tanto para “los trabajadores” como para los “no trabajadores”, es decir, una crisis para todos. Si se perjudican unos más que otros, no habría “igualdad” y ello no será visto como algo “justo”, de ahí que se descarta el ajuste antes mencionado. El modelo de crecimiento que debería darse seguirá una secuencia como la siguiente:

1- Inversión de capitales
2- Trabajo
3- Consumo y crecimiento

De ahí que el modelo “nacional y popular” que rige el destino de los argentinos se trata en realidad de un modelo “ahuyentador de capitales” y “populista”, ya que favoreció el éxodo de capitales al exterior y, además, aplica el impuesto inflacionario afectando principalmente a la población de menores recursos. Para que el inversor tenga confianza en el país, y retornen los capitales, habremos de esperar una próxima etapa política, si así lo prefiere el pueblo expresándose en futuras elecciones.