lunes, 7 de mayo de 2012

La inclusión social

Estar incluido en una sociedad implica sentirse parte de ella y, a la vez, sentir que los demás integrantes admiten esa pertenencia. Es necesario destacar que muchas veces existe una autoexclusión de la sociedad y por ello mismo es injusto que se busquen culpables (los discriminadores) en el resto de la sociedad sin siquiera contemplar la posibilidad de que el excluido sea el principal responsable por la situación. Los grupos e individuos que se jactan de mostrar una actitud de rebeldía permanente, adoptan posturas antisociales por convicciones personales propias.

Es indudable que el principal grupo del que debemos sentirnos incluidos es el de la humanidad. Debemos sentirnos ciudadanos del mundo considerando a todo ser humano como miembro del grupo de la especie humana. Sin embargo, y por lo general, la gente busca sentirse integrante de algún subgrupo de la humanidad, Los principales subgrupos aparecen bajo argumentos de nacionalidad, política, religión, clase social, etnia, etc. La mayor parte de los conflictos humanos se deben a la lucha entre tales subgrupos, por cuanto se desinteresan por formar parte del grupo único de la humanidad.

Podemos hablar, por lo tanto, de fuerzas de unión, que favorecen la inclusión del individuo como integrante de la humanidad y también fuerzas de antagonismo y desunión, que se caracterizan por favorecer el predominio de ciertos subgrupos sobre los demás. Las fuerzas de unión son la de cooperación, mientras que las de antagonismo son las originadas por la competencia. La actitud del amor favorece a las primeras, mientras que el egoísmo y el odio favorecen a las segundas.

El primer grupo está caracterizado por tener como referencia las leyes naturales, de carácter universal, descriptas por la ciencia y también por la religión y la filosofía “verdaderas”, es decir, que contemplan y son compatibles con dichas leyes. Quienes forman parte de los subgrupos desconocen generalmente tales leyes adoptando “leyes” de validez sectorial, que son desconocidas e inexistentes para los restantes grupos.

El ciudadano del mundo trata de acentuar sus atributos personales respondiendo de manera efectiva a la finalidad implícita en las leyes de la genética, mientras que los lideres de los subgrupos tratan de promover la obediencia del hombre masa, que en tales dirigentes ha delegado su capacidad de decisión y de pensamiento.

Mientras que la actitud cooperativa tiende a favorecer la inclusión social, la tendencia discriminatoria tiende a impedirla. Esta tendencia surge de individuos que pertenecen a algún subgrupo, y que han perdido su individualidad a cambio de sentirse alguien, justamente como integrantes del mismo. Ello se debe a que dudan de sus propios valores, sintiéndose incapaces de lograrlos. El fenómeno de la masificación implica la pérdida de la individualidad de quienes han decidido integrarse a una multitud.

Para favorecer la inclusión social, debe imperar una actitud cooperativa tal como la impulsada por el cristianismo. El “amarás al prójimo como a ti mismo” implica compartir las penas y las alegrías ajenas como si fuesen propias. Sin embargo, quienes tienen como objetivo aparente impulsar la igualdad y la inclusión social, por lo general rechazan, o ignoran, todo lo que proviene del cristianismo.

Si bien los seguidores de Cristo, estrictamente hablando, constituyen un subgrupo de la humanidad, debe tenerse presente que la actitud ética asociada al mandamiento mencionado tiene una validez universal, es decir, válido para todo tiempo y para todo pueblo. Incluso, desde el punto de vista científico, los efectos de su cumplimiento determinan su “validez experimental”, y de ahí que debamos considerarlo especialmente por su grado de adaptación a la realidad antes que por su aceptación debida a cuestiones estrictamente religiosas. Por ello llama la atención que el cristianismo haya dejado de estar presente en algunas recientes constituciones, como es el caso de la Unión Europea. Jeremy Rifkin escribió al respecto:

“Mi primera impresión al leer la Constitución Europea fue que importantes secciones de la misma no resultarían nunca aceptables para la mayoría de los estadounidenses, si alguna vez les fuera propuesta para su ratificación”. “Para empezar, no hay una sola referencia a Dios, y sólo una referencia velada a la «herencia religiosa» de Europa. Dios está ausente”. “El Papa Juan Pablo II y el Vaticano hicieron presión públicamente para que hubiera una «clara referencia a Dios y a la fe cristiana» en el preámbulo. Otros argumentaron que no mencionar el cristianismo, cuando ha desempeñado un papel crucial en la historia de Europa, era imperdonable” (De “El sueño europeo”-Editorial Paidós SAICF-Buenos Aires 2004).

En el caso del liberalismo, igualdad e inclusión de todo individuo implica una igualdad de oportunidades para sentirse plenamente integrado al grupo social. En el caso del socialismo, igualdad e inclusión implica una igualdad económica que sólo se conseguiría en la hipotética sociedad comunista, de ahí que, en toda sociedad democrática, el socialista supone que todo integrante de la misma, que trabaje en relación de dependencia, ha de ser necesariamente un explotado laboralmente y que sólo se integrará a la sociedad bajo el socialismo.

Así como la esclavitud resultó ser una mejora social respecto de la muerte de los vencidos en una contienda bélica, la explotación laboral resulta ser una mejora social ante la ausencia de empresarios que ofrezcan trabajo al desocupado. De ahí que debamos primeramente considerar como culpables de las malas condiciones laborales a quienes no son capaces de ofrecer ningún empleo y que son, muchas veces, los que luego culpan a quienes sí lo hacen, al menos brindando algún tipo de empleo rudimentario. Si en la sociedad hubiese sólo adherentes al socialismo (que sólo tratan de repartir lo que producen los demás), y no empresarios, la sociedad se debilitaría cayendo en la pobreza y la miseria.

Como en las sociedades actuales predomina la visión socialista del mundo, se culpa a la economía de mercado, o capitalismo, de todos los problemas sociales existentes. Incluso se supone que el delincuente adopta tal comportamiento ilegal por haber sido previamente excluido de la sociedad y que el sistema capitalista es el culpable, en última instancia, de esa conducta. Luego, promoviendo su inclusión social, se permite la libertad de delincuentes de alta peligrosidad, que generalmente vuelven a delinquir sin interesarles en lo más mínimo la vida de personas inocentes.

Por el contrario, puede decirse que se logra una segura exclusión social a través de leyes que permitan delinquir a los menores, incluidos los asesinatos, considerándolos inimputables por esos delitos, mientras que a la vez, otras leyes les impiden trabajar. Una vez iniciados en el camino de la delincuencia, y alejados del trabajo, será bastante difícil orientarlos nuevamente por la buena senda. Nadie duda de las ventajas y de la necesidad de que los menores estudien en lugar de trabajar, pero tampoco debe olvidarse que hay un porcentaje considerable que no concurre a las escuelas porque no les gusta ir y, al no tener posibilidades de trabajar, se encuentran en condiciones favorables para la delincuencia.

La inclusión social considerada como la más importante es la inclusión económica, por lo cual se dice que quienes no poseen un nivel económico mínimo y aceptable, están marginados de la sociedad. Todos estamos de acuerdo en esto, sin embargo, resulta contradictorio que en algunos países subdesarrollados se promueva la inclusión social y simultáneamente se combata a los empresarios, a las empresas, al capital, etc. siendo justamente los principales factores de producción de riquezas.

Los políticos populistas predican tácitamente que su misión en el mundo es proteger al ciudadano de la maldad y de la explotación empresarial. El ciudadano común piensa que todas las personas en la sociedad son inocentes hasta que se demuestre lo contrario, mientras que considera culpable al empresario hasta que demuestre lo contrario. De ahí que el subdesarrollo económico consiguiente no resulte nada sorprendente. Luego, bajo el temor de la expropiación estatal, muchos son los capitales, nacionales y extranjeros, que son llevados al exterior, principalmente a los países “imperialistas”. Ayn Rand escribió:

“Si este grupo fuera penalizado, no por sus fallas, sino por sus virtudes, no por su incompetencia, sino por su habilidad, no por sus fracasos, sino por sus logros y mientras mayor el logro, mayor la penalidad, ¿llamaría a eso persecución? Si su respuesta es «sí», entonces pregúntese qué clase de injusticia monstruosa usted disculpa, soporta o está perpetrando. Ese grupo es el de los empresarios” (De “Capitalismo”-Grito Sagrado Editorial-Buenos Aires 2008).

La exclusión social de importantes sectores es promovida por los ideólogos populistas. Para ellos, inclusión social implica “inclusión en el grupo de obedientes al partido gobernante” (y exclusión de los opositores). Como ejemplo puede mencionarse al actual (2012) Vicepresidente de la Nación, en la Argentina, quien calificó de “hijos de p….” al ex Secretario de Energía, Alieto Guadagni (UCR) (junto a otros ex Secretarios de Energía) por diferencias en los criterios sostenidos en la materia. Tal caso fue mencionado públicamente por dicho ex funcionario en un programa televisivo (TN).

¿Podrá salir del subdesarrollo un país dividido en sectores antagónicos en el cual uno de ellos es degradado, insultado y calumniado por los medios masivos de difusión estatales y desde niveles muy cercanos al presidencial? Gunnar Myrdal escribió: “La conciencia de una comunidad nacional de intereses y aspiraciones, la voluntad común de hacer sacrificios para otros propósitos que un beneficio económico inmediato, y el desarrollo de instituciones y reglas adecuadas para esos fines son el resultado histórico de haber vivido estrechamente unidos mucho tiempo bajo una política unificada y de haber participado activamente en el proceso público de determinar dicha política. Si esta base psicológica llegara a faltar, el Estado se desintegraría. Pero en el progreso hacia la integración económica, y en condiciones de constante desarrollo económico, lo probable es que se vuelva más firme” (De “Solidaridad o desintegración”-Fondo de Cultura Económica-México 1956).

Cuando la ayuda social otorgada por el Estado a un grupo familiar, y extraída del sector productivo, cuyo monto sea comparable al obtenido por otro grupo familiar mediante el trabajo, se está en cierta forma excluyendo de la sociedad al primer grupo, por cuanto pasa a ser un grupo parasitario (si tal ayuda se prolonga en el tiempo) desanimando al que realiza su trabajo cotidiano. También esta exclusión se establece con la nomina del personal del Estado que, simulando trabajar, y tan sólo cumpliendo horarios, se caracteriza por el triste atributo de vivir a costa de los demás. Y en épocas de populismo, puede vivir mejor que los demás, por lo que, entonces, el excluido pasa a ser el ciudadano decente que trabaja productivamente.