lunes, 23 de enero de 2012

Extracción social de caudillos y revolucionarios

Entre los estudios sociológicos tradicionales se encuentra el de la extracción social de los integrantes de distintos grupos con notoria influencia en su medio. Consideraremos en primer lugar al conjunto de caudillos que se desempeña en la Argentina entre 1810 y 1870. Entre todos, se estudiaron con mayor detenimiento a 18 de ellos, prescindiéndose de varios más por la carencia de datos o por ser menos importantes. Tal estudio sociológico se debe a Rubén H. Zorrilla y aparece en “Extracción social de los caudillos” de Editorial La Pleyade -Buenos Aires 1972.

En cuanto al significado de “caudillo”, el autor mencionado escribe: “Los caudillos fueron jefes militares –o civiles que asumieron el rol militar- y que en el periodo 1810-1870 ejercieron un poder no institucionalizado, simultánea o alternativamente, en una cierta área del país, contando para ello con el apoyo de las fuerzas armadas existentes y con algún consenso popular -variable según los períodos y las regiones que se consideren”.

La lista de los caudillos considerados es la siguiente: Francisco Ramírez (Entre Ríos), Estanislao López (Santa Fe), Gervasio José de Artigas (Banda Oriental), Juan Bautista Bustos (Córdoba), Juan Manuel de Rosas (Buenos Aires), Facundo Quiroga (La Rioja), Bernabé Aráoz (Tucumán), Juan Felipe Ibarra (Santiago del Estero), Pedro Ferré (Corrientes), Martín Güemes (Salta), Ángel Vicente Peñaloza (La Rioja), Justo José de Urquiza (Entre Ríos), Alejandro Heredia (Tucumán), Antonino Taboada (Santiago del Estero), Nazario Benavídez (San Juan), Juan Felipe Varela (Catamarca-La Rioja), Fructuoso Rivera (Banda Oriental) y Félix Aldao (Mendoza).

Uno de los aspectos más llamativos es el “estado de guerra” entre caudillos. En un cuadro que aparece en el libro mencionado se muestra que cada uno estaba en guerra con uno, dos o más caudillos, simultáneamente, a excepción de Heredia y Quiroga, siendo Rosas el que mantiene mayor cantidad de conflictos; en su caso, con otros seis caudillos. Cuando se habla de “guerra civil”, por lo general se piensa en dos bandos en conflicto, por lo que la guerra civil entre caudillos resultó bastante más compleja.

Por lo general, tales personajes eran hacendados con un nivel económico alto, siendo su principal ocupación la de militar, hecho que se explica por la necesidad que tenían para controlar las grandes estancias que poseían. Varios de ellos heredan tierras de sus padres y abuelos. Téngase en cuenta que en el periodo previo a la emancipación de las antiguas colonias, todas las tierras pertenecían a la realeza española y que, para acceder a esas tierras, había que tener algún vínculo importante con dicha realeza, en lugar de adquirirse mediante el trabajo y la producción, como ocurrió en otros países. Rubén H. Zorrilla escribe:

“La posesión de la tierra –que en muchos casos no tenia en sí misma gran valor- denuncia conexiones estrechas con la burocracia colonial porque sólo con su anuencia era posible alcanzar la condición de gran propietario”.

Como puede observarse en la lista previa, y como era de esperar, predominan apellidos de origen español, lo que contrasta con periodos posteriores de la historia argentina en la que aparecen apellidos de origen italiano y otros, además del español, luego de la fuerte inmigración iniciada a finales del siglo XIX.

También aparecen apellidos de familias tradicionales en el grupo guerrillero urbano Montoneros, que tiene una activa participación durante la década de los 70 del siglo XX. Mientras que los caudillos del siglo XIX eran, a pesar de sus defectos, algo auténticamente nacional, el grupo terrorista Montoneros lucha militarmente para que su propio país pase a ser una colonia más del ex Imperio Soviético. Juan José Sebreli escribe:

“La base social de Montoneros era de clase alta, clase media y algunos sectores lumpen [«proletariado en harapos»], no abundaban en cambio los obreros. Entre los doce miembros fundadores sólo había un obrero y éste provenía de la militancia católica. Una encuesta de opinión efectuada entre 1971 y 1972 mostraba que las clases media y alta, en especial sus sectores juveniles, eran más proclives a justificar el terrorismo que la clase baja. Se destacaba, sobre todo, un sector constituido por descendientes de la clase alta patricia aunque algunos venidos a menos –notorios apellidos de las más rancias familias nutrían sus filas: Muñiz Barreto, Vélez, Berazategui, Quintana, Lamarca, Guerrico, Capdevila, Saénz Valiente, Salguero, Lozada, Urdapilleta, Ezpeleta, Abal Medina, Álzaga, Padilla, Paz, Iribarren-. Algunos de los primeros Montoneros caídos –antes de que se empleara la técnica de la «desaparición»-fueron sepultados en el aristocrático cementerio de la Recoleta y sus exequias constituían una reunión de gente elegante que se retiraba discretamente antes de que entrara la policía a reprimir a los jóvenes”.

“Otros sectores lo formaban los hijos de conocidos funcionarios políticos, civiles y militares: Fernando Vaca Narvaja, descendiente del ministro y gobernador de Córdoba; Carlos Alsogaray, hijo del general Julio Adolfo Alsogaray y sobrino de Álvaro, el varias veces ministro de economía”.

“Cualesquiera que fueran las argumentaciones ideológicas de su accionar, estos sectores de clase alta en declinación o de clase media en ascenso sin ubicación precisa en el establishment creía encontrar en la revolución violenta una fórmula que les permitiría el acceso al poder, reemplazando, en una doble sustitución, a la burguesía tradicional y al proletariado impotente para la misión revolucionaria que se le había asignado en otro tiempo y con otra ideología” (De “Critica de las ideas políticas argentinas”- Editorial Sudamericana SA-Buenos Aires 2002).

Quien se sorprenda, al asociarse a la gente que tiene (o alguna vez tuvo) mucho dinero, con la lucha armada a favor del socialismo, por encontrarlos contradictorios, debe tener presente que en ambos casos se busca un poder personal excesivo, lo que contrasta notablemente con la mentalidad de la clase media. El guerrillero socialista esperaba, a través del éxito militar, el objetivo del “va todo al ganador”, es decir, llegar a controlar el Estado para tener todo el poder militar, político, económico y jurídico en sus manos, como es el caso de Fidel Castro, que fue la inspiración para Montoneros. Los verdaderos jóvenes idealistas son los que, mediante el trabajo y la innovación, tratan de hacer cada día algún aporte positivo a la sociedad en que viven. Juan José Sebreli escribió:

“El desprecio por la vida, la propia y la ajena, era defendido por Firmenich: «Si uno se preocupa por las vidas no hace política. Hacer política es preocuparse por el poder, no por las vidas»”.

Siguiendo en el pasado, esta vez consideraremos la intervención de judíos en la Revolución bolchevique de 1917, llamando la atención el porcentaje de miembros de esa colectividad que ocupan lugares predominantes. Esteban J. Malanni afirma que, de 106 líderes de tal movimiento, el 59% eran judíos siendo sólo del 4,1% el porcentaje de judíos en la población rusa de entonces. Recordemos que Marx y Trotsky, ideólogo y promotor revolucionario, eran de ese origen. Incluso el financiamiento económico de la revolución provino de un banco judío de EEUU, tal el Kuhn, Loeb & Cía. El autor mencionado escribe: “Diez personas integran la Comisión Permanente Política y la Central Revolucionaria de Guerra, los dos organismos que decidieron, virtualmente, la preparación y la realización del movimiento bolchevique. Ellas son: Lenin (ruso), Stalin (georgiano), Trotsky (judío), Dsershinski (polaco), Bubnof (ruso), Zinovief (judío), Kamenef (judío), Sverdlof (judío), Sokolnikof (judío), Uritsky (judío)”.

Max Nordau escribió: “¿Creéis, pues, vosotros que es por azar que se hallan en el nacimiento del socialismo contemporáneo los judíos Marx y Lassalle; y que, aun ahora, entre los teóricos del socialismo, ocupan los judíos los primeros puestos? Estos hombres, por más que renieguen de su judaísmo, están dominados, sin saberlo, por un atavismo judío”, mientras que el estadista británico Benjamín Disraeli expresó: “Se puede ver hasta dónde alcanzó la influencia judía en las últimas revoluciones de Europa. Se produjo un movimiento contra la tradición, la religión y la propiedad” (Citado en “Comunismo y judaísmo” de Esteban J. Malanni-Editorial La Mazorca-Buenos Aires 1944).

El mundo cristiano y de otras religiones ha estado históricamente contra los judíos, mientras que los judíos han estado históricamente en contra del cristianismo y de otras religiones, de donde surge la causa esencial de muchos conflictos. Esteban J. Malanni escribió: “Toda la población judía de Rusia contribuyó a la revolución, con su acción personal, su propaganda periodística o su dinero, porque deseaba el derrumbe del régimen zarista, que le vedaba el avecindamiento en las grandes ciudades y, en general, le negaba los derechos acordados a sus súbditos cristianos”, mientras que Atilano Domínguez, en la introducción histórica del “Tratado teológico-político” de Baruch de Spinoza (Ediciones Altaya SA-Barcelona 1994) escribe: “En el mundo judío, Spinoza trae a primer plano el odio a los extranjeros y de los extranjeros; en el mundo cristiano, la especulación y la ambición”.

Recordemos que en el Antiguo Testamento se admite una venganza equitativa en el “ojo por ojo….”, mientras que en el Nuevo Testamento, admitido sólo por cristianos, se prohíbe tal conducta. Incluso en libros sagrados judíos se promueven divisiones y antagonismos que perduran en la época actual. Malanni escribió: “El Talmud, más bien contribuye decisivamente al aislamiento de Israel, inculcando en él la soberbia de pueblo elegido, superior a los demás, como los hombres son superiores a los animales”.

No todos los judíos adoptan una actitud de venganza ante las circunstancias adversas, sino que optan por emigrar hacia otros países. Sheldon L. Glashow escribió: “Mis padres, Lewis Glashow y Bella (Rubin de soltera), emigraron de Bobruisk a Nueva York a comienzos del siglo. En EEUU encontraron la libertad y las oportunidades negadas a los judíos en la Rusia de los zares” (De “El encanto de la Física”-Tusquets Editores SA-Barcelona 1995). Con el tiempo, el mencionado autor recibe el Premio Nobel de Física.

Luego de la descripción de los hechos históricos considerados, como así también de algunas características del grupo social que les dio origen, surge la natural necesidad de establecer cierta teoría que los abarque a todos, lo que no resulta sencillo. Una posibilidad será considerar que la mayor parte de los grupos mencionados estuvo constituido por individuos que llevaron en sus mentes cierta idea de superioridad social familiar, de clase o religiosa, y que por ello mismo sintieron como legítima la lucha por el poder personal y grupal. Esa tendencia se acentúa en cuanto el individuo “superior” pierde la posición social heredada y trata, por cualquier medio, de reconquistar la posición social que cree digna de su linaje familiar, o de su grupo social o religioso. Recordemos que Ernesto Che Guevara pertenecía a una familia distinguida venida a menos: otro tanto sucedió con el escritor Leopoldo Lugones quien alguna vez expresó: “Ha sonado otra vez, para bien del mundo, la hora de la espada”. Justamente su nieta, Susana (Pirí) Lugones, toma las armas y es abatida en los 70 siendo integrante del grupo Montoneros.