lunes, 21 de noviembre de 2011

Propiedad privada vs. estatal


La propiedad individual, tanto como la posesión de riquezas, presentan ventajas para su poseedor por cuanto lo liberan parcialmente de la dependencia respecto de otros hombres tanto como de las preocupaciones que implica la dura lucha cotidiana por la subsistencia. Por el contrario, los desposeídos deben padecer ambos inconvenientes con distintos grados de sufrimiento. Jacques Attali escribió respecto de la propiedad:

“En tres siglos de inteligencia extrema –del siglo XVII al XIX- se han podido dar bastantes respuestas a estas preguntas: sucesivamente, el deseo primero de «tener» ha sido presentado como nacido del hambre, del miedo, de la rivalidad, de la escasez de las cosas y de la preocupación por dominar al prójimo”.

“En todo tiempo nos hemos preguntado cuál era la mejor manera de organizarla, la más justa, la más libre. A veces hemos creído saberlo. Algunos han sostenido que el hombre evolucionaba, al ritmo de un progreso irreversible, de la propiedad comunitaria a la propiedad individual. Otros han afirmado que la evolución y las luchas iban exactamente en sentido contrario. Y otros, finalmente, han soñado con una sociedad sin propiedad, ni privada ni colectiva” (De “Historia de la propiedad”-Editorial Planeta SA-Barcelona 1988)

En general, podemos encontrar dos alternativas principales propuestas para solucionar los problemas asociados a la propiedad. La primera consiste en la progresiva mejora económica de los desposeídos en la que, con sus esfuerzos, lleguen a una situación liberadora. Ésta es esencialmente la postura de los sectores liberales. Se apunta hacia la desigualdad decreciente en la riqueza. La segunda opción consiste en la expropiación paulatina a los sectores más pudientes, por parte del Estado, para distribuir lo confiscado entre los sectores más desposeídos. Ésta es esencialmente la postura de los sectores socialistas. Se apunta hacia la igualdad creciente en la pobreza.

El liberalismo promueve una economía basada en la propiedad privada de los medios de producción y del intercambio a través del mercado. Jacques Attali escribió:

“Unos teóricos de esa corriente han explicado que la crisis actual, como la precedente, era debida a la intervención del Estado sobre el mercado, que crea lo irreversible cuando lo reversible es necesario para recobrar el equilibrio. A su juicio, el Estado sólo debe hacer respectar las reglas del mercado y estabilizar la distribución de los derechos de propiedad privada”.

Uno de los ideólogos de la abolición de la propiedad privada, P. J. Proudhon, escribía en el siglo XIX:

“La propiedad, como toda religión, está sometida a la ley del desenvolvimiento. Por eso se la ve como simple derecho de uso y habitación entre los germanos y los árabes; como posesión patrimonial, inalienable a perpetuidad, entre los judíos; feudal y enfitéutica en la Edad Media; absoluta y circulable a voluntad del propietario, entre los romanos y la época actual”.

“Se roba por constitución de renta, arriendo y alquiler” (Del “Sistema de las contradicciones económicas”-Editorial Tupac-Buenos Aires 1945).

Si tomamos el ejemplo citado de los alquileres, como un robo, podemos apreciar que el autor no tiene presente que alguien tuvo que trabajar bastante para lograr dinero y para construir una vivienda. Si la cede a otra persona, ha de cobrar un alquiler mensual razonable. De esa manera se beneficia el propietario y el inquilino. Si una sociedad considera al alquiler como un robo, nadie, o muy pocos, harán casas para cederlas en préstamo gratuito, como parece ser el requisito para que no sea “un robo”. Como consecuencia, habrá escasez de viviendas en alquiler con perjuicios tanto para posibles propietarios como para posibles inquilinos.

El socialismo promueve una economía basada en la propiedad estatal de los medios de producción y de la distribución equitativa a través de una planificación estatal. La expropiación por parte del Estado implica simplemente un robo generalizado a los propietarios, pero se ha justificado este accionar aduciendo que la propiedad privada proviene de un robo anterior. Bernard Shaw escribió:

“La alternativa revolucionaria consiste en declarar que la tierra es propiedad pública y decapitar a todos los propietarios que no salen del país a tiempo, como se hizo en la Revolución Francesa en el siglo XVIII, o fusilar a los pocos que se opongan activamente y dejar a los demás que se las arreglen como puedan sin rentas y sin casas, como en Rusia en 1917. Pero lo único que en ambos casos podrían hacer los nuevos gobiernos establecidos por la revolución sería dividir la tierra cultivable entre los campesinos, y pocos de ellos serían capaces de explotar su productividad potencial”.

“Los campesinos rusos que ganaban dinero con sus lotes y los araban con sus propios caballos, empleando a otros campesinos como peones, fueron acusados de kulaks y expulsados de sus tierras como explotadores y aprovechadores, con el resultado de que quedaron baldías. El gobierno soviético tuvo que buscarlos después y volver a ponerlos en sus tierras con la misma violencia con que antes los había expulsado. Pero eran tan pocos que, por cada diez fincas cultivadas al nivel de kulak, que distaba mucho de las máximas posibilidades de explotación, había unos noventa lotes misérrimamente cultivados y cuyos dueños vivían de su producto en chozas de madera con espacio suficiente para una piojosa cama familiar, un horno y una franja de piso de barro”.

“Y cuando los campesinos corrientes y los kulaks se dieron cuenta de que si producían lo bastante para ahorrar se llevaba el gobierno soviético los ahorros en impuestos que en realidad eran renta económica, exactamente como se los llevaban los antiguos terratenientes, mataron sus caballos y su ganado y destruyeron las semillas para que el gobierno no cayera sobre ellos con sus impuestos. Los cosacos produjeron así hambres artificiales y hubo que dejar que se murieran” (De “Guía política de nuestro tiempo”-Editorial Losada SA-Buenos Aires 1959).

A pesar de las decenas de millones de víctimas producidas por el comunismo con sus “reformas agrarias” sigue teniendo difusores como lo fue el autor citado. No sólo justifican el robo generalizado, sino los asesinatos masivos, si bien el autor los atribuye a una especie de “suicidio colectivo” por parte de los agricultores rusos, ucranianos y de otros pueblos. Aun si fuesen asesinatos inducidos, en lugar de directos, como coinciden muchos autores, nunca dejarán de ser los asesinatos masivos de mayor envergadura en la historia de la humanidad.

Pero, para los marxistas, el empresario, explotador por naturaleza, no tiene derechos a la vida, porque su vida vale muy poco. De ahí que hayan tomado actitudes similares a los nazis respecto de los judíos. Si una clase social, o una raza, es culpable de todos los males de una sociedad, no existirían impedimentos de conciencia para eliminarlos. Es necesario destacar que los momentos de máxima violencia pueden ser espontáneos en lugar de dirigidos o planificados. Quien leyó, o escuchó muchas veces, que la burguesía, o los empresarios, son todos ladrones y explotadores, es posible que acepte con naturalidad algún tipo de violencia contra ese sector, incluso hasta es posible que quiera participar en algún asesinato.
También las reacciones en contra pueden adquirir un carácter violento e irracional.

El error del marxista consiste en considerar que el trabajo del obrero es el único factor de la producción, por lo que deja de lado la materia prima, el capital asociado a las maquinarias y herramientas, la gestión empresarial, etc. Llega así al resultado de que el empresario, que produce bienes y servicios, da trabajo a mucha gente, es un delincuente indigno de vivir en sociedad, por lo cual se lo puede eliminar sin remordimiento alguno, como ha ocurrido en muchos lugares del mundo.

Generalmente aparecen estadísticas que mencionan la desigual distribución de la riqueza, pero sin hacer referencia a la forma en que los distintos individuos lograron cierto capital. No es lo mismo considerar al especulador que posee riquezas sin haber producido algo útil para la sociedad, que el empresario creativo que obtiene dinero como consecuencia de su buen accionar. Así, tenemos los ejemplos de Henry Ford (de la Ford Motor Co.) y de Thomas A. Edison (General Electric), o los recientes casos de Bill Gates (Microsoft) y Steve Jobs (Apple). H.G. Wells escribió:

“Exceptuando quizás a George Stephenson, inventor de las locomotoras, ningún ser humano puede haber creado más riqueza que Edison, porque la suya fue seguramente la mente más ingeniosa que se haya consagrado jamás a la aplicación comercial de la ciencia” (De “El trabajo, la riqueza y la dicha de la humanidad”-Editorial Claridad SA-Buenos Aires 1946).

Por otra parte, Thomas A. Edison expresó respecto de la instalación de la iluminación eléctrica:

“Fue necesario resolverlo todo: dinamos, reguladores, medidores, conmutadores, fusibles, accesorios de sostén, conductores subterráneos y una multitud de detalles distintos, hasta la cinta aisladora. Todo era nuevo y único. El único elemento apropiado en el mundo, en ese tiempo, era el alambre de cobre, y aún ése no estaba adecuadamente aislado”.

Se critica a los concentradores de capital (capital productivo en forma de máquinas y herramientas) suponiendo que tales individuos consumen diariamente alimentos equivalentes en cantidad al que necesitan miles de seres humanos, y de ahí el hambre que éstos padecen, pero pocas veces critican a la burocracia improductiva que predomina en muchas sociedades totalitarias, o casi totalitarias, ya que, ellos sí, deben ser alimentados por el limitado sector productivo.

Es conveniente la descentralización de la propiedad de manera que existan “muchos dueños” para que la economía adquiera eficiencia a través de decisiones rápidas y localizadas. Por el contrario, cuando todas las decisiones las toma un líder a cargo del Estado totalitario, la ineficiencia es manifiesta. Esto nos lleva a una analogía con las épocas en que una máquina de vapor se utilizaba para aportar la energía necesaria para la producción fabril en un establecimiento industrial. Si la máquina se detenía, se paraba toda la producción. Pronto apareció la necesidad de colocar una máquina de vapor por cada máquina productiva para evitar la situación anterior.

Los países exitosos son los que promueven la producción y el trabajo, mientras que los países que fracasan promueven la distribución de lo que una minoría produce y posee. Incluso naciones que en el pasado eran exitosas, al caer en manos de políticos socialistas e intervencionistas, están cayendo en crisis económicas y sociales cada vez más acentuadas.