miércoles, 30 de noviembre de 2011

Los manipuladores de cerebros

Existen personas que tratan de influir en forma permanente en otros para inducirlos a obrar y a pensar de determinada manera. Entre los extremos encontramos al educador o al intelectual que indagan acerca de la verdad y tratan de compartirla con los demás, y también encontramos al fanático que trata de imponer verdades parciales, o incluso la mentira, buscando el dominio mental sobre otros seres humanos, motivado principalmente por el antiguo hábito de tratar de sentirse superior al dominado.

Podemos decir que el mérito, o la culpa, por ejercer influencia sobre los demás dependen de la validez de la información comunicada, produciendo buenos efectos la transmisión de conocimientos verdaderos, o compatibles con la realidad, mientras que se producirán efectos indeseados con el adoctrinamiento basado en información incompatible con la realidad. Generalmente, se descubre la eficacia, o la ineficacia, del proceso de influencia luego de observar los resultados logrados.

La educación para la libertad individual provendrá del conocimiento de la verdad, mientras que la manipulación para la dependencia mental provendrá del conocimiento parcial de la verdad o bien de la posesión de información errónea. De todas formas, el proceso formativo depende tanto del que da como del que recibe la influencia. Recordemos que varios de los grandes maestros de la humanidad perdieron sus vidas en manos de aquellos a quienes pretendieron educar, tales los casos de Sócrates, Séneca, Cicerón, Cristo y Gandhi.

El hombre necesita recibir información transmitida por las generaciones anteriores, de lo contrario debería reinventar una enorme variedad de conocimientos. Alexis de Tocqueville escribió:

“Si el hombre tuviera que forzosamente probarse a sí mismo todas las verdades de la vida cotidiana no acabaría nunca; se agotaría en demostraciones preliminares sin avanzar un paso; como carece de tiempo y de facultades para obrar así porque su vida es breve y su inteligencia limitada, no puede sino dar por ciertos gran cantidad de hechos y opiniones que no ha tenido ocasión ni capacidad para examinar y verificar personalmente, pero que expusieron otros más hábiles o adoptó la multitud. Sobre este primer asiento edifica el hombre su pensamiento propio. No es por voluntad propia que procede de este modo, sino por ley inflexible de su naturaleza” (De “La democracia en América”-Tomo II-Sarpe-Madrid 1984).

No es de descartar, como en el caso de los niños pequeños, la favorable transmisión de información alterada a favor de la construcción de mundos imaginarios, que serán algo mejor que el mundo real. De ahí que hay quienes sostienen que la construcción de mundos imaginarios para adultos podría conducir también a buenos efectos, pero parece ser que los seres humanos no tenemos otra alternativa que tomarnos el trabajo de encontrar la verdad para una mejor adaptación al mundo real.

Así como una computadora puede cambiarse mediante el agregado de circuitos electrónicos adicionales, o bien a través del agregado de nuevos programas, en el caso del hombre existe la posibilidad de alterar, por intervenciones quirúrgicas, o mediante estímulos eléctricos o bien por efecto de sustancias químicas, el comportamiento del cerebro, mientras que lo análogo a adquirir nuevos programas es el proceso de traspaso de información mencionado previamente.

Es posible que una buena parte de los conflictos que se dan entre padres e hijos, y entre los integrantes de un matrimonio, se deba a la consciente o inconsciente búsqueda de la manipulación mental directa. También es posible que aparezca cierta disonancia cognoscitiva en el individuo sometido cuando observa diferencias entre lo que su personalidad le sugiere y lo que se le trata de imponer en forma inducida por otra persona.

Excepto por cuestiones médicas, parece desafortunada la idea de moldear cerebros humanos alterando su contextura natural con el fin de obtener algunos cambios considerados favorables. Carl Rogers escribió:

“Podemos adoptar la decisión de usar nuestros crecientes conocimientos para esclavizar a las personas en formas no soñadas hasta hoy, para dominarlas por medios elegidos con tanto cuidado, que tal vez jamás se den cuenta de la pérdida de su personalidad” (Citado en “Los moldeadores de hombres”-Vance Packard-Editorial Crea SA-Buenos Aires 1980)

Entre los casos extremos de manipulación de cerebros podemos mencionar el de Charles Manson, quien dirigía mentalmente a sus seguidores hasta que éstos llegaban a cometer asesinatos, como el de la actriz Sharon Tate. La justicia lo condenó, junto a los ejecutores materiales, como autor intelectual de tales hechos. Vance Packard menciona los pasos empleados por el manipulador, los que, quizás, se repitan en otros casos:

1. Manson estaba dotado para percibir las necesidades psicológicas de los demás. Aseguraba a muchachas fugitivas, que necesitaban un padre, que él sería su padre. A las jóvenes feas les decía que eran hermosas.

2. Cuidó de destruir las identidades preexistentes. Todos los miembros de su clan debían adoptar otros nombres.

3. Destruyó de modo sistemático las inhibiciones, como parte de su adiestramiento para la obediencia.

4. Ofreció a esos jóvenes inseguros una extravagante religión, en la cual él era el Ser Infinito que los conduciría a un mundo de leche y miel.

5. Cuidó de identificar y sondear aquello que cada recluta más temía, y utilizarlo.

6. Parece que Manson poseía algunos poderes hipnóticos. Bugliosi (el fiscal) consiguió convencer al jurado de que, en verdad, Manson era responsable de los asesinatos.

También existe la manipulación de la personalidad a gran escala, como es el caso de algunas religiones y de los movimientos políticos totalitarios. De ahí que algunos filósofos bastante conocidos deban ser considerados como los autores intelectuales de los asesinatos masivos producidos principalmente por comunistas y nazis. Ludwig von Mises escribió:

“Como sociólogo y filósofo de la historia, Marx nunca fue sino un hábil agitador que escribía para satisfacer las necesidades cotidianas de su partido”.

“La originalidad y la importancia histórica del marxismo residen únicamente en el dominio de la técnica política. Ha reconocido el poder formidable que puede uno asegurarse en la sociedad, al hacer de las masas obreras concentradas en las fábricas un factor político; busca y descubre las fórmulas verbales capaces de unir a estas masas con fines de acción común. Da el santo y seña que induce a los hombres, indiferentes hasta entonces a las cuestiones políticas y al ataque contra la propiedad individual. Anuncia un evangelio que racionaliza su odio y transforma bajos instintos de resentimiento y venganza en misión histórica” (De “El socialismo”-Editorial Hermes SA-México 1961).

En cuanto a los agitadores de masas, Gustave Le Bon escribió:

“El agitador ha sido siempre un agitado. Él mismo ha sido hipnotizado por la idea, de la cual se ha convertido inmediatamente en apóstol. Ésta le ha invadido hasta el punto que todo, fuera de ella, desaparezca, que toda opinión contraria le parezca error y superstición”.

“Los agitadores, por lo común, no son hombres de pensamiento sino de acción. Son poco clarividentes, y no podrían serlo, porque la clarividencia conduce generalmente a la duda y a la inacción”.

La generalización de los métodos utilizados para el dominio masivo de las masas ya aparecen en la obra de Gustave Le Bon, en el siglo XIX, cuando escribió:

“Cuando de lo que se trata es de imbuir en el espíritu de las muchedumbres ideas y creencias, como, por ejemplo, las modernas teorías sociales, el procedimiento de los directores es distinto. Recurren principalmente a tres procedimientos perfectamente definidos: la afirmación, la repetición y el contagio. La acción es lentísima; pero, una vez producidos los efectos de esta acción, son muy estables”

“La simple afirmación, limpia de razonamiento y de prueba, es uno de los más seguros medios de inculcar las ideas en el espíritu de las muchedumbres. Cuanto más concisa sea la afirmación y más desprovista esté de toda apariencia de prueba y de demostración, mayor será su autoridad”.

“Ésta, sin embargo, carece de influjo real si no se repite constantemente, y a ser posible, en los mismos términos; creo que fue Napoleón el que dijo que no hay más figura retórica seria que la repetición. Mediante ésta, la cosa afirmada llega a inculcarse en la inteligencia de un modo que se concluye por aceptarla como verdad demostrada”.

“Cuando la afirmación se ha repetido suficientemente y hay unanimidad en la repetición, fórmase lo que se llama una corriente de opinión, dando lugar a que surja el poderoso mecanismo del contagio. Para las muchedumbres, las ideas, las emociones, poseen un poder contagioso tan intenso como el de los microbios”.

“La imitación, a la cual se atribuye tanto influjo en los fenómenos sociales, en realidad no es más que un simple efecto de contagio” (De “Psicología de las multitudes”-Editorial Albatros-Buenos Aires 1972).

Si bien la publicidad implica una importante función en las modernas economías de mercado, ya que nos informan acerca de qué existe para la venta, o quién realiza tal servicio, presenta también algunos efectos negativos. Al respecto, J.A.C. Brown escribió:

“Nadie puede crear emociones que previamente no existen, y el propagandista se limita a evocar o estimular, del espectro total existente en su auditorio, aquellas actitudes adecuadas para sus fines, actitudes que pueden ser innatas, pero que más comúnmente son socialmente adquiridas”.

“Puesto que todas las motivaciones básicas del hombre están emocionalmente condicionadas, el experto echará mano del amor, cólera, temor, esperanza, culpa o cualesquiera otras sensaciones, emociones y sentimientos que sirvan a sus propósitos. Ordinariamente intentará despertar el deseo de algo, con miras a sugerir más tarde que sólo él dispone del medio de satisfacer tal deseo; pero de igual modo puede manejar los sentimientos de inadecuación, o de culpa del público para conseguir que éste quiera «hacer lo que se debe». Por ejemplo, para aumentar sus ventas, los floristas inventan el Día de la Madre, de modo que a la larga, no sólo el amor filial se expresará en el envío de un ramo de flores, sino que aquellos que olviden hacerlo comenzarán a sentirse tremendamente avergonzados de sí mismos” (De “Técnicas de persuasión”-Compañía General fabril Editora SA-Buenos Aires 1965).