domingo, 6 de noviembre de 2011

Hacia el cambio de mentalidad

El cambio social abrupto, promovido por las tendencias socialistas, presupone que el hombre habrá de acostumbrarse al sistema de producción óptimo (el socialista) por lo cual no debería esperarse mucho tiempo para imponer el cambio (revolución) pero sí para que el hombre se vaya adaptando. La propaganda y el adoctrinamiento favorecerán la adaptación esperada. Es el cambio de afuera hacia dentro; de la sociedad hacia el individuo.

El cambio social gradual, promovido por las tendencias liberales, consiste en la lenta mejora de la mentalidad generalizada de la sociedad, para que el cambio resulte efectivo y no solamente signifique un intento pleno de buenas intenciones. La educación y el avance cultural favorecerán tanto el mejoramiento del pensamiento individual como el predominante en la sociedad. Es el cambio de adentro hacia fuera; desde el individuo hacia la sociedad.

Entre los errores atribuidos al cambio propuesto por algunas tendencias liberales, para pasar desde las economías socialistas e intervencionistas hacia la economía de mercado, encontramos el método propio del cambio revolucionario, es decir, caracterizado principalmente por promover un cambio abrupto considerando que el acostumbramiento del individuo al nuevo esquema económico terminará dando sus frutos. Si en una sociedad hay importantes sectores que no quieren trabajar, o pretenden hacerlo con un mínimo esfuerzo, o bien existen empresarios que buscan optimizar ganancias de cualquier manera, ya sea en forma legal o ilegal, entonces sólo podrá lograrse leves mejoras económicas y sociales para luego caer en la mediocridad de siempre. De ahí que economistas como Álvaro Alsogaray destacaban el carácter gradual del cambio hacia la Economía Social de Mercado. Al respecto escribió:

“Antes de decidirse por la Economía Social de Mercado suele existir el temor de que traerá aparejados graves cambios que habrán de crear condiciones insoportables para muchas personas. Se piensa además que sus métodos son drásticos, demasiado rígidos y severos, y que se pretende pasar de la noche a la mañana de una situación que todos repudian, pero que al menos conocen y a la cual se han adaptado, a un nuevo esquema que implica un brusco trastrocamiento de todo lo existente y en el cual cada uno queda librado a si mismo, sin protección alguna”.

“Nada resulta más alejado de la realidad que este conjunto de suposiciones. La Economía Social de Mercado es una tendencia y no una ruptura dramática con todo el orden establecido. Da tiempo para que cada uno se adapte a las nuevas situaciones que se van creando, las cuales, por otra parte, abren nuevas y promisorias oportunidades. Sólo algunas medidas deben ser tomadas de una sola vez, sin vacilaciones y temores, pero aun esas medidas no producen sino efectos paulatinos e individualmente controlados. En esta noción de tendencia y no de sujeción a un modelo rígido, reside una de las claves fundamentales de la acción política relacionada con el orden económico-social y la Economía Social de Mercado” (De “Bases para la acción política futura”-Editorial Atlántida-Buenos Aires 1969)

Si se lograra un cambio efectivo a partir del cambio abrupto en la economía, ya sea desde la propuesta socialista o bien desde la postura liberal que algunos denominan “fundamentalismo de mercado”, entonces los educadores, sociólogos, filósofos, religiosos, etc., deberían dejarle el lugar a los economistas en vistas al posible cambio individual y al mejoramiento de la sociedad.

La falta de logros importantes en una sociedad se debe a la ausencia de tendencias concretas; ya que se anda primero en una dirección y, luego de algún tiempo, en sentido contrario. Álvaro Alsogaray escribió:

“La causa fundamental de los fracasos que hemos experimentado durante los últimos años reside en la incapacidad de los partidos y movimientos políticos de fijar con claridad un rumbo y seguirlo decididamente. Esa incapacidad a su vez proviene de la falta de objetivos precisos, unívocamente determinados, lo cual es una consecuencia de la falta de coherencia dentro de los citados movimientos o partidos entre el pensamiento político y el pensamiento económico”.

En algunos países latinoamericanos, en los cuales existe un generalizado antagonismo hacia los EEUU, se rechaza todo lo que provenga de ese país. Incluso se supone, erróneamente, que la economía de mercado, es un sistema de producción y distribución surgido en ese país, o que ese país trata de imponerlo en el mundo para su propio beneficio. Recordemos que el mecanismo del mercado fue descubierto en épocas de Adam Smith, es decir, en el siglo XVIII. Alexis de Tocqueville escribió: “Los hombres rechazan la verdad cuando viene de sus enemigos”.

Cuando se habla de “cambio de mentalidad” no significa que una persona deba cambiar sus características individuales, ni que un pueblo deba cambiar sus tradiciones y costumbres, sino que implica la adquisición de nuevas ideas que favorecerán una mejora generalizada tanto en el individuo como en la sociedad. Y este cambio, cuyos resultados llevan cierto tiempo, es el que requiere de cierta prisa para su puesta en ejecución.

El éxito del resurgimiento de la Alemania Occidental, luego de la Segunda Guerra Mundial, se debió a varios factores. En primer lugar a la predisposición del pueblo al cambio luego de los sufrimientos padecidos durante la guerra. Aun así, desde 1945 al 48 se emplearon sistemas económicos de tipo socialista que dieron pobres resultados. El cambio positivo comienza cuando el país es dirigido por Ludwig Ehrard, quien reunía en su persona las aptitudes tanto de un político como de un economista eficiente. Horst F. Wünsche escribió:

“La brecha entre teoría económica y política económica práctica es un fenómeno relativamente reciente. En los primeros años después de la Segunda Guerra Mundial, en la política económica alemana existió una estrecha cooperación entre teoría y práctica. En efecto, el Ministro de Economía Erhard reunía en su persona al político, sumamente exitoso en su gestión, y al economista, dotado de sólidos conocimientos teóricos, una circunstancia que ha merecido poca atención hasta el momento. Hoy sería redundante presentar al político Erhard, en cambio existen pocas personas que admiran en su figura a un importante exponente de la teoría económica” (De “Seguridad Social en la Economía Social de Mercado” de W. Lachmann y H. J. Rösner-CIEDLA-Buenos Aires 1995)

Es oportuno señalar que Álvaro Alsogaray carecía de carisma para captar votos y en las elecciones presidenciales de 1983 se hicieron notorias esas limitaciones. El ganador fue Raúl Alfonsín, quien tenía aptitudes para captar votos pero desconocía las leyes elementales de la economía. Su mandato termina antes del periodo constitucional, por decisión propia, ante una galopante hiperinflación.

El país está destinado a ser gobernado por quienes tengan aptitudes para ganar votos, aunque es posible que alguna vez tales políticos tengan también aptitudes de economistas. Por el momento no se vislumbran mejoras en ese aspecto ya que desde el alto nivel gubernamental han surgido expresiones en las que se afirma que “la inflación es algo positivo para el crecimiento de la economía”, incluso cuando es del orden anual de los dos dígitos. Tales deficiencias de la economía son atenuadas por el ingreso de dólares debido a las agroindustrias exportadoras. Debe tenerse presente que, respecto a unos diez años atrás, la producción de soja se incrementó unas tres veces, mientras que también fue de tres veces el aumento de su precio internacional, por lo que el ingreso respectivo de divisas al país resultó nueve veces mayor.

En cuanto a los hábitos de los políticos argentinos, Álvaro Alsogaray expresó: “No revelan sus métodos; se limitan a hablar de objetivos, mandatos históricos, prioridades, etc., pero no dicen cómo habrán de proceder ante los casos prácticos. La única idea coherente que alguna vez han expuesto fue la de estimular el desarrollo por la vía de la inflación: pero la misma condujo a tales fracasos que a esta altura ni siquiera los «desarrollistas» se atreven ya a defender abiertamente esa técnica” (De “Bases para la acción política futura”-Editorial Atlántida-Buenos Aires 1969).

La opinión mencionada fue emitida hace varias décadas atrás, sin embargo, las cosas no han cambiado esencialmente. El cambio de mentalidad es necesario también, y principalmente, para los políticos y los intelectuales, aunque muchas veces el ciudadano común tenga una percepción de la realidad que puede resultar bastante más fidedigna. Alexis de Tocqueville escribió:

“Sin ideas compartidas no hay acción colectiva, y sin acción colectiva aún hay hombres, pero no un cuerpo social. Para que haya sociedad, y con mayor motivo para que esta sociedad prospere, siempre es preciso, pues, que todos los ciudadanos reúnan su juicio y lo conserven mediante algunas ideas principales; lo que sólo es posible si cada uno de ellos toma sus opiniones de una misma fuente y consiente en cierto número de creencias ya elaboradas”.

“Cuando las condiciones son desiguales y los hombres diferentes, existen unos pocos individuos cultos, muy sabios y grandes gracias al poder de su inteligencia, y una multitud sumamente ignorante y limitada. Las gentes que viven en épocas aristocráticas suelen por eso dejarse guiar por la razón superior de un hombre o una clase, al tiempo que se muestran poco dispuestas a reconocer la infalibilidad de la masa”.

“En épocas igualitarias sucede lo contrario. A medida que los ciudadanos se nivelan y asemejan, disminuye la tendencia de cada uno a creer ciegamente en un hombre o en una clase determinada. Aumenta en cambio la de fiarse a la masa, y su opinión llega a ser la que conduce al mundo”.

“En épocas de igualdad ningún hombre fía de otro, a causa de su equivalencia; pero esta misma equivalencia les da una confianza casi ilimitada en el juicio público, ya que no les parece verosímil que siendo todos de igual discernimiento, la verdad no se encuentre del lado de la mayoría” (De “La democracia en América II”-Sarpe-Madrid 1984)

Pareciera que en la Argentina se buscaran métodos para el mejoramiento social que impliquen no generalizar el trabajo a todos los sectores, ni siquiera mejorar el trabajo y la eficiencia de las empresas en funcionamiento. Así, nunca se ha escuchado a un gremialista ni a un político promover entre los empleados la eficiencia de una empresa estatal, pero no para aumentar sus ganancias, sino para reducir el abultado déficit cuyo costo debe ser afrontado por el resto de la sociedad. Recordemos que en la actualidad la pérdida diaria de Aerolíneas Argentinas es de cerca de un millón de dólares.

El antiguo dilema entre privado y estatal debe dejarse de lado. Desde el liberalismo no existe una “prohibición” acerca de la existencia de empresas estatales, pero a condición de que participen de las condiciones impuestas por el mercado. La oposición liberal surge respecto de empresas del Estado que sirvan para la creación de empleos públicos improductivos con el objeto de que éstos sean retribuidos por los nuevos empleados mediante votos favorables a los políticos que los concedieron.