jueves, 20 de octubre de 2011

El avance totalitario

Pareciera que muchos países, y muchos pueblos, buscaran en forma consciente el camino del subdesarrollo. Luego del éxito indiscutible que tuvieron los economistas liberales en varios países europeos y en el Japón, luego de finalizada la Segunda Guerra Mundial, y luego de contemplar los fracasos indiscutibles del socialismo en otros tantos países europeos, quedaba claro cuál era el sistema económico y político que debería adoptarse y cuál el que debería rechazarse. Sin embargo, en la actualidad parece ser que los ejemplos históricos se han dejado de lado y en muchos casos se busca en forma consciente el camino del socialismo, a pesar de los rotundos fracasos que a lo largo y a lo ancho del mundo se sucedieron.

Con ello no se pretende afirmar que la Economía Social de Mercado no necesite perfeccionamientos y adaptación por parte de la sociedad que la adopte, mientras que resulta evidente que debe rechazarse el socialismo por cuanto nunca logró los objetivos mínimos deseados. Pero en vez de tratar de mejorarse el programa exitoso y abandonar el que fracasó, se busca mejorar el sistema que fracasó y se rechaza al que tuvo éxito; algo que resulta absurdo. Álvaro Alsogaray escribió:

“El Estado Benefactor o Estado-Providencia constituye una nueva versión de la idea socialista. Apareció cuando el fracaso de esta última bajo sus formas clásicas –socialismo pacifico y comunismo- se hizo evidente. El concepto de Estado Benefactor carece de un significado preciso, pero se tiende a explicarlo y justificarlo en función de vagas nociones de justicia social. En todo caso tiene un indudable atractivo para la demagogia moderna y constituye uno de los mayores problemas políticos de nuestro tiempo”.

“La «Nueva Economía» [keynesiana] y el Estado Benefactor no siempre se presentan juntos. Pero tienen muchos puntos de contacto y responden a impulsos psicológicos de un mismo orden. En los EEUU esa conjunción se está produciendo hoy de una manera por demás evidente. También en la Argentina sus cultores son numerosos. Seguramente la batalla final por la libertad ya no habrá que librarla contra el totalitarismo declarado sino contra estas híbridas pero insidiosas formas de penetración política que conducen, a través de la inflación, al colectivismo y a la masificación de la sociedad” (De “Bases para la acción política futura”-Editorial Atlántida SA-Buenos Aires 1969).

A pesar del predominio de tendencias socialistas en muchos países, como es el caso de España y Grecia, se sigue culpando al capitalismo, ya sea liberal o neoliberal, por las sucesivas crisis. En cuanto a las diferencias entre estas dos formas de liberalismo, Alsogaray escribió:

“Formas históricas del Capitalismo Liberal: la idea liberal tuvo diversas manifestaciones prácticas conocidas bajo el nombre genérico de Capitalismo Liberal. Las técnicas aplicadas inicialmente adolecieron sin duda de muchos defectos. En particular, la negativa dogmática y absoluta de aceptar la intervención del Estado en la vida económica, que se ha divulgado bajo el «slogan» «laissez faire – laissez passer» [dejar hacer, dejar pasar], hizo posibles muchos abusos y desacreditó el sistema, que se demostraba impotente para corregir esos abusos. Lo que la opinión pública ha resistido y resiste no es tanto la idea liberal sino las manifestaciones prácticas, hoy simplemente históricas, del liberalismo. El Socialismo representó la reacción contra dichas manifestaciones, pero al combatirlas atacó también los principios liberales. Actualmente, algunos liberales intentan rescatar esos principios y quieren aplicarlos en forma absoluta, creyendo que con esa intransigencia resisten mejor al Socialismo. Pretenden pasar de un solo golpe de la economía semisocialista o semiliberal en que vivimos a una economía liberal pura, conforme a un modelo elaborado sobre la base de aquellos principios. En la literatura política actual, esas formas históricas o ideales del liberalismo son conocidas como «la economía del siglo XIX», «el capitalismo manchesteriano», «la teoría del laissez faire», etc.”

“Economía Social de Mercado: la versión moderna del liberalismo tiene su exponente más representativo en la Economía Social de Mercado (Soziale marktwirtschaft) del Dr. Ludwig Erhard y sus colaboradores. Asociada a formas políticas democráticas, integra una síntesis que algunos llaman también Neoliberalismo. Esta fórmula fue la que permitió reconstruir los países de Europa Occidental y el Japón después de la Segunda Guerra Mundial. Con ciertas variantes se aplicó en Alemania, Bélgica, Austria; en Italia bajo la dirección de Einaudi; Francia, a partir de 1958, a través de Pinay y Rueff, y en otros diversos países. En todas partes condujo a la obtención de un alto grado de prosperidad y a una adecuada distribución de la riqueza. Significó en dichos países el más eficaz factor de estabilidad política y progreso social. Más tarde contribuyó a establecer las bases de la Comunidad Europea”.

Resulta evidente la actual confusión reinante por cuanto, entre los manifestantes denominados los “indignados”, aparecen críticas al neoliberalismo, siendo que, en los países en crisis, predominan tendencias socialistas que tienen como objetivo el Estado de bienestar. Los “indignados”, seguramente, votaron por alguno de los partidos de esa tendencia. Es legítimo protestar cuando se vislumbra un oscuro presente y un futuro poco prometedor, pero también es necesario tener presentes los lineamientos básicos de las políticas adoptadas por los países en crisis. Nótese que la tendencia socialista predominante en la actualidad ya se venía vislumbrando desde la década de los sesenta del siglo anterior, época en que fue redactado el libro antes citado.

Si bien los sistemas socialistas actuales no apuntan a la expropiación de los medios de producción, apuntan a la confiscación progresiva de sus ganancias. Además, debido a los gastos excesivos del Estado en ayudas sociales, se emiten billetes que favorecen la aparición de procesos inflacionarios, que terminan produciendo mayores problemas que los que se pretendieron solucionar. Esas ayudas generalizadas terminan, en su mayor parte, en personas que no las necesitan y en el propio sistema burocrático de distribución.

Si el capital productivo, que una empresa necesita para desarrollarse, se lo distribuye, previa confiscación, entre individuos que no lo obtienen a través del trabajo, la tendencia adoptada favorece la vagancia y desalienta la producción. Pero la principal forma de expropiación proviene de la emisión monetaria excesiva, siendo la inflación subsiguiente una forma indirecta de confiscación que afecta principalmente a los sectores de menores recursos.

El avance totalitario se hace evidente en países como Venezuela, Ecuador y Argentina en donde, a través de la televisión estatal, se difunden programas en los cuales se degrada, mediante la burla y la difamación sistemática, a todo aquel que opine a favor del neoliberalismo, o bien que haga críticas al gobierno de turno. Es decir, si alguien quiere para su país un tipo de política (democrática) y un tipo de economía (mercado) que produzca resultados similares a los que se produjeron en la Europa de posguerra, y se opone al socialismo, que incluso fue abandonado por los países precursores en esa tendencia (URSS, China), entonces deberá padecer todo tipo de descalificación pública y que, además, tiene el aval de las autoridades gubernamentales.

El ideal socialista sigue, sin embargo, vigente, y mantiene sus objetivos, a pesar de sus fracasos. Debido a la exaltación de la igualdad, en los sistemas colectivistas, se prohíben las actividades productivas individuales. Si alguien pretende establecer una innovación o un nuevo emprendimiento productivo, deberá realizarlo dentro del Estado. También, si una empresa estatal produce un excedente sobre la producción previamente planificada, tal excedente será para el Estado. Ante la imposibilidad de mejoras económicas individuales, es habitual la aparición de mercados paralelos, o mercado negro, cuya fuente de aprovisionamiento lo constituye el robo generalizado a las empresas estatales, de las cuales todos son empleados. En lugar de considerar que el Estado es de todos, se considera que pertenece a la clase gobernante, y parece no existir cargos de conciencia cuando alguien se apodera de aquello que al pueblo no le pertenece.

La corrupción generalizada surge de la imposibilidad legal de realizar actividades productivas fuera del Estado. Incluso, quienes lo dirigen, tienen la posibilidad de explotar laboralmente al ciudadano común, tal el caso de la médica cubana Hilda Molina, quien fuera enviada a Argelia a realizar trabajos de su especialidad, bastante mal pagos por parte del Estado, aunque este Estado cubano (o quienes lo dirigen) recibieron importes monetarios importantes por el trabajo de la médica. Puede decirse que el socialismo, o capitalismo estatal, es un monopolio que tiene todos los defectos que los marxistas atribuyen al capitalismo privado, pero bastante más acentuados.

La acción de delatar, incluso a sus propios familiares, es promovida por el Estado, de donde se llega al “aislamiento socialista”, algo totalmente opuesto a lo que dice la teoría. Hace algunos años, un sacerdote católico de origen checo, que estaba en la Argentina, vuelve a su país de origen una vez terminada la etapa comunista. Tenia la esperanza de predicar el cristianismo en su propio pueblo, pero recibe la sorpresa de que la gente escuchaba todo lo que les decía, pero nadie le contestaba nada. El antiguo temor a ser delatados estaba todavía presente en el recuerdo de esas personas. Finalmente el sacerdote decide volver a la Argentina.

Lo importante, y preocupante, es que a pesar de los sucesivos fracasos y catástrofes sociales promovidas por el marxismo, la ideología está intacta y se mantiene en vigencia la guerra ideológica. Alexander Solyenitzin escribió:

“En mi anterior discurso hablé bastante acerca del sistema estatal soviético, cómo se formó y cómo es actualmente. Pero quizá es más importante hablar de la ideología que le dio base, lo creó y lo conduce. Mucho más importante es comprender la esencia de esta ideología y, lo que es más importante, su acción constante, que no se modificó, en absoluto, durante ciento veinticinco años. Quedó tal como nació”.

“El comunismo es un intento tan torpe de explicar la sociedad y el hombre, como si un cirujano se valiera del hacha del carnicero para una delicada operación. Todo lo que hay de delicado y agudo en la psicología individual y en la organización de la sociedad –un organismo todavía más complicado- lo reducen a un grosero proceso económico. Toda esta creación –«el hombre»- se reduce a materia.”

“¿Y qué es la guerra ideológica? Un cúmulo de odio, la repetición del juramento: el mundo occidental debe ser aniquilado.” (De “En la lucha por la libertad”–Emecé Editores SA–Buenos Aires 1976)