miércoles, 3 de agosto de 2011

Patriotismo y nacionalismo

Mientras que en el individuo existe el amor propio y también el egoísmo, en los pueblos existe el patriotismo y también el nacionalismo. Si bien muchas veces estos términos se utilizan para designar conceptos distintos a los aquí considerados, es necesario establecer que en el presente escrito se les dará el significado asociado a la analogía mencionada.

El patriota es el que ama a su patria, pero sin tener sentimientos antagónicos respecto de las patrias de otros hombres, ya que, básicamente, se siente un ciudadano del mundo. En este caso nos vienen a la memoria las declaraciones del futbolista argentino Alfredo Distéfano quien alguna vez afirmó “tener dos patrias” (la suya y España), la heredada y también la adquirida.

El nacionalista, por el contrario, tiene una sola patria mientras que los demás países son rivales y hasta enemigos, con los cuales debe tenerse el menor intercambio posible, ya sea desde un punto de vista económico, cultural o deportivo. Propone para su país la tendencia a cerrar sus fronteras ante la posible llegada de extranjeros, considerados ciertamente como invasores.

Siguiendo con la analogía previa, si existen actitudes de amor o de egoísmo ante el país en conjunto, también es posible la existencia de una actitud de odio generalizado. Si bien los defectos de una Nación son evidentes tanto para el patriota como para el nacionalista, no por ello van a tratar de destruirla total o parcialmente buscando “mejorarla” según algún criterio particular o sectorial, como muchas veces ha sucedido.

Mientras que el individuo que ama a su país tratará de hacer aportes que lo engrandecerán, el nacionalista busca trascender como integrante de su Nación, ya que ésta perdurará más allá del tiempo de duración de las vidas individuales. El patriota siempre piensa en dar, mientras que el nacionalista piensa en recibir. Como ejemplo de patriotismo podemos citar el caso del físico y matemático irlandés William R. Hamilton, quien dedica su vida a la ciencia pensando en el prestigio adicional que con su obra habría de tener su Irlanda natal.

Otras grandes empresas científicas también fueron inspiradas en la patria, tal el caso del físico italiano Enrico Fermi. Buscando que Italia volviese a ocupar un puesto destacado en la física, como ocurriera en épocas pasadas, forma un grupo de investigación reclutando jóvenes con talento en las distintas universidades italianas. El Grupo de Roma obtiene éxitos notables en física nuclear hasta que es disuelto por las circunstancias adversas promovidas precisamente por los nacionalistas (fascistas en ese caso).

La India, en épocas del Mahatma Gandhi, sigue el pensamiento de este patriota y, por ello mismo, predomina el amor hacia su Nación antes que el odio a la Gran Bretaña. Tal es así, que una vez lograda la Independencia, son los propios hindúes quienes le piden al gobierno británico de la India que prolongue su mandato por algunos meses hasta que puedan organizar un gobierno nacional. Recordemos que una bala que provenía del arma de un nacionalista hindú termina con la vida de Gandhi.

A lo largo de la historia de la humanidad se han producido situaciones trágicas y ello ha ocurrido cuando un individuo, o un sector de la población, apoyan a invasores extranjeros que buscan anexar parte, o el total, del territorio de su propio país. Los países imperialistas o colonialistas muchas veces han tenido el apoyo directo de sectores de la población del país colonizado.

El físico norteamericano Benjamín Thompson, conde de Rumford, fue acusado de pretender que su país siguiera formando parte del Imperio Británico, por lo que tuvo un fuerte rechazo social y debió radicarse en Europa. El químico ingles Joseph Priestley, entusiasmado con la Revolución Francesa, difunde sus ideales tratando de que, en su país, se produzca una revolución similar. Sus vecinos reaccionan ante la idea quemando su casa con todas sus pertenencias, por lo que debió radicarse en otro lugar.

En la Argentina se ha comentado el caso de muchos inmigrantes franceses que, comenzada la Primera Guerra Mundial, decidieron volver a Francia para luchar en defensa de su país. Esto contrasta notablemente con los sucesos ocurridos durante la década de los setenta, cuando la guerrilla pro-soviética invade el territorio nacional, especialmente Tucumán. Importantes sectores de la población esperaban su triunfo y el surgimiento de la nueva “República soviética de Tucumán”, por llamarla de alguna manera.

Recordemos que en esa provincia argentina ocurrieron enfrentamientos entre el Ejército Argentino y tropas que tenían el apoyo, directo o indirecto, del entonces Imperio Soviético. Por ser una zona con características selváticas, posiblemente imaginaban reeditar la campaña militar de Fidel Castro y Ernesto Guevara quienes entran luego triunfantes en La Habana. Un marxista comentaba, con total naturalidad, y para darle legitimidad y legalidad al accionar guerrillero, que una vez “liberada” Tucumán, habrían de pedir el reconocimiento respectivo a las Naciones Unidas, por supuesto, sin preguntarle a los argentinos si estaban, o no, de acuerdo con esa posibilidad.

En estos casos, en que un sector de la población apoya anexar parte de su propio país a un Imperio que provocó decenas de millones de victimas en el mundo y que incluso en el nuestro inició una lucha violenta con más de 20.000 atentados y unos 1.500 asesinatos, sólo puede explicarse mediante una analogía con lo que sucede en el fútbol. Recordemos que cuando juega Boca Juniors contra un equipo extranjero, es “normal” que los simpatizantes de River Plate esperen el triunfo del equipo extranjero, como así también fue “normal” el festejo boquense por el descenso de categoría de su tradicional rival.

La justicia argentina nunca trató de enjuiciar, y menos de condenar, a los autores materiales e intelectuales de la muerte de tantos argentinos, muchos de los cuales eran verdaderos patriotas. Para esa justicia, no tenían derechos a la vida; tampoco se les reconocía el derecho a defender su patria ante un ataque promovido por uno de los Imperios militares más poderosos que la historia recuerda.

Para los marxistas, la sociedad se divide en burguesía y proletariado, o amigos y enemigos, mientras que el mundo se divide en capitalismo y socialismo. Por ello, Argentina no existía como país, sino que se la asociaba al “bloque capitalista” de EEUU. Y se suponía que la guerrilla nos iba a “liberar” del Imperialismo norteamericano. De ahí que nos habían dejado sin patria por cuanto, si uno hablaba a favor de la Argentina, inmediatamente era considerado como un “ciudadano yankee”; algo totalmente absurdo. De ahí que volcaban todo el odio hacia los EEUU en los militares, policías, empresarios, etc. que poco o nada tenían que ver con esa visión marxista de la realidad. Es decir, existía una guerra fría real entre los EEUU y la URSS, pero también existían otros países que no debían ignorarse.

Recordemos que, en sus inicios, los movimientos guerrilleros fueron promovidos por el tan venerado Juan D. Perón, debido posiblemente a sus ambiciones personales por volver al poder. Es hora de que vuelvan a surgir los auténticos valores humanos asociados principalmente al cristianismo y a su ética. El general José de San Martín nos mostró el mejor camino por cuanto liberó a su país del dominio español y permitió la liberación de países vecinos. Nunca fue indiferente al destino de su nación y jamás apoyó tendencias que apuntaban a la dominación extranjera de su propio país.

Además de las ideas personales, existe el amor, el egoísmo, el odio y la indiferencia, reales y objetivos, respecto a la propia Nación. Las ideas provienen también de la actitud y de la personalidad característica de cada individuo. De ahí que no sea conveniente que algún sector se considere como “la patria” y se atribuya con exclusividad el carácter de “argentino”, mientras que al resto se lo separe indirectamente de esa condición. Por ello, debe ser la conciencia de cada uno la que nos indique cuál es nuestro verdadero sentimiento hacia la Nación.

Uno de los argentinos, digno de ser considerado como tal, es el médico René Favaloro, quien retorna al país interrumpiendo su carrera de investigador, con la intención de ser útil a la sociedad argentina, tanto como instructor. como investigador y cirujano. Muchas veces se dice que personas así “se sacrifican por los demás”. Recordemos que un patriota ama a su país y por ello mismo tiene la enorme satisfacción de ser útil a la sociedad a la que pertenece (a veces no tanto como deseaba). Seguramente la escala de valores de Favaloro priorizaba los aspectos afectivos (éticos), luego los aspectos intelectuales (la ciencia en su caso) y finalmente los aspectos materiales (asociados a las comodidades del cuerpo). Esta escala de valores es notablemente opuesta a la vigente y predominante en nuestra sociedad en crisis. También en la escala de valores de Favaloro encontramos los lineamientos básicos del hombre argentino si es que deseamos encauzarnos decididamente por la senda del mejoramiento individual y del progreso efectivo de la Nación.