lunes, 25 de abril de 2011

La tercera vía

Los movimientos políticos que tratan de promover sistemas económicos y sociales distantes tanto del capitalismo como del socialismo, se han denominado “la tercera vía”, o la “tercera posición”. Podemos mencionar algunas de las razones que los han hecho surgir:

a) Existe el convencimiento de que ambas posturas a superar tienen algo positivo que deberá mantenerse.
b) Existe el convencimiento de que ambas posturas son negativas para la sociedad.
c) Se utiliza la tercera vía como un disfraz que algunos políticos emplean para recibir apoyo electoral, pero en realidad tratan de implantar a una de ellas.

A mediados del siglo XX, algunos políticos consideraron al fascismo y al nazismo como una tercera posición equidistante tanto del capitalismo como del comunismo, siendo éste el caso del peronismo. Al respecto, Juan D. Perón expresó:

“En 1938 el mundo asistía entre absorto y confuso el enfrentamiento enconado del capitalismo con el comunismo, mientras mantenían una tercera posición ideológica el fascismo y el nacionalsocialismo”.

“Me ubiqué en Italia entonces. Y allí estaba sucediendo una cosa: se estaba haciendo un experimento. Era el primer socialismo nacional que aparecía en el mundo. No entro a juzgar los medios, que podrían ser defectuosos. Pero lo importante era esto: en un mundo ya dividido en imperialismos, ya flotantes, y un tercero en discordia que dice: No, ni con unos ni con otros, nosotros somos socialistas, pero socialistas nacionales. Era una tercera posición entre el socialismo soviético y el imperialismo yanqui. Para mí ese experimento tenia un gran valor histórico. De alguna manera uno ya estaba intuitivamente metido en el futuro, estaba viendo qué consecuencias tendría ese proceso” (De “Crítica de las ideas políticas argentinas”-Juan José Sebreli-Editorial Sudamericana SA-Buenos Aires 2002). Puede decirse que, cuando un líder de masas elige la vía inadecuada, será todo un país el que se conducirá por ese camino.

Debido a los efectos negativos producidos por fascistas y nazis, principalmente por el carácter totalitario y antidemocrático de sus ideas, en la actualidad la tercera posición la ocupan los partidos denominados socialdemócratas. Junto a los partidos liberales (capitalistas) y a los socialistas (marxistas) cubren el espectro de las ideologías en pugna en la mayor parte de los países. (También el marxismo es esencialmente totalitario y antidemocrático, si bien la propaganda partidaria ha convencido a muchos de lo contrario).

En cuanto a los objetivos que propone para la socialdemocracia, Anthony Giddens escribió: “Valores de la tercera vía: Igualdad. Protección de los débiles. Libertad como autonomía. Ningún derecho sin responsabilidad. Ninguna autoridad sin democracia. Pluralismo cosmopolita. Conservadurismo filosófico”.

“La meta de la política de la tercera vía debería ser ayudar a los ciudadanos a guiarse en las grandes revoluciones de nuestro tiempo: la globalización, las transformaciones de la vida personal y nuestra relación con la naturaleza” (De “La tercera vía”-Ediciones Taurus-Buenos Aires 2000).

Uno de los mayores inconvenientes, y una de las mayores contradicciones, ocurren en el aspecto económico. Así, han surgido posturas que proponen “producir bajo el sistema capitalista, pero distribuir bajo el sistema socialista”. Detrás de las palabras, sin embargo existen los hechos. Recordemos que la economía de mercado, y su ley básica de la oferta y la demanda, considera a la producción (luego oferta) y a la distribución (luego demanda) como partes indisolubles del mismo proceso, de ahí que no tenga sentido la “propuesta mixta” anterior.

Una vez establecidas las empresas y su producción, debemos optar por la planificación individual de productores y consumidores (mercado) o bien por la planificación central (estatal). Las posibilidades intermedias sólo implican distorsiones al mercado que tarde o temprano producen resultados indeseados.

Lo que puede establecerse es, justamente, una economía mixta, es decir, con empresas tanto privadas como estatales. Ningún país puede darse el lujo de prescindir ya sea de la actividad privada como de la actividad estatal. Pero las empresas estatales deberán participar competitivamente en el mercado, cerrando sus puertas en caso de tener pérdidas. De lo contrario, se transformarán en instituciones parasitarias que absorben injustificadamente las riquezas creadas por el resto de la sociedad.
Para lograr acuerdos, debemos acordar primeramente en cuanto a los siguientes posibilidades:

1- El capitalismo es esencialmente perverso o bien es necesario lograr una previa adaptación de la sociedad a sus reglas.
2- El socialismo es esencialmente erróneo o bien fue siempre mal aplicado.

El capitalismo, y la economía de mercado, mayoritariamente producen muy buenos resultados, por lo que podemos atribuir sus fracasos a la no adaptabilidad de la población a sus reglas básicas. El socialismo, y la economía planificada, han producido malos resultados económicos en todos los casos, lo que hace sospechar de una inherente ineficacia. (Nómbrese algún país socialista exitoso)

En cuanto a las ventajas que ofrece el socialismo real (no el teórico) debemos considerar en qué consiste esencialmente. Podemos comenzar considerando el caso de una economía de mercado con competencia perfecta. Este sistema ideal se deteriora cuando un grupo de empresas decide no competir y hacer acuerdos extra mercado para fijar precios que les resulten favorables. Luego estas empresas se pueden asociar para adquirir otras empresas y así llegar a disponer de toda la economía de una nación. Con tanto poder, esta gran empresa no tendrá inconvenientes en dirigir incluso la política y hasta los medios de información pública.

Nótese que esta descripción termina en una sociedad enteramente similar a una sociedad de capitalismo estatal (comunismo), ya que las decisiones sobre todas y cada una de las vidas de quienes dependen de esa gran empresa (el Estado) son tomadas por el máximo líder, tal el caso de un Stalin o un Fidel Castro, amo absoluto de la nación. De ahí que la tercera vía no debería buscar las “ventajas” del socialismo, excepto por hacer crecer, a veces, los valores personales de quienes están bajo un régimen de tipo carcelario.

Es oportuno señalar que el socialismo teórico apunta hacia el estado totalitario mediante la estatización de los medios de producción y de la “dictadura del proletariado. De ahí que el socialismo debería quedar afuera de una búsqueda de síntesis respecto del mejor sistema político y económico, de la misma forma en que quedaron fuera previamente el fascismo y el nazismo.

Las críticas hacia el capitalismo muchas veces se juntan con las destinadas hacia los EEUU, siendo que las principales figuras del pensamiento liberal son principalmente europeas y previas al surgimiento de ese país como nación independiente. Esa actitud es equivalente a rechazar al cristianismo por cuanto es la religión predominante en EEUU, siendo que esa religión es mucho más antigua que tal país.

También se dice que el liberalismo trata de prescindir totalmente del Estado, algo completamente falso. Lo que propone es, primeramente, que no se distorsione el libre mercado con regulaciones o bien con una impresión de billetes más allá de los necesarios para satisfacer el normal crecimiento de la producción. En segundo lugar, que no se dedique a producir aquello para lo cual no están capacitados los políticos, para que así pueda el Estado ocuparse de temas importantes como la educación, la salud, la seguridad, la justicia, etc.

Las severas críticas al capitalismo persisten en la medida en que persiste la vigencia de la discriminatoria “ley de Marx”, la que implica que los empresarios son perversos y egoístas por naturaleza, mientras que los empleados y los obreros son honestos en todos los casos. De ahí un paso más, y se interpreta que los liberales no son aptos para el manejo de la economía y la política, mientras que los marxistas (al ser buenos por naturaleza) deberían dirigir el Estado. Al respecto, Anthony Giddens escribió: “La idea de que el capitalismo puede ser humanizado a través de la gestión económica socialista dota al socialismo de la mayor ventaja que pueda poseer, incluso aunque haya habido muchas descripciones diferentes sobre cómo pueda lograrse tal objetivo”.

Luego se sostiene que el socialdemócrata está en mejores condiciones de repartir lo que otros producen y que la misión de la socialdemocracia se ha de lograr esencialmente sacándole dinero al que trabaja y produce, para entregárselo al sector improductivo (previo descuento que va al mantenimiento de los generosos distribuidores de lo ajeno). Si no alcanza el dinero extraído al sector productivo, queda el último recurso de la impresión excesiva de billetes, lo que da lugar a la inflación, perjudicando mayoritariamente a los sectores a quienes se pretendía ayudar.

La tercera vía, si así pudiera denominarse, quedaría entonces reducida al mejoramiento ético generalizado, es decir, a la incorporación directa de actitudes y valores provenientes de otras ramas de las ciencias sociales. El mercado sólo es un medio que orienta las decisiones económicas, pero por sí solo no es apto para solucionar los problemas sociales existentes.