miércoles, 13 de abril de 2011

El capital humano


Entre los factores necesarios para la producción de bienes y servicios aparecen, tradicionalmente, las materias primas, el trabajo, el capital y el empresario. En las últimas décadas, algunos economistas han incluido también al capital humano, como algo distinto al capital material o físico, como otro factor de la producción. Lester C. Thurow escribió: “El capital humano se define como las habilidades, talentos y conocimientos productivos de un individuo. Esto se mide en términos del valor (el precio multiplicado por la cantidad) de los bienes y servicios producidos” (De “Inversión en capital humano”-Editorial Trillas SA-México 1978).

La idea de “medir” a un ser humano por su productividad potencial puede resultar inaceptable en un principio. Sin embargo, es conveniente describir en forma adecuada cuales son los factores de la producción, de manera de favorecer a la economía e incluso para establecer una distribución más justa de los beneficios de la producción entre los distintos factores intervinientes. Lester C. Thurow escribe al respecto: “Debe hacerse una clara diferenciación entre el «valor» de un hombre y el de su salario. El capital humano de un hombre nos indica el valor actual de sus futuras capacidades productivas, no su valor como ser humano. Cualidades personales como el amor, la amistad, la compasión y el valor intrínseco no se incluyen en los cálculos del capital humano de un hombre. El valor que puede adjudicarse a sí mismo o el que sus amigos o enemigos le puedan asignar, no tiene relación con su capital humano”.

Los países con pocos recursos naturales como petróleo, gas, minerales, etc., tienen la imperiosa necesidad de aumentar su capital humano. Es el mismo caso del joven que no va a recibir de sus padres ninguna herencia y trata de compensar esa falta adquiriendo conocimientos a través de una formación profesional. Entre estos países podemos mencionar a Japón, Corea del Sur y Taiwan.

Los países con muchos recursos materiales a veces descuidan la formación de capital humano. Es el mismo caso del joven que va a recibir cierta herencia material de sus padres y opta por no capacitarse adecuadamente para su futuro laboral. Entre estos países podemos mencionar a Argentina y Venezuela.

Debido a que las materias primas tienen en el mercado mundial una incidencia cercana al 4 %, los países con mejor nivel económico son aquellos que tienen mayor capital humano, que es el que les permite tener una industria competitiva y eficaz. Los que confiaron exclusivamente en la “herencia” recibida, por el contrario, pueden permanecer con un nivel de vida bastante limitado. Estos aspectos ya fueron tenidos en cuenta por Juan Bautista Alberdi en el siglo XIX, por lo que escribió:

“La América del Sud esta ocupada por pueblos pobres que habitan suelo rico, al revés de la Europa ocupada en su mayor parte por pueblos ricos que habitan suelo pobre”.

“La primera dificultad de Sud América para escapar de la pobreza es que ignora su condición económica. Con la persuasión de que es rica y por causa de esa persuasión, vive pobre, porque toma por riqueza lo que no es sino instrumento para producirla”.

“Ausentes el trabajo y el ahorro, la pobreza es el resultado natural de esa situación, y ella coexiste con la posesión de los más felices climas y territorios, cuyos poseedores arrogantes pueden presentar el cómico espectáculo de una opulencia andrajosa”.

“El trabajo y el ahorro son esas causas naturales de la riqueza, como la ociosidad y el dispendio son las causas de la pobreza. Esas cuatro palabras expresan los cuatro hechos a que está reducida toda la gran ciencia de Adam Smith” (De “Estudios económicos”-Librería La Facultad-Buenos Aires 1927).

Debido al aumento sostenido del desarrollo científico y tecnológico, el automatismo va restringiendo la oferta de mano de obra en actividades tales como la agricultura y la industria. En los países con alto nivel tecnológico, sólo se emplea un 3 o 4 % de la población laboralmente activa para las actividades agrícolas, esperándose porcentajes similares para los próximos años en el caso de la industria. Ello no significa llegar al “fin del trabajo”, situación cercana a una catástrofe social, ya que en esos países existen porcentajes cercanos al 75 % en empleos en el sector servicios. Justamente en estas actividades se requiere bastante especialización y capital humano.

El avance tecnológico, que en siglos pasados produjo el “desempleo tecnológico”, debido al reemplazo del hombre por la máquina, con la pérdida de puestos de trabajos, en la actualidad ha dejado de ser un serio inconveniente debido a la mencionada ocupación creciente en el sector servicios. De todas formas, el hombre debe capacitarse cada vez más para adaptarse sin inconvenientes a la cambiante situación laboral que presentan las sociedades actuales.

Así como la máquina de vapor de James Watt dio inicio a la Revolución Industrial, la computadora digital y las comunicaciones han caracterizando a la sociedad de la información y del conocimiento. Peter Drucker escribió:

“El recurso económico básico, el «medio de producción», para utilizar el termino de los economistas, ya no es el capital ni los recursos naturales (el «suelo» de los economistas) ni la «mano de obra». Es y será el saber”.

“Las actividades principales en la creación de riqueza no serán ni la asignación de capital para usos productivos, ni la «mano de obra», los dos polos de la teoría económica en los siglos XIX y XX, fuera ésta clásica, marxista, keynesiana o neoclásica; ahora el valor se crea mediante la «productividad» y la «innovación», ambas aplicaciones del saber al trabajo” (De “La sociedad poscapitalista”- Editorial Sudamericana SA-Buenos Aires 1993).

La principal creadora de capital humano es la educación; principalmente la educación técnica y la universidad. De ahí que no es raro encontrar, en una sociedad, una crisis social y económica asociada a una crisis educativa.

No es fácil encontrar las causas principales de la crisis educativa, pero se pueden señalar algunas posibles. Una de ellas, quizás, sea la poca valoración social del conocimiento. Si algo es poco valorado, pobres serán nuestros esfuerzos por alcanzarlo.

Incluso, en el mejor de los casos, el conocimiento es valorado parcialmente como un medio para obtener una aceptable posición económica. Este objetivo, que es aceptable, debe ser una consecuencia de haber buscado previamente al conocimiento como un valor en si mismo. Así como los valores éticos y estéticos embellecen el interior y el exterior de un ser humano, los valores intelectuales han de embellecer una parte importante de nuestra personalidad. Alfred N. Whitehead escribió:

“Ningún hombre de ciencia quiere saber por saber. Adquiere conocimiento para satisfacer su pasión por el descubrimiento. No es que descubre para saber, sino que sabe para descubrir. El placer que el arte y la ciencia pueden conferir a la tarea es la alegría que nace del intento logrado. Idéntico placer obtiene el hombre de ciencia y el artista”

Así como lo ético apunta a lograr el bien y lo estético la belleza, lo intelectual apunta a lograr la verdad. La integridad del hombre proviene de un equilibrio entre estos tres aspectos. Las crisis sociales, por lo tanto, pueden caracterizarse por la existencia del “hombre mutilado”, que desconoce uno o más de los valores que deben imperar en todo ser humano.

Respecto de la educación técnica, Alfred N. Whitehead escribió:

“El mérito particular de una educación científica debe ser el fundar el pensamiento sobre observaciones directas; y el correspondiente mérito de una educación técnica es que sigue nuestro profundo instinto natural de traducir el pensamiento en habilidad manual, y la actividad manual en pensamiento”.

“La educación técnica está condenada a muerte si la concebimos como un sistema para tomar a los jóvenes y darles sólo una aptitud manual altamente especializada. La nación necesita elasticidad en el trabajo; que los hombres puedan cambiar su trabajo, no sólo de un puesto a otro, sino también, dentro de limites razonables de aptitudes afines, de una especialidad de trabajo a otra” (De “Los fines de la educación”-Editorial Paidós SA-Buenos Aires 1965).

En cuanto a la universidad, expresó: “Lo que justifica la existencia de la universidad es que mantiene la vinculación entre el conocimiento y el gusto de vivir, mediante la unión del joven y el viejo en la consideración imaginativa de la enseñanza. La universidad imparte información, pero la imparte imaginativamente. Por lo menos, tal es la función que debe desempeñar en la sociedad”.

“La juventud es imaginativa, y si la imaginación es fortalecida por la disciplina, esa fuerza imaginativa puede en gran medida conservarse toda la vida. La tragedia del mundo es que los que son imaginativos tienen escasa experiencia, y los que poseen experiencia tienen poca imaginación. El necio actúa por imaginación sin conocimiento; el pedante actúa por conocimiento sin imaginación. La tarea de la universidad consiste en unificar la imaginación con la experiencia”.

“En una universidad se encuentran reunidas sus dos funciones de educación e investigación. ¿Quiere usted que sus profesores sean imaginativos? Anímelos a investigar. ¿Quiere que sus investigadores sean imaginativos? Hágales entrar en comunicación intelectual con los jóvenes que están en el periodo más vehemente e imaginativo de la vida, cuando los intelectos comienzan a entrar en una madura disciplina”.

“Sería el mayor error estimar el valor de cada profesor de una facultad según las obras impresas firmadas con su nombre. Hay actualmente cierta tendencia a caer en ese error; y es necesario protestar enérgicamente contra una actitud por parte de las autoridades que es perjudicial para la eficiencia e injusta para con el celo desinteresado. Pero, hechas ya todas esas concesiones, una buena prueba de la eficiencia general de una facultad es que, en conjunto, produzca en forma de publicaciones su cuota de contribución al pensamiento. Esa cuota debe ser estimada por el pensamiento que contenga y no por el número de palabras”