lunes, 7 de febrero de 2011

Intervencionismo e inflación

La inflación es un aumento desproporcionado de circulante en relación con el aumento de bienes producidos. El aumento de circulante puede establecerse por medio de papel moneda, créditos o emisión de bonos o valores del Estado.

En un país en el que el Estado no interfiere el proceso del mercado, no existirá inflación. Por ello, esta distorsión del mercado casi siempre se asocia a alguna forma de intervencionismo. Mientras que el respeto a las leyes del mercado es propuesto por los liberales (o neoliberales), el intervencionismo es propuesto por los neototalitarios, ya que tienen mayor tendencia a desconocer al mercado que a adaptarse al mismo.

El intervencionismo recibió un importante apoyo teórico a través del economista británico John Maynard Keynes, quien sugirió la elevación del gasto público para poner en marcha economías en estado de crisis profunda. Sin embargo, los neototalitarios pretenden aplicar el método en circunstancias normales, o en situaciones de crisis leves. Incluso el propio Keynes conocía perfectamente el peligro asociado a la inflación, por lo que escribió:

“Se pone en boca de Lenin la afirmación de que la mejor manera de destruir el sistema capitalista es corromper su moneda. Los gobiernos pueden confiscar, en secreto y sin ser observados, mediante un proceso constante de inflación, una parte importante de la riqueza de sus ciudadanos. Recurriendo a este método, no sólo confiscan, sino que confiscan arbitrariamente….no se equivocaba Lenin, desde luego, no existe recurso más sutil ni más seguro para echar abajo las actuales bases de la sociedad que el de corromper su moneda. Ese proceso emplea todas las fuerzas ocultas de la ley económica en la tarea de la destrucción, y lo hace de una manera que sólo una persona en mil es capaz de diagnosticarla” (Citado en “Ciencia y teoría económica” de Luis Pazos – Editorial Diana SA – México 1981)

¿En qué consiste la propuesta keynesiana? Luis Pazos la describe de la siguiente manera:

“Al invertir y gastar dinero, el gobierno va a aumentar la demanda efectiva y los fabricantes tendrán a quien vender. Al ver aumentadas sus ventas, los fabricantes aumentarán la producción, lo que traerá como consecuencia una ocupación mayor y una solución al problema del desempleo. Parece como si Keynes hubiera descubierto una solución muy sencilla que acaba con todos los problemas de una economía. Si eso fuera cierto, ya se hubiera acabado con la pobreza de los países subdesarrollados; pues la solución sería que el gobierno emitiera billetes, los repartieran y todos ejercieran su poder de compra, y al ver los productores la rápida venta de sus productos, produjeran más, con el consiguiente aumento en la ocupación de mano de obra”.

“La creación de demanda efectiva, que es la solución del desempleo y la forma de salir de una crisis económica, según Keynes puede hacerse:

1) Mediante el aumento del gasto público y la creación de un déficit presupuestario.
2) La política monetaria de aumentar el circulante. Según Keynes, al ver la gente que baja el poder adquisitivo del dinero, prefiere invertir que ahorrar.
3) Mediante el dinero barato: bajar las tasas de interés.

“Keynes dio importancia vital al gasto y pareció olvidar que la producción es limitada y requiere de tiempo para su aumento; pensó que un gobierno podía lograr, por medio del aumento de circulante, una mayor producción”.

“Las políticas keynesianas, que conducen al déficit presupuestario y al aumento del circulante monetario, solamente han logrado dilatar la crisis, proyectándolas al futuro con mayor fuerza. En concreto, han producido la inflación y una intervención progresiva del Estado, con el peligro de culminar en un control completo de la economía por éste, situación que no quería Keynes”.

Uno de los objetivos de Keynes era la reducción del desempleo. La solución práctica e inmediata consiste en la reducción de salarios para facilitar nuevos empleos. Pero esta solución resulta “políticamente incorrecta”, de ahí que, al promover el gasto público (y la inflación consiguiente) ésta produce inevitablemente una reducción de los salarios reales….y así se promueve el empleo. Ludwig von Mises escribió al respecto:

“Si durante el periodo inflacionario el aumento de los precios de los bienes excede el incremento de los salarios nominales, la tasa de desempleo caerá, pero este hecho ocurrirá como consecuencia de que los salarios reales están cayendo. Lord Keynes recomendaba la expansión del crédito porque creía que los asalariados se conformarían con el resultado; creía que «una baja gradual y automática de los salarios reales, como resultado del aumento de los precios», no seria tan fuertemente resistida por los trabajadores como un intento de disminuir los salarios nominales”.

“Pero, aunque lo sostenido por Lord Keynes fuera correcto, nada bueno podría surgir de ese engaño. Los grandes conflictos de ideas deben ser resueltos con métodos directos y honestos, no mediante artificios y subterfugios” (De “Planificación para la libertad” – Centro de Estudios sobre la Libertad – Buenos Aires 1986).

En cuanto al deterioro de la moneda, Luis Pazos establece la siguiente secuencia:

1) Inflación = Emisión de papel moneda (créditos, etc.) sin respaldo de bienes en el mercado.
2) Inflación + Control de precios = Escasez + Mercado negro
3) Escasez + Mercado negro = Racionamiento y sistema de colas
4) Pérdida total del poder adquisitivo del dinero = Regreso al trueque

Los procesos inflacionarios tienden a acelerar la producción en sus comienzos, por lo cual algunos políticos consideran a la inflación como algo “positivo para la economía”. Milton Friedman escribió:

“Cuando un país inicia un periodo de aumento de los precios, los efectos iniciales parecen buenos. La cantidad de dinero más alta permite que cualquiera tenga acceso a él –en la actualidad principalmente el Estado- para gastar más sin que ninguna persona tenga que reducir sus gastos. Hay más puestos de trabajo, la actividad económica se anima y –al principio- prácticamente todo el mundo es feliz. Todo lo anterior constituye los buenos efectos”.

“Pero entonces el mayor gasto empieza a hacer aumentar los precios; los trabajadores se dan cuenta de que el salario que perciben, aunque monetariamente sea más elevado, les permite adquirir menos bienes; los empresarios ven que sus costes han aumentado, de modo que las ventas adicionales realizadas no proporcionarán un beneficio tan alto como el que habían anticipado, a menos que aumenten los precios aún más. Empiezan a emerger las malas consecuencias: precios más elevados, la demanda está más apagada, la inflación se combina con el estancamiento” (De “Libertad de elegir” de Milton y Rose Friedman – Ediciones Grijalbo SA – 1980 Barcelona)

Existe una ecuación, debida a Irving Fisher, en la que aparecen las variables relevantes en un proceso inflacionario:

M V = P T

(Masa monetaria) (Velocidad de circulación) = (Precios) (Total de bienes disponibles)

En donde M es la cantidad de moneda circulante, V es la velocidad con que circula. P es el nivel de precios mientras que T es la cantidad de bienes y servicios disponibles para ser adquiridos.

Podemos extraer de esta relación algunas conclusiones simples. Si aumenta la masa circulante de dinero M, o su velocidad V (asociadas a la impresión de nuevos billetes o al otorgamiento de créditos) y si no aumenta simultáneamente la producción T, entonces aumentará el nivel de precios P, para que se mantenga la igualdad.

Si aumenta la producción (bienes disponibles T), manteniéndose constantes M y V, habrá una reducción de precios P (lo que nos lleva por otro camino a la ley de la oferta y la demanda, que indica que el precio decae cuando aumenta la oferta).

El ciudadano común (al menos en su gran mayoría), al igual que muchos políticos, “no cree” en las leyes del mercado. De ahí que los elementales análisis anteriores de poco servirán. Y si el proceso keynesiano falla, entonces dirá que los “conspiradores” lo hicieron fallar.

Milton Friedman escribió: “La financiación del gasto público mediante el aumento de la cantidad de dinero parece una cosa más bien mágica, como si se consiguiera algo de la nada. Para utilizar un ejemplo sencillo, el Estado construye una carretera y la paga con billetes de la Reserva Federal [Banco Central en el caso argentino] recién emitidos. Parece como si todo el mundo estuviera en una situación mejor. Los trabajadores que han construido la carretera han recibido sus salarios y pueden comprar alimentos, ropas y vivienda con ellos; nadie ha pagado impuestos. Sin embargo, donde antes no había nada, ahora hay una carretera. ¿Quién la ha pagado?”.

“La respuesta es que todos los tenedores de dinero la han pagado. El dinero adicional aumenta los precios cuando se destina para inducir a los trabajadores a construir la carretera en vez de dedicarlos a cualquier otra actividad productiva. Esos precios más altos se mantienen mientras el dinero adicional circula a través de la corriente de gastos de los trabajadores a los vendedores de lo que aquéllos compran, de esos vendedores a otros, y así sucesivamente”.

Para la mayoría de los habitantes, los buenos gobiernos son los que “distribuyen las riquezas” y quieren al pueblo, aunque a veces tal “distribución” venga acompañada de inflación y el remedio resulta peor que la enfermedad. Por el contrario, quienes promueven la adaptación de la sociedad a las leyes del mercado, son considerados “gente perversa y egoísta” de tal forma que cada vez el intervencionismo tiene mayor cantidad de adeptos.