viernes, 18 de febrero de 2011

Globalización económica

El proceso de globalización económica consiste en un mercado mundial único asociado a la libertad empresarial o capitalismo. Este mercado mundial fue promovido por la actitud de accionistas de las grandes empresas (con el fin de mejorar sus ganancias) y permitido por las recientes tecnologías de las comunicaciones (Internet, principalmente).

Existen sectores que están a favor de la globalización como también sectores que están en contra:

a) A favor: sectores adherentes al liberalismo económico
b) En contra: sectores neototalitarios y autárquicos

Quienes están a favor contemplan las posibles ventajas tanto para los consumidores como para las empresas, ya que, al existir un mercado mundial, existe una gran variedad de artículos que se pueden comerciar a precios convenientes para todos.
Entre quienes se oponen a la globalización están los que adherían al ex–Imperio Soviético y estaban esperanzados en el triunfo del socialismo a nivel global a través del dominio militar sobre el resto de los países. También están en contra quienes creen ventajoso un muy limitado intercambio de productos entre países y, si es posible, establecer economías cerradas, o estrictamente nacionales.

En este último caso, podemos decir que, si algo es bueno para un país (aislarse económicamente de los demás países) también ha de ser bueno para cada una de las provincias que lo integran. De ahí que las provincias deberían aislarse de las demás. Luego deberían hacerlo los municipios hasta llegar a cada individuo, para que produzca todo lo que necesita volviendo a las etapas previas a la división del trabajo y posterior intercambio en el mercado.

También debemos considerar, como opositores a la globalización, a los “enemigos internos” que con sus palabras la apoyan, pero con sus acciones la distorsionan seriamente:

a) La actitud proteccionista de algunos países desarrollados: (Que los demás abran sus fronteras; nosotros nos reservamos el derecho de protegernos de la entrada de productos de otros países).
b) Fundamentalismo de mercado (promovido por algunos organismos internacionales).

Uno de esos organismos, el Fondo Monetario Internacional, integrado por unos diez mil economistas, cometió serios errores al aconsejar a países ex-comunistas a adoptar el mercado sin un tiempo normal de adaptación (cambio de mentalidad). Se lo acusa de practicar el “fundamentalismo de mercado” por el cual se supone que éste resuelve todos los problemas económicos incluso el de adaptar, en poco tiempo, a personas que nunca fueron empresarios, a los rigores del mercado competitivo.
En cambio, China, que no siguió los consejos del FMI, logró mejores resultados debido a la gradualidad con que estableció el cambio (desde una economía planificada a una de mercado). Joseph E. Stiglitz escribió: “La transición china ha comportado la mayor reducción de la pobreza de la historia (de 358 millones en 1990 a 208 millones en 1997, utilizando el reconocidamente bajo estándar de pobreza chino de un dólar por día), mientras que la transición rusa ha comportado quizás el mayor incremento de la pobreza de la historia en un lapso de tiempo más breve (excluidas guerras y hambrunas)” (De “El malestar de la globalización” de Joseph E. Stiglitz – Editorial Taurus SA – Buenos Aires 2002)

Para la plena vigencia de la globalización, debe existir una adaptación gradual de los distintos pueblos, como también deberán existir organismos internacionales que controlen de alguna manera el accionar empresarial (de la misma manera en que lo hace el Estado en cada país). Joseph E. Stiglitz escribió: “A medida que el FMI elaboraba políticas para dar respuestas a las crisis, parecía concentrarse más en salvar a los acreedores occidentales que en ayudar a los países en crisis y a su población. Había dinero para sacar de apuros a los bancos occidentales pero no para proporcionar alimentos a quien estaba al borde de la inanición” (De “Cómo hacer que funcione la globalización” de Joseph E. Stiglitz - Editorial Taurus SA – Buenos Aires 2006).

Los pueblos con mentalidad empresarial se han de adaptar mejor y más rápidamente a la globalización. En una encuesta realizada en EEUU y en Europa, se encontró que 2/3 de los norteamericanos prefería trabajar en forma independiente en lugar hacerlo bajo dependencia, mientras que en Europa sólo en 40 % prefería esa opción. En una provincia argentina, sin embargo, en una encuesta acerca de si el encuestado aceptaría ser mantenido por el Estado (aun sin trabajar), más de la mitad contestó que no tendría inconveniente alguno en aceptar esa situación. De ahí que cada país debe buscar la mejor forma de desarrollarse teniendo presente la mentalidad predominante, para intentar cambiarla si no es favorable a ese objetivo. Joseph E. Stiglitz escribió: “Los esquemas mentales no cambian de la noche a la mañana, y esto es verdad tanto en los países desarrollados como en los subdesarrollados. La obtención de la libertad por los países en desarrollo (generalmente tras una escasa preparación para la autonomía) no modificó la actitud de sus antiguas metrópolis, que siguieron pensando que sabían más” (De “El malestar de la globalización” de Joseph E. Stiglitz – Ediciones Taurus SA – Buenos Aires 2002)

Incluso en algunos países existe la posibilidad que empresas estatales participen en el mercado si es que pueden hacerlo eficazmente (algo prohibido por el “fundamentalismo de mercado”). Ludwig von Mises escribió: “Si en una sociedad basada sobre la propiedad privada de los medios de producción algunos de éstos pertenecen al gobierno o a las municipalidades y son manejados por ellos, no se puede hablar de un sistema mixto que combina socialismo con propiedad privada. Mientras sólo estén en manos del Estado algunas empresas, permanecerán las características de la economía de mercado que determinan la actividad económica. En este caso también las empresas públicas, como compradoras de materias primas, bienes semielaborados y trabajo, y como vendedoras de bienes y servicios, deben adaptarse al mecanismo de la economía de mercado” (De “Planificación para la libertad” de Ludwig von Mises – Centro de Estudios sobre la libertad – Buenos Aires 1986).

El mercado mundial contempla también cierta especialización de los países en cuanto a la producción, pero ello no implica que un país agrícola-ganadero no deba desarrollar su propia industria. Es oportuno mencionar el caso de la empresa finlandesa Nokia. Comenzó como una empresa maderera, luego fabricó y diseñó muebles para introducirse posteriormente en el mercado de las comunicaciones y la telefonía celular, pero nunca abandonó sus anteriores actividades.

La actitud liberal implica que cada persona se siente “ciudadano del mundo”, mientras que quienes están en contra de la globalización se sienten ciudadanos de un país o bien ciudadanos de ninguno, ya que miran al mundo como una gran “lucha de clases”. Debido a las diversas mentalidades predominantes, la globalización económica puede tener distintas orientaciones. Jeremy Rifkin escribió:

“El sueño americano está demasiado centrado en el progreso material personal y demasiado poco preocupado por el bienestar de la sociedad humana en general como para conservar su valor en un mundo cada vez más diverso, interdependiente y plagado de riesgos. Es un viejo sueño, inmerso en una mentalidad de frontera, que se ha quedado anticuado desde hace tiempo. Mientras que el espíritu norteamericano se agota y languidece en el pasado, asistimos al nacimiento de un nuevo sueño europeo. Es un sueño mucho más apropiado para el nuevo estadio en que se encuentra el viaje de la humanidad: un estadio que promete llevarla a la conciencia global propia de una sociedad cada vez más globalizada e interconectada”

“El sueño europeo pone el acento en las relaciones comunitarias más que en la autonomía individual, en la diversidad cultural más que en la asimilación, en la calidad de vida más que en la acumulación de riqueza, en el desarrollo sostenible más que en el progreso material ilimitado, en el esparcimiento antes que en el trabajo duro, en los derechos humanos universales y los derechos de la naturaleza por encima de los derechos de propiedad, y en la cooperación global más que en el ejercicio natural del poder” (De “El sueño europeo” de Jeremy Rifkin – Editorial Paidós SAICF – Buenos Aires 2004).

Existen quienes se oponen a EEUU en todo aspecto. Incluso suponen que la economía de mercado o la globalización son “inventos” norteamericanos. Jeremy Rifkin escribió: “Sorprende ver la escasa atención que se presta a las empresas europeas en los debates sobre la globalización. En las protestas antiglobalización el foco de interés en las calles se dirige habitualmente hacia las malvadas maquinaciones de las multinacionales estadounidenses. Y, sin embargo, en muchos sectores clave del mundo, son las multinacionales europeas las que dominan el comercio y los negocios”.

También se combate la producción de alimentos genéticamente modificados, no por sus efectos, sino porque son producidos principalmente por empresas de EEUU. Con un aumento anual de la población mundial en unos cien millones de habitantes, y con una reducción paulatina de la superficie cultivable, quedan prácticamente dos opciones: el hambre o la utilización de transgénicos. Quienes tengan mejores soluciones, que las propongan.

En general, existe un acuerdo tácito de que la economía de mercado es la que mejores resultados produce. Sin embargo, es evidente que, para obtener esos resultados, debe existir una adaptación de la sociedad a ese proceso. Esta adaptación está ligada principalmente a la actitud ética individual. De ahí que, para mejorar al mundo, debemos empezar tratando de mejorarnos a cada uno de nosotros mismos.