domingo, 30 de enero de 2011

Distribución de la riqueza

Respecto de quién debe distribuir lo generado por el trabajo del hombre, existen dos propuestas extremas:

a) La mano invisible (el proceso del mercado)
b) La mano visible (el Estado)

Quienes adhieren a que sean las decisiones y el trabajo individuales los factores principales de la distribución, adoptan la postura promovida por el liberalismo. Estiman que la producción y la distribución de bienes y servicios deben quedar a cargo de la actividad privada, a través del mercado, reservando al Estado el cumplimiento de funciones tales como: la educación, la salud pública, la defensa exterior, la seguridad interior, la justicia, la supervisión de una moneda sana, la sanción de leyes, el hacer cumplir la ley. Proponen que el Estado no participe en forma directa en la producción y en la distribución para que pueda dedicarse en forma efectiva a sus funciones específicas.

Quienes adhieren a que sean las decisiones de quienes dirigen al Estado los que conformen el criterio distributivo, son las tendencia socialistas, ya sea el socialismo nacional (fascismo, nazismo, peronismo) o bien el socialismo internacional (marxismo). Estas tendencias se denominan “totalitarias”, por cuanto se orientan hacia el pleno dominio del Estado, que tendría a cargo las funciones mencionadas antes, además de las que atañen a la economía. Debe hacerse una distinción entre el socialismo internacional, que propone que el Estado cumpla con la misión tanto de producir como de distribuir y el socialismo nacional que propone que los empresarios produzcan, pero que el Estado distribuya.

¿Cómo distribuye el mercado? Supongamos el caso de un panadero que se hace rico porque es el único que produce pan en un pueblo. Por ser el único panadero, es posible que tienda a aumentar el precio del producto y a reducir el sueldo de sus empleados. Entonces podrá aparecer otro panadero que ha de competir por un sector del mercado en ese pueblo. El antiguo panadero esta vez no podrá aumentar el precio en forma arbitraria porque perderá a sus clientes. Tampoco podrá disminuir los sueldos porque perderá a sus empleados.

En este ejemplo puede observarse que el propio mecanismo del mercado corrigió la situación en la cual alguien pretendía ganar mucho dinero, incluso a costa de sus clientes y empleados. No hubo necesidad de que el Estado impusiera precios máximos al pan o sueldos mínimos a los empleados. Además, quienes promueven la plena vigencia del proceso del mercado, lo hacen justamente porque conocen su efectividad, y no porque quieran favorecer a los ricos, como generalmente suponen los que adhieren a alguna forma de totalitarismo.

¿Cómo distribuye el Estado? Antes de distribuir lo que no produjo, el Estado ha debido apoderarse de lo que otro hizo. Se dice que “el que parte y reparte, se queda con la mejor parte…”, por lo que el proceso distribuidor estatal no da ninguna garantía de ser “justo”.

La forma de apoderarse de la producción ajena consiste en la estatización de los medios de producción, en el caso del socialismo internacional, o bien de la confiscación de la mayor parte de las ganancias empresariales en el caso del socialismo nacional. Si el dinero que proviene de los impuestos al sector productivo no alcanza, el Estado se encarga de imprimir billetes u otorgar créditos sin tener presente lo que aconseja el mercado, o bien tratará de pedir préstamos (a veces para que sean pagados por un próximo gobierno).

Aun en el caso de que el gobierno totalitario tenga “buenas intenciones”, el deterioro de la economía será inevitable debido precisamente a la existencia de las leyes del mercado, de la “mano invisible” en la cual los socialistas “no creen”. Sin embargo, los efectos que se producen al transgredir algún tipo de ley natural ocurren ya sea que creamos o que no creamos en su existencia.

En el peor de los casos, el gobierno totalitario tiende a distribuir en forma desigual, favoreciendo al sector del pueblo que lo apoya. Incluso tal Estado tiene la posibilidad de castigar al sector opositor por cuanto tiene a su disposición la totalidad del poder, tanto político como económico. Por ello no resulta extraño que las grandes catástrofes humanas, con decenas de millones de muertos, se hayan producido justamente bajo gobiernos totalitarios, como los de Hitler, de Stalin y de Mao.

Demás está decir que tales personajes siniestros eran acérrimos enemigos del liberalismo y despreciaban las leyes del mercado, mientras que los mejores logros económicos se dan bajo la economía de mercado, o capitalismo. Sin embargo, con habilidad propagandística, los totalitarios han tergiversado la realidad de tal forma que la mayoría de la población supone que lo perverso es el capitalismo y no el socialismo.

El mensaje totalitario, dirigido al hombre masa, consiste esencialmente de los dos siguientes aspectos (según Carlos Mira):

1. Que es posible crear una casta protectora que prácticamente nos dé de comer en la boca sin costo ni esfuerzo propio.
2. Que la culpa de los males de la pobreza y la miseria la tiene un conjunto de privilegiados (que la casta aniquilará)

“De ambos, en un ataque de sinceridad brutal, podríamos decir que tienen relación con la vagancia (el primero) y con la rabia (el segundo)” (De “La idolatría del Estado” de Carlos Mira – Ediciones B Argentina SA – Buenos Aires 2009)

Uno de los objetivos básicos del socialismo internacional lo constituye la búsqueda de la igualdad (antes que buscar combatir la pobreza). Se asocia a la desigualdad económica la “desigualdad social”, ya que se ignoran otros valores humanos, como los aspectos afectivos e intelectuales. Se trata de que el envidioso no se sienta superado económicamente por otros.

Podemos hacer un resumen de las distintas posibilidades que se pueden presentar en el caso del panadero del pueblo:

a) No hay empresario panadero. Tal actividad laboral ha sido prohibida a nivel individual quedando a cargo de la planificación estatal. Si lo permitiera, los empleados constituirían una clase social inferior. Esto ocurre en los pocos países que acatan las sugerencias del socialismo internacional.
b) Panadero solo en un pueblo. No existen competidores, no hay mercado estrictamente hablando. Existe la posibilidad de que logre bastante riqueza personal. La ausencia de empresarios en una sociedad es lo que favorece este tipo de situación. Se da en el caso de países subdesarrollados.
c) Dos o más panaderos: aparece la competencia. Se reparten el mercado del pan en ese pueblo. Esta situación es conveniente para los consumidores y para la sociedad.
d) Dos o más panaderos; pero uno de ellos se hace “amigo” de las autoridades municipales del lugar para que lo favorezcan e incluso para que perjudiquen a los otros productores. El mercado se distorsiona seriamente. Tales autoridades reciben un beneficio monetario por la acción. Esto ocurre en los países en donde predomina la actitud propuesta por el socialismo nacional, en donde el gobierno es aliado de algunos empresarios y de los sindicalistas para beneficio de un sector de la sociedad, pero ineficaz para el resto.

Las situaciones mencionadas pueden asociarse a las actitudes básicas del hombre. Así, la prohibición estatal a la producción individual tiende a proteger al envidioso, pero la dependencia que existe respecto del Estado produce sociedades parecidas a una cárcel. La sociedad se guía por una expresión atribuida a Louis Blanc (y repetida por Marx): “De cada uno según su capacidad, a cada uno según su necesidad”. Se produce en forma desigual pero se distribuye en forma igualitaria (en teoría al menos).

En el segundo caso, cuando hay pocos empresarios, predomina la negligencia. Se dice que “falla el sistema del mercado” y que se producen grandes desigualdades. Pero debe aclararse que ello no ocurre por culpa de los pocos empresarios que existen, sino de los que no están.

En el tercer caso, cuando son varios productores los que concurren al mercado, se produce una cooperación productiva y distributiva, lográndose los mejores resultados para todos. Alguien expresó: “Quien no es socialista de joven, no tiene corazón; quien no es liberal de adulto, no tiene cerebro”.

En el cuarto caso, predomina el egoísmo ya que se busca el beneficio de sectores (gobierno, algunos empresarios, sindicatos) en desmedro del resto de la sociedad. Se aducen, por supuesto, grandes objetivos nacionales que justificarían tal accionar. Benito Mussolini expresó: “El fascismo debería llamarse en realidad «corporativismo»”.

Los sistemas totalitarios gozan, sin embargo, de bastante aceptación por cuanto se interpreta que las grandes crisis económicas, como la reciente del 2008, son una muestra de la “debilidad del capitalismo”. Sin embargo, es necesario tener presente las causas principales que generaron tal crisis:

a) Otorgamiento de créditos blandos para viviendas (en EEUU), para sectores de pocos recursos, establecidos mediante una ley estatal sin tener en cuenta al mercado (actitud socialista)
b) Especulación financiera

El economista Ludwig von Mises escribió hace varias décadas: “La depresión es consecuencia de la expansión del crédito”. Además, el liberalismo propone al mercado como un proceso que facilita la producción y la distribución de bienes y servicios, no contemplando desvíos éticos tales como la especulación, acción en la que nada se produce ni nada se distribuye. No existe sistema económico que pueda suplantar los defectos éticos básicos y elementales.