lunes, 10 de enero de 2011

Capitalismo operativo

Si nos atenemos a las definiciones establecidas por los economistas más representativos del capitalismo, podemos decir que se trata de un sistema de producción y de distribución de bienes y servicios, que promueve la adaptación de la sociedad a las leyes del mercado.

La palabra “adaptación” sugiere que todo individuo debe ser apto para desempeñarse bajo las reglas aceptadas por la sociedad o bien impuestas por la naturaleza (leyes naturales). En el caso de las leyes económicas derivadas del proceso del mercado, es necesario aclarar que una persona puede ser apta para distintas finalidades u objetivos, y poco apta para otros, si así lo decide, es decir, puede adaptarse tanto para utilizar el proceso en su propio beneficio y en perjuicio de los demás (actitud egoísta o competitiva) o bien podrá adaptarse para buscar un beneficio simultáneo con los demás (actitud cooperativa). Debemos distinguir entre competencia constructiva (cooperativa) y competencia destructiva, ya que son tendencias que provienen de actitudes muy distintas.

Suponiendo la existencia de una actitud característica en cada individuo, puede decirse que una misma actitud será mostrada en distintas circunstancias y que la misma actitud que un individuo muestra en el trato social cotidiano, será la que mostrará en sus intercambios de tipo económico. De ahí que la ética mostrada en sus decisiones económicas no será demasiado distinta de la mostrada en los otros aspectos de la vida. Por lo que el éxito de la economía de mercado parte de cierto nivel ético básico asociado a los individuos que componen la sociedad.

Podemos denominar “capitalismo operativo” al pequeño listado de sugerencias prácticas destinadas tanto al ciudadano común como a quienes toman decisiones desde el Estado. Estas sugerencias estarán orientadas al predominio de la actitud cooperativa sobre otras actitudes.

1)Trabajar (producir)
2)Ahorrar productivamente (generar capital)
3)Buscar el beneficio simultáneo entre las partes intervinientes en todo intercambio
4)Tener presente la ley de oferta y demanda
5)No gastar más de lo que se tiene
6)Respetar la propiedad ajena

Podemos hacer una síntesis de los principales casos en que no se respetan algunas de las leyes básicas de la economía. Cuando no se respeta la ley de la oferta y la demanda, ni tampoco la propiedad privada, se llega al capitalismo de Estado, o socialismo, cuyos pobres resultados quedan fuera de toda duda. Cuando no se respeta la ley elemental del trabajo, o del ahorro productivo, se obtienen pobres resultados económicos. Cuando no se respeta la búsqueda del beneficio simultáneo se cae en la especulación, actitud que favorece las graves crisis económicas. Cuando el Estado gasta más de lo que tiene, entra en un proceso inflacionario, algo corriente bajo la política social-demócrata.

Se dice que un seguidor del conquistador mongol Gengis Khan le recomienda que, en lugar del habitual exterminio de los pueblos conquistados, los hiciera trabajar en su provecho, apareciendo la esclavitud forzada como una ventaja social para la época. En forma similar, en lugar de la expropiación de las empresas privadas por parte del Estado, como lo establece el marxismo básico, se sugiere confiscar la mayor parte de sus ganancias para efectuar luego la distribución. Ello implicará una pobre capitalización y la transferencia de dinero de los sectores productivos a los no productivos, impidiendo el crecimiento de la producción y favoreciendo actitudes poco favorables hacia el trabajo.

En cuanto a tener presente la ley de oferta y demanda, ello no significa que esta ley deba ubicarse como rectora de la sociedad, de tal manera que se justifique cualquier decisión invocándola, como ocurre con algunos programas televisivos que transgreden elementales normas éticas aduciendo que lo hacen porque deben competir con otros programas rivales. Las normas éticas deben imperar sobre los resultados económicos, para obtener así los mejores beneficios para la sociedad.

Respecto a no gastar más de lo que se tiene, es oportuno considerar el caso de quienes toman decisiones desde el Estado con el dinero de todos. Generalmente, los políticos realizan sus actividades motivados por ambiciones personales y reparten, a través de planes sociales, lo que el Estado no posee, comenzando de esa forma los problemas inflacionarios y de otros tipos. Previamente agotaron lo recibido mediante impuestos.

En muchos países, si se tiene en cuenta la cantidad de pobres existentes y el monto destinado a ellos, se observa que en poco tiempo no debería haber pobreza. Pero la pobreza persiste por cuanto los “distribuidores de riquezas” absorben la mayor parte de tal ayuda. William E. Simon escribió: “¿Qué sucedió, entonces? La respuesta es que sólo parte del dinero llegó a sus destinatarios. Diría que la mayor parte del dinero fue a la gente que los consuela, que examina sus dificultades, que trata de ayudarlos e inventa estrategias para sacarlos de sus miserias. Fue a los consejeros, a los planificadores, ingenieros sociales, expertos en urbanismo y a los asistentes administrativos de los asistentes administrativos que trabajan para el gobierno federal” (De “La hora de la verdad” de William E. Simon – Emecé Editores SA – Buenos Aires 1980). El autor citado se refiere a los EEUU, pero esto ocurre también en otros países.

Estos generosos burócratas (generosos para repartir el dinero ajeno) se asignan atributos éticos elevados y descalifican a quienes los critican. El motivo aparente de sus acciones es buscar la “igualdad social”. Esta tendencia es conocida como “igualitarismo”. Al respecto, William E. Simon escribió: “La igualdad del igualitarismo es muy diferente [a la propuesta por la Constitución]. Es un concepto que considera a los hombres, idealmente, como unidades intercambiables y busca negar las diferencias individuales que hay entre ellos, sobre todo las diferencias decisivas de carácter, habilidad y capacidad para el esfuerzo. El igualitarista busca una igualdad colectiva, no igualdad de oportunidades sino de resultados. Desea tomar los beneficios que otros han ganado y repartirlos entre quienes no los ganaron. El sistema que busca crear es lo opuesto a la meritocracia. El que más logra, más castigado resulta; el que menos logra, más recibe. El igualitarismo es un ataque mortal contra el esfuerzo personal y la justicia. Su objetivo no es realzar los logros individuales sino nivelar a todos los hombres”.

Es oportuno mencionar la severa crisis que sufrió el Estado de Nueva York en la década de los 70. Para solventar los gastos realizados, cubrían préstamos anteriores con otros nuevos, hasta que los inversores entraron en desconfianza. Luego, los políticos neoyorkinos reclamaron la ayuda del Estado nacional para solucionar su irresponsable desempeño. Uno de los beneficios sociales otorgados a los empleados públicos establecía su jubilación con cuarenta años de edad, justamente en la plenitud laboral del trabajador.

Cuando alguien cree que el capitalismo caerá con la caída de EEUU, deberá distinguir entre la posible caída de tal país bajo el predominio de políticos distribucionistas e igualitaristas, lo cual es bastante probable, y la inefectividad de la economía de mercado en sí. La proliferación de políticos que promueven al Estado benefactor, ignorando las leyes elementales de la economía, aún en el marco aparente de la economía de mercado, hace afirmar a muchos que el “capitalismo no funciona”, es decir, es evidente que no funciona si no se respetan sus reglas más elementales.

El político irresponsable promueve que el ciudadano apto para el trabajo tienda a ir quedado en la condición de beneficiario del Estado a la par de los ancianos, los niños y los incapacitados para el trabajo. Incluso muchos entienden que es obligación del Estado proveerles de una “vivienda digna”. Como no resulta sencillo obtener recursos económicos suficientes para que el Estado provea viviendas a quienes no la poseen, surge el descontento ante tal incumplimiento. Aparecen las protestas e incluso algunos se atreven a usurpar viviendas o tierras sin el menor sentimiento de culpa por cuanto creen que están efectivizando un derecho que les fue otorgado. La actitud que promueve la situación caótica que ello conlleva fue descripta por José Ortega y Gasset, quien escribió:

“El politicismo integral, la absorción de todas las cosas y de todo el hombre por la política, es una y misma cosa con el fenómeno de rebelión de las masas que aquí se describe. La masa en rebeldía ha perdido toda capacidad de religión y de conocimiento. No puede tener dentro más que política, una política exorbitada, frenética, fuera de sí, puesto que pretende suplantarlos”.

“El hombre masa tiene sólo apetitos, cree que sólo tiene derechos y no cree que tiene obligaciones: es el hombre que no tiene la nobleza que obliga”.

“Este es el mayor peligro que hoy amenaza a la civilización: la estratificación de la vida, el intervencionismo del Estado, la absorción de toda espontaneidad social por el Estado; es decir, la anulación de la espontaneidad histórica, que en definitiva sostiene, nutre y empuja los destinos humanos. Cuando la masa siente alguna desventura, o simplemente algún fuerte apetito, es una gran tentación para ella esa permanente y segura posibilidad de conseguirlo todo –sin esfuerzo, sin lucha, duda ni riesgo– sin más que tocar el resorte y hacer funcionar la portentosa máquina. La masa dice «El Estado soy yo», lo cual es un perfecto error”.

“Pero el caso es que el hombre-masa cree, en efecto, que él es el Estado y tenderá cada vez más a hacerlo funcionar con cualquier pretexto, a aplastar con él toda minoría creadora que lo perturbe –que lo perturbe en cualquier orden: en política, en ideas, en industria” (De “La rebelión de las masas” de José Ortega y Gasset – Editorial Planeta-De Agostini SA – Barcelona 1985).

Mientras que, en general, hablamos de un proceso de adaptación del hombre a las leyes naturales, en situaciones de crisis podemos hablar también del proceso que va en sentido inverso. El proceso de desadaptación del individuo a las leyes del mercado forma parte del proceso general de desadaptación del hombre a las leyes naturales. La ignorancia de las leyes del mercado produce crisis económicas de la misma forma en que la ignorancia de las leyes naturales que nos rigen a nivel psicológico y social implica algún tipo de sufrimiento personal. La mejora ética individual es, en definitiva, el comienzo de toda mejora posible.