jueves, 14 de enero de 2010

El Mercado como fundamento de la Economía


Una vez que se adopta la producción por división (o especialización) del trabajo, es necesario proceder al intercambio de los productos elaborados. Los productores y los consumidores, actuando en libertad, establecen un proceso espontáneo, y autorregulado, denominado “mercado”. La ley básica del mercado establece que los productores tienden a ofrecer (oferta) mayor cantidad de un producto particular a medida que aumenta su precio, mientras que los consumidores tienden a adquirir (demanda) una menor cantidad de ese producto cuando aumenta su precio. Cuando la oferta iguala a la demanda, el precio se estabiliza. De lo contrario, la elevación de la oferta tiende a hacerlo disminuir, mientras que la elevación de la demanda tiende a hacerlo aumentar. Este proceso fue descripto por Adam Smith.

En cuanto al carácter espontáneo del proceso, debe destacarse que, mediante estudios recientes, se confirma que las leyes básicas del mercado tienen vigencia aún en el caso de personas con problemas psíquicos, también en el caso de pájaros, ratas y un grupo de animales microscópicos llamados rotíferos. R.B. McKenzie y G.Tullock escriben “Se ha recogido una gran cantidad de evidencia, por experimentación y por observación, de acuerdo con la que los individuos pertenecientes a esos grupos (los citados) se comportan de un modo que parece consistente con los dictados del comportamiento racional; es decir, presentan curvas de demanda de pendiente negativa; intentan comprar en el mercado más barato, ajustan su consumo en término de los precios, y así sucesivamente” (De “La nueva frontera de la economía” – Espasa –Calpe SA – Madrid 1980).

A pesar de consistir en aspectos simples y cotidianos, la validez de la ley básica del mercado ha sido puesta en duda. Tratar de gastar nuestro dinero lo menos posible, porque costó trabajo conseguirlo, no es algo difícil de aceptar. Tratar de obtener la mayor cantidad de dinero posible por algo que hemos elaborado, tampoco resulta difícil de aceptar. El comportamiento racional del hombre, al menos en estos aspectos básicos, queda fuera de toda duda. Debemos decir que tal comportamiento apunta a elevar nuestro nivel de felicidad, antes que elevar sólo el nivel económico, lo cual constituiría un comportamiento racional restringido. Tim Harford escribió: “Pese a que los economistas incluyen a menudo los beneficios o los ingresos como una de las motivaciones ocultas detrás de nuestras acciones, las metas de un ser racional no son necesariamente financieras. A la rata no le interesa el dinero; lo que quiere es conseguir suficiente líquido para sobrevivir, y que la bebida tenga buen sabor. El comportamiento racional implica actuar de modo tal que puedas alcanzar esas metas, que pueden ser dinero, pero también puede ser un coche veloz, estatus, sexo, realización personal…….o root beer (bebida para ratas)” (De “La lógica oculta de la vida” – Grupo Editorial Planeta SAIC – Buenos Aires 2008).

Los sistemas autorregulados son descriptos como sistemas de realimentación negativa, como es el caso del tanque de agua de nuestra propia vivienda. El nivel de tanque lleno es la situación de estabilidad mientras que la entrada de agua es controlada por el nivel real de agua, sin que sea necesario intervenir a cada rato para llegar a la situación de estabilidad. Con el mercado ocurre algo similar. Henry Hazlitt escribió al respecto:

“El sistema de empresa privada en régimen de libertad económica puede compararse a un gran mecanismo de miles de máquinas controladas cada una de ellas por su propio regulador automático; pero conectadas de tal forma que al funcionar ejercen entre sí influencia recíproca. Casi todos hemos observado alguna vez el «regulador automático» de una máquina a vapor. Generalmente consta de dos esferas o pesas que reaccionan por la fuerza centrífuga. Al aumentar la velocidad, las esferas se alejan de la varilla a la que están sujetas, estrechando o cerrando automáticamente una válvula de estrangulación que regula la entrada de vapor, con lo que disminuye la velocidad del motor. Si, contrariamente, marcha con excesiva lentitud, las esferas caen, la válvula se ensancha y aumenta la velocidad. De esa forma, cualquier desviación de la velocidad deseada pone por sí misma en movimiento fuerzas que tienden a corregir la anomalía”.

“Es precisamente de esta forma como se regulan las respectivas ofertas de miles de artículos diferentes, bajo el sistema económico de empresa privada en régimen de libre competencia de mercado. Cuando la gente necesita mayor cantidad de determinada mercancía, su propia demanda competitiva eleva el precio del producto. El aumento de beneficios que se produce para aquellos que lo fabrican estimula un incremento en la producción. Otros empresarios abandonan incluso la fabricación de otros artículos para dedicarse a la elaboración de aquel que ofrece mayores ganancias. Ahora bien, esto aumenta la oferta del producto, al mismo tiempo que reduce la de algunos otros. El precio de aquél disminuye, por consiguiente, en relación con los precios de otras mercancías, desapareciendo el estímulo existente para el incremento relativo de su fabricación” (De “La Economía en una lección” – Unión Editorial SA – Madrid 1981).

Así como el concepto de ley natural, como vínculo invariante entre causas y efectos, no resulta fácil de asimilar para quienes no tengan una formación técnica, el concepto de “sistema realimentado”, como sistema por el cual los efectos controlan a las causas que lo producen, resulta aún de mayor dificultad. De ahí que, por lo general, se lo ignora, o bien no se “cree” en su existencia. Incluso se supone que se trata simplemente de algo inventado por los economistas y que la “mano invisible” de Adam Smith es un concepto establecido para engañar a la gente, o cosas similares.

Si bien el proceso del mercado es autocontrolado, o autorregulado, ello no implica que, para que funcione adecuadamente, se deba prescindir totalmente del Estado. Es decir, el Estado no debería regularlo, en el sentido de interferir las leyes básicas que lo rigen, sino que debería controlarlo exteriormente para evitar los posibles desvíos propios del ser humano, especialmente cuando existen valores económicos de por medio.

Podemos hacer una analogía con el fútbol. Existen las reglas del juego y los jugadores que tienden a respetarlas. Pero es necesaria la existencia del árbitro para limitar o reprimir el incumplimiento de esas reglas. Las reglas del juego serían las leyes del mercado. Los jugadores serían los productores y los consumidores, mientras que el árbitro sería el Estado. De ahí que, mientras menos se note la presencia del árbitro tanto mejor será su desempeño y tanto más vistoso podrá ser el partido.

Nótese que la existencia de reglas del juego y la presencia del árbitro no garantizan un “partido atractivo”, ya que son los jugadores los que deben desarrollar su libre creatividad dentro del marco establecido. De ahí que las leyes del mercado y las leyes jurídicas impuestas por el Estado no bastan para asegurar el éxito económico de la sociedad. Es imprescindible la adecuada concurrencia de productores al mercado, algo que no ocurre en muchos países. Podemos sintetizar las características del mercado en la siguiente lista:

a) Se establece en forma espontánea
b) Es un sistema autorregulado
c) Es necesaria la adaptación de la sociedad a ese sistema
d) Es necesaria la presencia del Estado para asegurar la vigencia del sistema anterior

Para que el sistema sea eficaz, se requiere de cierta adaptación a nivel individual. De ahí que es necesario limitar nuestros gastos actuales previendo el futuro, lo que se traduce como ahorro en el individuo o capitalización de la empresa. Incluso se afirma que la riqueza de una sociedad viene determinada por la cantidad de capital per capita disponible. Por ello podemos esquematizar las acciones humanas tendientes a nuestra adaptación al sistema del mercado de la siguiente manera:

Economía de mercado = Trabajo + Ahorro productivo + Ética

El trabajo, junto al capital (ahorro productivo) son, históricamente, los factores esenciales de la producción, si bien en los últimos tiempos ha pasado a ser el conocimiento (o la información) el factor predominante en todo proceso productivo.

La ética necesaria para la economía no ha de ser distinta a la ética que nos exige la vida cotidiana, y ha de estar asociada a una actitud cooperativa en la cual se busca el beneficio simultáneo de ambas partes en todo tipo de vinculo comercial o laboral. La competencia debería existir respecto de uno mismo, llevando como meta nuestra propia superación personal. De ahí que debemos buscar ser más competentes (aptos para la producción) a ser más competitivos (aptos para vencer a los demás). En la competencia de tipo egoísta, por el contrario, cuenta tanto nuestro propio éxito como el fracaso del rival, de ahí que se buscarán ambos.

En cuanto a las condiciones que se han de cumplir para el óptimo funcionamiento del proceso del mercado, tenemos las siguientes:

a) Los compradores y los vendedores deben ser demasiado pequeños para influir sobre el precio del mercado.
b) Todos los participantes deben disponer de información completa y no puede haber secretos comerciales.
c) Los vendedores deben soportar el coste completo de los productos que venden y trasladarlos al precio de venta.
d) La inversión de capital debe permanecer dentro de los límites nacionales y el comercio entre los países debe equilibrarse.
e) Los ahorros deben invertirse en la creación de capital productivo.

(De "El mundo post empresarial" de David C. Korten - Ediciones Granica SA - Barcelona 2000)

La ciencia económica está orientada a favorecer la producción y no para favorecer el enriquecimiento desvinculado de la producción y del trabajo. Es necesario distinguir entre el proceso en sí y las distintas distorsiones que se producen permitidas, inevitablemente, por la libertad inherente al sistema.