lunes, 18 de septiembre de 2017

Las profecías de Marx

Por Giovanni Papini

Karl Marx floreció en la edad de oro de la adoración por la ciencia y su mayor ambición fue la de fundar un socialismo verdaderamente “científico”, así como su inmensa reputación entre el vulgo, aun en nuestros tiempos, se debió a que lo creyeran un verdadero y cabal hombre de ciencia.

Ahora bien, uno de los caracteres esenciales de la ciencia es el que permite prever con exactitud y seguridad lo que ha de acontecer en determinados casos y momentos; y, en efecto, Marx, para demostrar el fundamento científico de sus teorías, formuló diversas previsiones acerca de lo que ocurriría en el mundo de la economía y de la política en épocas próximas y en otras más lejanas. Previsiones, interceptaciones, y no ya profecías que podrían ser fruto de la imaginación visionaria, de la intuición poética o del cálculo cabalístico. Entre las previsiones”científicas” que hicieron famoso el nombre de Marx y que contribuyeron a la propagación de su doctrina, recordaremos solamente tres, que no son accesorias o secundarias, sino que se derivan de las leyes que Marx creyó descubrir y son básicas en su “Capital”.

La primera de tales previsiones se refiere a los países en que necesariamente se produciría la transformación de la sociedad capitalista, dando paso a la dictadura del proletariado. Según Marx, esta revolución habría por fuerza de acontecer en los países donde la industria estuviera más desarrollada y el sistema capitalista fuera más poderoso, encarnado en una burguesía florida y bien provista. Los cuales países, en tiempos de Marx, no podían ser sino Inglaterra y Alemania, cuando más, en segunda fila, América del Norte y Francia. Sin embargo, cualquiera sabe lo que ocurrió en 1917; la revolución proletaria estalló, se afirmó y se organizó en uno de los países más atrasados de Europa, donde la industria era rudimentaria y la burguesía capitalista había desaparecido, subordinada a las castas del régimen zarista, es decir, el ejército y la burocracia. Era ello tan evidente que el propio Marx despreciaba profundamente a los socialistas rusos, considerándolos ilusos utopistas, sin imaginarse ni por asomo que en ese país pudiera comenzar y mucho menos establecerse un régimen comunista.

La segunda de las previsiones de Marx concierne a los autores y creadores de esa transformación de la sociedad: sostuvo siempre que la revolución sería obra de los propios trabajadores, educados por las necesidades mismas de su vida en el conocimiento de sus deberes. Acaeció, en cambio, como todos nosotros lo vimos, que esta revolución se debió a las directivas de algunos intelectuales burgueses, que supieron aprovechar del desastre militar del Estado zarista y del desesperado anhelo que movía a los aldeanos-soldados a poner fin a la guerra y retornar a sus casas para convertirse en otros tantos pequeños propietarios de la tierra. De modo que no fueron los obreros más preparados de la industria los que suscitaron, aprontaron y dirigieron aquella inmensa revolución, sino que ésta triunfó merced a los enormes errores de la casta militar, a las ambiciones de los intelectuales burgueses y, sobre todo, al hambre antigua de tierras que azuzaba al mujik.

La tercera de las previsiones de Marx, y una de las más populares en tiempos de su mayor fortuna, fue aquella según la cual la propiedad y las industrias se irían concentrando progresivamente en pocas manos de colosos capitalistas, de manera que la expropiación resultaría muchísimo más fácil cuando llegara el día del desquite proletario. Tampoco esta previsión se hizo verdadera, por más que ya cuente casi un siglo de antigüedad, puesto que en los países capitalistas más adelantados, el sistema de las sociedades por acciones dio por consecuencia, como vemos en los Estados Unidos y en muchas naciones europeas, que la propiedad se divida y se reparta entre un infinito número de ahorradores, en los cuales no faltan los llamados proletarios. Y la misma propiedad de la tierra, como se advierte en Gran Bretaña y en Italia, está condenada a subdividirse poco a poco en trozos modestos o mínimos, tan ciertamente como que ya el latifundio resulta más un recuerdo que una realidad presente.

Pero los hombres son más papagayos que libres pájaros voladores, más topos que linces, más carneros de Panurgo que galgos arriesgados en persecución de la verdad, y por eso existen inmensas multitudes que siguen jurando por Marx, quien representa para ellas una de las encarnaciones más gloriosas de la ciencia positiva.

Y pese a las patentes y constantes desmentidas que la historia contemporánea ha dado y sigue dando a las previsiones pseudo-científicas de Karl Marx, el autor del “Capital” continúa gozando fama de ser uno de los gigantes del pensamiento moderno y el más auténtico profeta de la sociedad futura.

(De “Espía del mundo”-Emecé Editores SA-Buenos Aires 1959).

domingo, 17 de septiembre de 2017

Autoorganización; reglas simples para fenómenos complejos

En varios procesos naturales se advierte el surgimiento de un orden espontáneo a partir de reglas simples. Así, en algunas asociaciones de insectos, aparecen efectos globales distintos de aquellos derivados de la suma de los comportamientos individuales, y son los denominados fenómenos complejos. Javier Macía Santamaría escribió: “Tradicionalmente, el desconocimiento del origen de las leyes que gobiernan el mundo natural nos ha llevado a creer en la existencia de un orden superior que escapa a nuestra comprensión. Una divinidad u otros conceptos semejantes han sido frecuentemente el recurso más sencillo para dar explicación a aquello que aparentemente es inexplicable y aceptar resignadamente aquello que no podemos controlar”.

“Llegar a comprender y aceptar que la enorme complejidad de la naturaleza puede ser, en muchas ocasiones, fruto de unas leyes muy simples, tampoco parece algo muy intuitivo. En el fondo, que tengamos dificultades para entenderlo no significa que no sea sencillo. Quizá lo que hace falta es cambiar el modo de pensar”.

“Se entiende por sistema complejo no un sistema complicado, sino uno formado por múltiples partes que interaccionan entre sí. A consecuencia de ello emergen comportamientos o propiedades que no pueden ser explicados como la suma de las características de cada una de las partes. En otras palabras, un sistema complejo es más que la suma de sus partes” (De “De la simplicidad a la complejidad”-RBA Coleccionables SA-Navarra 2016).

Los fenómenos químicos, como también aquellos en que interviene la luz y que forman parte de nuestra vida cotidiana, pueden ser descriptos como efectos de la interacción de tres partículas fundamentales: electrón, positrón y fotón. Si bien esta aparente simplicidad está vinculada a fenómenos atómicos poco o nada intuitivos, al menos es posible encontrar reglas simples que sustentan todo el complejo mundo que observamos a diario. Sheldon L. Glashow escribió: “Hay seis procesos fundamentales por los que electrones, positrones y fotones pueden interaccionar entre sí: Electrón emite fotón. Electrón absorbe fotón. Electrón y positrón se aniquilan. Positrón emite fotón. Positrón absorbe fotón. Fotón produce electrón y positrón”.

Todos estos procesos elementales pueden graficarse a partir de un solo diagrama constituido por tres líneas que concurren a un punto central, y que representan a cada una de las tres partículas mencionadas. Este diagrama representa el “acto fundamental” de la electrodinámica cuántica (QED). “Electrones, positrones y fotones interaccionan de modo no trivial mediante iteraciones del acto fundamental…. La QED es un paradigma para la construcción de teorías más ambiciosas, relacionadas con otras partículas y otras fuerzas” (De “Interacciones”-Tusquets Editores SA-Barcelona 1994).

La palabra “iteración” implica una reiterada y sucesiva aplicación de reglas simples; proceso que genera la complejidad emergente posterior. Este proceso también aparece en algunas colonias de insectos, como las termitas. Macía Santamaría escribió al respecto: “Los termiteros, el hogar donde habitan las termitas, son estructuras arquitectónicas de una altísima complejidad, con un diseño óptimo en muchos aspectos, como por ejemplo los sistemas de ventilación. No obstante, no parece razonable pensar en la existencia de termitas ingenieras capaces de diseñar de forma racional estas maravillas de la arquitectura. ¿Cómo se organizan unos individuos que apenas superan los dos centímetros de longitud para levantar estructuras de hasta seis metros de altura?”.

“Ningún individuo dentro o fuera de la comunidad de termitas organiza el trabajo ni toma las decisiones. Al contrario, la organización emerge de forma espontánea. Las termitas interaccionan o se comunican a nivel local con las termitas que tienen más cerca. Fruto de esta interacción local emerge un orden global. Ciertamente resulta difícil de entender desde un punto de vista racional cómo un conjunto de individuos puede organizarse para abordar una tarea de enorme complejidad sin una dirección bien definida, pero parece que es así”.

“Los sistemas autoorganizados presentan muchas e interesantes propiedades, pero sobre todas ellas destaca el hecho de que la organización resultante está completamente descentralizada o distribuida entre todos los componentes del sistema. Esto es algo totalmente alejado de la forma habitual de organización colectiva en el hombre, basada en el establecimiento de unas jerarquías sociales, laborales, etc., muy definidas. Este tipo de organización descentralizada resulta muy robusta y eficiente, y es capaz de sobrevivir, autorrepararse y adaptarse a cambios del entorno”.

El proceso básico de la economía, el mercado, es también un sistema complejo autorregulado que surge de reglas simples. Podemos describir estas reglas de la siguiente forma: Todos los integrantes de la sociedad producen bienes y servicios para intercambiar con otros. Si advierten que la producción puede sobrepasar la demanda, tratan de producir otros distintos. Intercambian sus productos en forma voluntaria y sólo si se benefician ambas partes en el intercambio.

Al aplicar estas reglas en forma iterativa, se produce una economía eficiente. Adviértase que debe existir una previa adaptación de los integrantes de la sociedad a estas reglas, por cuanto algunos pretenden vivir a costa del trabajo ajeno mediante el robo, o a través de la redistribución que produce el Estado previa confiscación de una parte de lo producido por el sector que trabaja. Mientras que los sectores liberales abogan por una mejor adaptación de la sociedad a las reglas básicas mencionadas, el sector socialista niega la existencia de sistemas autoorganizados, aduciendo que el mercado es una “economía caótica” por lo que debería ser organizada desde el Estado.

Ante la existencia del proceso del mercado, el sector liberal sugiere la no intervención del Estado en el sentido de no destruir el orden espontáneo que generan las decisiones individuales, mientras que propone la intervención estatal para asegurar la vigencia del sistema autoorganizado, esto es, amparar la libertad individual de producir e intercambiar de manera libre, con la posibilidad de que cada integrante de la sociedad corrija sus decisiones inadecuadas.

También Internet es un sistema autoorganizado que se ha ido formando mediante la libre determinación de los participantes, tal la de intercambiar información con quienes desean. “Tal y como la conocemos ahora, Internet no es un sistema resultante de una planificación racional, sino que ha emergido y, esencialmente, se ha autoorganizado de forma no supervisada”. “Desde el momento en que esta red dejó de ser un proyecto con protección estatal y se hizo accesible a todo el mundo, nadie la ha dirigido. Internet ha evolucionado de forma autónoma hasta ser lo que es hoy en día. La actual organización de Internet y sus reglas de funcionamiento han emergido fruto de las interacciones y aportaciones de las empresas proveedoras de servicios y de los millones de usuarios sin una planificación global previa. Nadie tiene el control ni la visión global de esta gigantesca red ni, por supuesto, controla su evolución” (“De la simplicidad a la complejidad”).

La sociedad, por otra parte, puede organizarse en forma espontánea sin necesidad de un Estado que ordene objetivos colectivos. Ello se debe a que puede describirse al hombre en base a una actitud característica, por la cual responde de manera semejante en iguales circunstancias. Tal respuesta característica está orientada por dos tendencias extremas: cooperación y competencia. La búsqueda de la cooperación y una competencia orientada a cooperar más que los demás, hará innecesario todo gobierno del hombre sobre el hombre e incluso de la necesidad de un Dios que intervenga para subsanar los errores que cometemos a diario.

Tanto la religión, como la filosofía y las ciencias sociales, deben apuntar a corregir nuestra actitud predominante para que los sistemas autorregulados que conformamos puedan funcionar con eficacia. De ahí que los problemas individuales y sociales deben ser solucionados, no abandonando el orden natural espontáneo que surge del hombre actuando en libertad, sino corrigiendo nuestras actitudes erróneas consistentes en alejarnos de la cooperación y convirtiendo la competencia en una actividad destructiva del orden social, o no haciendo nada (negligencia).

Si actitudes tales como la envidia y la burla, que constituyen el odio, tienen un castigo cercano, inmediato y permanente, que surge de quien las posee, mientras que las actitudes de cooperación favorecen la felicidad, no hace falta un Dios que intervenga en nuestra vida cotidiana estableciendo cierta justicia divina, por cuanto ya existe una justicia natural, al menos en la distribución de premios y castigos asociados a nuestra conducta (quedando fuera de este proceso los hechos fortuitos o accidentales).

Otro de los procesos iterativos, que puede también ser descrito como un sistema realimentado, es la evolución por selección natural, que puede sintetizarse aproximadamente como:

Evolución = Mutaciones + Selección natural

Se considera la evolución biológica como “la forma simple de crear cosas complejas”. Charles Darwin escribió: “No es el más fuerte ni el más inteligente el que sobrevive, sino el más capaz de adaptarse a los cambios”.

También la ciencia experimental emplea el método de “prueba y error”, ya que, en lugar de ser la selección natural la que descarta las variaciones genéticas que impiden que su portador se adapte al medio, es la experimentación la que descarta las hipótesis que no se adaptan a la realidad:

Ciencia experimental = Hipótesis + Experimentación

Murray Gell-Mann escribió: “La empresa científica humana constituye una hermosa ilustración del concepto de sistema complejo adaptativo. Los esquemas son en este caso teorías, y lo que tiene lugar en el mundo real es la confrontación entre la teoría y la observación. Las nuevas teorías tienen que competir con las ya existentes, en parte en cuanto a coherencia y generalidad, pero en último término en cuanto a su capacidad de explicar observaciones existentes y predecir correctamente otras nuevas” (De “El quark y el jaguar”-Tusquets Editores SA-Barcelona 1995).

Mientras que el liberalismo propone adaptarnos a las reglas del juego que nos impone la naturaleza, el marxismo propone adaptarnos a las leyes de Marx y el Islam a las leyes de Mahoma, por lo cual no se vislumbra que los conflictos ideológicos y violentos vayan a finalizar próximamente, por cuanto las evidencias son negadas por quienes sostienen sus posturas en base a creencias. El cristianismo, por otra parte, interpretado como una religión natural resulta compatible con los procesos que nos impone el orden natural.

viernes, 15 de septiembre de 2017

El totalitarismo en el pensamiento latinoamericano del siglo XIX

En el siglo XIX, luego de la emancipación de las diversas colonias latinoamericanas, no son pocos los políticos y militares que promueven un gobierno centralizado como la mejor solución política para la época. Ello significaba reemplazar la autoridad absoluta de la monarquía española por una autoridad similar, pero surgida en los propios países independizados; siendo la postura que varios autores atribuyen a Simón Bolívar.

Es oportuno y necesario establecer que los diversos gobernantes deben ser calificados en función de la forma de acceder al poder y por la forma de ejercer la administración pública, por lo cual la preferencia de un gobernante por un sistema de gobierno centralizado, no asegura que necesariamente vaya a ser un mal gobernante, o que por ser elegido por el voto popular vaya a ser uno bueno. Recordemos que tiranos como Adolf Hitler, Juan D. Perón y Hugo Chávez, accedieron al poder mediante un masivo apoyo popular.

También debe distinguirse entre gobiernos totalitarios en lo político, pero democráticos en lo económico, de aquellos democráticos en lo político y totalitarios en lo económico, siendo éste posiblemente el peor de los casos. Teniendo presentes las catástrofes sociales promovidas por los totalitarismos durante el siglo XX, queda la democracia como el mejor sistema, o el menos malo, por cuanto ofrece una mayor seguridad para el ciudadano común, ya que siempre queda la posibilidad de cambiar de gobernante en caso de mala gestión. Por el contrario, los gobiernos totalitarios pueden resultar eficaces en ciertos casos, aunque en otros pueden llegar a ser catastróficos, dependiendo de quién ejerza el poder.

Aun cuando en Simón Bolívar puedan reconocerse muchos méritos, la forma de gobierno que proponía no es la mejor opción para el siglo XXI. Justamente, al seguir algunas de las ideas bolivarianas, tiranos como Nicolás Maduro justifican su mando centralizado aduciendo cierta legitimidad brindada por el pensamiento político, posiblemente predominante en el siglo XIX. Jacques Bainville escribió: “Después de gobernar algún tiempo el Perú como dictador, volvió Bolívar a Colombia. Se sospechaba que quería instaurar en su favor la monarquía, lo que le acarreaba numerosas enemistades y le obligaba a hablar frecuentemente en público de «el horror» que le inspiraba el poder supremo”.

“En todo caso deseaba vivamente constituir una asamblea de Estados Suramericanos o por lo menos crear un organismo común a fin de proteger más activamente las nuevas independencias. Abrió en 1826, en Panamá, un gran congreso que a nada condujo. El verdadero designio de Bolívar era sin duda reunir a Colombia, el Perú, Bolivia, la Argentina y Chile, en una inmensa República de la que él hubiese sido el jefe y que habría tomado el nombre de Estados Unidos del Sur”.

“El ministro de Negocios Extranjeros del Perú adivinó el proyecto. Paéz, que ejercía el mando militar de Venezuela, maniobró contra Bolívar. El Congreso panamericano fracasó y comenzó la desconfianza. El Perú desechó la constitución bolivariana, Bolivia que por gratitud había tomado el nombre del Libertador se desembarazó de ella igualmente. Una conjuración estuvo a punto de arrebatarle a Colombia. Acabó por alejarse y murió el 17 de diciembre de 1830, agobiado por la amargura y las penas, no sin haber visto a Colombia dividirse en tres Estados: Colombia, Venezuela y Ecuador”.

“Se ha hecho de Bolívar el símbolo del estadista republicano, cuando es evidente que soñó toda su vida con una dictadura imperial que se extendiera sobre vastas tierras. Se lo ha pintado como un pensador humanitario amamantado por los filósofos del siglo XVIII, cuando era un hombre áspero y violento que no retrocedía ante ejecución o acto sanguinario alguno. Y sin embargo este violento era también, es muy cierto, un hombre tierno en su vida privada y capaz de bondad y caridad en su vida pública” (De “Los dictadores”-Editorial Juventud Argentina-Buenos Aires 1938).

Recordemos que la anarquía imperante en muchos países sudamericanos justificaba en ciertas circunstancias un gobierno firme, como fue el de Juan Manuel de Rosas, si bien la división que promovió en la población, entre adeptos y enemigos, en nada favoreció la pacificación esperada. Bainville agrega: “Hoy comienza a comprenderse que el dictador colombiano era ante todo un positivista, un realista. Ha escrito duras frases respecto a los códigos «fabricados por dulces visionarios que, imaginando repúblicas etéreas, han querido elevarse a la perfección política presuponiendo la perfectibilidad del género humano». A pesar de sus declaraciones republicanas era todo lo opuesto que se puede ser a la democracia y la definía como un estado de cosas «tan débil que el menor tropiezo la trastorna y la arruina»”.

“Podría sacarse de sus pensamientos una severa requisitoria contra el gobierno parlamentario:

«Nunca ha de olvidarse que la excelencia de un gobierno no consiste en su teoría sino en que sea apropiado a la naturaleza y al carácter de la nación para la cual está instituido».
«No hay que dejar todo al azar y a la ventura de las elecciones: el pueblo se engaña más fácilmente que la naturaleza perfeccionada por la educación».
«Los gritos del género humano en los campos de batalla y en las asambleas tumultuosas, son testimonios elevados al cielo contra los legisladores desconsiderados que se figuran que puede hacerse impunemente ensayos de constituciones quiméricas».
«El gobierno democrático absoluto es tan tiránico como el despotismo».

“Así Bolívar, con su realismo político, se indignó siempre de ver a los Estados de la América del Sur adoptar constituciones hechas, fundadas en la abstracción y que de ningún modo habían sido creadas para ellos. Lo que hubiese querido, lo que los escritores de América latina han llamado la teoría bolivariana, es el sistema de un partidario de «la herencia sociocrática» al modo de Auguste Comte, antes de Auguste Comte. Habría querido, inspirándose sin duda en la costumbre de los Antoninos en Roma, que a la cabeza de cada una de las Repúblicas que había fundado hubiese un presidente vitalicio, el cual nombraba su sucesor. De esta manera pensaba conciliar el poder absoluto y la duración, patrimonio de las monarquías hereditarias, prescindiendo de la herencia”.

Algunos analistas políticos coinciden con lo hasta aquí mencionado. Armando Ribas escribió al respecto: “«Simón Bolívar fue el primer dictador en América». Esa fue la observación de Domingo Faustino Sarmiento, una de las mentes más privilegiadas en la lucha por la libertad en el conteniente y por supuesto en la Argentina. Y he dicho por la libertad y no por la independencia, en tanto Bolívar a mi juicio tenía confundidos ambos conceptos. Vale recordar a Alberdi al respecto: «La patria es libre cuando no depende del extranjero, pero el individuo carece de libertad en cuanto depende del Estado de un modo omnímodo y absoluto». Y este es el proceso iniciado en Venezuela por Bolívar, como vamos a ver en las siguientes declaraciones”.

“En primer lugar dijo: «En América debe gobernar un monarca con el nombre de presidente». Para llegar a esa conclusión en una carta al Gobernador de Barinas escribió: «Jamás la división del poder ha establecido y perpetuado gobiernos, sólo su concentración ha infundido respeto para una nación, y yo no he liberado a Venezuela sino para realizar este mismo sistema». Creo que está claro que esa es la intención de Maduro con la instalación de la nueva corte”.

“Siguiendo su pensamiento en el Discurso ante el Congreso de Angostura dijo: «En las repúblicas el ejecutivo debe ser el más fuerte…sino se ponen al alcance del ejecutivo todos los medios que una justa atribución le señala, cae inevitablemente en la nulidad o en su propio abuso…La libertad indefinida, la democracia absoluta, son los escollos en que han ido a estrellarse todas las esperanzas republicanas». Conciente de esa filosofía siguió diciendo: «Pisístrato usurpador y tirano fue más saludable a Atenas, y Pericles aunque también fue usurpador, fue el más útil ciudadano»”.

“Creo que tomando en cuenta las anteriores manifestaciones Bolívar estaría amparando a Maduro hoy en Venezuela. Y asimismo es evidente que esos principios son la antitesis del pensamiento de Alberdi y Sarmiento que a partir de la Constitución de 1853-60 proyectaron a la Argentina por las cimas de la historia. En primer lugar vale recordar un pensamiento de Alberdi cuando dijo: «¿Cuál es la índole y condición de la libertad latina? Es la libertad de todos refundida y consolidada en una sola libertad colectiva y solidaria de cuyo ejercicio exclusivo está encargado un libre Emperador o un Zar libertador. Es la libertad del país personificada en su gobierno, y su gobierno todo entero personificado en un hombre». Me atrevería a pensar que se estaba refiriendo a Bolívar” (De https://prensarepublicana.com/author/armandoribas/ )

miércoles, 13 de septiembre de 2017

Universalidad como requisito de la religión

Algunos físicos consideran que, si tuviesen que sintetizar en pocas palabras el conocimiento adquirido por la humanidad, dirían que todo lo conocido está constituido por átomos. Otros consideran que el conocimiento más importante implica el descubrimiento de la existencia de una secuencia de complejidad creciente que comienza con las partículas elementales, que conforman a los átomos, éstos a las moléculas, luego las células, organismos, seres vivientes, hasta llegar a la vida inteligente.

Otra conclusión, no menos importante, que surge de la actual visión ofrecida por la ciencia experimental, implica que todo lo existente está regido por leyes naturales invariantes, es decir, invariantes respecto tanto del espacio como del tiempo. Ello significa que no existe rincón del universo en que la materia-energía tenga un comportamiento esencialmente caótico, ya que tanto el azar como el caos observados en algunos fenómenos naturales están asociados a alguna forma de ley natural subyacente. Y lo que es más importante, nuestra propia mente y nuestro comportamiento social responden a ciertos procesos mentales, adquiridos a través de la evolución, y que también son regidos por alguna forma de ley natural.

La ley natural se define como el vínculo invariante entre causas y efectos. Una imagen mejor la da el concepto de función matemática, en la cual se observa la forma precisa en que se vinculan dos o más variables numéricas utilizadas en la descripción de fenómenos naturales cuantificables.

Si las leyes naturales no son interrumpidas ni alteradas por una divinidad que interviene en los sucesos cotidianos, encontramos una equivalencia entre ciencia experimental y religión natural. Desde la ciencia se considera que la principal tarea humana consiste en describir leyes naturales para luego adaptarnos a ellas (mediante el proceso de adaptación cultural al orden natural), mientras que, desde la religión natural, se interpreta este proceso como una adaptación del hombre a las leyes de Dios, siendo la forma óptima de acatar la voluntad implícita subyacente a tales leyes. Al identificar ley natural con ley de Dios, se produce la fusión entre ciencia experimental y religión natural.

Debido a que todos los hombres estamos regidos por leyes similares, que son las estudiadas por las humanidades y las ciencias sociales, se advierte la validez universal de la ciencia experimental, es decir, sus resultados tienen validez para todo ser humano que habita el planeta. Que estemos regidos por idénticas leyes naturales, no significa que seamos exactamente iguales, ya que estamos en un caso similar al de las partidas de ajedrez, todas distintas entre sí, que son regidas por las reglas conocidas de ese juego.

Como toda religión concluye con una sugerencia respecto a la actitud ética que debemos adoptar, tal sugerencia o mandamiento ha de tener igual validez para todos los hombres. De ahí que la religión natural “hereda” la universalidad de la ciencia experimental. Y para que exista una verdadera religión, definida como “la unión de los adeptos”, debe tener igual validez para todos los hombres, y no tan sólo una validez individual o sectorial; tal como ocurre en la actualidad con la mayoría de las “religiones”, que no unen a los hombres sino que los dividen, constituyendo verdaderas irreligiones.

Las divisiones entre los hombres se deben a que las creencias religiones predominantes poco se basan en la ley natural, o leyes de Dios, sino en versiones indirectas establecidas en los libros sagrados. No acatar las leyes de Dios implica una concreta rebelión contra el ente creador, o contra la naturaleza, actitud muy poco religiosa. Por ello puede decirse que los conflictos entre los seguidores de distintas religiones son las consecuencias inevitables de la ignorancia, el desconocimiento o alejamiento del hombre de la ley natural.

Resulta fácil advertir que algunas religiones están dirigidas a monjes y no al ciudadano corriente. Otras promueven la violencia entre adeptos e infieles. Algunas están dirigidas al sector cuya postura filosófica coincide con la predominante en tal religión, distinguiendo entre creyentes en un orden sobrenatural y no creyentes en dicho orden. En cuestiones éticas lo importante es la actitud que debe predominar en todo individuo de manera de poder elegir una de las dos tendencias que orientan las acciones humanas: cooperación y competencia. En esto radica esencialmente el mandamiento del amor al prójimo, que tiene como fundamento el fenómeno de la empatía, por el cual disponemos de la posibilidad de ubicarnos en el lugar de otro para así poder sentir lo que el otro siente. Tal mandamiento cristiano puede interpretarse como “compartirás las penas y las alegrías ajenas como propias”, como tendencia a adoptar.

La dificultad que implica tal mandamiento no radica en su comprensión, sino en su puesta en práctica. Si bien es imposible llegar a compartir las penas y las alegrías de todos los seres humanos, lo importante consiste en ser conscientes de esa meta, ya que con ello se podrá mejorar moralmente a todo individuo y luego a la sociedad. Una sociedad que funciona aceptablemente no requiere de seres excepcionales sino de personas normales que apunten hacia cierto mejoramiento personal.

En cuanto al mandamiento del amor a Dios, desde la religión natural se lo interpreta como el “amor intelectual de Dios” surgido de Baruch de Spinoza, quien identifica a Dios con las leyes naturales que conforman el orden natural, o mejor aun, con la voluntad implícita en dicho orden.

Es posible, según lo visto, reinterpretar al cristianismo compatibilizándolo con el conocimiento y la visión que surge de la ciencia experimental, sin necesidad de hacerle cambios significativos. Recordemos que Cristo expresó: “El Reino de Dios está dentro de vosotros”, lo que puede asociarse a la preponderancia de nuestra actitud y de nuestras acciones en lugar de la actitud y las acciones que se le reclaman a un Dios con atributos humanos. Cuando se centra la atención en un Dios benefactor, y no en las propias acciones individuales, se está cerca de adoptar una postura similar a la de los antiguos paganos.

Quien ha vivido toda una vida sin haber nunca contemplado un acontecimiento que sólo pueda explicarse como una intervención divina, con una interrupción de la ley natural, y que sólo observó unos pocos acontecimientos con muy pocas probabilidades de ocurrencia, no tiene la mente preparada para pensar en un Dios que está interviniendo en forma permanente en nuestra vida cotidiana. Por el contrario, muchos creen que la virtud religiosa proviene de la virtud filosófica materializada en la creencia en un Dios que interviene en forma permanente en nuestro mundo. De esa manera eluden la necesidad de cumplir con el “Amarás al prójimo como a ti mismo”, el cual es revestido con extraños y oscuros significados con que se lo mutila, anulándose simultáneamente el fundamento de la ética cristiana; esencialmente la ética natural.

Algunos autores advierten la incompatibilidad de las ideas religiosas vigentes en épocas pasadas con la mentalidad que va surgiendo luego de los descubrimientos de Copérnico, Darwin y Hubble. Cuando el astrónomo polaco establece el modelo heliocéntrico, comienza a advertirse que la Tierra no es el centro del universo, como lugar adecuado para el “Dios hecho hombre”. Cuando el naturalista británico establece la descripción de un proceso creador indirecto, de todo lo viviente, se advierte que la Biblia es un libro que nos informa sobre cuestiones éticas, y no sobre cuestiones científicas. De ahí la expresión de Galileo de que la Biblia “nos indica cómo llegar al cielo y no cómo está hecho el cielo”. Finalmente, con el descubrimiento de la expansión de las galaxias, por parte del astrónomo norteamericano mencionado, el hombre recibe el impacto psicológico de que nuestro planeta, e incluso nuestro Sol, son como diminutas partículas perdidas en la inmensidad del cosmos.

La grandeza del hombre, sin embargo, no debe buscarse en nuestro tamaño relativo, sino en nuestro atributo de ser capaces de descubrir, procesar y transmitir información acerca del mundo en el que estamos inmersos. Arthur Koestler escribió: “En el curso del siglo XVII, las guerras religiosas quedaron postergadas en el espíritu de los pueblos por la aparición de dos factores, aparentemente no relacionados entre sí: el despertar de la conciencia nacional y el nacimiento de una nueva filosofía. Esta última, basada en los descubrimientos de Copérnico, Galileo y Kepler, fue penetrando gradualmente en capas cada vez más extensas del pensamiento popular”.

“Si la Tierra ya no estaba firmemente plantada por Dios en el centro de su universo, y era tan sólo un pequeño planeta lanzado a través del espacio, la fe religiosa, aunque sobrevivió, ya no podía seguir dominando el interés exclusivo del hombre. El cielo que le rodeaba seguía siendo el mismo, pero el objetivo de su mirada había cambiado radicalmente desde que aprendió que las estrellas fijas del firmamento no bailaban a su alrededor, como rindiéndole un homenaje, sino que hacían guiños con ironía indiferente a la minúscula criatura instalada en esta bala de cañón que giraba sobre sí misma”.

“Las consecuencias de esta transición del «destino desde arriba» al «destino desde abajo» fueron evidenciándose gradualmente. Antes de producirse la transición, las diversas religiones habían suministrado al hombre explicaciones que le servían para dar significación a todo lo que le sucedía, en el sentido más amplio de una causalidad y de una justicia trascendentales”.

“Las respuestas del pasado habían sido variadas, contradictorias, primitivas, supersticiosas o comoquiera llamárselas; pero habían sido firmes, definitivas e imperativas. Por lo menos durante una época y para una cultura determinadas, satisficieron la necesidad que sentía el hombre de encontrar confianza y protección en un mundo cruel e insondable, y guía de sus perplejidades”. “En una palabra, las antiguas explicaciones, con toda su arbitrariedad y sus embrollos, respondían a las preguntas acerca del «significado de la vida», mientras que las nuevas, con toda precisión, hacían que la pregunta misma sobre esa significación careciese de significado”.

“La religión no ha muerto, ni ha sido soterrada por la nueva filosofía. Ha quedado sencillamente relegada en un compartimiento estanco de la mente, que se ha precintado para evitar que entre en contacto con el razonamiento lógico. La incompatibilidad entre las dos mitades en que quedó dividida la mente se ha ido atenuando, gracias a las habilidades diplomáticas de las iglesias para apaciguar a la ciencia, y a la resistencia psicológica de los creyentes a admitir su fisura. Pero, a pesar de esos parachoques mentales, la religión ha perdido gradualmente su poder, se ha hecho quebradiza y fragmentaria” (De “Expresión del pensamiento contemporáneo” de Ignacio Iglesias (compilador)-Editorial Sur SA-Buenos Aires 1965).

La tradición teísta, que imperaba en el sector occidental hace unos siglos atrás, ha ido cediendo lugar al ateísmo, al nihilismo y a religiones paganas, sectores con objetivos de dominación antes que de liberación del hombre. De ahí que la religión natural sea la mejor (o única) alternativa que ofrece esta época por cuanto compatibiliza, de una vez por todas, ciencia y religión.

martes, 12 de septiembre de 2017

Desigualdad en la riqueza vs. Igualdad en la pobreza

Mientras que el capitalismo, buscando la igualdad en la riqueza, genera en su camino bastante desigualdad, el socialismo, buscando una igualdad en la pobreza, genera también en su camino bastante desigualdad, es decir, en una sociedad capitalista se habla de individuos desigualmente ricos, mientras que en el socialismo se habla de individuos desigualmente pobres. En estos casos se hace referencia a las ideas prevalecientes tanto en el sector liberal como en el sector socialista.

En épocas de Mao-Tse-Tung, predominaba en China la “pobreza igualitaria”, mientras que, bajo la actual conducción, y como resultado de la adopción de la economía de mercado, se ha logrado liberar de la pobreza a cientos de millones de chinos, a la vez que otro tanto todavía no logra salir del todo de esa situación. Desde el punto de vista liberal, se ha logrado un progreso por cuanto son menos los que padecen la incomodidad o el sufrimiento de la pobreza, mientras que desde el punto de vista socialista, se ha producido un retroceso, por cuanto ha aumentado la “desigualdad social”.

La postura liberal promueve el progreso social a partir de una educación orientada, no sólo al logro de metas culturales, sino también asociada a una capacitación favorable a la formación de capital humano, la mentalidad socialista está orientada más a buscar la redistribución de lo que ya se ha producido. En el primer caso se apunta a una desigualdad momentánea e insalvable en el nivel de riqueza, mientras que en el segundo caso se apunta a una igualdad esencial en la pobreza.

Al menos este último criterio es el que ha prevalecido en la Cuba de los Castro, en donde sólo disfrutan de cierta tranquilidad económica quienes tienen “fe” (familiares en el exterior). La desigualdad favorecida por tales ayudas es mal vista por las autoridades a pesar de que ingresan a Cuba desde el exterior, enviados por familiares de cubanos, unos 2.000 millones de dólares anuales (menos de la mitad de los 5.000 millones de dólares que enviaba la ex-Unión Soviética como pago al Gobierno cubano por la labor de expandir el Imperio Soviético en el resto de Latinoamérica). En un informe establecido por Consejeros Europeos, se expresa lo siguiente: “Para el Gobierno cubano, las remesas familiares son tanto una bendición como una maldición. Los ingresos que traen apoyan en gran medida las finanzas públicas. Sin embargo, las remesas constituyen uno de los problemas de raíz que enfrenta el Gobierno porque, junto al autoempleo, crean dos diferentes clases de cubanos: los que tienen acceso a moneda dura o altos ingresos, y los que no lo tienen”.

“Para un sistema donde la igualdad es un dogma central de su ideología, las remesas representan un gran problema. Como prohibir las remesas sin ser capaz de ofrecer una alternativa por medios o salarios más altos sería impopular, e igualmente es algo difícil de impedir [por las «mulas» o correos que viajan a la isla como si fueran turistas], la política más probable será la continua y gradual erosión del poder adquisitivo de la moneda extranjera en manos de los cubanos, particularmente los dólares estadounidenses, a favor del peso cubano” (De “Los funerales de Castro” de Vicente Botín-Editorial Ariel SA-Barcelona 2009).

Para impedir la desigualdad mencionada, el Gobierno desalienta el envío de dólares mediante impuestos que llegan al 20% del valor enviado. Además, confisca gran parte de los salarios de los cubanos que el Estado alquila a empresas privadas residentes en Cuba o a otros Estados. Vicente Botín escribe al respecto: “La erosión no sólo afectó a los que tienen fe (familiares en el extranjero), sino a todos los que ocasionalmente reciben un salario en moneda extranjera, como los médicos, maestros y otros profesionales enviados por el Gobierno a «misiones» en el exterior. A todos ellos se les aplica un «impuesto revolucionario», como a los trabajadores que se desempeñan en empresas foráneas radicadas en Cuba. Durante el tiempo que dura su trabajo fuera del país, cada profesional sigue cobrando íntegro su salario en pesos cubanos, pero sólo recibe una parte de los dólares que el Gobierno cubano ha pactado por el «alquiler» de sus servicios; el resto va a parar a las arcas del Estado”.

“Los miles de médicos desplazados a Venezuela para trabajar en la Operación Barrio Adentro perciben tan sólo el equivalente en bolívares a 200 dólares mensuales cada uno. El resto del salario, unos 2.000 dólares al mes, lo cobra el Gobierno cubano en especie, es decir, en petróleo”.

“Los más de 2.500 médicos enviados a Pakistán después del terremoto de octubre de 2005, recibieron a su regreso a Cuba 150 dólares cada uno como recompensa, después de realizar durante meses su trabajo en condiciones de extrema dureza”.

Mientras que el socialista justifica su misión en este mundo como combatiente contra la explotación capitalista, a la vez considera que la explotación laboral realizada por el Estado implica una justa tarea ennoblecedora del ciudadano de la sociedad colectivista. “La cantidad que recibieron fue muy pequeña, pero grande fue el honor que les dispensó Francisco Soberón Valdés, ministro presidente del Banco Central de Cuba, gran aficionado a las metáforas, como toda la nomenclatura cubana: «Para ser dignos de este pueblo, al que la Revolución ha llevado tan alto como el pico del Everest, no sólo en términos metafóricos sino con la presencia de nuestros excelentes y abnegados médicos en la cordillera del Himalaya, todos los que tenemos responsabilidades en la conducción de la economía del país debemos lograr el objetivo que se ha convertido en la piedra angular de la lucha que libra sin descansar un instante el compañero Fidel: la fórmula de distribución socialista con arreglo al trabajo»”.

Cuando en una sociedad existe una muy limitada cantidad de empresas, no puede decirse que constituya una economía de mercado por cuanto no existe competencia alguna. Esta ausencia crea las condiciones favorables para la explotación laboral. Por el contrario, cuando existen muchas empresas, cada una debe cuidar su capital humano para no perderlo, reduciéndose las posibilidades de tal explotación. En el caso del socialismo, al haber una sola empresa, el Estado, y al no haber posibilidad de competencia, se crean las condiciones favorables para la explotación laboral, tal como necesariamente sucede. Arnaldo Pedrosa D’Horta escribió: “No nos contentaría una solución que, eliminando al capitalismo privado, fuese a resultar una forma superior de explotación del trabajador: el capitalismo de Estado. No queremos derrumbar las bastillas de mil propietarios, comerciantes, banqueros e industriales para con sus despojos construir una superbastilla en la que un Estado autocrático sea el nuevo esclavizador del hombre” (De “Examen del comunismo”-Editorial Antloy-Buenos Aires 1957).

En la “sociedad sin clases” cubana, existe una división notable (“apartheid económico”) por cuanto existen dos tipos de moneda; los pesos cubanos, que no son convertibles, y los pesos convertibles. Los trabajadores de menores ingresos reciben los pesos cubanos mientras que los dirigentes y empleados especializados reciben los pesos convertibles, Este sistema nos retrotrae a épocas en que los monopolios empresariales pagaban el salario de sus trabajadores con bonos emitidos por la misma empresa para obligar a gastarlos en los comercios pertenecientes a las propias empresas. Botín escribe al respecto: “El problema es que los cubanos no se sienten en absoluto dueños de las riquezas del país y protestan, a su modo, por los bajos salarios que reciben del Estado-patrón, al aplicar al pie de la letra este dicho popular: «El Gobierno hace como que nos paga y nosotros hacemos como que trabajamos»”.

“Los productos de la ‘libreta’ son una limosna que el Estado, único empleador, ofrece a sus trabajadores, a los que paradójicamente brinda también la oportunidad de comprar todo tipo de alimentos y otros bienes de consumo importados, pero sólo si pueden pagarlos en pesos convertibles, una moneda que vale 24 veces más que el peso cubano con el que se pagan los salarios. Esta vergonzosa asimetría divide hoy a la población en dos categorías, los que tienen y los que no tienen pesos convertibles, una barrera que hace añicos el axioma de Fidel Castro repetido tantas veces de que «lo que se hace es darle más al pueblo y repartirlo mejor»”.

“Eso no es cierto. En Cuba hay una clara división de clases, de acuerdo con la capacidad económica de cada individuo, cuyo nivel de confort depende del dinero que posea. La Revolución ha abandonado su proyecto, si es que alguna vez lo tuvo, de construir una sociedad más justa, y ha condenado a los cubanos a una feroz lucha por la vida desde su fase más primitiva, la alimentación”.

Al igual que en toda Latinoamérica, todas las deficiencias y todos los errores cometidos, se atribuyen a la maldad del imperialismo yanqui, que en el caso cubano se materializa con el bloqueo económico, si bien existe intercambios comerciales con los EEUU. La ineficiencia socialista produjo retrocesos por cuanto, en épocas previas a la Revolución, Cuba exportaba alimentos, mientras que ahora los debe importar. “No es extraño que la mayoría de los productos que se consumen en la isla, especialmente los de la ‘libreta’, sean importados. Cuba importa el 84% de los alimentos que consume…Hace 50 años, la isla exportaba ganado vacuno en pié, vegetales, frutas, café y otros productos que hoy tiene que importar. La paradoja es que, a pesar del bloqueo y sus apéndices…el «imperio» se ha convertido en el quinto socio comercial de Cuba y el primer suministrador de alimentos y productos agrícolas a la isla”.

Luego del fracaso cubano, encubierto y transformado en éxito gracias a las mentiras que la intelectualidad internacional se encargó de difundir, se está llegando a una situación similar en Venezuela, que sigue los pasos que Cuba. Como el marxismo-leninismo se apoya en el odio contra la burguesía y contra todo lo que proviene de la civilización occidental, resulta difícil rebatir sus ideas por cuanto el odio les impide aceptar la más mínima evidencia en contra de sus creencias. Otros países podrán caer en el futuro si pocos se atreven a difundir la verdad sobre el socialismo.

De la misma manera en que un problema, en electrónica digital, puede resolverse de dos maneras (mediante el hardware, o circuiterío, o mediante el software, o programación) la envidia puede “solucionarse” mediante el trastorno masivo que implica el socialismo, o bien mediante la menos traumática solución propuesta por el cristianismo; la mejora ética individual.

domingo, 10 de septiembre de 2017

Imágenes de la Cuba socialista

Quien no conoce Cuba, tiene diversas imágenes de ese país, ya que los partidarios del socialismo, que por lo general tampoco lo conocen, nos hablan de una sociedad justa que se destaca por su alto nivel en educación y medicina. Sin embargo, por provenir toda estadística de un gobierno dictatorial, tal información es poco confiable, por lo que resulta más apropiado escuchar las versiones de quienes han podido ir más allá de los lugares permitidos a los turistas. Abilio Estévez escribió: “La Habana no es sólo la ciudad de las columnas o la ciudad de los palacios, sino además la ciudad de los derrumbes. Ofrece múltiples y variados modelos de derrumbe y no precisamente al modo de Roma. No son como el Coliseo, derrumbes que informan sobre el paso del hombre por la historia, sino todo lo contrario, derrumbes que informan del paso de la Historia sobre el hombre” (Citado en “Los funerales de Castro” de Vicente Botín-Editorial Ariel SA-Barcelona 2009).

Los gobiernos totalitarios se caracterizan por tener como objetivo el poder, lo que implica, en el caso del socialismo, no sólo el poder político, sino el económico, cultural, informativo, militar, etc. La principal crítica de los socialistas a la economía de mercado implica un supuesto egoísmo inherente a toda la clase burguesa, ignorando que las ambiciones de poder del sector socialista implican un egoísmo a niveles alarmantes. George Orwell sintetizaba la situación de la siguiente manera: “El Partido quiere tener el poder por amor al poder mismo. No nos importa el bienestar de los demás; sólo nos interesa el poder. No la riqueza ni el lujo, ni la longevidad ni la felicidad; sólo el poder, el poder puro. Ahora comprenderás lo que significa el poder puro…Sabemos que nadie se apodera del mando con la intención de dejarlo. El poder no es un medio, sino un fin en sí mismo. No se establece una dictadura para salvaguardar una revolución; se hace la revolución para establecer una dictadura” (De “1984”).

Entre las diversas alternativas que tienen los funcionarios socialistas para encubrir el desinterés por el bienestar de la población, aparecen expresiones como la atribuida a Francisco Soberón Valdés (ministro presidente del Banco Central de Cuba): “La política económica de Cuba no tiene como objetivo desarrollar un modelo consumista que imite al de los países del primer mundo, por cuanto se tiene la más profunda convicción de que tal modelo enajena y denigra al ser humano, resulta insostenible y conduce a la desaparición de la especie humana mucho más pronto que lo que hoy somos capaces de prever” (Citado en “Los funerales de Castro”).

Vicente Botín, por su parte, escribe: “En 2005, el canciller Felipe Pérez Roque planteó, sin ningún rubor, que había que mantener el apoyo de la mayoría de la población, «no sobre la base del consumo material, sino sobre la base de las ideas y convicciones». El brillante ministro venía a decir que los mercados y las despensas que el Gobierno no ha conseguido llenar son una cuestión menor, frente a las convicciones revolucionarias”.

Teniendo en cuenta los problemas asociados al consumo, el gobierno cubano asigna cierta cantidad mensual de alimentos, indicados en una libreta de racionamiento; si la entrega mensual es insuficiente, cada ciudadano podrá adquirir alimentos adicionales aunque a precios prohibitivos en comparación con el sueldo promedio de los cubanos. En el libro mencionado aparece una lista indicativa del contenido de tal asignación mensual. Botín escribió: “Salvo el pan, unas incomestibles barras hechas con boniato (batata), que se expende a diario, éstos son los productos que en 2008 podía comprar una persona en la bodega ¡para todo el mes! por la libreta:

Pollo: ½ libra (227 gramos) a 0,70 la libra; Pescado congelado: 10 onzas (283,8 gramos) a 0,40; Picadillo de soja: ½ libra a 0,35 (Dos veces al año se sustituye la soja por perritos calientes: 1 paquete con 5 unidades por persona, a 1,20 pesos).

Huevos: 10 unidades por persona a 0,15…Arroz: 5 libras (3,689 kg) a 0,25 la libra…Frijoles: 20 onzas (567,6 gramos) a 0,32; Aceite vegetal: ½ libra a 0,40; Azúcar: blanca, 3 libras (1,362 kg) a 0,15…, negra, 2 libras a 0,10 la libra”.

Sigue la lista con cantidades bastante limitadas de patatas, espaguetis, galletas, jabón, jabón líquido, pasta de dientes, café, chocolate, yogur y leche (para menores de 7 años y mayores de 65: 1 litro diario).

La Venezuela chavista ha establecido este tipo de “distribución socialista de alimentos” con una caída en el peso promedio de los venezolanos estimada en unos 6 kg por persona. De todo esto surge la pregunta: ¿Por qué existe todavía en la mayor parte de los países tanta admiración por Fidel Castro y tantos deseos de instalar el socialismo? Por dos razones principales; aspira al socialismo quien confía en formar parte del nuevo gobierno, y también quien está carcomido por un intenso sentimiento de odio, por lo que encuentra altamente satisfactoria la idea de que aquellos por quienes siente envidia padecerán similares incomodidades y sufrimiento.

Para colmo de males, el sistema socialista prohíbe a todo ciudadano, por cuestiones ideológicas, realizar actividades productivas en forma particular, es decir, fuera del ámbito y control del Estado. Esta ordenanza tiene excepciones en épocas de severa crisis alimentaria. “El Modelo Económico Reformado logró evitar que el país se colapsara, y si Fidel Castro no se hubiera empeñado en dar marcha atrás, hubiera permitido sentar las bases para que el país desarrollara su potencial económico. Pero el dictador no estaba dispuesto a renunciar al control del Estado sobre la economía y mucho menos permitir que se institucionalizara el trabajo por cuenta propia”.

Incluso se dan casos en que, por estar prohibido matar a un animal para consumir su carne, el dueño simula un accidente “aproximando” una vaca a las vías del tren. “A Oswaldo Medina le salió caro matar una vaca de su propiedad; fue condenado a tres años y seis meses de cárcel. El sacrificio de ganado vacuno, aunque sea el propio…es un delito severamente castigado en Cuba, con penas de hasta cinco años de prisión”.

Otro medio para luchar contra el hambre consiste en criar cerdos en los propios domicilios, pero teniendo la precaución de hacerlos operar previamente para que los ruidos producidos no delaten al dueño ante la prohibición existente. “Los porqueros urbanos recurren a un ardid para evitar que los chillidos de los cerdos los delaten. Por 5 dólares, «veterinarios» especializados extirpan las cuerdas bucales de los animales, dejándolos mudos”.

A pesar de que las economías centralmente planificadas descartan el comercio exterior, todas las culpas asociadas a los problemas económicos son adjudicadas al bloqueo de los EEUU. Sin embargo, aun cuando tuviese la importancia que se le asigna, resulta evidente que son muchos los errores cometidos por los dirigentes socialistas. “El bloqueo es el remedio para todos los males, el culpable de que los cubanos vivan mucho peor que sus abuelos. Si no hay suficientes alimentos es por culpa del bloqueo. Si no hay vacas en el campo es por culpa del bloqueo. Si no hay medicinas ni transporte ni suficiente luz ni agua, es debido al bloqueo. Pero el bloqueo está muy desgastado, muy pocos en Cuba se tragan ya ese cuento”.

Uno de esos errores consiste en despreciar la ciencia económica “burguesa” incluyendo la creencia de que cualquiera puede ser un buen empresario, incluso el propio Fidel Castro. El socialismo vendría a ser una sociedad cuya producción es dirigida, no por empresarios, sino por políticos. “Aquel «experimento» [ganadero] fracasó como fracasaron la mayoría de los desatinos visionarios del comandante, entre ellos los planes arroceros en la Ciénaga de Zapata, los pastoreos intensivos, el plan fresa, el café caturra en el cordón de La Habana, las granjas de faisanes para producir carne, las plantaciones de bambú altamente maderables, la presa Paso Seco en el parque Lenín, la zafra de los 10 millones, o la producción de quesos «que superaría a la de Francia». Ese ‘hombre está loco’cantaba la solista Tanya, del grupo Montespuma, y no es para menos, porque el dictador nunca cejó en su empeño de inventar la rueda”.

Aun cuando la población mundial aumenta a razón de 100 millones de habitantes por año, hay quienes no advierten que la producción de alimentos resulta un negocio rentable, o potencialmente rentable. Esto no fue tenido en cuenta por Fidel Castro que prácticamente destruyó la industria azucarera cubana, tan floreciente en otras épocas. Vicente Botín escribe al respecto: “Los vaivenes de la dictadura castrista dañaron seriamente a la industria del azúcar hasta hacerla casi desaparecer. Dos sentencias, ambas pronunciadas por Fidel Castro, al principio y al final de su «era», marcan también el cenit y el ocaso del azúcar en Cuba. La primera de ellas, «Sin azúcar no hay país», indica el regreso al monocultivo de la caña de azúcar, después de los fallidos intentos de diversificar la economía de la isla; la segunda, «Del azúcar no volverá a vivir este país, pertenece a la época de la esclavitud», es el acta de defunción de la industria azucarera, cuyo ocaso comenzó después del fracaso de la zafra de los 10 millones de toneladas, en 1970”.

“Lejos de aquella cifra utópica, la industria azucarera de la isla mantuvo niveles aceptables de producción, con un comprador seguro, la Unión Soviética, cuyo compromiso ideológico con la Revolución se tradujo en la compra del azúcar cubano a precios superiores a los del mercado internacional. El ‘periodo especial’ [luego de la caída de la URSS] puso fin a esa bicoca y Cuba tuvo que enfrentarse a la dura realidad. Su industria, falta de inversiones, perdió el tren; la maquinaria era anticuada y los costes de fabricación resultaban muy elevados”.

“En el año 2002 se cerraron 71 de los 156 ingenios azucareros que había en la isla. Dos años más tarde, en marzo de 2005, desaparecieron casi dos millones de hectáreas de caña de azúcar para sembrar, según se dijo, otros productos más rentables. Pero fue el espinoso marabú quien se adueñó de aquellos fértiles cañaverales y 400.000 trabajadores, el 25% de la fuerza laboral del sector, se quedaron sin trabajo”.

“Apenas un año después, los precios del azúcar se dispararon en el mercado internacional, y el dictador tuvo que dar marcha atrás. Siempre caprichoso y errático…dio orden de reabrir algunas centrales azucareras y aumentar en un 28% los volúmenes de caña disponibles para la molienda. Pero la mayoría de los ingenios que habían sido desmantelados no pudieron hacer sonar sus muelas, agravadas las heridas que arrastraban del pasado por falta de mantenimiento; otros fueron desmontados y enviados como regalo del comandante a la hermana República Bolivariana de Venezuela y a Nicaragua”.

Aun con la experiencia cubana, y la de otros socialismos, gran parte de la población mundial teme al “mercado” por cuanto aduce que brinda mayor seguridad dejar las decisiones económicas en manos de un líder político que en manos de millones de consumidores y productores que cotidianamente deciden inmersos en el proceso del mercado. Jean-Françoise Revel dijo que la principal fuerza que mueve al mundo es la mentira, a lo que habría que agregarle el odio, ya que odio y mentira van siempre juntos.

sábado, 9 de septiembre de 2017

El sentido de la historia

Si consideramos que la historia es todo lo que le ha ocurrido a la humanidad en el pasado, el sentido de la misma ha de implicar una tendencia aparente, motivada por alguna ley social subyacente, que la rige o la regula. Raymond Aron escribió: “La historia, en sentido estrecho, es la ciencia del pasado humano. En el sentido amplio estudia el devenir de la Tierra, el cielo y las especies como también de la civilización” (De “Introducción a la filosofía de la historia”-Ediciones Siglo Veinte-Buenos Aires 1983).

Las causantes de las decisiones humanas grupales no difieren esencialmente de aquellas individuales, ya que la diferencia surge de la cantidad de influencias sociales en uno y otro caso. De ahí que conviene analizar el caso individual para, luego, verificar si se lo puede extrapolar a toda la humanidad. Uno de los errores cometidos frecuentemente implica describir los fenómenos sociales en base a grupos, o clases, y no en base a individuos, ya que la historia se materializa, por lo general, por efecto de las acciones de individuos influyentes, quienes, para bien o para mal, orientan las acciones colectivas.

Otro de los errores frecuentes proviene de la tergiversación consciente y voluntaria de la verdad histórica con la finalidad de obtener ventajas o justificaciones políticas por parte de ideólogos que poco tienen en cuenta la realidad. Incluso muchos intelectuales caen en la trampa de caracterizar a algunos líderes totalitarios según sus escritos y sus discursos, cuando en realidad tales medios fueron usados sólo para encubrir acciones opuestas a lo expresado.

En el caso individual, podemos imaginar un joven que tiene que optar por una carrera universitaria. Aun cuando nadie influya en él (decisión libre) podrá tener algunas dudas. En otros casos, puede suceder que el padre le imponga su propia elección (decisión forzada). En este caso existirán dos posibilidades distintas; que el hijo acate la decisión paterna o bien que se rebele a la imposición y opte por una elección distinta, por lo que en estos casos no actuará con libertad. En esta alternativa se excluyen los casos en que el hijo acata la decisión paterna y además sigue otra carrera universitaria afín a sus intereses.

En el ámbito de las sociedades humanas, las decisiones grupales pueden ser también libres, y también motivadas por la influencia de personajes públicos relevantes. En realidad, las decisiones libres en sentido estricto no existen, por cuanto la cultura de una sociedad no es distinta de la influencia de las costumbres, tanto del presente como del pasado, en quien toma decisiones. De ahí que pueden considerarse libres las decisiones que no tienen una influencia visible sino una influencia difusa.

La principal influencia que recibe la humanidad es la que proviene de nuestra herencia biológica a través de cierta presión que nos impone el orden natural, que nos induce a adaptarnos a sus leyes, siendo el sufrimiento una medida de nuestra desadaptación a esas leyes. De ahí que al sentido de la historia podamos vincularlo a esa presión permanente, que es favorecida o bien impedida por el hombre según las circunstancias. Podemos arriesgarnos a suponer que en el futuro acataremos, o no, esas reglas impuestas, asociando el sentido de la historia a nuestros intentos por adaptarnos o por impedir el predominio del orden natural.

Es oportuno mencionar la postura de Raymond Aron cuando responde a cierto cuestionario que se le hizo: Pregunta: “Usted rechaza la idea de un sentido de la Historia, con la construcción de una sociedad ideal como meta, como también la idea de una historia sin significado. Para usted no hay una explicación determinante de la historia, sino un conjunto de presiones con las que el hombre trata de maniobrar. Y en esa acción es donde encuentra su libertad. ¿Puede usted recordar las ideas principales del libro? [Se refiere al antes citado]

Respuesta: “Digamos que había al menos tres ideas rectoras que siguen siendo directrices para mí: la primera es la pluralidad de las posibles interpretaciones de los hombres. Es lo que se llama el relativismo histórico en la interpretación del pasado. Luego, hay una segunda rectora, en la segunda parte del libro, sobre el determinismo. Allí trato de demostrar, con razones lógicas, que no puede haber un determinismo global de la historia comparable al determinismo marxista. Y luego hay una última parte, en la que se basa mi actitud en la vida política….” (De “El observador comprometido”-Emecé Editores SA-Buenos Aires 1983).

Las diversas posturas filosóficas, religiosas y científicas proponen tendencias que orientarán supuestamente a la humanidad en el futuro. Para describirlas, podemos hacer una analogía con el concepto de límite matemático, el cual se aplica a variables numéricas ligadas funcionalmente. Por ejemplo, la variable (y) está ligada funcionalmente a la variable (x); lo que se simboliza por la expresión y = f(x). Luego, el límite matemático consiste en una operación que permite conocer los valores numéricos que adoptará la variable (y) cuando la variable (x) tiende a adoptar un valor numérico determinado.

El sentido de la historia implica vislumbrar lo que le ha de suceder a la humanidad en un tiempo remoto, es decir, ha de ser el límite de la humanidad (H) cuando el tiempo (t) tiende a infinito. Podemos mencionar algunas de las principales propuestas:

Ciencias sociales: Límite de la Humanidad cuando el Tiempo tiende a infinito = Indeterminado

Religión cristiana: Límite de la Humanidad cuando el Tiempo tiende a infinito = Reino de Dios

Marxismo: Límite de la Humanidad cuando el Tiempo tiende a infinito = Comunismo

Desde el punto de vista de las ciencias sociales, no es sencillo aventurarse a suponer que las actitudes cooperativas predominarán netamente sobre aquellas competitivas o negligentes, por lo que se supone un futuro indeterminado o bien un límite que oscila, como hasta ahora, entre la adaptación y la desadaptación. Aun así, algunos pensadores arriesgaron un pronóstico. Albert Camus escribió: “Hegel termina soberbiamente la historia de 1807, los saint-simonianos consideran que las convulsiones revolucionarias de 1830 y 1848 son las últimas. Comte muere en 1857, dispuesto a ocupar la cátedra para predicar el positivismo a una humanidad curada, por fin, de sus errores. A su vez, con el mismo romanticismo ciego, Marx profetiza la sociedad sin clases y la resolución del misterio histórico” (De “El hombre rebelde”-Editorial Losada SA-Buenos Aires 2007).

El punto de vista del cristianismo resulta compatible con la postura optimista del Génesis, donde se destaca la opinión de Dios sobre la Creación: “vio que era bueno”, por lo que el pronóstico bíblico supone una plena adaptación al orden natural en la cual la mayor parte de los hombres intentará compartir las penas y las alegrías de los demás como propias. Tal es el mensaje esencial del Apocalipsis que predice la aparición de un Mesías que dará origen a la Segunda Era Cristiana.

La postura del marxismo se parece un tanto a la profecía bíblica, aunque con varias diferencias, ya que en lugar de prever la aparición de un individuo que orientará hacia una mejor adaptación al orden natural, ubica a toda una clase social (el proletariado) en el papel del Mesías. En lugar de prever una sociedad igualitaria en base a la igualdad entre los hombres por medio de los afectos, predice una igualdad en base a aspectos puramente económicos. Raymond Aron escribe al respecto: “La escatología marxista atribuye al proletariado el papel de un salvador colectivo. Las expresiones que emplea el joven Marx no dejan lugar a dudas acerca de los orígenes judeo-cristianos del mito de la clase elegida por su sufrimiento para el rescate de la humanidad. Misión del proletariado, fin de la prehistoria gracias a la Revolución, reino de la Libertad; se reconoce sin esfuerzo la estructura del pensamiento milenario: el Mesías, la ruptura, el Reino de Dios” (De “El opio de los intelectuales”-Ediciones Siglo Veinte-Buenos Aires 1967).

El marxismo se opone al cristianismo, no tanto en la forma en que el ateo lo hace respecto del creyente, sino como a una religión rival que trata de hundir para reemplazarla. Simone Weil escribió: “El marxismo es una verdadera religión, en el más impuro sentido de la palabra. Tiene especialmente en común con todas las formas inferiores de la vida religiosa el hecho de haber sido continuamente utilizado, según la expresión tan justa de Marx, como un opio del pueblo” (Citado en “El opio de los intelectuales”).

La violencia extrema, aceptada por gran parte de la izquierda política, se debe esencialmente a la identificación de la revolución proletaria con las escenas catastróficas que aparecen en el Apocalipsis. Sin embargo, en el Apocalipsis la violencia surge desde los errores humanos, materializada especialmente por las dos grandes Guerras Mundiales y los totalitarismos del siglo XX. Con la llegada del nuevo Mesías, comienza una etapa de paz asociada a la expresión “no vi llanto, ni clamor ni dolor”. El fin bíblico de los tiempos es el fin de una época mala para comenzar una época buena. Mientras que los cristianos esperan en paz el cumplimiento de la profecía bíblica, los revolucionarios buscan vengarse de “los culpables” de todos los males de la humanidad destruyendo la sociedad burguesa o democrática. Albert Camus agrega: “El movimiento revolucionario, al final del siglo XIX y comienzos del XX, ha vivido como los primeros cristianos esperando el fin del mundo y la parusía del Cristo proletario”.

Rosa Luxemburgo había expresado: “La revolución se alzará mañana en toda su altura y con estrépito y, para terror vuestro, anunciará con todas las trompetas: yo era, soy y seré”.

Mientras que el gran cambio que predice la profecía bíblica se logrará a través de un arduo trabajo de mejoramiento moral individual, el gran cambio que predice (y promueve) la profecía de Marx se logrará a través de la violencia y de la abolición de la propiedad privada de los medios de producción. Desde un punto de vista estrictamente económico, corroborado por la experiencia concreta de los diversos Estados socialistas, los vicios inherentes a la propiedad privada no son demasiado distintos a los que surgen de la propiedad estatal, ya que incluso tienden a acentuarse. Raymond Aron escribió al respecto: “Lo que debilita el análisis de la alienación obrera es la comprobación de un hecho evidente: muchas de las quejas obreras nada tienen que ver con el sistema de propiedad. Subsisten idénticas cuando los medios de producción pertenecen al Estado”.

“Enumeremos las quejas fundamentales: 1) insuficiencia de la remuneración; 2) duración excesiva del trabajo; 3) amenaza de paro forzoso total o parcial; 4) malestar ligado a la técnica o a la organización administrativa de la fábrica; 5) sentimientos de estar opreso en la condición obrera sin perspectivas de progreso; 6) conciencia de ser víctima de una injusticia fundamental, ya rehúse el régimen al trabajador una parte justa del producto nacional, o le niegue la participación en la gestión de la economía” (De “El opio de los intelectuales”).