sábado, 17 de febrero de 2018

¿Siguen vigentes en la globalización las ventajas comparativas para el comercio internacional?

En el siglo XIX, David Ricardo llegó a conclusiones optimistas respecto del comercio internacional teniendo en cuenta las facilidades productivas de cada país. Su análisis vislumbró la posibilidad de que los intercambios entre distintos países, aun cuando unos fueran ricos y otros pobres, permitirían lograr un beneficio simultáneo para ambas partes. Se oponía al mercantilismo prevaleciente por el cual se estimaba conveniente exportar lo más posible anulando las importaciones. La mentalidad mercantilista estaba asociada al nacionalismo extremo, buscando el beneficio propio y el perjuicio ajeno, o bien desinteresándose por todo lo extranjero.

Adam Smith mostraba las ventajas y la necesidad del comercio entre las naciones. Al respecto escribió: “Lo que es prudencia en la conducta de una familia privada, difícilmente puede ser locura en un gran reino. Si un país extranjero puede suministrarnos un bien más barato de lo que nosotros mismos podemos hacerlo, resulta mejor comprarlo en alguna parte del producto de nuestra propia industria, empleada en alguna forma en la cual tengamos ventaja…Utilizando vidrios, abonos y paredes con calefacción podrían cultivarse muy buenas uvas en Escocia, y también podría hacerse de ellas muy buen vino a más o menos treinta veces el costo por el cual podría comprarse un vino de igual calidad a países extranjeros. ¿Sería, entonces, una ley razonable prohibir la importación de todos los vinos extranjeros, simplemente para fomentar la producción del clarete y el borgoña en Escocia? En la medida en que un país tenga todas esas ventajas y otro país desee tenerlas, siempre será más ventajoso para este último comprarle al primero que fabricar él mismo” (Citado en “Economía internacional” de Miltiades Chacholiades-McGraw-Hill Interamericana SA-Bogotá 1992).

Así, si el país A puede producir manzanas con cierta facilidad y el país B puede hacerlo con los duraznos, resulta conveniente que se tenga en cuenta la división del trabajo entre naciones y que cada uno produzca lo que le resulta más ventajoso, para hacer luego un intercambio comercial con el otro país, de manera de beneficiarse ambos simultáneamente. Ello produciría mejores resultados que si cada país produjera manzanas y duraznos, aun cuando una de estas frutas no fuese tan fácil de producir. Thomas Friedman escribió: “David Ricardo (1772-1823) fue el economista inglés de la escuela del mercado libre que desarrolló la teoría de la ventaja comparativa, según la cual, si cada nación se especializa en la producción de aquellos bienes en los que goza de una ventaja comparativa en términos de costes y a continuación comercia con otra nación para adquirir los bienes en los que ésta se ha especializado, el comercio obtendrá una ganancia general y en cada país participante los niveles de ingresos deberían incrementarse” (De “La Tierra es plana”-Grupo Editorial Planeta SAIC-Buenos Aires 2008).

Las cosas no son tan simples cuando se trata de la producción de varias mercancías, como es el caso de un país que produce alimentos y vestimentas a menor costo que otro. Sin embargo, aun en esta situación, es posible encontrar ventajas para ambos países. La conclusión a la que llega David Ricardo fue enunciada de la siguiente forma por Paul Samuelson: “Dadas dos regiones distintas, sea o no una de ellas más eficiente en la producción de todos los artículos, el comercio entre ellas será beneficioso para las dos si cada una se especializa en aquellas producciones en las que tiene ventaja comparativa (o mayor eficiencia «relativa»). Los salarios reales de los factores de producción se elevarán en ambas regiones”.

“Un arancel prohibitivo, lejos de favorecer al factor productivo que quiere proteger, reducirá su salario real al encarecer las importaciones y al restar eficiencia al mundo entero, ya que destruye la especialización y división óptimas del trabajo” (De “Curso de Economía Moderna”-Aguilar SA de Ediciones-Madrid 1978).

La ventaja comparativa no sólo tiene en cuenta la eficacia en comparación con otros países, sino también de las posibilidades propias de producción, limitadas por el medio geográfico y por la población. Samuelson aclara esta situación: “Un ejemplo tradicionalmente usado para aclarar esta paradoja de las ventajas comparativas es el caso del abogado que es el mejor de todos los de la ciudad al mismo tiempo que es también el mejor mecanógrafo de la misma”.

“¿No es evidente que se especializará en la abogacía, dejando la mecanografía para una secretaria? ¿Cómo podría restar parte de su precioso tiempo al campo de las leyes, en el que su ventaja comparativa es muy grande, para dedicarlos a actividades mecanográficas, en las que, si bien tiene una ventaja absoluta, su ventaja relativa es mucho menor? Y enfocando el asunto desde el punto de vista de la secretaria, ésta se encuentra en desventaja relativa con respecto al abogado en ambas actividades, pero su desventaja relativa es menor en mecanografía. Es decir, que, relativamente hablando, posee una ventaja comparativa en la mecanografía”.

“Así ocurre entre los países. Si América produce alimentos con la tercera parte de trabajo que Europa y ropa con la mitad de trabajo, América tiene una ventaja comparativa en la producción de alimentos y una desventaja comparativa en la ropa, aunque en términos absolutos es más eficiente en ambos productos. Por la misma razón, Europa tiene una ventaja comparativa en la ropa”.

“La clave del concepto de la palabra «comparativa» consiste en que todos y cada uno de los países tienen una clara «ventaja» en algunos bienes y una clara «desventaja» en otros”.

Existe un aspecto interesante respecto de la aplicación de esta ley económica y es el hecho de que fue establecida para los casos en que los trabajadores permanecen en su propio país, por lo que surgen ciertas dudas acercas de su validez para el caso actual de la globalización económica en donde no sólo circulan mercancías sino también trabajadores, o las comunicaciones permiten el trabajo a distancia, de país a país. “Ricardo enfatizó que el principal aspecto característico del comercio internacional es la inmovilidad internacional del trabajo, aunado a su perfecta movilidad entre países” (De “Economía internacional”).

Thomas Friedman comenta al respecto: “Cuando Ricardo escribió sus obras, se comerciaba con bienes, pero no con el conocimiento ni con los servicios, en general. En aquel entonces debajo del mar no había cable de fibra óptica que sirviese para que EEUU y la India comerciasen con empleos relacionados con las tecnologías de la información”. “Para mí la pregunta clave era: ¿resultará beneficioso el mercado libre para EEUU en conjunto cuando el mundo se vuelva plano y tantas personas puedan colaborar –y competir- con mi prole? Da la impresión de que habrá infinidad de puestos vacantes. ¿No sería mejor para el ciudadano estadounidense que su gobierno erigiese algunos muros y prohibiese algo de subcontratación y de traslado de fábricas?”.

Otro aspecto a tener en cuenta es el del avance tecnológico por el cual, en ciertas actividades productivas como la agricultura, con sólo un porcentaje cercano al 5% de la población laboral activa, se cubre toda esa producción. Es por ello que debe darse prioridad a las actividades que mejor realiza una nación, pero sin dejar de lado otras actividades que permitan una ocupación laboral plena. También una estricta especialización en un determinado rubro, torna riesgosa una economía nacional cuando, por alguna razón, deja de ser redituable.

En contraste a la creciente desocupación tecnológica (reemplazo de mano de obra por automatización), han surgido los empleos en el sector servicios, los cuales constituyen actualmente entre el 70 y 80% de los empleos en muchos países. Thomas Friedman ofrece un ejemplo concreto del comercio internacional actual con movilidad tanto de mercancías como de mano de obra junto con cierta conclusión al respecto. Tal conclusión tiene en cuenta los argumentos a favor como en contra de la globalización: “Después de escuchar los argumentos de ambas partes, llego a donde llega la inmensa mayoría de los economistas: a que Ricardo sigue teniendo razón y a que, si no erigimos barreras que frenen la subcontratación extranjera, la conexión entre los sistemas de planificación de las empresas y sus proveedores y el traslado de fábricas allende nuestras fronteras, a más americanos les irán mejor las cosas que si las erigimos. El simple mensaje de este capítulo es que, aun cuando el mundo se aplane, EEUU en conjunto se beneficiará más ciñéndose a los principios básicos del mercado libre, como ha hecho siempre, que tratando de erigir muros”.

“Imagínate que sólo hay dos países en el mundo: EEUU y China. E imagina que la economía estadounidense sólo está compuesta por 100 personas. De esas 100 personas, 80 son asalariados con formación superior en ámbitos propios de la sociedad de la información y la comunicación, y las otras 20 son asalariados con formación básica y sin especialización. Ahora imagina que el mundo se aplana y que EEUU llega a un acuerdo de mercado libre con China, que cuenta con 1.000 personas pero es un país menos desarrollado. China tiene igualmente 80 trabajadores del conocimiento con formación superior, y los otros 920 son trabajadores sin capacitación específica”.

“Antes de que EEUU llegase a este acuerdo de mercado libre con China, en su entorno sólo había 80 trabajadores de la era de la información y comunicación. Ahora hay 160 en este mundo de dos países. Los trabajadores americanos de la información y comunicación notan que la competencia es mayor, y están en lo cierto. Pero si te fijas en el objetivo que persiguen, en estos momentos es un mercado muy expandido y muy complejo. Pasó de ser un mercado compuesto por 100 personas a uno de 1.100, con muchas más carencias y necesidades. Por eso, debería representar una ganancia tanto para los trabajadores de la información y comunicación americanos como para los chinos”.

“Por quienes sí hay que preocuparse es por los 20 estadounidenses con baja preparación, que ahora deben competir más directamente con los 920 chinos con baja preparación. Si hasta ahora los 20 trabajadores americanos no cualificados ganaban un sueldo decente, se debía, entre otras razones, a que no eran muchos en comparación con los 80 americanos cualificados. Toda economía necesita de mano de obra no cualificada. Pero ahora que China y EEUU han firmado un acuerdo de mercado libre, en este mundo de dos países hay ya 940 trabajadores no cualificados, frente a 160 especializados en tecnologías de la información y la comunicación”.

“Aquellos trabajadores estadounidenses no cualificados que tienen un empleo permutable (un empleo que se puede permutar fácilmente a China) se verán en apuros. No se puede negar. Sin duda, sus sueldos bajarán. Con el fin de mantener o mejorar su nivel de vida, van a tener que cambiar de trabajo verticalmente, no horizontalmente. Tendrán que actualizar su formación y sus destrezas para poder ocupar alguno de los nuevos empleos que sin duda se generarán en el nuevo mercado expansivo creado entre EEUU y China”.

martes, 13 de febrero de 2018

El principio cero de la economía

La teoría económica, al menos en su forma general, no tiene un autor definido. Ello se debe a que describe aspectos observables y evidentes, que pueden simbolizarse de la siguiente manera:

1- División o especialización del trabajo
2- Intercambio en el mercado
3- Ahorro productivo
4- Innovación

Una descripción detallada y rigurosa de este proceso requiere de la elaboración de teorías parciales, como la teoría del valor, de la inflación o de las fluctuaciones económicas.

Los principios generales sirven esencialmente para poder razonar sobre la conveniencia de utilizar la economía de mercado y la adopción de determinados hábitos o actitudes favorables para una adaptación a la misma, mientras que las teorías parciales serán de utilidad principalmente para los economistas profesionales que asesoran a gobiernos o empresas.

Es posible incluir un principio adicional, a la lista anterior, y es aquel que tiene en cuenta los porcentajes de personas con vocación de empleados y de aquellos con vocación de empresarios, ya que de ello dependerá en bastante medida el nivel económico que una sociedad podrá alcanzar. Este “principio cero” podrá expresarse como una suma de porcentajes:

Principio 0: Empleados + Desempleados + Empresarios = 100

Ello implica que, por ejemplo, si un empleado se convierte en empresario, disminuye el porcentaje de empleados en la misma medida en que aumenta el de los empresarios. También, si disminuye el porcentaje de empresarios, aumentará tanto el de empleados como el de desempleados. Los países subdesarrollados económicamente son aquellos que tienen un insuficiente porcentaje de empresarios, por lo cual tendrán una excesiva cantidad de empleados como de desempleados.

Cuando la cantidad de empresarios es pequeña, no será posible el surgimiento de verdaderos mercados competitivos, por lo cual no podrá decirse que tal sistema constituya una “economía de mercado”, por cuanto no existe un mercado. Como consecuencia, puede decirse que el desarrollo económico se da juntamente con una economía de mercado, o capitalista, mientras que el subdesarrollo se da juntamente con economías mercantilistas, o pre-capitalistas.

En cuanto al porcentaje ideal de empresarios y de empleados, puede estimarse en, al menos, un 20% de empresarios y 80% de empleados. Es posible que este ideal se cumpla para determinado país y no para otros, ya que es factible que grandes empresas puedan absorber gran cantidad de empleados, funcionado en forma eficaz una economía con un porcentaje de empresarios menor al señalado.

Teniendo en cuenta este principio adicional de la economía, es importante que en un país se promueva el surgimiento de muchos empresarios haciendo consciente a toda la población de que en ello consistirá la posibilidad de llegar al pleno desarrollo, y que toda mentalidad anti-empresarial y anti-capitalista, sólo habrá de favorecer el subdesarrollo. Los países muy pobres, que presentan un cuadro económico deprimido, muestran una pequeña cantidad de empresarios, con muchos desocupados y muchas necesidades. Si existen necesidades y existe desocupación, no resulta difícil advertir que lo que hace falta son empresarios.

El principio cero es tan importante que pocas veces se lo tiene en cuenta, ya que se sobreentiende su existencia, siendo el mismo caso del nombre del país, cuando se envía por correo correspondencia interprovincial. El rol desempeñado por el empresario cumple, en la economía, una función similar al de las columnas de un edificio, de ahí el gran esmero de la izquierda política para desprestigiarlo o incluso destruirlo.

Como ejemplo puede citarse el rumor por el cual, se decía, que la empresa MacDonald utilizaba lombrices en lugar de carne vacuna para sus distintos productos elaborados. El odio izquierdista, carente de toda lógica, no advierte que resulta mucho más sencillo y barato adquirir carne vacuna en un lugar urbano que ir a buscar lombrices a lugares alejados,

Las actitudes en contra del sector productivo surgen en todas partes por cuanto la envidia es parte de nuestra naturaleza humana. Ludwig von Mises escribía al respecto: “No basta a los escritores socialistas la descripción de las condiciones en que viven las víctimas del capitalismo. También se interesan por reflejar la vida y milagros de los beneficiarios del sistema, los empresarios. Se esfuerzan por descubrir a los lectores cómo se enriquecen”.

“Como quiera que ellos –gracias a Dios sean dadas- no dominan tan turbios negocios, buscan, ante todo, información en autorizados libros de historia. He aquí lo que los especialistas les cuentan acerca de cómo los «gangsters financieros» y los «voraces tiburones» hicieron sus millones: «Empezó su carrera como turbio traficante de ganado, que compraba a los campesinos y lo llevaba a vender al mercado. Vendía los animales a peso en las carnicerías. Poco antes de conducirlos al mercado les daba sal para que bebieran agua en abundancia. Un galón de agua pesa unas ocho libras. Dadle a la vaca tres o cuatro galones de agua y lograréis un sobrebeneficio al venderla»”.

“Así es como describen en docenas y docenas de novelas y obras teatrales las torpes transacciones del personaje más vil de la trama, el hombre de negocios. Los repugnantes capitalistas se hicieron ricos vendiendo acero agrietado y alimentos putrefactos, zapatos con suelas de papel y piezas de algodón que hacían pasar por tejidos de seda. Sobornaban a gobernadores y senadores, jueces y policías y estafaban a sus clientes y operarios. Es una historia bien sabida”.

“Estos escritores se hallan muy lejos de pensar que sus relatos implícitamente vienen a calificar de perfectos idiotas a todos los americanos víctimas fáciles de la superchería de cualquier bribón. El timo de las vacas infladas es el método de estafa más primitivo. Difícil resulta creer que existan en ningún sitio carniceros tan estúpidos como para caer en la trampa. Desde luego es confiar demasiado en la candidez del lector al suponer que existen comerciantes en los EEUU tan fáciles de timar. Lo mismo ocurre con todas las fábulas similares”.

“Para el escritor «izquierdista» el hombre de negocios en su vida privada es un bárbaro, un jugador, un borracho. Pasa los días en los hipódromos, las noches en los cabarets para después dormir con su querida. Como Marx y Engels hacían notar «no bastándoles a los burgueses las esposas e hijas de sus obreros, sin mencionar las prostitutas declaradas, se complacen en seducirse, unos a otros, sus mujeres». Es de esta suerte como gran parte de la literatura americana describe al empresario estadounidense” (De “La mentalidad anticapitalista”-Fundación Ignacio Villalonga-Valencia 1957).

Es oportuno mencionar el hecho de que el principal capital del comerciante es su clientela. De ahí que el comerciante sensato la cuida con esmero y nunca se le va a ocurrir estafar a un cliente porque el principal perjudicado va a ser él mismo. Como existen otros comerciantes y proveedores, el cliente estafado lo abandonará apenas descubra la estafa. Por lo tanto, sin negar la posible existencia de comerciantes estafadores, puede asegurarse que aquellos que han tenido éxito empresarial lo han logrado por ser honestos con sus clientes.

En los países subdesarrollados predomina la vagancia y el trabajo a desgano, de ahí que la mayoría huye de las responsabilidades y de las preocupaciones propias de toda actividad autónoma. Sin embargo, todos quieren ganar sueldos similares al de las entradas mensuales del empresario exitoso. La situación casi terminal en la que se encuentra la Argentina se advierte en el hecho de que son 8.000.000 los contribuyentes con impuestos mientras que llegan a 18.000.000 los que viven, total o parcialmente, del Estado.

En cuanto a la mentalidad predominante en el subdesarrollo, Nélida Rebollo escribió: “Reconocía un gran conocedor de la psicología humana que el ideal de la inmensa mayoría de los hombres es hacer en las profesiones lo menos que se pueda, y lograr que se les pague lo más posible y «romper cuanto antes la dura cadena que les mantiene amarrados como viles galeotes»”.

“Desde la elección de la profesión se crea como objetivo no la realización de la vocación y las aptitudes, sino afanarse a lo que produzca más hasta conquistar la libertad de «vivir sin trabajar»”. “Todo el horizonte futuro pareciera descansar en la inacción, en la cesación de sí mismo para la entrega al placer y a la opulencia” (De “Nuestro tiempo y nuestras razones”-Editorial Fraterna SA-Buenos Aires 1986).

La idea prevaleciente en materia de justicia social es aquella que presupone que la naturaleza ha brindado a los hombres todo lo necesario para nuestra supervivencia y que si algunos tienen mucho, ello se debe a que se lo han quitado a quienes poco poseen. Desde este punto de vista, el empresario es el voraz consumidor de lo que a él le corresponde y también de lo que le corresponde a otros. Sin embargo, a excepción del agua y del aire, la mayor parte de lo que necesitamos para vivir, debe ser logrado con trabajo e innovación. Y si existen necesidades y desocupación laboral, ello se debe principalmente a la ausencia de empresarios en una cantidad suficiente. Ludwig von Mises escribió: “La naturaleza no es generosa sino avara. Todos los bienes indispensables para la vida humana los escatima. Ha poblado al mundo de animales y plantas con innata tendencia a destruir la vida y el bienestar del hombre. Desata fuerzas y provoca fenómenos que perjudican la vida humana, dificultando los esfuerzos del hombre por conservarla”.

“La supervivencia y el bienestar es un triunfo alcanzado gracias a la habilidad con que maneja el arma principal con que le dotó la naturaleza: la inteligencia. Ha sido el hombre, cooperando con sus semejantes bajo el signo de la división del trabajo, quien ha creado todas aquellas riquezas que los eternos soñadores consideran gracioso donativo. En su consecuencia, al tratar de «la distribución» de esta riqueza, carece de sentido invocar principios de derecho natural o divino. No se trata de repartir un caudal obsequio de la naturaleza. El problema estriba en hallar aquellos sistemas que mejor permiten mantener e incrementar la producción de los bienes necesarios”.

lunes, 12 de febrero de 2018

¿Afecta el ambiente cultural la eficacia de la educación?

En general, estamos de acuerdo en que la educación que reciben niños y adolescentes es de prioritaria importancia para lograr un desarrollo equilibrado de la sociedad. Por “educación” entendemos el proceso que se establece en los distintos establecimientos, estatales o privados, en donde se trata de que el alumno adquiera una formación integral, que involucra desde lo ético hasta lo laboral, para permitirle insertarse sin mayores inconvenientes en el medio social.

Los hábitos que el alumno adquiere a lo largo del proceso educativo, no dependen sólo de lo adquirido en la escuela, sino también de lo aprendido en su propio hogar y, principalmente, de lo que recibe cotidianamente desde los medios masivos de comunicación, como es el caso de la televisión. De ahí que las fallas que se advierten en el proceso formativo no se deben sólo a ciertos criterios pedagógicos erróneos, en boga en estas épocas, sino también de la información que recibe desde la televisión.

Los problemas asociados a la superficialidad, el hedonismo o la burla frecuente, proceso conocido en la Argentina como la “tinellización” de la sociedad, contrasta notablemente con la influencia que recibían las generaciones anteriores cuando la mayor parte del tiempo estaban en contacto, a través del libro, con los personajes más destacados de la cultura universal.

Es absurdo esperar que niños y adolescentes adquieran hábitos culturales adecuados cuando desde el Estado se premia a personajes como Marcelo Tinelli al considerarlos “ciudadanos ilustres” o se homenajea a asesinos seriales como Ernesto Che Guevara incorporando a la propia Casa de Gobierno de la Nación un retrato recordatorio con guardia de honor permanente, al menos hasta hace algún tiempo atrás. Así como el lenguaje gestual, en los individuos, es mucho más eficaz o influyente que el lenguaje asociado a las palabras, la transmisión de hábitos y actitudes es mucho más influyente (para bien o para mal) que los discursos puramente verbales. Si la sociedad en su conjunto valora y exalta la superficialidad, la burla, el odio entre sectores y hasta el terrorismo más violento, es absurdo esperar que de las escuelas egresen alumnos aptos para conformar una sociedad pacífica y civilizada.

El problema puede sintetizarse en base a las siguientes dos situaciones indeseables: a) Desacuerdos educativos, b) Relativismo moral. Existe desacuerdo educativo cuando el padre de un niño pequeño estimula y festeja cuando éste dice malas palabras o actúa en forma grosera, mientras que la madre le recrimina tales hábitos. Al no haber coincidencias, el niño no tendrá una clara la idea del bien y del mal, y mucho menos una orientación concreta en la vida.

Cuando este niño comienza la etapa escolar, es posible que en la escuela tampoco reciba una influencia moral adecuada por cuanto predomina en la sociedad la idea del relativismo moral, por lo cual no existiría el bien ni el mal en un sentido absoluto o universal. En lugar de recibir este alumno una orientación definida y coincidente, se lo ubica en una postura de total desorientación. Cuando llega a adolescente, las cosas no habrán cambiado demasiado, o incluso pueden haber empeorado por cuanto en la escuela se le crea el hábito de que debe renunciar a los objetivos individuales para su vida, sino que debe amoldarla para compartir objetivos colectivos impuestos por el Estado benefactor. El proceso educativo se va transformando en un proceso de adoctrinamiento político.

La sociedad, en su conjunto, tampoco tiene metas culturales definidas por cuanto el relativismo cultural indica que no existe cultura mejor que otra, que cualquier cosa que hagamos constituirá “nuestra cultura”, aunque sea incompatible con los principios morales elementales.

Tampoco se le sugiere que tenga metas tales como la formación de una familia del tipo natural o tradicional, sino que desde chico se le informa que dispone de la posibilidad de establecer un “matrimonio” homosexual, participar en tríos mixtos o en diversas asociaciones que se le puedan venir a la mente. Es decir, el relativismo moral valora todas las alternativas posibles con una tácita exclusión de lo natural y lo tradicional.

El perfeccionamiento de la educación destructiva, tanto del individuo como de la sociedad, se materializa en la actitud por la cual se le sugiere hacer todo lo contrario a lo que proponen las diversas iglesias cristianas. Recordemos que existen dos tendencias básicas en el individuo; cooperación y competencia, siendo la primera de ellas la base de la moral natural a través del “amarás al prójimo como a ti mismo”, mientras que una competencia compatible con este principio requiere una predisposición a cooperar de mejor forma y con mayor intensidad que los demás.

El relativismo moral, por el cual es el hombre mismo quien decide qué es el bien y el mal en cada circunstancia, no tiene en cuenta, por ejemplo, los efectos perniciosos que el abuso de menores genera en la psicología individual de los mismos. Aun cuando la sociedad, con pleno y mayoritario consenso, decrete que tales prácticas de abuso no son pecaminosas, los efectos en los niños serán exactamente los mismos, porque no dependen de lo que los hombres opinemos sino de la propia naturaleza humana que hemos adquirido a través de millones de años de evolución biológica.

Por lo general, el antiguo modelo de la sociedad medieval nos brinda un ejemplo de sociedad con objetivos coincidentes y con un sentido de la vida objetivo, si bien en la actualidad varias de sus creencias y costumbres no son de conveniente aplicación. Theodore Brameld escribió: “Examinemos, por ejemplo, el contraste entre el orden contemporáneo y el medieval. En la Edad Media, no sólo el tiempo era más lento y los modos de vida más simples; se agregaba a esto el hecho de que la mayoría de los hombres se encontraban encuadrados desde su nacimiento en una posición estable dentro de una estructura social y religiosa tan inamovible, que cualquier porción de libertad que pese a todo pudieran poseer, estaba bien determinada por otros anticipadamente”.

“La decadencia del medievalismo y el surgimiento de la época moderna transformó gradualmente este tipo de orden, en términos de la experiencia real y en términos de las filosofías que se desarrollaron para justificar y acelerar la transformación. El orden era todavía aceptado. Pero gradualmente se lo consideraba más como un medio para el valor de la libertad individual, que como un valor en sí mismo. El Estado, por ejemplo, era tolerado como un mal necesario –como un poder coercitivo, necesario para los transgresores de dentro y los agresores de fuera- pero apenas como institución valiosa por derecho propio” (De “Bases culturales de la educación”-EUDEBA-Buenos Aires 1961).

Los problemas expuestos no conciernen sólo a un país ni tampoco son propios de una época, sino que existen bajo ciertas particularidades locales. Theodore Brameld escribió respecto de la sociedad estadounidense: “Nuestras escuelas y «colleges», en general, no son ni coherentes ni claros respecto de los valores que se presupone están obligados a inculcar a los jóvenes. No son coherentes, porque las tensiones virulentas de las instituciones económicas, religiosas, políticas y de otro tipo de nuestro tiempo, contagian también inevitablemente nuestra enseñanza o aprendizaje de valores. Y no son claros, pues, en la medida en que la educación norteamericana ha tendido a considerar que su misión principal es la de proporcionar información y aprendizaje de las técnicas, también tendió a almacenar sus valores en el desván de la educación, por así decirlo”.

“El resultado es que los valores –por ejemplo, aquéllos asociados a la Declaración de la Independencia o The Bill of Rights- a menudo se dan por sentados, o en el mejor de los casos, se tratan con una especie de deferencia sentimental, en lugar de hacerlos objeto de una reinterpretación crítica y constante como valores importantes para la teoría y la práctica total de la educación en una cultura democrática”.

“La educación tiene siempre un carácter normativo. Está siempre gobernada por normas –es decir, pautas- que derivan su propio sentido de los valores inherentes a la vida de los pueblos organizados en culturas. Sin embargo sería posible abonar con nutridos ejemplos la afirmación de que la educación está agobiada por problemas crónicos que no han encontrado solución, precisamente porque su índole profundamente normativa es presupuesta o completamente ignorada. Siendo esto así, una de las tareas más urgentes con que se enfrenta la educación, y sin duda la más sorprendente, es la de encarar sus problemas en el mercado de los valores donde se encuentran y se entremezclan el movimiento de la educación y el de la cultura. Es aquí donde la educación revela más abiertamente lo que siempre ha sido por debajo de la superficie de su rutina común: una institución interesada en primero y último lugar, en ayudar a los seres humanos a aprender cómo vivir de conformidad con las normas de una cultura determinada”.

“Sugiero que la búsqueda de un orden renovado en educación esté condicionada, en primer lugar, por la búsqueda de un orden renovado de la cultura; que la primera presenta tantos signos de inestabilidad como la segunda; y que una razón fundamental para el genuino interés de los líderes de la educación por ayudar al estudiante a encontrar nuevamente su orientación, estriba en el hecho de que la cultura lo ha ayudado, precisamente, a perder dicha orientación”.

La alternativa unificadora que permita compatibilizar educación, cultura, política, economía y religión, radica en la ciencia experimental, concretamente en la Psicología social. A partir de las dos tendencias básicas de cooperación y competencia, junto a la existencia de una actitud característica en todo individuo, resulta posible fundamentar la ética natural, esencialmente la ética cristiana, para que pueda constituirse como el fundamento de toda acción humana. Desligada de misterios e incoherencias lógicas, la moral natural permitirá, en poco tiempo, orientar al hombre por el sendero que lo llevará a una mejora constante por los distintos niveles de adaptación al orden natural.

viernes, 9 de febrero de 2018

Perón y el desarrollo nuclear argentino

Por lo general, los sectores políticos se atribuyen el mérito de todo lo positivo que se haga en un país, mientras que atribuyen a otros sectores, incluyendo a los políticos extra-partidarios, todo lo negativo que se haga. En realidad, los gobiernos permiten, en el mejor de los casos, las obras positivas (cuyos recursos surgen del sector productivo), mientras que otras veces impiden la realización de potenciales desarrollos. Es decir, los países avanzan o retroceden, gracias a los diversos gobiernos o a pesar de ellos. En el caso argentino, puede decirse que el país avanza a pesar de los gobiernos y se estanca o retrocede gracias a ellos.

El desarrollo nuclear argentino, según la opinión de varios físicos, se debe a Enrique Gaviola y Guido Beck, y principalmente a José A. Balseiro. El político que utilizó la física con fines partidarios, por otra parte, fue Juan D. Perón, secundado por Ronald Richter. En esos casos, se observa la participación de dos extranjeros, el “austriaco bueno” (Beck) y el “austriaco malo” (Richter).

Puede decirse que desde la primera y segunda presidencia de Perón, y debido a su gestión, la Argentina comienza a ocupar un lugar secundario entre los diversos países del mundo sumergiéndose en pleno subdesarrollo, siendo un síntoma ello el hecho de mostrar al mundo que ya en 1951 la Argentina había logrado dominar la generación de energía a partir del proceso de fusión nuclear, algo que, todavía en 2018, no ha podido lograrse en forma satisfactoria.

No faltan quienes ven en ese proyecto fallido ciertos aspectos positivos como el inicio de la investigación nuclear para reivindicar la imagen de Perón asociándole un mérito que no es tal. El tirano pocas veces hacía algo que beneficiara al país, a no ser porque fuese una consecuencia inevitable luego de beneficiarse primeramente él mismo. Una persona que sintiera estima por su pueblo, nunca lo hubiese dividido sembrando colectivamente un odio intenso entre seguidores y adversarios. La prueba más evidente lo constituye el hecho de haber apoyado y de haberse asociado a grupos terroristas como Montoneros con la finalidad de destruir material y moralmente a la Argentina con tal de poder acceder nuevamente al poder.

El papelón internacional de 1951 permitió mostrar al mundo la “nueva Argentina” de Perón, alejada de la seriedad que el país había mostrado en otras épocas. Robin Herman escribió: “En la mañana del sábado 24 de marzo de 1951, el dictador argentino Juan Perón convocó una rueda de prensa en la Casa Rosada, el palacio presidencial. Junto a él se sentaba un oscuro físico austriaco llamado Ronald Richter”.

“Ante una nube de periodistas que transmitían sus palabras a toda la nación, Perón declaró que Argentina había construido una central de energía atómica en la isla lacustre de Huemul. Esta central piloto, explicó, empleaba una forma de energía nuclear superior y revolucionaria. En vez de tratar de alcanzar la fisión nuclear como hacían otras naciones, «la nueva Argentina», como la definió Perón, se había arriesgado a abordar un tipo diferente de reacción atómica, la que produce la energía en el Sol. El 16 de febrero pasado, las pruebas habían tenido éxito, produciendo «una liberación controlada de energía atómica» sin usar el uranio como combustible. Para la reacción habían sido necesarias «temperaturas enormemente altas, de millones de grados»”.

“Calificó el descubrimiento como de «trascendental importancia para la vida futura» de su pueblo y «para el resto de los pueblos del mundo» y explicó que llevaría a Argentina a «una grandeza que ni siquiera podemos imaginar en el día de hoy»”.

“Para la comunidad científica internacional, se trataba de una declaración asombrosa: Perón estaba diciendo que Argentina había puesto en funcionamiento una central de energía de fusión. El anuncio del éxito ocupó las cabeceras de los periódicos de todo el mundo. En el New York Times venía un artículo al comienzo de su primera página: «PERÓN ANUNCIA UNA NUEVA FORMA DE EXTRAER LA ENERGÍA DE LOS ÁTOMOS», y debajo: «Argentina ha ideado una reacción termonuclear sin uranio. El método está sacado del Sol»” (De “Fusión”-McGraw-Hill Interamericana de España SA-Madrid 1993).

El estilo de gobierno peronista implicaba hacer todo lo que ordenaba el líder bajo una ciega obediencia. Sin hacer demasiadas consultas, el gran embaucador de multitudes, fue embaucado por un físico con pocos o ningún antecedente científico. Mario Mariscotti escribió: “Era cierto que se sabía poco y que había margen para la duda, pero Gaviola y Beck se habían puesto a buscar datos y antecedentes. Merced a la experiencia de ambos y a sus contactos en el extranjero, poco esfuerzo les costó llegar, en poco tiempo, mucho más allá de lo que pudieron los Ministerios de Educación y de Asuntos Técnicos juntos”.

“Ellos sabían que lo primero que se pregunta de un científico cuando se lo quiere conocer, es la lista de sus publicaciones, y que no hace falta preguntárselo al propio científico; se puede acudir a una biblioteca especializada y mirar los índices de autores. Gaviola y Beck exploraron la literatura de los veinte años precedentes. No encontraron ningún trabajo del doctor Ronald Richter. La única referencia al trabajo de Richter en la universidad de Praga, donde había estudiado, figuraba en un trabajo del físico Felsinger publicado en la revista Annalen der Physik de 1937, donde le agradece a Richter la cesión del equipo que él había utilizado para medir el efecto fotoeléctrico de rayos X «blandos» sobre diversas muestras” (De “El secreto atómico de Huemul”-Sudamericana/Planeta Editores-Buenos Aires 1985).

Tanto Perón como su entorno, desconfiaban de los físicos argentinos y, por el contrario, confiaban excesivamente en todo personaje que viniese de Alemania o Austria ya que, para los nazi-fascistas, la raza garantizaba cierta calidad profesional. De ahí que se embarcaron en un proyecto costoso sin siquiera haber averiguado los antecedentes de quien habría de dirigirlo.

José A. Balseiro fue uno de los físicos designados posteriormente para supervisar los trabajos de Richter una vez que el gobierno comienza a desconfiar de los resultados obtenidos. En un informe al respecto, Balseiro escribe: “De las comprobaciones efectuadas durante el funcionamiento del reactor se sigue que no existe ningún elemento de juicio que permita afirmar que una reacción de carácter nuclear se produce realmente”.

Arturo López Dávalos y Norma Badino, por su parte, escriben: “En realidad, las reacciones nucleares que Richter pretendía lograr son en principio posibles, pero el camino elegido, por falta de rigor en el análisis y por falta de experiencia, era totalmente equivocada. El método utilizado en la isla Huemul para intentar la obtención de la fusión nuclear puede compararse, usando un lenguaje no técnico, con el intento de hacer llegar una piedra hasta la Luna usando para ello una honda o «gomera»; la idea es en principio realizable (el viaje de la piedra a la Luna es posible), pero la honda es un instrumento absolutamente insuficiente para lograr ese fin” (De “J. A. Balseiro: crónica de una ilusión”-Fondo de Cultura Económica de Argentina SA-Buenos Aires 1999).

El elemental nivel científico de Richter le impedía tener en cuenta las perturbaciones electromagnéticas que pueden producirse entre el proceso estudiado y los instrumentos de medición. López Dávalos y Badino agregan: “Antes de escribir su informe, Báncora [el otro físico supervisor] había repetido las experiencias de Richter en el aspecto electromagnético, constatando que un arco voltaico semejante al utilizado en Huemul era efectivamente oscilante, lo que producía un acoplamiento entre las oscilaciones electromagnéticas del circuito y los circuitos electrónicos vinculados a los contadores Geiger, situados a poca distancia del arco”.

“La situación es semejante a la que se produce cuando un instrumento electrónico como una computadora opera cerca de un televisor y perturba su funcionamiento. El ruido que produce el televisor al ver afectada la recepción tiene el mismo tenor que las cuentas falsas que acusaban los contadores Geiger”.

La diferencia entre una bomba y un reactor de fisión, o entre una bomba y un reactor de fusión, es que en los primeros casos no existe un control del proceso mientras que en los segundos casos puede controlarse. Según parece, en las experiencias en la isla Huemul, no se utilizaba el sistema de control. Los citados autores escriben al respecto: “Agrega [Balseiro] que si bien en la cámara de reacción existe un oscilador de radiofrecuencia con la finalidad de servir para el mecanismo de control, aquel nunca funcionó durante la realización de las experiencias. Deja constancia de que no existe en las proximidades de la zona de reacción ningún dispositivo que pueda generar el campo magnético oscilante que permita obtener el efecto de resonancia que Richter pretendía para controlar el ritmo de la reacción”.

Para colmo de males, Richter interpretaba mal las experiencias y ni siquiera repetía los experimentos que realizaba. Mario Mariscotti escribió: “Un plasma caliente, donde los átomos se desplazan en todas direcciones, exhibe un ensanchamiento de sus líneas espectrales, no un desplazamiento. A tal punto llegó la superficialidad del análisis científico del responsable del proyecto Huemul, que ni siquiera tenía en claro los resultados que debía esperar. Richter no sólo actuó contrariamente a las más elementales normas de la investigación científica al negarse a repetir el experimento; también se equivocó drásticamente al creer que debía esperar una desviación de las líneas del espectro en lugar de un ensanchamiento”.

Puede encontrarse algunas semejanzas entre la actitud de líderes totalitarios como Stalin, Kruschev y Mao Tse-Tung al confiar en pseudo-científicos como Trofim Lysenko y la actitud de Perón al confiar en Richter. En ambos casos se advirtió que las ideologías totalitarias, cuando ocupan gran parte de un cerebro, pueden jugar malas pasadas. En el primer caso, se aceptó a Lysenko porque su “teoría” se adecuaba al materialismo dialéctico (aunque no a la naturaleza), mientras que en el segundo caso, Richter fue considerado como un digno representante de la “raza superior aria”.

miércoles, 7 de febrero de 2018

¿Dios cambia en el tiempo?

Si se adopta una postura por la cual se acepta que el Dios bíblico interviene en los acontecimientos humanos, incluso “dictando” a los autores de los diversos textos bíblicos lo que debían escribir y luego comunicar a los demás hombres, se advierte que existe un cambio esencial entre el Dios del Antiguo Testamento y el Dios-hombre encarnado en Jesucristo. Mientras que el Dios del Antiguo Testamento es celoso y vengativo, casi como un líder totalitario del siglo XX, el Dios interpretado por Cristo se vislumbra como un líder democrático que promueve el diálogo y el perdón.

Para describir la actitud del Dios del Antiguo Testamento se mencionan algunos textos bíblicos: “El Señor dijo a Moisés: Pasado que hubiereis el Jordán y entrados en tierra de Canaán exterminad a todos los moradores de ella, quebrad las aras, desmenuzad las estatuas y asolad todos los adoratorios de las alturas…si no queréis matar a los moradores del país…yo haré contra vosotros todo lo que tenía resuelto hacer contra ellos” (Números 33,50-56).

“Si un hermano tuyo, un hijo de tu madre, si tu hijo o tu hija, o tu mujer que es la prenda de tu corazón, o el amigo a quien amas como a tu misma alma quiere persuadirte y te dijera en secreto: Vamos y sirvamos a los dioses ajenos no conocidos ni por ti ni por tus padres, dioses de las naciones que te rodean, vecinas o lejanas de un extremo al otro del mundo, no condesciendas con él, ni le oigas, ni la compasión te mueva a tenerle lástima y a encubrirle, sino que al punto le matarás; tú serás el primero en alzar la mano contra él y después hará lo mismo todo el pueblo” (Deuteronomio 13,6) (Citas de “Las ideologías en el siglo XXI” de Ignacio Massun-Editorial Métodos SA-Buenos Aires 2004).

La interpretación teísta del mundo acepta un Dios que cambia en el tiempo y que incluso en la antigüedad utilizaba métodos disuasorios similares a los empleados posteriormente por Hitler o por Stalin. Por el contrario, la postura deísta, o religión natural, supone que los textos bíblicos surgen del hombre, y no de Dios, es decir, de hombres que miran hacia Dios y lo interpretan en una forma personal y subjetiva, que puede incluso variar con el tiempo. Sin embargo, la ley natural no cambia; lo que cambia es la descripción que los hombres hacemos de ella.

La consecuencia inmediata de la postura teísta, y de la interpretación literal de los textos religiosos, como ocurre especialmente con el judaísmo y el islamismo, es la división y el antagonismo que surge entre los seguidores de distintas religiones. Esto no debe extrañar a nadie, porque si algunas religiones se basan en ideas similares a las de Hitler y Stalin, no debe esperarse otra cosa que la violencia interreligiosa.

Las religiones morales, que son una guía (o deberían serlo) para la adaptación del hombre al orden natural, son generalmente utilizadas para resolver “situaciones de emergencia”, como es el caso de los milagros. En el caso de que Dios no intervenga en los acontecimientos humanos, los milagros no serán tales, sino que serán efectos surgidos en los seres humanos inspirados en la idea de Dios. De ahí que Cristo decía que es la fe personal la que produce los “milagros” y no intervenciones directas de Dios interrumpiendo momentáneamente la ley natural. Anthony de Mello decía que “milagro no significa que Dios cumpla con los deseos de los hombres, sino que los hombres cumplan con los deseos de Dios”.

Respecto de los milagros, Jean Jacques Rousseau escribía en 1764: “No sé si el arte de curar se ha conquistado ya, ni si será conquistado algún día. Pero lo que sí sé es que no pertenece a ningún ámbito sobrenatural. Tan natural es que un hombre cure como lo es que caiga enfermo, y en la misma medida cabe una súbita curación que una muerte súbita”. “Lo más que sobre ciertas curaciones puede decirse es que resultan sorprendentes, pero no que sean imposibles, ¿cómo probar, pues, que se trata de milagros? Existen, sin embargo, lo confieso, cosas que me asombrarían mucho en el caso de producirse en mi presencia. No tanto el ver caminar a un cojo cuanto, por ejemplo, a un hombre que no tuviese piernas, ni ver mover a un paralítico su brazo como recobrar el que le falta a un hombre que sólo tuviese uno”.

“Y esto me asombraría, más aún, lo confieso, que ver resucitar a un muerto; porque, en fin, un muerto puede no estar muerto…Acaba de descubrirse el secreto de resucitar a los ahogados, se ha intentado ya el resucitar a los ahorcados, ¿y quién sabe si, en otros géneros de muerte, no se llegará a devolver la vida a cuerpos que se había creído privados de ella?”.

“Antaño no se sabía una palabra sobre operaciones de cataratas, que resultan un juego para nuestros cirujanos. ¿Y quién puede afirmar que no exista un secreto inasequible para curarlas de golpe? ¿Quién sabe si el poseedor de un secreto semejante no puede hacer con toda simplicidad algo que un espectador ignorante va a tomar por milagro y que un autor advertido puede hacer constar como tal? Todo esto no es verosímil, de acuerdo; pero no tenemos la prueba de que sea imposible, y precisamente de lo que se trata es de la imposibilidad física. Sin ello, Dios, al desplegar ante nuestros ojos su poder, sólo habría podido darnos unas señales verosímiles, simples probabilidades, y por este camino llegaríamos a concluir que, no estando fundada la autoridad de los milagros más que en la ignorancia de aquellos para quienes fueron producidos, lo que para un pueblo o un siglo resultaría milagroso ya no lo sería para otros; de modo que, a falta de la universalidad de la prueba, el sistema apoyado en la misma quedaría destruido. No; dadme milagros inalterables, ocurra lo que ocurra, que resistan el tiempo y el espacio. Y si algunos de los que la Biblia cuenta parecen estar en este caso, otros en cambio parecen no estarlo” (Citado en “El siglo de las luces” de J. Marie Goulemot-Launay-Ediciones Guadarrama SA-Madrid 1969).

Para muchos cristianos, el fundamento del cristianismo es la resurrección de Jesús. En caso de que tal acontecimiento no hubiese ocurrido, dejarían de ser sus seguidores, ya que se sentirían defraudados ante la creencia en una superioridad, sobre otras religiones, que no es tal. Desde el punto de vista de la religión natural (deísmo) el fundamento cristiano reside esencialmente en los efectos positivos que recibe quien cumple los mandamientos, ya que tal cumplimiento es prioritario en los Evangelios. El deísta piensa más en los beneficios de cada día de su vida que en las excepcionales situaciones de emergencia que alguna vez podría necesitar o en acontecimientos poco simples de comprender que sucedieron hace dos mil años.

Hay quienes aducen que una religión debe aceptarse o bien rechazarse completamente, y no sólo parcialmente. Sin embargo, quienes la aceptan deben optar por priorizar la acción ética concreta o bien la creencia de tipo filosófica. Si se trata verdaderamente de una religión moral, el acatamiento a los mandamientos debe ser prioritario. Rousseau prosigue: “Respóndeme, pues, teólogo: ¿pretendes que acepte todo en bloque, o me permites una selección? Una vez que hayas decidido en este sentido, entonces veremos…Los milagros son, como he dicho, las pruebas de los simples de espíritu, para quienes las leyes de la naturaleza forman un círculo muy estrecho a su alrededor. Pero la esfera se amplía a medida que los hombres se instruyen y comprenden cuánto les queda todavía por saber. El físico serio ve los límites de esta esfera tan lejos que no le resulta posible discernir a semejante distancia un milagro. Los sabios muy raramente dicen: «No puede ser», sino que mucho más frecuentemente prefieren el: «No sé»”.

El teísta adopta un sobrenaturalismo activo, ya que al vínculo con otras personas lo imagina considerando a Dios como un intermediario que orienta, dirige o influye en tal relación. Existiría un proceso similar al del socialismo, en el cual no se aceptan intercambios directos entre A y B, sino intercambios indirectos simbolizados por A, que se vincula con el Estado y luego el Estado que se vincula con B. Luego, si los creyentes no cumplen con los mandamientos de manera efectiva, posiblemente ello se deba a las complejidades incorporadas a la religión moral. Incluso algunos autores suponen que sin la intervención cotidiana de Dios, la sociedad no puede funcionar óptimamente. En cuanto a las leyes de Dios, o leyes naturales, Ignacio Andereggen escribió: “Tal ley no puede ser conocida en plenitud sino de manera teológica, es decir, abriéndose a la gracia de Dios. Sobre todo porque no puede entenderse cómo es el obrar virtuoso, el obrar regido por la ley en concreto, sino cuando el hombre se somete a la Ley Nueva. El cumplimiento de la ley natural, cuando no está la gracia –como sabemos teológicamente-, es siempre muy imperfecto y parcial; no se puede cumplir la totalidad de los preceptos de la ley natural sin la gracia de Dios” (Del Prólogo de “La ley y la psicología moderna” de Zelmira B. Seligmann-Editorial de la Universidad Católica Argentina-Buenos Aires 2012).

Desde el punto de vista deísta, se supone un universo “meritocrático” en el cual la actitud cooperativa es prioritaria, siendo el amor al prójimo interpretado como un efecto de la empatía, como fenómeno psicológico. La actitud que nos induce a compartir las penas y las alegrías de los demás como propias tiene valor en sí misma, aun cuando esté desvinculada de una ideología o de una creencia particular.

Para el “creyente”, toda la virtud posible se sintetiza en la creencia en un Dios que interviene en los acontecimientos cotidianos, mientras que el pecado se sintetiza en la ausencia en esa creencia. De ahí que el creyente utiliza, como examen de aceptación o rechazo de las personas, la pregunta clave: ¿Usted cree en Dios?, que implica algo como ¿Usted cree en el mismo Dios que yo creo? Casi nunca va a preguntar ¿Usted cumple con los mandamientos bíblicos?, ya que su prioridad no pasa por una cuestión ética sino filosófica.

En cuanto a la pregunta inicial acerca de la creencia en Dios, puede decirse que no es tan importante la opinión de alguien en particular, ya que tiene mayor importancia preguntarse acerca de cómo funciona el universo real y concreto, en lugar de preguntarnos cómo creemos que funciona, ya que nuestras creencias no van a determinar algo que no depende de nosotros.

viernes, 2 de febrero de 2018

El marxista antes y después de acceder al poder

Se ha dicho que, “si quieres conocer a alguien, dadle poder”, ya que cierto predominio sobre los demás amplifica tanto nuestras virtudes como nuestros defectos. Así, es posible que resalten tanto la sencillez de las personas amables como la soberbia del que aparentaba humildad. En el caso del marxista, se advierte un cambio de visión de la realidad según el lugar ocupado. Tal es así que, cuando uno lo escucha antes de acceder al poder, advertirá que siempre repite palabras y conceptos tales como explotación laboral, igualdad, liberación, defensa de los trabajadores, imperialismo, paz, derechos humanos, etc. De ahí que, quien lo escucha, supone que, bajo el socialismo, se solucionarán todos los problemas considerados y se evitarán todos los excesos denunciados. Sin embargo, podrá llegar a sorprenderse cuando se entere que los problemas se acentúan y perduran los excesos antes criticados.

Esta especie de disonancia cognitiva, mediante la cual se dice una cosa y se piensa o se hace otra, se debe a que una crítica hacia la sociedad a destruir podrá convertirse fácilmente en elogio de la sociedad por construir. Ello se debe a que la primera es la sociedad del enemigo, mientras que la segunda será la construida con los amigos. En realidad, es el mismo comportamiento de la persona egoísta y odiosa que opina positivamente de su propia persona mientras que, aun cuando posea similares defectos personales, opinará negativamente del enemigo.

En lugar de emplear su sistema lógico de tesis, antitesis y síntesis, el marxista dispone de una tesis de denuncia, luego presupone una antitesis, que no va más allá de las palabras, para establecer finalmente la tesis inicial, pero reforzada. Puede decirse que no se lo podrá interpretar usando la lógica corriente ni tampoco la lógica dialéctica.

Como defensor de la “igualdad” y de los “derechos humanos” es el principal iniciador de la abrupta división social entre proletarios y burgueses, mientras no les reconoce a estos últimos el derecho a la vida (todo sea por el socialismo). Incluso el llamamiento del “nunca más” no fue emitido para que los marxistas abandonaran sus intentos destructivos y violentos, sino para que quienes defendían su propia nación no incurrieran en métodos similares de defensa, o bien para que en el futuro se abstuvieran de defenderla ante el avance socialista. Nélida Rebollo escribió: “La frase «Nunca más» la hemos oído y leído en los últimos tiempos en casos resonantes…Las coincidencias de la reiteración de la frase nos ha recordado el uso que hacen de ella «los líderes liberadores» contemporáneos, que están apareciendo en diversos países. Esos «liberadores» integran bandas revolucionarias y son famosos por el alarde sanguinario de sus actos. No obstante se autodefinen como «salvadores de los oprimidos» y de los «explotados». Con la promesa de la liberación reclutan adeptos para iniciarlos en el sabotaje destructor para cambiar el rumbo de la historia. Se creen poseedores de la verdad definitiva acerca de sí mismos y del futuro”.

“Los que admiran a esos mitos nacionales caen en la trampa mortal del fanatismo que los lleva a callar los crímenes de los líderes liberadores, pero se les permite denunciar las supuestas atrocidades de los que están fuera de su círculo. Ejercen, además, el monopolio del vicio y del sexo, mientras reclaman una democracia con desenfrenada irresponsabilidad para hacer uso perverso de la libertad, atacando con saña a los que no logran someter. Los discípulos, pronto se tornan personajes siniestros y feroces y son propagandistas incondicionales de la nueva doctrina cuyo centro de interés son las utopías sociales y la visión endemoniada de la realidad”.

“El campo predilecto para los que trabajan para la «liberación» es América Latina. ¿Qué prometen estos nuevos césares de la historia? Pues, el colectivismo burocrático, el capitalismo de Estado controlado por una burocracia que gobierna despóticamente en nombre de una ideología. Los que gobiernan son prisioneros de la misma idea” (De “Nuestro tiempo y nuestras razones”-Editorial Fraterna SA-Buenos Aires 1986).

En caso de que los revolucionarios triunfen militarmente, sus acciones cambiarán en muchos aspectos. La citada autora agrega: “Lo que no le dicen los «abanderados de la liberación» a sus seguidores es que cuando ellos toman el poder por la fuerza, comienzan por imponer un respeto absoluto a las leyes que ellos mismos violaron antes; exigen una obediencia ciega para los nuevos gobernantes revolucionarios. Cualquier pretensión de abuso es castigada con la mayor crueldad para que no vuelvan a incurrir en ella y aquí viene a propósito la frasecita «Nunca más», ya que castigan con la muerte cualquier desobediencia”.

“¿Quién denuncia tal iniquidad de los liberadores en el poder? Nadie, pues los medios de información independientes usados en un clima de libertad por los «liberadores» para exacerbar las pasiones y la codicia promoviendo la guerra revolucionaria, luego los reducen a silencio. «Nunca más» habrá ataques al poder, ni críticas, ni diálogos, ni reclamos. Tampoco habrá nada que comunicar al pueblo a través de la radio, la televisión y los diarios porque el comité revolucionario será en adelante el único vocero de la verdad oficial”.

“Los mismos que glorifican a los «mártires revolucionarios» caídos en otros tiempos, cuando ellos toman el poder se dan a la tarea de organizar las bandas de delincuentes y los grupos armados para que nunca más nadie se anime a rebelarse ni a disentir”.

“Los «líderes liberadores» una vez instalados en el poder sustituyen de una manera permanente, como lo demuestra el régimen cubano, la legitimidad de la democracia por la dictadura más cruel y férrea. «Nunca más habrá libertad», pues gobierna el prisionero de una ideología. Los servidores de ese régimen férreamente adoctrinados serán en adelante custodios de la sociedad socialista aunque tengan que apelar a un frenesí de sangre y horror”.

Mientras el marxista en vías de alcanzar el poder busca promover cada conflicto que advierte, induciendo el odio entre empleado y empleador, entre hombre y mujer, entre nacional y extranjero, entre alumno y docente, etc., una vez en el poder, tratará de aislar a la sociedad comunista de la “contaminación” que pueda provenir de alguien perteneciente a un país capitalista. Nélida Rebollo escribió: “El refinamiento del cinismo comunista no tiene parangón. Resulta que ellos constituyen el mayor crimen contra la humanidad y la mayor amenaza que se ha cernido sobre nuestra civilización mediante el lavado de cerebro, el crimen a traición y la corrupción de la juventud en la deleznable empresa de reclutarlos para el crimen y la destrucción y decretan no contaminarse con la «perniciosa propaganda capitalista»”.

El cinismo extremo aparece cuando se habla de “derechos humanos”, que para el marxista significa “derecho a la vida” reconocido exclusivamente al combatiente a favor del socialismo. La vida del opositor no significará completamente nada. Tal es así que, para ingresar a Montoneros, el aspirante debía pasar primeramente por una prueba consistente en asesinar a un policía, a traición y en plena vía pública, para quitarle seguidamente el arma reglamentaria. Luego, más por instinto de conservación que por amor a la patria, los policías incurren en los excesos varias veces descriptos, es decir, lo que se describe casi siempre es la reacción policial mientras se calla la acción terrorista previa. Luego se hablará de “los jóvenes idealistas” aunque asesinen, roben y secuestren bajo la “sagrada misión” de instalar el socialismo.

Cuando se produce la derrota militar de los combatientes de izquierda, continúan la campaña destructiva por otros medios, como la difamación de la nación a nivel internacional junto a sus instituciones. La destrucción también apunta hacia aspectos culturales mediante una contracultura que incluye la destrucción de los valores morales esenciales para la vida de una sociedad. “Ese nihilismo que hoy nos agobia es la incapacidad para creer; el no querer y respetar a nadie ni a nada; el sentir placer ante el deseo de cometer una maldad. Ese nihilismo de esa época se nutre de negaciones sin ninguna grandeza de alma. Hay bajeza y mucha maldad. Para esos nihilistas Dios no existe y si los sentimientos religiosos de los demás necesitan a Dios, los nihilistas lo desalojan para quedarse sólo con el mal”.

“Sienten la insignificancia universal pero disimulan el vacío y las nauseas de sí mismos con el ataque personal. Son la autocreación del Superhombre que quiere demolerlo todo porque «todo está mal», necesitan un cambio violento de la sociedad y si es posible sin derechos y sin garantías para el pueblo, aunque lo invoquen a cada rato en una actitud demagógica insufrible. Quieren esos «superhombres» la delegación del poder absoluto a un partido único para privar la libertad a todos aquellos que no están precisamente en ese partido”.

“La ideología del superhombre se descubre en la fraseología y en las acusaciones de manicomio hechas siempre con el martilleo sobre las mismas cosas, son una metralleta abierta, tan deslenguados que ni respiran mientras repiten la letanía de su libreto, para el ataque. Los que pertenecen a una misma comunidad intelectual; a una misma comunidad cristiana; a una misma comunidad con vocación de libertad responsable tienen que seguir defendiendo las leyes positivas, fundando la obediencia en la justicia” (De “Nuestro tiempo y nuestras razones”).

Si tuviésemos que describir la acción de los guerrilleros de los 70 como si fuese la trama de una película, diríamos que se trata de un conjunto de justicieros que, en nombre de la historia y de la humanidad, trata de destruir una sociedad pecaminosa y corrompida para que luego florezca la sociedad perfecta junto al hombre nuevo soviético. El elevado fin justifica, en este caso, los terribles medios, tal la matanza indiscriminada de aquellos considerados irrecuperables para adaptarse al socialismo. La sociedad real ni siquiera se parece a la sociedad ideal que existe en sus mentes, de ahí que “los jóvenes idealistas” realicen sus macabros proyectos bajo la creencia de estar cumpliendo una importante misión histórica.

Si alguien pretende discutir con un marxista convencido, para hacerle ver sus errores, perderá con toda seguridad su tiempo, ya que el adepto cree firmemente en el paraíso socialista y considerará toda opinión adversa como simple “propaganda yanky”. De ahí que la única alternativa eficaz consiste en evitar que las personas decentes caigan en las redes del odio colectivo; actividad cada vez más difícil de llevar adelante desde que Jorge Bergoglio declaró que “son los comunistas los que se parecen a los cristianos” o que “el capitalismo liberal es inhumano”. Recordemos que Capitalismo = Trabajo + Ahorro productivo + Innovación, por lo que poco se entiende la orientación adoptada por el Vaticano en estos últimos tiempos.

miércoles, 31 de enero de 2018

Adaptación cultural y sentido de la historia

Luego del descubrimiento del fenómeno natural de la evolución biológica, se vislumbró la posible existencia paralela de un proceso de adaptación cultural al orden natural, que habría de darle sentido a la historia e incluso a la propia existencia de la humanidad. Desde la religión se afirmaba, desde muchos siglos atrás, que la voluntad de un Creador imponía una misión a la humanidad y a cada hombre, estableciendo premios y castigos en función de la obediencia o la desobediencia a sus designios. En la actualidad, este mismo proceso puede interpretarse considerando a un orden natural invariante que genera bienestar, o sufrimiento, en función del grado de adaptación o desadaptación a sus leyes.

La historia de la humanidad se identificaba con la historia de la religión, considerando cada acontecimiento en función de un acercamiento o un distanciamiento hacia Dios. En la actualidad, tal historia puede describirse en función del conocimiento y posterior adaptación a las leyes naturales que rigen todo lo existente. Tratándose de un mismo proceso, aunque uno de ellos expresado simbólicamente, resulta conveniente razonar en base al proceso real para interpretar adecuadamente la religión tradicional, tanto para fundamentarla como para renovarla en función de la nueva visión que tenemos del universo.

Cada rama de la historia del hombre posee, en el mejor de los casos, un hilo conductor que permite recorrer en ambos sentidos el laberinto constituido por los pasos dados hasta el momento. Este es el caso de la biología, en cuyo inicio consistía en una recopilación de datos carente de significado que esperaba la aparición de un hilo conductor que permitiera darles un sentido. Este hilo conductor apareció justamente con la teoría de la evolución por selección natural. En forma semejante, el hilo conductor de la historia de la humanidad ha de ser el proceso de adaptación cultural mencionado.

Todos los acontecimientos que conforman nuestra historia deben evaluarse en función del mejoramiento, o empeoramiento, de nuestro nivel adaptativo, como casos extremos. Por ejemplo, los totalitarismos del siglo XX, y las ideologías que los sustentaron, constituyeron un gran retroceso para nuestro proceso adaptativo, mientras que el descubrimiento de los antibióticos favoreció a la humanidad. Mientras que tales hechos dejan poco lugar a dudas respecto a sus efectos, otras propuestas o innovaciones culturales dan lugar a dudas respecto de sus efectos sobre el proceso adaptativo.

De la misma manera en que los santos, como personajes destacados de la religión, favorecieron con sus ejemplos la mejora ética de sus seguidores, la ciencia tiene sus “héroes del proceso adaptativo”, como fueron los casos de Edward Jenner o Louis Pasteur. Al respecto, S. Nisenson y P. Cane escribieron: “Se estima que alrededor de sesenta millones de europeos murieron de viruela entre 1700 y 1800”. “En la epidemia de 1721, más de la mitad de la población de Boston contrajo la viruela y de cada diez atacados, uno murió. Esta horrorosa enfermedad es tan rara en nuestros días que pocos médicos han visto un caso. El otrora terrible morbo ha sido eliminado por la vacuna, cuyo principio adelantó el doctor Edward Jenner en 1796” (De “Gigantes de la Ciencia”-Plaza & Janés SA-Buenos Aires 1964).

Según lo anterior, Jenner habría podido decir, con bastante orgullo, que su vacuna había permitido salvar la vida de 60 millones de personas por siglo. De la misma manera en que, desde la religión, no sólo surgieron santos, sino también personajes violentos y sanguinarios, desde la ciencia han surgido grandes hombres y también aquellos que colaboraron con la creación de armas de destrucción masiva. Como en toda actividad humana, ha habido quienes favorecieron al proceso adaptativo y quienes lo perjudicaron.

Una gran parte de los seres humanos encontró en la religión, la ciencia, el arte, la educación o la literatura, un lugar en el cual poder ubicarse, como partícipe o como observador, en la tarea emprendida para promover con éxito al proceso adaptativo, sin pensar en ello o sin ser conscientes de esa tarea. De la misma manera en que, en otras épocas, la gente se volcaba a la religión dedicando su vida a ese ideal, en la actualidad cada tarea establecida con un sentido cooperativo lleva un carácter similar, sólo que ahora la actitud religiosa ha quedado materializada en acciones que pueden no parecer tales. Sin embargo, es de gran utilidad advertir esta posibilidad en el caso de quien todavía no ha encontrado un sentido para su vida ignorando que toda acción orientada hacia la cooperación hacia los demás la incorpora a una religión natural que no tiene templos, ni símbolos, ni parece tal.

A lo largo de la historia, surgieron teorías acertadas que promovieron el avance del conocimiento, aunque también encontramos una especie de “museo de los errores” ya que varias quedaron por el camino. Mientras que algunas de ellas favorecieron indirectamente el posterior progreso, otras simplemente atrasaron su desarrollo normal. En forma semejante, se advierte en la historia de la política una serie de innovaciones que resultaron favorables y también otras desfavorables al progreso humano. Sin embargo, mientras que en la física se distingue netamente el error de lo correcto, tanto en la política como en las ciencias sociales no se hace mayor distingo entre el error y el acierto, pasando a la historia tanto lo acertado como lo erróneo.

Este ha sido el caso de los totalitarismos, que todavía hoy siguen vigentes en la mente de varios sectores de la población. Basados en ideologías incompatibles con la realidad marcaron el mayor retroceso observado en los últimos siglos. Ignacio Massun escribió: “Las ideologías son «religiones laicas» porque tratando de liberar al hombre de la tutela de la religión, se tiñeron de sus peores vicios; la intolerancia y el dogmatismo” (De “Las ideologías en el siglo XXI”-Editorial Métodos SA-Buenos Aires 2004).

El citado autor recuerda que, cuando niño, sus padres no le permiten que ingrese a la escuela primaria para evitar ser adoctrinado bajo la totalitaria ideología peronista: “Cuando en 1955, me tocaba ir a primer grado de la escuela primaria, mi familia decidió no enviarme a la escuela para que no me adoctrinaran. En aquellos años los manuales de texto estaban atosigados de fotos del general y la entonces fallecida Evita. Mi madre me enseñó a leer en casa, lo que era un evidente gesto de rebeldía, que recién hoy valoro en su real dimensión”.

Mientras que la ciencia muestra un progreso sostenido, la religión tiende a detenerse en el tiempo y la política a retroceder hacia épocas pasadas. Los sectores de izquierda tienen la costumbre de hacernos recordar a cada tanto la penosa actitud de la Iglesia Católica en contra de Galileo Galilei, mientras pocas veces mencionan un caso similar, o bastante peor, ocurrido hace unos 60 años en la URSS. Este fue el “caso Lysenko”, cuya teoría, compatible con el materialismo dialéctico, pero no con las leyes naturales, dominó por varios años la biología en varios países socialistas. Leonardo Moledo escribió: “De la misma manera que el juicio a Galileo en el siglo XVII, el «caso Lysenko» muestra en el XX las nefastas consecuencias de la intolerancia. En febrero de 1935, en plena época del siniestro terror stalinista, y durante el Segundo Congreso Soviético de Granjas Colectivas de la URSS, un tal Trófim Denisovich Lysenko habló y denunció a los genetistas que trabajaban científicamente y con rigor mendeliano, como «enemigos del pueblo»”. “El mismísimo Stalin, que estaba presente, interrumpió el discurso y gritó: «¡Bravo, camarada Lysenko, bravo!». A partir de ese momento, Lysenko inició un ascenso meteórico que le permitió transformarse durante treinta años en el dictador de la biología soviética. Y un dictador nada blando, por cierto, un dictador que participaba de la manía persecutoria y homicida de Stalin”.

“Lysenko no era sino un biólogo del montón, que en los años veinte se había interesado por la adaptación de ciertas variedades de plantas a climas rigurosos. En diversos artículos sostuvo haber obtenido fabulosos rendimientos por hectárea, y reclamó que se extendieran sus «nuevos métodos» al conjunto de la agricultura, ante el escepticismo de los biólogos soviéticos, que cuestionaban el rigor de su metodología, la veracidad de sus cifras, o la temeraria afirmación de que un experimento a escala reducida pudiera generalizarse a un territorio tan vasto y complejo como el de la URSS. Otros, simplemente lo ignoraban”.

“Pero no el régimen de Stalin, que abjuró de la genética y defendió el lamarckismo; Lysenko elaboró una «teoría» de la herencia que negaba todos los principios de la genética mendeliana: los genes no existían y la transmisión hereditaria era una propiedad general interna de la materia viva, que no necesita de ningún mecanismo especial. Es decir, volvía a la ya refutada teoría según la cual los caracteres adquiridos por adaptación al medio ambiente pueden ser transmitidos a la descendencia” (De “Los mitos de la ciencia”-Grupo Editorial Planeta SAIC-Buenos Aires 2008).

La teoría de Lysenko resultó atractiva por cuanto el marxismo-leninismo supone que la influencia del medio es la determinante de las características de todo individuo. Como con el socialismo se trataba de conformar al “hombre nuevo soviético” con atributos especiales para su desempeño en tal sociedad, y como esos atributos adquiridos habrían de ser hereditarios, el “hombre nuevo” ocuparía en el futuro el lugar del despreciado burgués, por lo que se habría de dar el salto definitivo de la evolución cultural de la humanidad. El antiguo hombre “a imagen y semejanza de Dios” habría de ser reemplazado por el “hombre diseñado por Marx”. Mientras que, para el científico o el religioso, predomina la palabra “adaptación” (a Dios o al orden natural), para el marxista predomina la palabra “transformación” (de la naturaleza humana, especialmente).

Los efectos en la agricultura soviética no tardaron en manifestarse: Moledo agrega: “Desde 1948 hasta 1964 Lysenko reinó soberano en la biología y la agricultura soviéticas (ya que tras la muerte de Stalin, Kruschev también apoyó el lysenkismo). La investigación y el desarrollo en una de las ramas más dinámicas de la ciencia contemporánea, lentamente fue deslizándose al marasmo y finalmente se detuvo, con sus lógicas consecuencias en la agricultura: en 1963, por primera vez en su historia, la URSS debió importar granos para alimentar su población. El desastre agrícola que el lysenkismo produjo en la Unión Soviética no fue para nada ajeno a la caída de Kruschev. El retraso científico en un área central como la biotecnología fue tal que la entonces URSS nunca pudo recuperar el tiempo perdido”.

Los efectos de la pseudociencia también se advirtieron en la gran hambruna producida en la China. Moledo escribió al respecto: “En la China de Mao-Tse-Tung se creía que las plantas crecerían mejor si se las socializaba, para lo cual se crearon vastísimos campos de arroz pero con cultivos bien apretaditos. La consecuencia: enormes cosechas de basura y campos arruinados. También creían que las gallinas podrían dar más huevos y las vacas más leche si se les leían las palabras del líder”.