viernes, 19 de enero de 2018

La barbarie comunista

La situación desesperante que sufre actualmente gran parte del pueblo venezolano, se debe, entre varias causas, a la prédica constante de los ideólogos marxista a favor del socialismo y en contra del capitalismo, exagerando virtudes y encubriendo defectos, en el primer caso, y exagerando defectos y encubriendo virtudes en el segundo caso. De esa forma se ha llegado al extremo de que las nuevas generaciones tengan una imagen totalmente distorsionada de lo que aconteció en el mundo durante el siglo XX.

Las imágenes más promocionadas de la Segunda Guerra Mundial son aquellas que muestran los efectos de las bombas nucleares arrojadas por EEUU sobre el Japón, ya que, de esa manera, se trata de hacer ver que los únicos malos y perversos son los norteamericanos. Sin embargo, casi nunca se dice que cada una de esas bombas produjo entre 100 y 150 mil víctimas, mientras que el total de muertos en toda esa guerra ascendió a unos 52 millones de muertos. Guillermo Martínez escribió: “Hay sólo una nación en la historia de la humanidad que ha probado hasta ahora ser capaz de arrojar bombas nucleares sobre ciudades llenas de gente inocente, sin ningún claro remordimiento” (De “La fórmula de la inmortalidad”-Seix Barral-Buenos Aires 2005).

Los ideólogos marxistas nunca mencionan que las víctimas del socialismo sumaron unos 100 millones durante ese siglo; producto del terror y la represión empleados contra la desobediencia, y de las erróneas decisiones políticas y económicas adoptadas por quienes pusieron en práctica la “ciencia socialista” en abierta oposición a la “ciencia capitalista”. El mayor de esos errores se debió a la absurda “planificación” llevada a cabo por Mao-Tse-Tung, que produjo la mayor hambruna de la historia. Stéphane Courtois escribió: “Decenas de millones de «contrarrevolucionarios» pasaron un largo periodo de su vida en el sistema penitenciario y tal vez 20 millones murieron sufriéndolo. Si, con mayor motivo, si tenemos en cuenta los entre 20 y 43 millones de «muertos más» de los años 1959-1961, los del mal llamado «gran salto adelante», víctimas de una hambruna provocada en su totalidad por los proyectos aberrantes de un hombre, Mao Zedong [o Mao-Tse-Tung], y más aún, posteriormente, por su obstinación criminal en negarse a reconocer su error, no aceptando que se tomasen medidas contra sus desastrosos efectos” (De “El libro negro del comunismo” de S. Courtois y otros-Ediciones B SA-Barcelona 2010).

El plan de Mao fue un precursor del que posteriormente puso en práctica Fidel Castro con su fallida “cosecha record de azúcar”, si bien en este caso no hubo hambrunas, pero sí un grave deterioro de la economía cubana. Mao intentó establecer un crecimiento rápido de la producción agrícola e industrial mediante un método personal, no avalado por la ciencia económica aceptada en esa época. Incluso cometió el error de seguir los consejos del pseudo-científico Trofim Lysenko, cuya nefasta influencia ya había perjudicado a la agricultura soviética. Courtois agrega: “Es fácil conceder que el objetivo de Mao no era matar en masa a sus compatriotas. Pero lo menos que puede decirse es que los millones de personas muertas de hambre apenas le preocuparon. Su principal inquietud, en esos años negros, parece haber sido negar al máximo una realidad que sabía que podían echarle en cara. Es bastante difícil, en medio de la catástrofe, repartir las responsabilidades entre el proyecto mismo o el desvío constante de su aplicación. El total, en cualquier caso, pone de relieve con toda crudeza la incompetencia económica, el desconocimiento del país, y el aislamiento en la suficiencia y el utopismo voluntarista de la dirección el Partido Comunista y singularmente de su jefe”.

“Las razones del drama son asimismo técnicas. Ciertos métodos agronómicos procedentes de forma directa del académico soviético Lysenko, y que se basan en la negación voluntarista de la genética, tienen valor de dogma en China lo mismo que en la patria del «hermano mayor». Impuestos a los campesinos, se revelan desastrosos: mientras que a Mao le había parecido oportuno pretender que «con la compañía [las semillas] crecen fácilmente, cuando crecen juntas se sienten a gusto» -aplicación creadora de la solidaridad de clase en la naturaleza-, los semilleros ultrautilizados (de cinco a diez veces la densidad normal) matan las plantas jóvenes, las labores profundas resecan la tierra o hacen que ascienda la sal, trigo y maíz no se hacen muy buena compañía en los mismos campos, y la substitución de la cebada tradicional por el trigo de las altas tierras frías del Tíbet es sencillamente catastrófica”.

La habitual soberbia del débil impidió recibir ayuda del extranjero aun en las situaciones más desesperantes. El desinterés por el pueblo, del dirigente comunista, ha sido un comportamiento típico. “Por razones políticas se rechaza la ayuda de Estados Unidos. El mundo, que habría podido movilizarse, debe permanecer ignorante de las desventuras del socialismo a la china. Por último, la ayuda a los necesitados de las campañas representa menos de 450 millones de yuans por año, es decir, 0,8 yuans por persona –cuando el kilo de arroz alcanza en los mercados libres un precio de 2 a 4 yuans…- El comunismo chino ha sabido, como él mismo alardea, «desplazar las montañas» y domeñar la naturaleza. Pero fue para dejar morir de hambre a los constructores del ideal”.

Desde el comando del Partido Comunista se adujo que las hambrunas se debieron a “catástrofes naturales”. Wei Jingsheng, un ex-maoísta, escribió: “Desde mi llegada aquí [Anhui], muchas veces oía a los campesinos hablar del «gran salto adelante» como si se hubiese tratado de un apocalipsis del que se alegraban de haberse librado. Como el tema me apasionó, les interrogué frecuentemente por los detalles de que los «los tres años de catástrofes naturales» no eran tan naturales y que eran mucho más los resultados de una política errónea. Por ejemplo, los campesinos contaban que, en 1959-1960, durante el «viento comunista», era tanta el hambre que no tenían fuerza siquiera para recolectar el arroz maduro, y ése había sido un buen año. Muchos habían muerto de hambre viendo cómo los granos de arroz caían en el campo, impulsados por el viento. En ciertos pueblos, no se encontraba nadie para ir a recoger la cosecha”.

“Delante de mi vista, entre las malas hierbas, surgió de pronto una escena que me habían contado durante un banquete: la de familias que intercambian entre ellas a sus hijos para comérselos…Entonces comprendí quién era aquel verdugo; «la humanidad en varios siglos y China en varios milenios sólo ha producido uno semejante». Mao Zedong. Mao Zedong y sus sectarios, quienes, mediante su sistema y su política criminales, habían obligado a los padres enloquecidos por el hambre a entregar a otros la carne de su carne para aplacar el hambre” (De “El libro negro del comunismo”).

La barbarie socialista también se advertía en los métodos de control y sometimiento utilizados. Un estalinista soviético los describe de la siguiente manera: “La disciplina del partido se basa en unas formas estúpidamente rígidas de crítica y autocrítica. Es el presidente de célula quien decide qué persona debe ser criticada y por qué debe serlo. Se «ataca», por regla general, de uno en uno. Todo el mundo participa. Y uno no puede esquivar el juicio. El «acusado» sólo tiene un derecho: arrepentirse de sus «errores». Si se considera inocente o si entona «su culpa» con excesiva blandura, el ataque vuelve a empezar. Es una auténtica doma psicológica”.

“He comprendido una realidad trágica. Este cruel método de coerción psicológica que Mao llama «purificación moral» ha creado una atmósfera asfixiante en la organización del partido en Yan’an. Un número no despreciable de militantes comunistas se suicidaron, huyeron o se volvieron psicóticos. El método del ‘sheng fen’ responde al principio: «Todos y cada uno deben saber los pensamientos íntimos de los demás». Ésa es la vil e infamante directiva que gobierna todas las reuniones. Lo más íntimo y personal se exhibe sin vergüenza en público para su examen. Bajo la etiqueta de la crítica y de la autocrítica, se inspeccionan los pensamientos, las aspiraciones y los actos de todos y cada uno” (De “El libro negro del comunismo”).

A los EEUU no se les perdona haber limitado la expansión de la barbarie nazi; mucho menos se les perdona haber limitado la expansión de la barbarie comunista. De ahí que algunos autores aducen que los atentados a las torres de New York llevan cierta justicia retroactiva por la cual los estadounidenses no tienen derecho a reclamar y mucho menos a defenderse militarmente. Tampoco se les perdona que hayan colaborado con los países latinoamericanos para evitar que cayeran bajo la barbarie comunista, como les sucedió a cubanos y venezolanos. Guillermo Martínez escribió: “Por décadas, después de la Revolución Cubana, la política oficial de los Estados Unidos para América Latina fue colocar y apoyar dictaduras en cada uno de nuestros países”.

“Estados Unidos ya no es más una joven nación y tiene una larga historia de intervenciones cínicas. La ingenuidad de la gente está todavía allí, pero parece más y más una manera conveniente de no prestar atención al trabajo sucio de su ejército alrededor del mundo para mantener el estándar de vida, y la nafta barata, de toda la población estadounidense”.

Fiel al pensamiento marxista, algunos autores no ven en las acciones de un país nada más que motivaciones económicas, restando importancia al peligro del totalitarismo socialista que apoyan a pesar de los nefastos resultados logrados. Debe recordarse que entre comunistas y nazis produjeron unas 122 millones de víctimas inocentes (100 millones los comunistas y 22 millones los nazis), mientras que la suma de víctimas de ambas Guerras Mundiales fueron unos 66 millones (14 millones en la Primera y 52 millones en la Segunda). Si hay algún país que hizo que las cifras no fueran mayores, ese fue EEUU.

jueves, 18 de enero de 2018

Principio de placer vs. Adaptación cultural

Al describir las tendencias generales que orientan las acciones humanas, encontramos a dos de ellas: el principio de placer, por una parte, y la búsqueda de nuestra adaptación cultural al orden natural, en oposición a aquel. El placer, como meta u objetivo de nuestra vida, orienta a personas poco adeptas al pensamiento cotidiano, mientras que la búsqueda de mayores niveles de adaptación resulta ser la consecuencia de pensamientos de mayores alcances.

En cuanto al principio de placer, leemos lo siguiente: “El hedonismo sostiene que el placer es el principio director de la acción humana, tanto de hecho como por norma. Aristipo, el primer representante de la teoría hedonista, creyó que la consecución del placer y la eliminación del dolor constituyen el fin de la vida y el criterio de la virtud. Placer es, para él, el placer del momento” (Del “Diccionario de Psicología General y Aplicada” del Dr. L. C. Béla Székely-Editorial Claridad-Buenos Aires 1983).

La búsqueda del placer está vinculada a lo material y a todo lo que se compra con dinero, de donde surge la absurda competencia por ser, o por mostrarse, más feliz que los demás. También la envidia surge principalmente en quienes se orientan por el principio de placer. La población mundial, en este caso, no constituiría una asociación orientada hacia objetivos comunes, sino constituida por individuos aislados y solitarios. Fulton J. Sheen escribió: “Puesto que el placer es el objetivo supremo de toda vida egotista, será conveniente que conozcamos algo sobre sus leyes….El placer, como finalidad de la vida, es un espejismo…nadie lo alcanza. Pero es posible disfrutar de estables y agradables placeres”.

“Cuado un hombre comienza sosteniendo que sus deseos egoístas deben ser tenidos como algo supremo, primacial, de que nada tiene importancia y significado fuera del ego, entonces se sigue que las solas normas con las cuales podrá juzgar el valor de cualquier experiencia son el placer que la misma proporcione y su intensidad. Cuanto más así lo experimente, más verdadero y más admirable será” (De “Eleva tu corazón”-Editorial Difusión-Buenos Aires 1966).

En cuanto al proceso de la evolución cultural, puede decirse que el principal objetivo de la humanidad implica alcanzar mayores niveles de adaptación al orden natural. Debido a que la adaptación biológica implica un lento proceso que requiere de largos periodos para mostrar cambios en las especies en evolución, el hombre mismo es quien debe continuar con el proceso adaptativo, aunque esta vez se establezca a través del conocimiento de nosotros mismos y del medio en donde se desarrolla nuestra vida. Julian Huxley escribió: “Se han definido la responsabilidad y el destino del hombre, considerándolo como un agente, para el resto del mundo, en la tarea de realizar sus potencialidades inherentes tan completamente como sea posible. Es como si el hombre hubiese sido designado, de repente, director general de la más grande de todas las empresas, la empresa de la evolución, y designado sin preguntarle si necesitaba ese puesto, y sin aviso ni preparación de ninguna clase. Más aun: no puede rechazar ese puesto. Precíselo o no, conozca o no lo que está haciendo, el hecho es que está determinando la futura orientación de la evolución en este mundo. Este es su destino, al que no puede escapar, y cuánto más pronto se dé cuenta de ello y empiece a creer en ello, mejor para todos los interesados” (De “Nuevos odres para el vino nuevo”-Editorial Hermes-Buenos Aires 1959).

Tanto si el universo tiene un Creador localizado en el tiempo y en el espacio, como si al universo podemos identificarlo con las leyes eternas que lo rigen, surge la pregunta acerca del objetivo de la aparición de la vida inteligente. La respuesta dada por el hedonismo resulta muy pobre por cuanto acepta tácitamente que el hombre existe sólo para disfrutar de los placeres inmediatos, siendo una postura adoptada por gran parte de la población mundial. Por el contrario, al ser conscientes de la importante misión que nos ha impuesto el orden natural, podrá surgir una actitud cooperativa que tenderá a hacer de la humanidad una sociedad con objetivos comunes a sus integrantes. Y así, cada individuo apuntará hacia una mejora ética.

En el siglo XIX, ambas orientaciones fueron explicitadas por Søren Kierkegaard como una elección entre una vida estética o bien de una vida ética. La primera surgida como consecuencia de la búsqueda de placer, asociada a la competencia y a la envidia; la segunda surgida como consecuencia de la búsqueda de mayores niveles de adaptación, asociada a la cooperación y a un sentido de la vida objetivo, impuesto por el propio orden natural. Pablo Da Silveira escribe respecto del libro “Enten-Eller” (“Lo uno o lo otro”): “Era un libro escandaloso porque afirmaba que no estamos obligados a vivir de acuerdo a los dictados de la moral. Esta es una de las opciones que se nos plantea en la vida, pero no la única ni necesariamente la más atractiva”.

“Ese era justamente el sentido de ese «o lo uno o lo otro», que daba título a la obra. Kierkegaard quería enfrentar a sus lectores a una opción entre dos caminos divergentes, de los cuales solamente uno conducía a la moralidad. Y lo escandaloso era que, en lugar de pronunciarse desde el principio a favor de esta opción, Søren decidió explorar ambas vías hasta sus últimas consecuencias. Así construyó la imagen literariamente genial de una existencia que era al mismo tiempo inmoral y fascinante”.

“El personaje que creó Kierkegaard para describir la vida que se aparta de la moral se llama Juan el Seductor. Juan es un mujeriego refinado e inescrupuloso que sale a la caza de jovencitas y las incita a vivir aventuras perfectas. Su objetivo es «vivir estéticamente», es decir, vivir en una continua búsqueda de experiencias y de sensaciones, manteniéndose en un eterno presente que no se preocupa del tiempo. Se trata de ir de lo interesante a lo interesante, de sumergirse en el ahora, de disolver la vida en una, es decir, vivir en una continua búsqueda de experiencias y de sensaciones, manteniéndose en un eterno presente que no se preocupa del tiempo. Se trata de ir de lo interesante a lo interesante, de sumergirse en el ahora, de disolver la vida en una serie de instantes agradables e inconexos”.

“El seductor desconoce el compromiso y la responsabilidad. Busca permanentemente lo nuevo y, cuando lo que tiene entre manos pierde novedad, pasa rápidamente a otra cosa. La chica de turno no es más que una excusa y su único interlocutor real es el aburrimiento. El seductor vive cada aventura con pasión pero sabe que todo va a agotarse en un instante. Ese es el clásico lamento de Don Juan, con el que Søren estaba obsesionado”.

“La otra respuesta consiste en lo que Søren llamaba la «vida ética», cuyo representante, el juez Wilhelm, nunca alcanzó la fama de su rival. «Vivir éticamente» significa vivir con el propósito de construir una vida moralmente buena. Por eso, el hombre que vive éticamente mira su vida como una unidad y se preocupa de su coherencia. Tiene que darse buenas explicaciones acerca de lo que ha hecho y tiene que hacer de su vida una historia con sentido. Quien elige vivir éticamente ve la vida del seductor como una existencia que se agota en una serie de comienzos sucesivos. Pero eso no es auténtica variedad sino repetición de la misma cosa. Lo interesante está en poder ir más allá del comienzo”.

“Søren pensaba que la vida ética era preferible a la vida estética, pero afirmaba que esta idea sólo es comprensible para quien ya ha optado por esta última. Ideas como las de continuidad, responsabilidad o coherencia no tienen ningún sentido para el esteta. Esto significa que, si bien podemos optar en favor de la vida ética, esta elección será anterior a toda argumentación: una vez que hemos hecho nuestra opción podemos justificarla con razones, pero la elección en sí misma es un salto al vacío, una especie de apuesta. La elección es radical porque no se trata de optar entre el bien y el mal, sino de decidir si el bien y el mal van a ser importantes para nosotros. El hombre que todavía no ha optado por una de estas vías debe empezar por elegir el tipo de razones a las que va a reconocer valor” (De “Historias de filósofos”-Alfaguara-Buenos Aires 1997).

El antagonismo entre la vida estética y la vida ética, que en la actualidad puede considerarse como una elección entre la orientación hacia el placer o bien hacia la adaptación al orden natural, fue expresado a lo largo de la historia mediante otras formas simbólicas, como es el caso de las dos ciudades (del hombre y de Dios) propuesta por San Agustín. Carlos Boyer escribió: “¿Cómo podemos distinguir esas dos ciudades? Están mezcladas, y desde el comienzo del mundo seguirán mezcladas hasta el fin de los siglos…¿Cómo podremos pues hacerlas ver ahora, si están mezcladas juntas? El Señor las hará ver, cuando ponga unos a la derecha, los otros a la izquierda. Jerusalén estará a la derecha, Babilonia a la izquierda. Jerusalén oirá estas palabras: «Venid, benditos de mi Padre; recibid el reino que os ha sido preparado desde el origen del mundo». Babilonia oirá que se le dice: «Id al fuego eterno, que ha sido preparado para el demonio y sus ángeles»”.

“Estas dos ciudades están formadas por dos amores: Jerusalén, por el amor a Dios. Babilonia, por el amor al siglo. Que cada uno se pregunte lo que ama y encontrará a qué ciudad pertenece; y si se descubre ciudadano de Babilonia, que se arranque sus pasiones y plante la caridad; si encuentra que es ciudadano de Jerusalén, que tome con paciencia su cautiverio y que espere su libertad” (De “San Agustín”-Editorial Excelsa-Buenos Aires 1945).

Por lo general, el adepto religioso supone que la adhesión a determinada Iglesia o la adopción de determinada postura filosófica aseguran su pertenencia a la ciudad de Dios. Recuérdese que, en la religión moral, sólo cuentan las actitudes éticas, ya que no existe un vínculo concreto entre postura filosófica (opinión acerca de cómo funciona el mundo) y respuesta moral (actitud respecto de los demás seres humanos).

martes, 16 de enero de 2018

Peronismo: ¿populismo o totalitarismo?

Generalmente asociamos la palabra “populismo” a gobiernos democráticos (según su acceso al poder) que tratan de alcanzar objetivos personales o sectoriales a costa del estancamiento o del retroceso económico y social de un país. En estos casos, la mentira es el principal protagonista del proceso. E. Gómez de Baquero escribió: “Todos los que han creído las mentiras de un charlatán se ven obligados a sostenerlas, para no confesar que han sido unos imbéciles. Creer una verdad es un acto natural que no nos compromete; creer una mentira es una simpleza que cuesta trabajo reconocer. Por eso las mentiras se defienden con más tenacidad que las verdades” (De “Historias de la Historia” Segunda Serie, de Carlos Fisas-Editorial Planeta SA-Barcelona 1984).

La eficaz labor de encubrimiento, cumplida por periodistas e intelectuales argentinos, puede comprenderse, al menos en parte, en base al criterio mencionado. Todavía hoy se siguen repitiendo, a lo largo y a lo ancho de todo el país, las mentiras fabricadas por Perón, mientras sus beneficiarios directos (políticos y sindicalistas partidarios) siguen robando en una forma tan organizada como la de las mejores épocas.

Por otra parte, asociamos la palabra totalitarismo (Todo en el Estado) al proceso político en el que, a la mentira populista, le agrega el odio sectorial. De ahí que un proceso totalitario puede comenzar como un populismo hasta llegar a convertirse en un totalitarismo, resultando peligroso y opresivo a quienes no acepten someterse a la obediencia impuesta por el líder totalitario. En este caso se produce una alteración total de los valores democráticos. En un sistema democrático tiene validez aquello de que: “El miedo del malvado debe combinarse con la seguridad del inocente”, mientras que en un sistema totalitario pasa a convertirse en: “El miedo del inocente debe combinarse con la seguridad del malvado” (De “Historias de la Historia” de Carlos Fisas-Círculo de Lectores SA-Buenos Aires 1988).

Por lo general, las definiciones y usos de las palabras “populismo” y “totalitarismo” se asocian a la política y a la economía, y no tanto a las sensaciones emotivas de quienes deben padecer tales sistemas. En cuanto al significado político: “Totalitarismo: Término moderno con el que se designa un tipo específico de dominación política caracterizada por una tendencia a la hegemonía del Estado sobre todos los ámbitos de la vida social e individual. Se distingue de otras formas análogas de dominación como la tiranía, el absolutismo u otros sistemas autoritarios, pues mantiene una aparente estructura democrática o representativa, utiliza modernas tecnologías que atañen a sus fines –en especial las que se relacionan con el manejo de la opinión pública, la información-desinformación y la propaganda-, está vinculado ordinariamente a un partido político único o monopolizador, con una economía fuertemente centralizada, fundado en una ideología, y con instrumentación de un fuerte sistema de control” (Del “Diccionario de Sociología” de E. del Acebo Ibáñez y R. J. Brie-Editorial Claridad SA-Buenos Aires 2006).

El odio colectivo, sembrado por Perón y Eva, perjudicó principalmente a sus seguidores, ya que el odio, por ser una mezcla de burla y envidia, es propio de personas inferiores. Friedrich Nietzsche escribió al respecto: “No se odia mientras se menosprecia. No se odia más que al igual o al superior”.

Apenas iniciado su primer gobierno, Perón dividió a la población en seguidores (amigos) y opositores (enemigos). Incluso con el paso del tiempo llegó a instigar a sus seguidores a ejecutar actos violentos contra los opositores. Algunas de sus arengas fueron las siguientes: “A los enemigos, ni justicia”, “Levantaremos horcas en todo el país para colgar a los opositores”, “Vamos a salir a la calle para que no vuelvan más ellos, ni los hijos de ellos”. “Y cuando uno de los nuestros caiga, caerán cinco de ellos”, etc. (Citado en “Los deseos imaginarios del peronismo de Juan José Sebreli-Editorial Sudamericana SA-Buenos Aires 1992).

La grieta social, ampliada y revivida por el kirchnerismo, es esencialmente una grieta moral, que pocas posibilidades tiene de cerrarse por cuanto fue abierta por peronistas y afianzada por kirchneristas, que tienen poca o ninguna predisposición a renunciar al odio sectorial y a las mentiras que constantemente difunden. El peronista o el kirchnerista inician la grieta al designar como “enemigo” a la persona decente. Luego, ¿quién es el que debe cambiar de actitud? ¿El que inicia la descalificación, la marginación, la exclusión y la desigualdad? ¿O la persona decente es quién debe cambiar?

Cuando la tiranía encabezada por Perón fue derrocada en 1955 por un movimiento militar, se puso fin a un totalitarismo para restaurar la democracia perdida. Con el tiempo, tal acontecimiento pasó a la historia como que “una dictadura militar, antidemocrática” desplazó del poder a “un legítimo gobierno democrático”. Incluso se dice que Perón huyó del país por cuanto no quiso promover un derramamiento de sangre, cuando en realidad hubo enfrentamientos entre militares, y también con policías, por cuatro días consecutivos, con varias víctimas, de ambos bandos. Al ser derrotado militarmente, se vio obligado a refugiarse en el exterior.

Su posterior asociación con grupos terroristas marxistas, como Montoneros, decididos a destruir la nación a cualquier precio, para tomar el poder, indican claramente que poco o nada le importaba el país y mucho menos la vida de sus ciudadanos, tanto seguidores como opositores. Luego, una vez que usó a los terroristas en beneficio propio, logrado el poder, decreta como presidente el “exterminio” de sus antiguos socios de la destrucción nacional.

En cuanto a las primeras etapas del peronismo, Juan José Sebreli escribió: “El Estado totalitario se basa en la absorción de los poderes Legislativo y Judicial en el Ejecutivo, ejercido además por un solo individuo. Según los totalitarios, la dictadura se justifica porque el líder es la única institución verdaderamente «democrática», en tanto es elegido directamente por el pueblo. La hegemonía del Ejecutivo sobre el Legislativo y el Judicial implica además poner la actividad en lugar de la deliberación, la decisión en lugar de la valoración, tal la doctrina del «decisionismo» del jurista nazi Karl Schmitt”.

“El Estado peronista se basó en la concepción jurídica de Schmitt; intentó en lo posible la destrucción de lo que despectivamente se llamó «demoliberalismo» y «partidocracia» y la transformación del régimen republicano en una dictadura totalitaria”. “El Poder Legislativo, en sus dos cámaras, Senadores y Diputados, quedó totalmente subordinado al Poder Ejecutivo. Para ello el peronismo contaba a su favor, desde el primer periodo legislativo, con la mayoría en ambas cámaras”.

“La degradación a que llegó el Congreso peronista lo muestra la comisión parlamentaria destinada a investigar las acusaciones de torturas a presos políticos, que terminó con una investigación a los periódicos que habían publicado dichas denuncias”.

Mientras que en las naciones civilizadas se admira a los personajes que ayudaron a construirlas, en la Argentina se admira la “viveza” (o inteligencia) del que logró alcanzar metas personales a costa de hacer trampas y de mentirle a todo el país. Una de esas maniobras es la que le permitió a Perón justificar el reemplazo de miembros de la Corte Suprema de Justicia aduciendo haber avalado al gobierno inconstitucional del cual el propio Perón formó parte. Sebreli escribió: “En una reunión de diputados peronistas Perón volvió sobre el asunto: «Si el gobierno ha de funcionar con éxito, los tres poderes deben funcionar en armonía…En la actualidad el Poder Judicial, con excepción de algunos magistrados, no habla el mismo lenguaje que los otros dos poderes». Un mes más tarde se iniciaba el juicio político a los miembros de la Suprema Corte de Justicia con el paradojal argumento de haber convalidado el gobierno de facto de 1943, prescindiendo del detalle que de ahí había surgido el peronismo. Destituidos todos los jueces, con excepción de Tomás D. Casares, hombre de la Iglesia y además peronista, se los sustituyó por magistrados de reconocida conformidad con el régimen”.

La Doctrina justicialista debía ser la referencia orientadora en todos y cada uno de los aspectos institucionales de la nación. “En 1955, el gobernador de la provincia de Buenos Aires, mayor Aloe, decía: «Los jueces de la Nueva Argentina, no son jueces de orden común, sino jueces que deben saber interpretar los principios de la Doctrina y la voluntad del General Perón. Perón no es el nombre del presidente ni de un político, sino la expresión de la Justicia»”.

“Los apologistas del peronismo argumentarán que la Justicia al fin no es sino una mera «formalidad» burguesa, que el anterior Poder Judicial estaba al servicio de la oligarquía y no de la justicia. Sin duda, la balanza de la justicia suele inclinarse del lado de las clases dominantes, pero la subordinación de los jueces, no ya a una clase sino a un partido político o a una dictadura, deja en el desamparo también a las clases dominadas. Cuando las obreras telefónicas torturadas presentaron la denuncia ante un juzgado, debieron soportar la burla de ver cómo su torturador, el comisario Lombilla, se abrazaba con un juez”.

La forma en que Perón atentó contra su propia nación, tanto desde el gobierno como fuera de él, ha dejado perplejo a más de un analista político. Julio Irazusta escribió: “¿Cómo fue posible que un hombre dotado con algunas de las condiciones para hacerse seguir, no sólo de las masas, sino de sus propios hermanos de armas, que le dieron la base de su demagogia oficialista al entregarle la dirección del Estado antes de ser elegido presidente constitucional, faltara a los más elementales deberes de la solidaridad con aquellos, y acabara planeando la disolución del ejército y su reemplazo por milicias obreras?”.

“¿Que un niño mimado de la sociedad existente, que lo admitió en uno de sus principales cuerpos del Estado, pese a la oscuridad de su cuna, y lo educó, lo formó y le dio todos los ascensos al alcance de su capacidad, volviera las armas que ella le había dado para su defensa y las aplicara a destruirla? ¿Que un favorito del azar histórico desperdiciara la mejor ocasión que el país tuvo de prosperar y consolidar su estructura material y moral, para despeñarlo de la altura casi imprevista en que se hallaba, al abismo de unas vísperas sangrientas en guerra civil preparada con científica frialdad por el Estado, y a una crisis económica sin precedentes. Cuando el mundo azotado por la segunda conflagración universal había restañado sus heridas y restaurado su economía y sus finanzas? Este último aspecto del problema es el más incomprensible. Pues de aprovechar la ocasión histórica como el destino le ofrecía, tal vez hubiese podido contrarrestar los obstáculos que los otros dos debían a la larga suscitarle” (De “Perón y la crisis argentina”-Editorial Independencia SRL-Buenos Aires 1982).

lunes, 15 de enero de 2018

Asociación de ideas y creatividad científica

El proceso asociativo de ideas implica establecer un vínculo entre dos imágenes, o dos símbolos, depositados previamente en nuestra memoria. Tal proceso puede ejemplificarse mediante la asociación involuntaria que realizamos mientras dormimos. Así, supongamos que, durante el día, una persona conocida nos propone un negocio en común. En otro momento del día, otra persona, nunca antes vista, nos saluda de manera muy cordial. Ambos acontecimientos, que llevamos en la memoria, pueden ser vinculados durante el sueño nocturno, aunque esta vez quien nos propone realizar el negocio en común es la persona desconocida, con la improbabilidad y la incoherencia que caracteriza a la mayor parte de nuestros sueños.

Cuando razonamos despiertos, también tendemos a vincular, o relacionar, la información que llevamos en nuestra memoria. Nuestros pensamientos, esta vez conscientes y voluntarios, implican una asociación de ideas que se establece principalmente entre dos de ellas (bisociación).

Como ejemplo de creatividad científica puede mencionarse el caso de Arquímedes de Siracusa cuando el rey le encomendó descubrir si la corona que había encargado era de oro puro o bien si el oro había sido rebajado con plata. La dificultad esencial consistía en conocer el volumen de un cuerpo irregular como una corona. Conocidos el volumen y el peso específico del oro (Peso/Volumen) se podría luego encontrar la respuesta requerida. Arthur Koestler escribió al respecto: “Bajo la presión del impulso exploratorio, la cadena de asociaciones avanzará en círculos reducidos dentro del campo de los conocimientos geométricos contemporáneos y, encontrando bloqueados todos sus accesos a la meta, volverá una y otra vez al punto de partida, y hasta podemos suponer que, apremiados por la tensión creadora, los procesos mentales de Arquímedes seguían aún sin que él tuviera conciencia de ellos”.

“Ahora bien, Arquímedes tenía la costumbre de tomar un baño diario; pero las sensaciones que con esto se despertaban generalmente en él se relacionaban con el calor o el frío, la fatiga o el descanso, el sexo y la belleza, etc.; ni a Arquímedes ni a nadie antes que a él se le había ocurrido jamás relacionar los sensuales y triviales contextos asociativos de un baño caliente con la búsqueda científica de la medición de los sólidos”.

“Sin duda más de una vez debió observar que, si el baño estaba demasiado lleno, rebalsaba en la medida en que sumergía su cuerpo; pero esta experiencia trivial estaba tan íntimamente relacionada con el contexto «baño», que se necesitaba la tensión excepcional en que entonces se debatía, más una particular constelación de circunstancias, para que se arrancara de los lazos del hábito asociativo y viera en el agua derramada un equivalente líquido (susceptible de ser medido) del volumen del sólido sumergido”.

Una vez medido el volumen de la corona, sumergiéndola en un recipiente lleno de agua y midiendo el volumen del agua desalojada, obtuvo la respuesta esperada. El proceso asociativo, que surge en forma inconsciente en algún momento de la investigación, suele a veces ser confundido con el razonamiento consciente efectuado posteriormente. Koestler agrega: “Después de sucedido el hecho, es fácil presentar al proceso creador como un acto de razonamiento deductivo y representado en la forma de silogismo, como el que sigue, por ejemplo:

Premisa primera: Es fácil medir el volumen de un líquido.
Premisa segunda: El volumen de un sólido es igual al volumen del líquido que desaloja por inmersión.
Por lo tanto, la conclusión: El volumen de un sólido puede medirse por el volumen del líquido que desaloja por inmersión”.

“Pero, si es tan fácil, ¿por qué nadie antes que Arquímedes usó este silogismo?: porque nadie antes que él había relacionado las dos premisas que pertenecían a dos campos mentales diferentes. La dificultad inmensa, la originalidad creadora de este acoplamiento no resalta en el fluido esquema silogístico. El esquema da la impresión de que la hazaña mental consistió en unir ambas premisas bajo el mismo techo, por así decirlo. La conclusión no es más que la primera cría del matrimonio, obtenida por acciones normales. En otras palabras, silogismo y razonamiento deductivo no son el método del pensamiento creador, y sólo sirven como justificación formal del mismo después del acto (y como esquema para repetir el proceso por analogía después de la bisociación original de los dos campos en que están ubicadas respectivamente las premisas). No se «inventan» ni se «deducen», pues, las soluciones de los problemas, sino que meramente se «encuentran», «ocurren»” (De “Discernimiento y perspectiva”-Emecé Editores SA-Buenos Aires 1962).

En el caso de Charles Darwin y la teoría de la evolución por selección natural, Arthur Koestler escribió: “Con frecuencia, los grandes descubrimientos consisten en una sucesión de actos creadores que retrospectivamente parecen fundirse en uno solo. En el caso de Darwin podemos distinguir dos procesos eureka, consecutivos y separados por más de un año de intervalo. Cada uno de esos procesos consiste no en haber pasado algo nuevo, sino en conectar tendencias previamente desconectadas del pensamiento contemporáneo. La primera pude resumirse como la bisociación de la evolución por causa desconocida con las variaciones selectivas por la cría casera, lo que condujo a la evolución por selección artificial. El segundo paso es la bisociación de la evolución por selección artificial con la lucha por la existencia, lo que condujo a la evolución por selección natural”.

Darwin atribuye al libro de Robert Malthus (“Primer ensayo sobre la población”) haberle permitido ser consciente del proceso de lucha por la superviviencia, escribiendo al respecto: “Esta es la doctrina de Malthus, aplicada a los reinos animal y vegetal. Como en cada especie nacen más individuos que los que pueden sobrevivir; y como, por lo tanto, hay una lucha frecuentemente periódica, por la existencia, de ahí se deduce que todo ser que varíe (aunque imperceptiblemente) de modo conveniente para sí mismo, a través de sus condiciones de vida, complejas y a veces muy variables, tendrá mejores oportunidades de sobrevivir y así de ser naturalmente seleccionado”.

Alfred R. Wallace, coautor independiente de la teoría de la evolución por selección natural, se basa también en el libro de Malthus, aunque lo había leído varios años antes. “Wallace estaba enfermo con fiebres intermitentes, en Ternate, durante febrero de 1858, cuando empezó a pensar en el libro de Malthus «Essay on Population», leído varios años atrás; de pronto se le ocurrió la idea de la supervivencia del más apto. En dos horas «pensó casi toda la teoría» y en tres tardes había terminado el ensayo” (De la “Enciclopedia Británica”, citado en “Discernimiento y perspectiva”).

Koestler agrega: “Darwin todavía no había publicado su teoría, y su comunicación y la de Wallace fueron presentadas simultáneamente a la Sociedad Linneana. Este es otro ejemplo notable de cómo ayuda a que coincidan los descubrimientos el factor «madurez» de un periodo para que ocurra determinado tipo de procesos eureka. Notemos también que, en el caso de Darwin, la reacción al libro de Malthus fue instantánea, mientras que, en el caso de Wallace, evidentemente el subconsciente desempeñó un papel importante almacenando aquellas viejas teorías de Malthus y reproduciéndolas en el momento propicio”.

El proceso de la creatividad científica no difiere esencialmente del proceso cotidiano utilizado para adquirir un nuevo conocimiento, ya que en ambos casos debemos esperar la asociación de ideas adecuada. Como ejemplo adicional, se menciona el caso del autor del presente escrito al momento de poder comprender la idea básica del cristianismo. En una época en que estaba plenamente de acuerdo con las prédicas cristianas, no podía encontrarles un sentido y, por lo tanto, poco o nada podía razonar al respecto. Asociando la idea de que todo lo existente está regido por leyes naturales invariantes al concepto del Reino de Dios, surgió la posibilidad de que tal Reino implique el gobierno de Dios sobre el hombre a través de la ley natural; proceso que coincide esencialmente con el de la adaptación cultural al orden natural, resultando la postura básica de la religión natural.

En otra experiencia personal surgió la idea de “actitud característica”, como una respuesta típica expresada como un cociente entre Respuesta y Estímulo. Tal idea surgió de una analogía con los circuitos eléctricos, ya que presentaban la necesidad de encontrarles una respuesta típica única y para caracterizarlos aun cuando se les aplicara señales eléctricas de diversas formas, como ondas senoidales, o sucesiones de pulsos triangulares, cuadrados, etc. Para ello se debió encontrar una señal eléctrica general, representativa de las todas las posibles señales periódicas, siendo tal señal la senoidal con amplitud exponencial decreciente. Mediante la utilización del análisis con variable compleja y de la transformada de Laplace, se logró establecer dicha descripción unificada.

Si bien las relaciones de respuesta/estímulo son utilizadas frecuentemente en distintas ramas de la física y de la biología, la asociación de ideas, en el caso mencionado, surgió de una analogía con un fenómeno bastante más complejo que aquellos muchos más simples.

La asociación de ideas no sólo resulta de interés para la creatividad científica, sino también en la educación, especialmente en épocas en que se discuten las ventajas y desventajas de los métodos tradicionales. Según se vio, previo a la creatividad asociativa, cada individuo debió almacenar en su mente varias ideas, o conocimientos. En la educación tradicional, en base a contenidos, el entrenamiento mental se realiza mientras se van adquiriendo. Podemos simbolizar este proceso de la siguiente forma:

Pedagogía tradicional: (Contenido 1) asociado con (Contenido 2) = (Contenido 3)

Con la aparición de Internet, no faltaron las mentes innovadoras que sugirieron que en las escuelas no se debían dar contenidos, sino que se debía acompañar al alumno en la búsqueda libre de aquellos conocimientos que en realidad necesita, o cree necesitar. Con ello el alumno pierde el entrenamiento mental antes requerido para la adquisición de nuevos conocimientos. Podemos simbolizar este último proceso educativo de la siguiente forma:

Pedagogía destructiva: (Vacío 1) asociado con (Vacío 2) = Nada

Si bien se ha exagerado la ineficiencia del nuevo método propuesto, no debe dejarse de lado al proceso asociativo de ideas. Los intentos por ignorarlo pueden llevarnos a serios problemas educativos y culturales.

sábado, 13 de enero de 2018

Acerca del feminismo

Mientras más nos alejemos del “Amarás al prójimo como a ti mismo”, mayores serán los conflictos familiares y sociales que se producirán. Los efectos de este alejamiento son a veces interpretados, sin embargo, como consecuencias de un desequilibrio moral en el cual el hombre tiene la culpa de todos los conflictos familiares y sociales mientras que la mujer está exenta de toda culpa. Esta generalización fácil nos hace recordar a la “lucha de clases” en la que se supone que un sector carece de defectos mientras que el otro carece de virtudes.

Durante la Edad Media, la mayor parte de la gente le daba sentido a cada uno de sus actos y pensamientos orientándolos a una futura vida eterna, mientras que, en la actualidad, pareciera que cada uno de los actos y pensamientos de los seres humanos están orientados por el principio de placer, por lo que, tanto mujeres como hombres, observan a los integrantes del sexo opuesto como objetos de placer que pueden ser intercambiados o abandonados sin más ni más. Giovanni Papini escribió: “A las mujeres los hombres les han regalado piedras, perlas, rentas; para ellas han construido casas, conquistado reinos, escrito volúmenes de cantos. Las han halagado e injuriado, han lamido el polvo donde se posarán sus pies, han llorado lágrimas de ansiedad y de celos, han matado a hombres y se han matado. Pero no han hecho nada por hacerlas distintas. Las han visto siempre como cuerpos para ser gozados, como siervas para explotar, como vientres para fecundar, como ídolos para incensar, como propiedades que otros envidian o acechan. Nunca como almas inmortales, como hermanas necesitadas de luz y ayuda. Si el hombre –invirtiendo las palabras del Apóstol- fue el arrepentimiento de Dios, la mujer debería ser el vergonzoso remordimiento del hombre” (De “Informe sobre los hombres”-Emecé Editores SA-Buenos Aires 1979).

Además de la casi exclusiva orientación al placer, el hombre puede carecer de una autoestima suficiente, por lo que tiende a compensar tal complejo de inferioridad con uno de superioridad, favoreciendo la tendencia masculina al gobierno despótico sobre la mujer, mostrando de esa forma el alejamiento de la igualdad afectiva sugerida por el mandamiento bíblico antes mencionado.

Los primeros indicios del surgimiento de posturas feministas aparecen durante el siglo XVIII. J. Marie Goulemot y M. Launay escribieron: “Todas las libertades son importantes. Pero los grandes escritores nos han acostumbrado a poner en primer lugar la libertad de pensamiento y de expresión. Si en la vida cotidiana aquellos a quienes se ha calificado de «inferiores» aspiran también a una mayor libertad, ¿es raro que la palabra haya despertado también aspiraciones en una mitad del género humano –nos referimos a las mujeres- hasta entonces sometida a la otra mitad? Fue precisamente en el siglo de las Luces donde brotaron las primeras reivindicaciones de lo que en el siglo siguiente se llamará «feminismo». Habrá que esperar al siglo XX para ver perfilarse el derecho de igualdad de la mujer y el hombre” (De “El siglo de las Luces”-Ediciones Guadarrama-Madrid 1969).

Un feminismo aceptable es el que intenta restaurar la igualdad afectiva perdida, mientras que existen otros feminismos, poco legítimos, que suponen que la violencia surge del hombre debido a su naturaleza masculina o bien por estar insertos en el sistema capitalista. Si retrocedemos con la imaginación a la generación de nuestros padres o a la de nuestros abuelos, advertiremos una disminución sustancial de la violencia familiar, que por cierto existía. Por ello puede decirse que tal violencia va en aumento debido esencialmente al deterioro moral de la sociedad.

La instauración de “teorías feministas”, que se oponen a la ciencia experimental, constituye otra forma de mantener y de crear nuevos conflictos que se suman a los ya existentes. Mario Bunge escribió al respecto: “Nuestro último ejemplo de contaminación ideológica de los estudios sociales será la «teoría feminista» de moda. Ésta no debe confundirse con el feminismo, un movimiento social progresista sin ataduras filosóficas determinadas. Tampoco hay que confundir el feminismo académico con el estudio científico (sociológico, en particular) de la cuestión femenina, en especial los problemas de los roles y la discriminación sexuales”.

“La «teoría feminista» es una ideología con pretensiones filosóficas que ataca la ciencia «oficial» alegando (pero por supuesto sin probarlo) que es inherentemente «androcéntrica»(o «falocéntrica»). Peor, inadvertidamente ha refritado el irracionalismo inherente a la contrailustración. No le importan las pruebas de verdad porque rechaza la idea misma de verdad objetiva; y afirma que la razón, la cuantificación y la objetividad son condenables rasgos masculinos”.

“Por otra parte, exagera las diferencias sexuales y ve la dominación masculina prácticamente en todas partes. Así, Harding sostiene que sería «ilustrativo y honesto» llamar «manual newtoniano del estupro» las leyes newtonianas del movimiento. La víctima de la violación sería la naturaleza, que por supuesto es femenina. Por otra parte, la ciencia básica sería indistinguible de la tecnología, y la búsqueda del conocimiento, sólo un disfraz de la lucha por el poder”.

“Las «teóricas feministas» nos piden que creamos que la filosofía, la matemática, la ciencia y la tecnología han estado hasta ahora «cargadas de género» y que, además, son herramientas de la dominación masculina. Desde luego, no ofrecen prueba alguna a favor de su tesis, presumiblemente porque la preocupación por la verdad objetiva es androcéntrica. Tampoco proponen una vislumbre de las ideas y métodos que caracterizan, digamos, las reglas de inferencia femeninas o la mecánica celeste femenina, en contraste con las generalmente aceptadas. Naturalmente, es mucho más fácil discutir «paradigmas masculinos» imaginarios y desestimar lo que uno no entiende, que construir la autodenominada ciencia sucesora, un sustituto presuntamente superior de la única ciencia que tenemos –y que las mujeres cultivan cada vez más-. En resumen, la ciencia femenina es tan inexistente como la ciencia aria; lo que pasa por tal es sólo una superchería académica. Lo mismo la filosofía feminista: la genuina filosofía es tan asexuada como la matemática y la ciencia auténticas” (De “Las ciencias sociales en discusión”-Editorial Sudamericana SA-Buenos Aires 1999).

Seguramente alguien podrá preguntarse porqué Mario Bunge dedica parte de su tiempo a confrontar ideas absurdas y a difundir las críticas respectivas. Cabe decir que es muy importante el “trabajo sucio” que realiza porque, de lo contrario, con el silencio de quienes sólo atinan a observar ideas descabelladas, no resultaría extraño que, con el tiempo, las pseudociencias terminarán ocupando el lugar de la ciencia auténtica, algo que está sucediendo principalmente en el caso de las ciencias sociales.

Resulta desconcertante observar que las integrantes de grupos feministas (o anti-hombres), que abogan aparentemente por la libertad y la igualdad de las mujeres respecto de los hombres, simpatizan por lo general con tiranos izquierdistas como Fidel Castro o Nicolás Maduro. Mientras promueven la libertad y la igualdad de un sector de la población (las mujeres), por otra parte apoyan la coerción totalitaria y la desigualdad social tanto de hombres como de mujeres bajo los sistemas socialistas. El desconcierto inicial se torna en certidumbre cuando se descubre que, en realidad, con el feminismo aparente no buscan resolver los conflictos existentes, sino acentuarlos para colaborar de alguna forma con la destrucción de la sociedad capitalista.

También los grupos de izquierda simpatizan con el Islam, en cuyo seno se establece la mayor desigualdad entre hombre y mujer. Sin embargo, como los grupos terroristas musulmanes constituyen una esperanza para quienes aspiran a ver algún día la destrucción de la civilización occidental, reciben todas las simpatías de los sectores marxistas.

jueves, 11 de enero de 2018

Marx y el salto al vacío

Las ideologías políticas totalitarias tienden, por lo general, a proclamar falsos objetivos sociales junto a la descalificación de las ideologías opositoras, hasta llegar al extremo de prepararse adecuadamente para la destrucción de las sociedades existentes con el supuesto de que un futuro esplendoroso seguirá necesariamente a la etapa destructiva. Este es el caso del marxismo, que comienza con la “generalización fácil”, propia del pensamiento pre-científico, mediante la cual considera a un sector exento de defectos y pleno de virtudes (el proletariado) mientras que al otro sector (la burguesía) la considera exenta de virtudes y plena de defectos. Incluso llega al extremo de desconocer la existencia de la clase media, tan importante en la mayor parte de las naciones.

La generalización fácil fue también utilizada por los nazis, esta vez en base a aspectos raciales de los pueblos, con resultados similares a los logrados por el marxismo. Ante una sociedad compuesta por “buenos” y “malos”, perfectamente identificados en clases sociales o en grupos étnicos, se concluye que sólo basta con destruir, separar o aniquilar a los “malos” para que, en forma casi automática, surja el prometido futuro venturoso. H. G. Wells escribió sobre Marx: “Ni Adam Smith ni Darwin, con quienes evidentemente estaba dispuesto a entrar en competencia, dejaron traslucir ningún sentido de finalidad en su pensamiento ni ninguna ambición para dirigir a los demás. Aportaron su contribución y desaparecieron de acuerdo a la nueva moral científica”.

“Pero Marx pertenecía a un tipo intelectual más primitivo, práctico e inmediato. Era partidario de las declaraciones excluyentes, del dogma y de realizar un enérgico esfuerzo revolucionario de acuerdo a un dogma. Inició un vigoroso movimiento de espíritu rígido para la destrucción del «capitalismo» mediante una rebelión o guerra de clases. No tenía ideas, y probablemente era incapaz de producir ideas sobre la paz que sobrevendría después de la victoria eventual de la guerra de clases”.

“Nunca entró en su cabeza que una nueva y poderosa organización del saber y de la voluntad serían necesarias para dirigir un sistema universal emancipado. Hablando claro, padecía de pereza mental. Inventó un fantasma, más insubstancial que el Espíritu Santo: el Proletariado. El Proletariado bendito lo arreglaría todo” (De “El destino del homo sapiens”-Ediciones Sur-Buenos Aires 1941).

El salto al vacío es el salto que una sociedad ha de dar luego de la revolución comunista. El primer inconveniente que aparece consiste en que los proletarios no son, por lo general, aptos para la gestión empresarial, porque nunca fueron empresarios. Tampoco son aptos los revolucionarios que los representan, porque su preparación previa implicó destrucción y calumnias. Los sectores expropiados, en el mejor de los casos, tratarán de adaptarse realizando el menor esfuerzo posible. A ello se sumará un “detalle” no tenido en cuenta por los socialistas; al abolir el mercado, ya no será posible disponer de un “precio de mercado”. Sin precios de materiales o mano de obra, ya no será posible aplicar el cálculo económico. Se vuelve de esa forma a etapas previas en que no estaba desarrollado el pensamiento económico. El derroche de recursos y la ineficiencia no son extraños a una economía socialista.

Marx sostenía que la acción humana dependía esencialmente del sistema económico vigente en una sociedad, ya que todo giraría alrededor de intereses materiales. De ahí que el futuro de la humanidad debería estar asociado a alguna forma de producción y distribución económica. Como el feudalismo finalizó para darle paso al capitalismo, y éste, en la visión de Marx, no era el sistema adecuado, pensó que su desaparición forzada (mediante la revolución) daría lugar al sistema económico definitivo; el socialismo, que por añadidura implicaría “el fin de la historia”. Un fin de la historia apocalíptico, a imagen y semejanza del Apocalipsis bíblico, con la diferencia de que la Biblia sugiere una conducta ética adecuada mientras que el “apocalipsis socialista” sugiere odio, violencia y destrucción.

A partir de la interpretación de la historia, cuya evolución seguiría lineamientos económicos, Marx busca ser su protagonista principal. Prácticamente lo consigue, no porque sea acertada su visión, sino porque las principales catástrofes sociales producidas por el hombre (que hacen necesario e imprescindible el surgimiento de un mesías) se debieron a los totalitarismos ideados y propuestos por él junto a Engels, Lenin, Stalin, Trotsky, Hitler, etc. H. G. Wells agrega: “Cuando por fin el zarismo y la propiedad privada de la tierra y del capital se derrumbaron en Rusia y ese gran país cayó en manos de los conductores comunistas, éstos se encontraron faltos de toda preparación para concebir una organización mejor de los asuntos”.

“La Rusia liberada en octubre de 1917 fue un gran campo experimental. Se vio en la necesidad de reorganizar una gran comunidad que había caído en el caos y sólo tenía sugestiones fragmentarias para resolver tamaño problema. Cayó sobre Lenin la inmensa tarea de racionalizar el marxismo y de hacerlo funcionar”.

“¿Cómo dirigir? ¿Cómo mantener la dirección? Estas cuestiones jamás fueron contestadas. Llenaban las hendijas de sus doctrinas con esa divinidad muscular con martillo y hoz que apenas tiene más realidad que esos dioses simbólicos hindúes con brazos innumerables y partes extra corpóreas que desconciertan a la mente occidental realista. Crea en Él dicen ellos”.

La fe negativa de los comunistas descansaba en la certeza de que el capitalismo era el sistema económico equivocado, y que por ello, el sistema acertado y definitivo sería el no capitalismo (o socialismo). Para difamar al capitalismo advertían que se trataba de un sistema basado en la explotación del proletariado por parte de la burguesía, con un paulatino crecimiento de la riqueza de unos y de un paulatino aumento de la pobreza de los otros. Lo consideraban como el clásico ejemplo del predador y la presa, en el cual el primero vive a costa del segundo. Pero si el predador consume toda la población de presas, termina sucumbiendo conjuntamente, por carecer de alimentos. De ahí la imposibilidad de tal suposición.

Se sabe que las empresas progresan en cuanto aumentan su producción, sus ventas y sus ganancias. De ahí que esos aumentos sólo pueden lograrse a partir de un aumento del consumo, beneficiándose todos los sectores de la sociedad. La realidad es muy distinta a lo que escribió Marx y repiten sus seguidores. La llegada del capitalismo y de empresas multinacionales a China produjo una elevada disminución de la pobreza, en contra de lo que afirman sus detractores. El salto al vacío que ofrece el socialismo comienza con la desaparición de la propiedad privada de los medios de producción, ya que ello conlleva la anulación de metas y proyectos individuales en los sectores emprendedores, por lo cual se detiene la creación de nuevas empresas. Sólo queda la creación de empresas por parte de los políticos a cargo del Estado, con menor experiencia en esa labor.

Al desaparecer el mecanismo del mercado, las empresas no tienen información de lo que deben producir y de lo que la gente necesita. Tampoco existen los precios relativos de los distintos insumos por lo cual no puede aplicarse el cálculo económico. Sólo pueden hacerse estimaciones averiguando precios relativos en los países capitalistas.

Bajo el socialismo, no existen incentivos para la producción, por cuanto una mayor eficacia personal no se traduce en ventajas económicas. Se trata de reemplazar tanto la cooperación, producida a través de la especialización del trabajo y de los intercambios en el mercado, junto a una dosis siempre existente de egoísmo, por el publicitado altruismo socialista. Este altruismo resulta ser mucho menos atractivo que los incentivos capitalistas por cuanto cada individuo debe trabajar pensando en los beneficios de la sociedad aun a costa de sus desventajas personales. Si el egoísmo implica interesarse por uno mismo ignorando a los demás, el altruismo (o anti-egoísmo) implica ignorarse a uno mismo para interesarse en los demás.

El socialismo propuesto por Marx no es sino la propuesta de un paraíso en la Tierra, y no en el cielo, que presenta un fuerte atractivo para los envidiosos, que creen que así se verán liberados de su grave defecto moral, creyendo que el sistema socialista afectará su psicología personal, mientras que la envidia, en realidad, sólo será reconducida por otras vías. La “sociedad sin clases” (al menos en la teoría) genera una clase dirigente que acentúa todos los defectos observados en el capitalismo primitivo (aun aquellos defectos surgidos de la tergiversación de la realidad).

domingo, 7 de enero de 2018

La agonía de la Argentina

Se dice que una persona “agoniza” cuando lucha por su vida, ya que corre peligro. De ahí que dicho término pueda utilizarse también para describir la lucha que afronta una nación cuando padece el riesgo de sufrir alguna especie de colapso social. Miguel de Unamuno escribió: “El verdadero sentido, el originario o etimológico de la voz «agonía», es el de lucha. Gracias a ello no se confundirá a un agonizante con un muriente o moribundo. Se puede morir sin agonía y se puede vivir, y muchos años, en ella y de ella. El verdadero agonizante es un agonista, protagonista unas veces, antagonista otras” (De “La agonía del cristianismo”-Editorial Losada SA-Buenos Aires 1938).

Cuando un país entra en decadencia, puede observarse, entre otros aspectos, una grieta social e ideológica en la cual un sector apuesta a su destrucción, como es el caso de la izquierda política ante el llamado histórico de Marx de “derrumbar violentamente el orden tradicional”. Incluso el sector liderado por Perón, llega por un tiempo a asociarse a los destructores de la izquierda con tal de volver al poder. En oposición a ellos, existen sectores que tratan de solucionar los males de la nación, aunque a veces con tanta ineficiencia que logran resultados opuestos a los que se proponen.

Algunas veces escuchamos frases como: “El radicalismo no sabe gobernar y el peronismo no deja gobernar”. A ello habría que agregar que “algunos militares no supieron gobernar y otros no dejaron gobernar”, completando el panorama político de los últimos decenios. Sin embargo, ninguno de los sectores en falta reconoce sus errores mientras que sólo advierten los errores ajenos, incluso con el cinismo de exigir que los gobiernos de turno solucionen los problemas y conflictos creados cuando ellos fueron gobierno.

Si bien los efectos son similares, ya sea cuando se gestione con incapacidad o bien motivados por objetivos destructivos, debe distinguirse entre ambos casos. Gran parte del periodismo y de los intelectuales tiende a mostrarse imparcial y objetiva. Si uno de los sectores antagónicos dice que 2+2=4, mientras que el otro afirma que 2+2=5, tales periodistas e intelectuales proponen que 2+2=4,5. Siguiendo con las disputas, con el tiempo aceptarán que 2+2=4,75, aproximándonos cada vez más al severo y grueso error. Una vez que el error ideológico se ha instalado, sus consecuencias serán temibles.

Ante la posibilidad de perder seguidores, periodistas e intelectuales casi siempre ocultan la verdad acerca del periodo totalitario establecido por el peronismo. Como pocos países escapan a la antigua sentencia de que “quienes ignoran su pasado están condenados a repetirlo”, el país sufrió con el kirchnerismo una reedición de aquel nefasto periodo, promoviendo nuevamente el odio entre sectores y dividiendo la sociedad en bandos irreconciliables.

Puede decirse que el país no pudo (o no supo) recuperarse del peronismo, mientras que ahora pareciera poco probable poder recuperarse de los efectos del kirchnerismo. Ello se debe a que esta vez la trampa populista fue mejor diseñada. Al elevar la cantidad de empleados públicos mediante pseudo-empleos, llegando a un exceso estimado en 1.500.000; y al elevar en unos 3.500.000 la cantidad de jubilados, en su mayoría sin aportes previos y sin necesidades apremiantes (amas de casa), y al ser casi imposible, legalmente hablando, volver atrás, tenemos asegurado un importante déficit fiscal por varios años. Ya sea que se sustente por deuda externa o por impresión monetaria excesiva, la decadencia económica y social ha de continuar como también el aumento porcentual de la pobreza.

A esos gastos desmedidos e improductivos se suman los distintos subsidios estatales, planes sociales y demás, que alejan del trabajo a quienes están en condiciones de hacerlo. Al ser considerados “universales”, la ayuda estatal beneficia tanto al que la necesita como al que no. Rodolfo Terragno escribía al respecto: “Subsidios: 11 millones por hora. Eso es lo que le cuestan a los contribuyentes. Al año, son 95.000 millones. Benefician a los usuarios del transporte público y de otros servicios, como la electricidad y el gas. En muchos casos son regresivos, ya que favorecen a las zonas más prósperas del país o a sectores sociales de ingresos medianos o altos”.

“De todas maneras, han cumplido una función social, sobre todo cuando el país enfrentó una emergencia económica”. “Ahora, superada tal emergencia, se comprueba que, cuando se trata de subsidios, es muy fácil entrar y muy difícil de salir”. “Si se los quitara, las tarifas se duplicarían, triplicarían o quintuplicarían, según los casos, causando un estallido social. Si no se los quitara, habría un colapso fiscal” (De “Urgente llamado al país”-Editorial Sudamericana SA-Buenos Aires 2011).

Mientras que de los subsidios es “difícil de salir”, de los empleos superfluos o improductivos, y de las jubilaciones innecesarias, resulta casi imposible. Para ello sería necesario que el gobierno de turno explicara la situación real del país, sin dejar tales explicaciones a cargo del sector kirchnerista, responsable directo de haber instalado una trampa tan eficaz que ni siquiera un hábil gobernante podrá evitar.

El Estado argentino constituye una especie de cáncer que absorbe gran parte de los recursos generados, ya que los utiliza especialmente para mantener el pseudo-trabajo estatal y algunas otras formas de ocio. La correspondiente quita de recursos al sector productivo impide las inversiones productivas, la creación de nuevos puestos de trabajo, mientras que el Estado se ve obligado a una emisión monetaria excesiva, creadora de inflación.

Además de nuestros defectos morales, consistentes en hacer todo lo contrario a lo que exigen los mandamientos bíblicos, poseemos algunos otros atributos negativos como el de la inautenticidad, advertida principalmente por visitantes extranjeros. Tal atributo implica que una persona tiene ciertos proyectos para su vida, a veces muy ambiciosos, aunque no tiene la voluntad de amoldar sus actos al cumplimiento de tales proyectos. De ahí que se queda a la mitad del camino y comienza a fingir que los ha logrado, adoptando una actitud intermedia entre el personaje real y el simulado. Mario Vargas Llosa escribió al respecto: “¿Qué cataclismo, plaga o maldición divina cayó sobre la Argentina que, en apenas medio siglo, trocó ese destino sobresaliente y promisorio en el embrollo actual? Ningún economista o politólogo está en condiciones de dar una respuesta cabal a este interrogante, porque, acaso, la explicación no sea estadísticamente cuantificable ni reductible a avatares o fórmulas políticas. La verdadera razón está detrás de todo eso, es una motivación recóndita, difusa, y tiene que ver más con una cierta predisposición anímica y psicológica que con doctrinas económicas o la lucha de los individuos y los partidos por el poder”.

“No es casual que el más notable de los creadores evadidos del mundo real de la literatura moderna haya nacido y escrito en la Argentina, país que, desde hace ya muchos lustros, no sólo en su vida literaria (cultora eximia del género fantástico), sino también social, económica y política manifiesta, como Borges, una notoria preferencia por la irrealidad y un rechazo despectivo por las sordideces y mezquindades del mundo real, por la vida posible”.

“Llevarla a la vida real, al terreno pedestre de lo práctico, sucumbir a la tentación de la irrealidad –de la utopía, del voluntarismo o del populismo- tiene las trágicas consecuencias que hoy padece uno de los países más ricos de la Tierra, que, por empeñarse su clase dirigente de vivir en la burbuja de un ensueño en vez de aceptar la pobre realidad, un día despertó «quebrado y fundido», como acaba de reconocer el flamante presidente Duhalde”.

“Dejarse acumular una deuda externa de 130 mil millones de dólares es vivir una ficción suicida. Lo es, también, prolongar y agravar una crisis fiscal indefinidamente, como si, enterrando la cabeza en el suelo tal cual hacen los avestruces, quedara uno protegido contra el huracán”.

“Tomar medidas enérgicas para reducir drásticamente la crisis fiscal, mediante un ajuste severo, porque ni la Argentina ni país alguno puede vivir ‘ad aeternum’ gastando (despilfarrando) más de lo que produce. Esto implica un alto coste, desde luego, pero es preferible admitir que no hay alternativa y pagarlo cuanto antes, pues más tarde será todavía más oneroso, sobre todo para los pobres. La sociedad resistirá mejor el sacrificio si se le dice la verdad que si se le sigue mintiendo, y pretendiendo que con analgésicos se puede combatir eficazmente un tumor cerebral. A éste hay que extirparlo cuanto antes o se corre el riesgo de que el enfermo muera” (De “Argentina: un país desperdiciado”-Varios autores-Taurus-Buenos Aires 2002).

A pesar de las diversas crisis padecidas, el gasto estatal irresponsable ha llegado, con el kirchnerismo principalmente, a niveles alarmantes. Pero ningún sector quiere renunciar a sus intereses y prefiere seguir viviendo como hasta ahora, ya que el futuro de la nación parece no importarle a nadie.

También José Ortega y Gasset advirtió, algunos decenios antes que Vargas Llosa, la inautenticidad mencionada. A. J. Pérez Amuchástegui escribió: “Observa el agudo filósofo [Ortega] que los argentinos están inmersos en un «futurismo concreto de cada cual», indicando con ello que «viven desde sus ilusiones como si ellas fuesen ya la realidad». En otras palabras, ese argentino cree ser algo que en realidad no es pero quiere ser. Quiere serlo con tanta intensidad, que termina convencido de que es, no más, lo que cree. Algo, sin embargo, desde algún rincón del subconsciente, le indica que en esa supuesta realidad de su ser sigue estando la realidad auténtica que no quiere ser. Y entonces aparece siempre «a la defensiva», como si el interlocutor pudiese descubrir esa realidad radical que él se ha propuesto anular. De allí la falta de autenticidad. De allí la aparente reserva. Y de allí la expresión del maestro español: «Detrás del gesto y la palabra no hay –parece-una realidad congruente y en continuidad con ellos»” (De “Mentalidades argentinas (1860-1930)”-EUDEBA-Buenos Aires 1984).

Una sociedad es un conjunto de individuos que tienen objetivos comunes, que han de beneficiar a todos. Cuando, por el contrario, la mayoría trata de vivir más allá de sus posibilidades, incluso a costa de los demás, a través del Estado, no puede decirse que dicho conjunto sea una sociedad o que constituya una nación, sino que constituye un conjunto desarticulado que debe luchar intensamente para mantener su integridad.